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martes, abril 15, 2008

Mi primera vez


Paloma y Myriam 1980
Originally uploaded by paloma.cl
No recuerdo la primera vez que me cortaron el pelo. Miro fotos donde veo esos rulitos que mi mamá amarraba en chapes, enmarcando las primeras pecas que comenzaban a poblar mi cara.

Después de recoger los pantalones en el local de la costurera, escucho unos chillidos desgarrados al otro lado de la galería y a medida que me acerco noto que provienen de la única peluquería que queda abierta.

Debe ser uno de sus primeros cortes de pelo, uno de esos que tampoco recordará. Lo veo retorciéndose en los brazos del padre, mientras una mujer intenta hacer su trabajo sin causar daño. Pienso en esos lugares especiales que hay ahora, donde los sillones son autitos o caballos y, dispuestos en frente, televisores para mantener a los clientes hipnotizados y ajenos al miedo.

Entonces empiezo a hurgar en la memoria y las primeras imágenes que logro captar no tienen ni caballitos de colores, ni aparatos de televisión, ni siquiera una peluquera.

Debo tener unos cuatro años. Frente a un espejo de marco de bambú veo mi reflejo y el reflejo de mi mami. Ella se pone delante de mí, se aplica, se concentra y -en el afán de dejar mi pelo parejo- usa la tijera por aquí y por allá, una y otra y otra vez. De pronto se ríe nerviosa, me doy vuelta y veo que mi chasquilla está corta, muy corta. “No te preocupes mami, me veo joven”, le digo y ella se larga a reír y yo también río, y nos reímos juntas, en el reflejo y al otro lado de él.

sábado, marzo 22, 2008

Proyecto Cabaret

Muchas veces he soñado con abrir una puerta secreta, un compartimento escondido, levantar una tabla del piso y encontrar algo fantástico, guardado allí desde épocas inmemoriales.

Hace 10 años, tras una semana de fuertes lluvias, la abuela de mi amiga Piti decidió subir al desván de su casa para ver cómo estaban las cosas que tenía guardadas en ese lugar. Fue entonces que encontró el tesoro: un baúl que había permanecido allí por décadas, guardando en su interior miles de negativos del fotógrafo David Rodríguez Peña (1930-1968), los cuales retrataban el ambiente revisteril de Chile en los años '60, con claros protagonistas: el Bim Bam Bum, sus shows y sus vedettes.

Tras recibir el material y gestionar los derechos con la hija del autor, haciendo uso de sus conocimientos como antropóloga, Piti (Cristina Guerra) se abocó al trabajo de conservación, limpiando cada uno de los negativos, para luego guardarlos en un lugar adecuado.

Con el claro objetivo de rescatar una parte de nuestra memoria e identidad, ella presentó su trabajo al Consejo de la Cultura y las Artes, ganando un Fondart en 2007, lo que materializó el Proyecto Cabaret.

Cabe aclarar que el Proyecto Cabaret no sólo busca rescatar el trabajo de Rodríguez Peña, sino que además pretende aproximarse a un momento de la realidad nacional capitalina representada por los personajes, espacios y sucesos fotografiados. Para ello, ha sido y es fundamental la participación de los protagonistas de aquella época.

Ese es el objetivo de Piti ahora, exponer el Proyecto Cabaret en distintas ciudades de Chile y otros países, al mismo tiempo que conseguir que la gente visite el sitio del proyecto y comente las fotografías que allí aparecen, ojalá proporcionando algún antecedente. "Queremos invitar a actores y testigos a entregar sus testimonios, datos y recuerdos en este sitio, para que de modo colectivo reconstruyamos la historia", dice mi amiga.


Si uno no conoce a nadie, no importa, hay que ir a mirar de todas formas porque el proyecto en es un deleite.

Me llena de orgullo saber que detrás de lo que se ve, está el trabajo de una persona que adoro, una mujer talentosísima, una profesional todoterreno.

(Proyecto Cabaret necesita nuevos auspiciadores para las siguientes etapas, se agradecerá cualquier idea al respecto).

sábado, diciembre 08, 2007

Análisis otra vez

La publicación vuelve a los quioscos el lunes 10 de diciembre
Este texto es parte del proyecto Imaginar: Laboratorio de Ideas y Opinión

Apsi y Análisis eran las dos revistas que más se leían en mi casa cuando era chica. Había verdaderas colecciones que hoy se pudren abandonadas en un entretecho. Alguna vez intenté rescatarlas, pero fui acechada por arañas, ratones, polvo y monstruos de la oscuridad.

Análisis era una revista más severa y tenía -como su nombre lo dice- artículos de análisis político muy profundos y complejos. A mí me gustaba más Apsi, porque era más amigable en cuanto al diseño y porque tenía reportajes entretenidos incluso más allá de los temas de contingencia política. Por ejemplo, allí apareció mi cuento favorito, "La Oreja de Teresa" de Milena Vodanovic y, en mis años púberes, leí vorazmente la novela "Luna Caliente", de Mempo Giardinelli, que la revista Apsi entregó seccionada en varias ediciones.

Aunque me haya gustado más Apsi, la que vuelve a los quioscos a partir del lunes 10 de diciembre es Análisis. Lo supe cuando me mandaron un correo con una portada bastante insípida, sin ninguna otra información. Veremos qué nos muestra la revista, considerando que ahora la política tiene más fuegos artificiales que carne y hueso.

Movida por la añoranza, recurrí a un excelente dato que José Luis Orihuela entregó en su twitter: el Museo de la Prensa, un proyecto que está siendo impulsado por la Universidad Diego Portales. Se trata de un sitio vivo, donde encontré una portada de Análisis que realmente valía la pena: el día en que Mónica Madariaga pidió perdón.

Nostalgia con olor a tinta y papel.

domingo, noviembre 04, 2007

Prendan todo lo que tengan

Santiago luce extremadamente vacío y los tonos rojizos del atardecer muestran una ciudad bella, de grandes avenidas despejadas y una tranquilidad que parece traída de otra parte. No entiendo muy bien que pasa, hasta que recuerdo que éste ha sido un “fin de semana largo” para quienes se tomaron el viernes “sándwich”. No fue mi caso.

Yo me quedé acá y trabajé el viernes, pero además de disfrutar de las calles despejadas, el fin de semana comenzó el miércoles por la noche, cuando tuve un episodio que me llevó a revivir tantas veladas memorables en el Estadio Nacional. “Mi papá tiene dos entradas para ver a Soda Stereo, pero no podrá ir porque está súper resfriado y yo tampoco puedo, ¿te interesan?”, dijo mi prima al otro lado del teléfono. Partí con una amiga de siempre. Mientras compraba cosas para comer, le expliqué que para mí los recitales llevan aparejado el concepto Pic-Nic.

Desde nuestros asientos vimos el sol ponerse detrás del sector Pacífico y el Estadio Nacional llenarse por completo a medida que se acercaba la noche. “Creo que ya estoy medio vieja para esto, así que no esperes que salte, que grite o que coree las canciones”, le dije a Clarita. Entonces, Gustavo, Charly y Zeta aparecieron en el escenario… “Voy a ser tu mayordomo…” y yo ya estaba gritando, saltando y coreando las letras de este grupo esencial en la banda sonora de mi adolescencia y primeros veintes. Un show espectacular, con un repertorio inmejorable, buen sonido y una iluminación y efectos visuales fuera de serie.

Flash back: 10 años antes. Recital de despedida de Soda Stereo. No sé con quienes fui, supongo que con gente no muy cercana, porque cuando comenzó la música me separé del grupo junto a otra chica que me siguió y comencé a avanzar hacia adelante, entremedio de la multitud que llenaba la cancha. Utilizando una técnica rugbista, aprovechando mi baja estatura y con mucha paciencia, llegué sola hasta la reja. Irresponsablemente temeraria. Y me aplastaron y me mojaron y grité eufórica y Zeta –mi integrante favorito- se acercó a tocar muy cerca del público y yo, subida en los hombros de quién sabe quien, levanté los brazos y volví a gritar y él me miró y me cerró un ojo, y tal vez el gesto fue para nadie, pero yo lo sentí para mí, sólo para mí… Ya era suficiente, hice señas para que me sacaran, la gente de seguridad me pasó por la reja y salí por el lado para volver a la cancha, lejos del escenario. La meta estaba cumplida.

Desde que tenía 12 años fui a muchos y muy diversos recitales en ese estadio, desde Rod Stewart hasta Silvio Rodríguez, pasando por Cindy Lauper, David Bowie, Amnistía Internacional, Gun’s and Roses y tantos más… En varios fui a cancha y repetí la maniobra rugbista, algunas veces con más éxito que otras.

Estaba disfrutando de los recuerdos de juventud, como diría una buena vieja decrépita, cuando Cerati dijo “prendan todo lo tengan”. Y el Estadio Nacional se llenó de luces, como nunca antes lo vi. Ya no era el fuego de los encendedores, sino pantallas de celulares y flashes brillando por todo el lugar. No sólo eso era nuevo, sino que la cancha había cambiado. El espacio estaba dividido en “Cancha” y “Cancha VIP”, por lo que sólo dejaba que unos pocos –que habían gastado mucho dinero- pudieran estar realmente cerca del escenario.

Cerré los ojos y vi nuevamente el guiño de Zeta, la gente aplastándome y miles de encendedores iluminando débilmente el Nacional y supe que ya no basta con ser valiente, ya no basta con luchar, ahora hay que tener, hay que gastar más y más. Por suerte pude ser irresponsable y llegar hasta adelante, cuando aún había tiempo, cuando aún había magia.

jueves, octubre 18, 2007

40 años del Latino

Una de las cosas que me enorgullece en la vida es haber sido alumna del Colegio Latinoamericano de Integración por 11 años. Allí aprendí muchas de las cosas que me hacen ser como soy, que me hacen mirar el mundo con una visión crítica y solidaria, sin perder el asombro por sus maravillas y atrocidades.

Con una mayoría casi absoluta de hijos de padres de izquierda y muchos niños que regresaban de exilios alrededor del mundo, durante la dictadura el Latino era una burbuja donde se podía hablar de temas que estaban prohibidos en otros colegios.

Quienes pasamos por ahí tenemos un sello indiscutible, algo que se parece mucho a ser familia y esto lo he sentido en especial con la gente de mi curso y de mi generación. Hace un par de años ese entusiasmo me llevó a organizar el encuentro para celebrar (o llorar) una década desde que terminamos el colegio y, además, hice un blog con fotos y relatos que mantengo con cierta regularidad: latino94.blogspot.com

Este mes el Colegio Latinoamericano de Integración celebra 40 años de vida con una fiesta para ex alumnos el viernes 19 y un masivo paseo al Cajón del Maipo el sábado 20. Espero poder ir a este tradicional encuentro en El Manzano y tener uno de esos déjà vu mágicos que experimento cada vez que vuelvo al lugar.

martes, septiembre 18, 2007

Uno, dos, tres

Pongo tierra dentro de la caja de fósforos, la cierro con cuidado para tener el tejo perfecto y lo lanzo con hábil puntería hasta el último casillero.

Uno, dos, tres. Cuatro y cinco juntos con las piernas abiertas. Vuelvo a respirar, a concentrarme y a equilibrar el salto en un solo pie: seis. Siete, ocho. Es el final del juego, el momento de dar la vuelta y regresar brincando hacia el inicio de todo.

Es el final de otro año, el cierre de mi calendario propio, los últimos 10 días de los 30 y salto a los treintaytantos. Y me siento más grande, me siento más vieja, más joven, más sabia, más ingenua. Y sigo igual. Sigo acechando momentos. Mirando en las esquinas como si fuera invisible y las veo en el pasaje. Un luche de tiza rozada en el suelo y, ellas, saltando, cayendo, riendo, gritando.

Con el tejo firme en la mano, miro los luches que pinté en tantas calles, las punterías imperfectas, las caídas, los aciertos, los miedos, las ganas locas de seguir. Una vez más respiro y salto. Es hora de volver a empezar. De volver a jugar.

domingo, agosto 05, 2007

¿Soy una Blogstar?


Paloma
Originally uploaded by jto_
Los números de teléfono y otros datos personales de más de 600 chilenos vinculados al mundo de la televisión y la política fueron publicados en un sitio web español. Revisé la lista y mi nombre no estaba ahí, por lo que asumí la realidad: no soy famosa.

Puede parecer superficial, pero no es algo menor, pues crecí con una suerte de presión por ingresar al mundo de la fama o, mejor dicho, por mantenerme en él. A los cinco años tuve un rol destacado en la teleserie “Casa Grande” y después fui, junto a Emilio Antilef, jurado del “Cuánto Vale el Show Infantil”.

Fue antes de la era del cable y, por cierto, mucho antes de Internet, pero en 1982 allí estaba yo, ocupando una página del diario “Las Últimas Noticias”. Sobre unos anuncios de películas de artes marciales y filmes para adultos, una gran foto mía, mirando a la cámara con actitud de diva y un pie de foto que decía algo así como “no me gusta que me saquen fotos”. Pero la fama terminó allí, en ese trozo amarillento de papel y en algunos videos que guardan el registro de esa época. Pero la presión continúo y, hasta hoy, mucha gente que recuerda mi fugaz paso por el estrellato me pregunta por qué no seguí esa senda.

El cuestionamiento me incomoda bastante porque simplemente es algo no se dio, porque no sé si me hubiera gustado, porque no sé qué sería de mí ahora. Porque me gusta mi vida tal cómo es, con lo bueno, con lo malo, con lo que no fue y con lo que no será.

Sin embargo, aquí estoy, soy parte de la web, como tantos otros millones de personas en el mundo, mostrando un poco de mi mundo y cómo veo el mundo yo. Y resulta que algo que comenzó como una forma de contar historias a mis cercanos se transformó en una bitácora pública, en palabras que muchos leen y varios siguen y comentan. Y resulta que ahora mismo me estoy transgrediendo, pasando a llevar mi línea editorial, desnudándome, hablando de mí en lugar de hablar de la calle, sintiendo nuevamente el gustillo perverso de la adicción por el aplauso.

¿Por qué? Porque el jueves por la noche al final de sala alguien levantó la mano y preguntó: “¿Paloma, sientes que eres una blogstar?”. Y respondí que sí, y me sentí ridícula, y me sentí importante, y me sentí insignificante y me sentí famosa. Todo al mismo tiempo, todo eso y más.

Juan Carlos Camus me invitó a su clase del Diplomado de Periodismo Digital de la Universidad de Chile, a hablar sobre mi experiencia en torno a los contenidos digitales en sitios corporativos, blogs y periodismo ciudadano. “Ahora cada uno de ustedes va a escribir en su respectivo blog sobre Paloma y lo que ella nos ha contado”, dijo el profesor cuando terminé de responder las preguntas de los alumnos.

Y volví a sentarme, sabiendo que en ese lugar unas 20 personas -la mayoría de ellas periodistas- estaban escribiendo sobre mí. Entonces me recorrió un pudor alegre, porque sé que no cumplo con las miles de visitas diarias que tiene un blogstar, porque sé que me faltan muchos otros requisitos estadísticos, técnicos y temáticos, porque sé que hay cientos de bitácoras más importantes que la mía… Pero dije que sí, que soy una blogstar, y me empapé del dulzor del papel amarillo, de los videos viejos, del recuerdo de esa tarde de 1982 en Algarrobo cuando fui corriendo donde la Pilo y le pregunté asustada: “Mamá, ¿qué es un autógrafo?”.

Para ver más grande, pincha la foto


La Presentación
Contenidos para la Web


miércoles, junio 20, 2007

Mi dentista y yo


No se trata de la obsesión con los dientes separados, aunque tal vez tenga algo que ver.

La historia comienza así: principios de los ochentas, por el vidrio que hay en la puerta podría ser el despacho de un detective privado, pero es sólo la consulta de mi dentista en el centro de Santiago. Estoy sentada junto a mi abuela Nena en una sala de espera lúgubre. Mientras oigo los chillidos de otro niño, mi vista se fija en una de las ilustraciones que adornan los muros. Todas ellas muestran a niños sufriendo en el dentista. Tal vez a alguien le pareció divertido el sarcasmo. A mí no. Lily, mi dentista, es amiga de mi abuela y es una señora tan vieja como la Nena. Se supone que es moderna, que tomó cursos para lograr que los niños se relajen mediante técnicas de respiración, pero ninguno de sus métodos surte efecto cuando veo su mano algo temblorosa acercándose a mi boca. Lily tiene una enfermedad de abuela que la hace temblar, pero un centímetro antes de que la máquina toque mis dientes, su pulso se vuelve perfecto. Después de la consulta con Lily, mi abuela me lleva a tomar un jugo al “Café Paula”. Ella toma té. Esto es lo que más me gusta de ir al dentista, aunque siempre el líquido chorrea por el lado de la boca que sigue anestesiado.

Fines de los ochentas, Providencia con Pedro de Valdivia. La luz entra por todos lados a la Consulta del Caco, sobrino de mi abuela Nena y dentista también. Es buen mozo el Caco y quiere mucho a mi abuela y a mi mamá. Es menos tierno que la Lily, pero mucho más divertido. Y no tirita. De todas formas, el ruido de su máquina me da terror. Muchas veces voy con mi abuela y, cuando el Caco termina su trabajo, caminamos por “Provi” hasta el "Drugstore" y ella me deja elegir la copa de helado que yo quiera. Mi abuela pide un té y un trozo de kuchen de quesillo. Después nos vamos en taxi, porque a la Nena le gusta andar en taxi casi tanto como le gusta el cheesecake.

Por años el Caco me siguió atendiendo con la misma simpatía del primer día, tan igual, tan lo mismo como ese miedo que me da cada vez que oigo la máquina acercándose a mí, ese miedo que nació en la consulta de Lily, mientras veía las ilustraciones y escuchaba los gritos de otros niños.

Y la Nena… la Nena era “Provi”, era el jugo de melón en el “Café Paula”, era el kuchen de quesillo del “Tavelli”, era el dentista, era la siesta de los sábados. La nena era casi todos los recuerdos que tengo de mi niñez. Pero la Nena se fue en febrero y tras su partida asumí que debía hacerme mujer o, por lo menos, hacerme cargo de mis dientes, separados y todo, más allá de la familia.

Por primera vez en mi vida pesqué el teléfono y tomé una hora con un dentista que jamás había visto antes: el Dr. C. Luego de nuestras primeras citas, puedo afirmar que me encanta el Dr. C. porque es lindo, meticuloso y muy conversador. De hecho, tiene el fantástico don de entender lo que estoy pensando sin que yo deba mencionar ni una sola palabra. No podría decir sin que tenga que abrir la boca, porque en nuestras citas tengo todo el rato la boca abierta. En fin. Mientras tiene su mano y mil aparatos apoyados en mis dientes, basta que yo haga una mímica inacabada o unos balbuceos locos, para que él se vuelque a responder la más compleja de mis preguntas. En nuestros encuentros él también me plantea sus dudas, en especial con respecto a temas tecnológicos. Yo, en esta modalidad de mímica y balbuceo, le explico al Dr. C. por qué es tan importante que tenga un sitio web o, al menos, un blog. No sé si entiende a cabalidad, pero se muestra muy interesado en el tema.

El Dr. C. piensa que mis dientes separados son lindos y yo pienso que el lindo es él, porque se parece a mi papá, porque es de los hombres que entienden a las mujeres con solo mirarlas, porque ya no le tengo tanto miedo a las máquinas, porque voy sola al dentista, y porque recuerdo con nostalgia los jugos, los helados, las manos temblorosas de la Lily y los niños sufriendo en unas viejas ilustraciones que cuelgan del muro de un lugar, que parece el despacho de un detective, pero en realidad es la consulta de mi dentista, a la que espero sentada junto a mi abuela Nena.

martes, abril 03, 2007

Luna llena

Llegué a Nueva York una noche de luna llena. En realidad la luna apareció mucho antes, junto al ocaso, cuando el avión Taca 570 sobrevolaba alguna parte de Centro América.

Cada tanto miraba por la ventanilla y allá abajo, muy lejos, podía distinguir uno que otro poblado, pero lo que más veía eran montañas, muchas montañas, y nubes gorditas de todas las formas y tamaños.

En el vuelo Santiago – Lima conocí a Juani, una mujer de cincuentaytantos fantástica, una gozadora de la vida, y en menos de una hora ella me contó la suya y yo parte, sólo parte de la mía, porque puede sonar increible, pero Juani hablaba mucho más que yo y lo hacía más rápido también.

Desde Lima a El Salvador una vez más comprobé mi habilidad para dormir en los aviones. Fueron algunas páginas del maravilloso libro Budapest, de Chico Buarque, un sandwich, una copa de vino, enchufarme a mi MP3 y en cinco minutos ya estaba durmiendo.

El último cambio de avión fue en El Salvador, donde la gente se veía linda, contenta, amable y sencilla; los alrededores del aeropuerto eran muy verdes y el clima húmedo. Cuando en esa parada llamaron a embarcar, algo me sorprendió muchísimo: mientras casi me requizan un jarabe para la tos, más de un tercio de los pasajeros que iban en mi avión llevaba bolsas con pollo frito. ¡POLLO FRITO!… “Es delicioso”, me explicó una mujer salvadoreña a quien pregunté por la extraña práctica. “Siempre la gente lleva a los Estados Unidos, porque allá hay Pollo Campero, pero no sabe igual”. Me contó también que debido a esa costumbre, a los vuelos desde El Salvador a EE.UU. les llamaban Chicken Flights (Vuelos del Pollo)… Jajajajaja.

Cuando miraba la luna reflejarse en el ala del avión, Doña Rosa y Don Doroteo, casados hace 53 años, mis compañeros de asiento, me pidieron ayuda para llenar los formularios de entrada a EE.UU. porque no sabían escribir muy bien. Después de enterarme un poco de sus vidas, me puse a escribir esto, mientras JFK se acercaba cada vez más…

Ahora la ciudad está allá afuera esperando por mí, sólo tengo que cruzar la puerta.

miércoles, febrero 21, 2007

Verano


Este ha sido un verano de ciudad, de oficina, de aire acondicionado y clases por las tardes. De dormir poco, de poca tele, de poca calle. Este ha sido un verano tan inusual y tan común.

Tal vez estoy tomando vacaciones de mí, caminando las calles sin caminarlas, viendo como todo se acostumbra de a poco, las micros verdes que pasan con menos alboroto, mis pasos junto al río Mapocho y los lugares que había visitado tantas veces y que ahora huelen a nuevas nostalgias. Siempre, siempre huelen a eso.

Es la ciudad en verano, la ciudad lenta con aroma de pasado y futuro, la ciudad ruidosa y silente bajo una banda sonora que viene una y otra y otra vez.

Es un verano de nada y de todo. Es un verano que está aquí, pero que también está lejos, muy lejos, en los días fríos de otros ojos.


This has been a city summer, an office summer with air conditioning and classes every evening. A summer of little sleep, of little TV, of few streets. This one has been an uncommon and common summer. Maybe I’m taking vacations from myself, going through the streets without walking them, seeing how everything is coming back slowly to the right order, my steps close to the Mapocho river continue as usual, but places that I used to visit so often now have this nostalgic smell of a new homesickness. Always, always they smell like that. This is the city in summer, the slow city with a past and future bouquet, the noisy and quiet city under a soundtrack that plays over and over again. This is a summer of nothing and everything. This is a summer that is here, but is also far, far away, in the cold days of other eyes.

Foto de James Oligney

jueves, febrero 15, 2007

Sergio en la plaza


Es el barrio Concha y Toro. Caro y yo nos sentamos en una de las bancas de la Plaza Libertad de Expresión y contemplamos la fuente de agua y las casas, mientras James mira y toma fotos.

Allí saludo a dos personas que están sentadas en la banca contigua, les convido cigarros, ellos me dan fuego y comenzamos a hablar. Se trata de Sergio y su amigo. Sergio me cuenta que nació en el sur y que cuando era joven vino a Santiago y trabajó muchos años en radio y tiene voz para eso. Me cuenta también que conocía a grandes personajes que eran famosos en ese ambiente hace dos o tres décadas… y más.

Ahora Sergio se ve como un vagabundo, pero no habla de eso, sólo habla de sus épocas gloriosas, esas que continúan vivas en sus ojos y en su voz.


It is Concha y Toro neighborhood. Caro and I rest on a bench in the “Libertad de Expresion” square contemplating the fountain and houses, while James looks around and takes pictures. I say hello to two people who are sitting on the next bench. I offer them cigarettes, they give me a light and we start to talk. They are Sergio and his friend. Sergio tells me that he was born in the south of Chile, that when he was young he came to Santiago and worked for many years in radio… and he has the voice for that. He also tells me that he met some prominent radio figures who were famous in that industry two or three decades ago… or maybe more. Now Sergio appears to be homeless, but he doesn’t speak about it, he only talks to me about his glorious times, those that continue to live in his eyes and in his voice.

Foto de James Oligney en Flickr

viernes, febrero 02, 2007

Se nos fue la Nenita

Lamentamos comunicar el sensible fallecimiento de nuestra abuelita Nena

Rebeca Koremblit Kaffman
Z.L.

Ella era la esposa de nuestro querido abuelo, Beny Pilowsky; la madre de nuestra Mamá, Myriam Pilowsky K., y de nuestros tíos Daniel, Gabriel y Deborah.

Los funerales se realizarán el domingo 4 de febrero a las 12.30 en el Cementerio Israelita de Santiago – Calle Unión.

Todos estamos con mucha pena, pero contentos también porque ella pueda descansar tranquila y en paz.

Sin duda, una gran mujer que merece ser recordada por todos con infinito amor.

Luciano, Gabriela, Julián, Felipe y Paloma


En agosto de 2006 escribí esto pensando en la Nena...

Las manos de mi abuela

“Tienes las manos igual a la Nena. ¡Qué nervio!”, me dijo Felipe el otro día.

Rebeca Korenblit Kaffman es mi abuela, la mamá de mi madre y de mis tíos Daniel, Gabriel y Deborah.

Hija de inmigrantes rusos, nació en Temuco y (aunque le pusieron Elena y todo el mundo le decía Nena) cuando tenía unos ocho años su padre decidió que le cambiaría el nombre por Rebeca y así lo hizo.

Ella siempre me contaba esa y muchas otras historias de su infancia, que tuvo más privaciones que lujos. Por eso, siendo la mayor de 13 nietos y su regalona, siempre me llenó de mimos y regalos, todos los que ella no pudo tener. “Eres la luz de mis ojos”, me decía. “Hija de ricos con padres pobres”, decían mis papás cuando yo volvía a la casa llena de bolsas con muñecas nuevas, batas rosadas, zapatos, relojes y adornos.

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miércoles, enero 10, 2007

Mi abuelo Beny

Mi abuelo materno se llama Beny Pilowsky, nació en Lituania y hace algunos días cumplió 84 años. Él es una bendición por su memoria e inteligencia prodigiosas… y me llena de luz el alma tenerlo en mi vida.

Pasó su niñez y juventud en Viña del Mar, después vivió en Israel junto a mi abuela Nena y, en los años ’60 volvieron a Chile. Estudió Ingeniería Química, egresando con promedio 7 (la nota más alta en Chile), fue muchos años presidente del Comité Representativo de Entidades Judías de Chile, cargo que le dio la oportunidad de conversar en privado con el Papa Juan Pablo II, durante la visita del pontífice a Chile. También tuvo una fábrica de virutilla y es gran jugador de dominó, póker y bridge.

Con mi abuela tuvieron cinco hijos. El primero de ellos, Israel, murió a los pocos meses de haber nacido. Contándolo a él, mi madre es la cuarta, siguiendo este orden: Daniel, Gabriel, Myriam, Deborah.

Si bien es encantador y divertido, muchas veces discutimos con el Beny, porque él opina de todo y, a veces, no tiene filtro. Es pensamiento hablado y supongo que los genes son fuertes porque, en mucho, salí a él.

Con el gentil auspicio de Canal.cl hice un pequeño video en su cumpleaños. Además del Beny, aparece la tía Sonia, mi prima Nicole y yo.

jueves, diciembre 28, 2006

Calibraje musical

Se acaba 2006 y es época de balances. En lo personal ha sido un año de calibrar y, en la calle, ha sido un año de deudas y hallazgos.

Deudas con el teatro y el cine, pero grandes descubrimientos musicales.

De eso se trata este podcast. Un mini-macro programa de radio de 15 minutos de duración, full palomismo, donde hablo de mis principales hallazgos musicales de 2006. Es una edición especial de año nuevo.

Extrañamente son todos hombres: Jorge Drexler, Carlos Aguirre y Javier Barría. (A propósito, Javier Barría estará tocando mañana viernes 29 en el Bar Dominica 25, Barrio Bellavista... yo estaré ahí).

Para escuchar, pinche aquí

Ya he mencionado antes otros descubriminetos en Chile, como la banda Bómbyx Mori y, también, Muza, Marcelo Vergara y Mosaico. Por supuesto, mis “mujeres” Francesca Ancarola, Magdalena Matthey, Elizabeth Morris, Laura Fuentes, Mariela González y el “hombre” Alexis Venegas. De afuera, Kevin Johansen, Karen Ann, Madeleine Peyroux, Benjamín Biolay, Carla Bruni y Holden.

Hoy escucho a otras dos mujeres que descubrí saltando por MySpace: Francisca Valenzuela y Eva Escoto, veremos si se posicionan en el ranking de este blog.

Seguro que se me quedan varios en el tintero.

Escuchen, bailen y opinen.

También pueden poner su propia música. Ahí en la esquina, al lado del sillón, está la radio.


¡¡¡ Feliz 2007 !!!



domingo, diciembre 10, 2006

Cuando murió el dictador

Dónde estabas durante el terremoto del ’85, cuándo cayeron las torres gemelas, cuándo murió el dictador…

Son hitos que marcan las historias de las personas, de los países, de las sociedades. Son hitos que marcan mi vida y que marcan la tuya, aunque te importe más o te importe menos.

A mí me importa y me importa mucho.

El ’85 estaba viendo televisión en mi pieza de la casa materna, era una película de piratas; el ’2001 sonó el teléfono, desperté y prendí la televisión; el 10 de diciembre de 2006 estaba en un restaurant en Valparaíso, metiendo una cuchara con ñoquis dentro de mi boca, cuando sonó el teléfono y prendimos la televisión.

Un hecho mediático que llena pantallas, papel, ondas sonoras y miles de páginas en Internet. Pero ningún medio logra captar completamente la complejidad de la situación, ningún medio puede ver la suma de particularidades. Mi blog seguramente tampoco lo logra. La verdad está en la calle, en todos y en cada uno, pero en nadie a la vez.

Es entonces la subjetividad de cada quien lo que prima. La subjetividad de los medios muestra decenas de adherentes y miles de detractores del dictador. La mía dice que durante toda la jornada, primero en Valparaíso y ahora en Santiago, sólo he visto gente celebrando. Aunque no suelo festejar la desgracia ajena, yo también me alegré… Pero sólo en parte, porque el sentimiento que prima es la vergüenza. Vergüenza y rabia porque el dictador murió sin pagar por sus crímenes.

Hay tantos que deben pagar aún pero, sin duda, él era el principal responsable de la sociedad en la que crecí, una sociedad con miedo, con muerte, con injusticia por doquier. Vergüenza, entonces, porque se le rinda cualquier tipo de honor fúnebre (aunque sólo sean honores militares) a alguien que tiñó de horrores mi vida y mi país.

Hoy, en un acto de homenaje por el sufrimiento de tantos, no diré su nombre. Porque ensucia mi boca y mis dedos, porque el dictador seguirá doliendo en la impunidad de sus actos.

miércoles, octubre 11, 2006

Metro compartido


Comienza la temporada de recitales. Imagino el Estadio Nacional lleno y recuerdo cuantas veces estuve allí, en la cancha. Aprovechando mi tamaño pequeño partía sola y, con una técnica digna de rugbista, empezaba a adentrarme entre la gente hasta llegar a la reja junto al escenario. Era la época del colegio y mi mamá decía que yo estaba al borde de convertirme en una calcetinera (groupie), porque me encantaba estar ahí, gritando y coreando cada canción.

Los años pasaron y me fui poniendo más cómoda. Pienso en estar apretujada por una muchedumbre, mojada por el sudor de otros y me provoca bastante repulsión. No soy una persona que defienda demasiado su metro cuadrado, más bien soy de metro compartido, pero sólo con la gente que conozco y quiero.

En cambio, me molesta cuando el que está detrás de uno se acerca demasiado en la fila del banco, en el cine o en un supermercado, como si apretándose más fuera a llegar más rápido a su objetivo; esos tipos que hablan demasiado cerca; las horas de alto tráfico en la micro o en el metro, cuando sientes a un desconocido pegado, muy pegado a ti.

Tal vez eso podría ser algo positivo si la persona que nos aprieta fuera especialmente atractiva.

Creo que nunca tuve esa suerte, pero Andrea Maturana sí. Por lo menos en la ficción, por lo menos en un cuento, en uno de mis cuentos favoritos. Se llama “Cita” y comienza así:

“Era un aliento tibio que se le quedaba adherido en la nuca y le entraba por el cuello almidonado de la blusa, humedeciéndole la espalda. Alrededor de ella se comprimía la gente llenando el vagón, y sin embargo, la única proximidad real era ese aliento. Podía percibir su ritmo con más nitidez que el ruido de los carros o que su propia respiración: acompasado, tal vez acelerándose un poco a medida que aumentaba el contacto con su espalda y se hacía más intensa la presión entre sus nalgas. Pero los cambios de intensidad eran casi imperceptibles, dentro de un margen que permitía pensar en una casualidad, un inevitable acercamiento…”

Pueden seguir leyendo aquí o encontrarlo en el libro (Des) encuentros (des) esperados, Santiago de Chile, Ed. Alfaguara, 2000.

Este post fue inspirado en “Mi Metro Cuadrado”, un relato de Paty Leiva en Zancada.

La foto del metro es del destacado fotógrafo Patricio Valenzuela (Patotux).

miércoles, septiembre 13, 2006

Francesca, Víctor y yo

El 28 y 29 de septiembre Francesca Ancarola presenta su nuevo disco LONQUÉN, un tributo a Víctor Jara.

Lugar: Galpón Victor Jara / 21 hrs. / Huérfanos 2146 / Plaza Brasil / $3.000 / TEL: 657 94 55 - 6973941.

Otras ciudades: Valdivia (6 de oct.), Puerto Montt (7 de oct.), Castro (9 de oct.), Calama (13 de oct.), Antofagasta (14 de oct.)

Ver links al final de este post



"Manifiesto" de Víctor Jara en
la voz de Francesca Ancarola



Recuerdo que se me puso la piel de gallina. “¿Qué es lo que estamos escuchando?”, le pregunté a un tipo que estaba sentado junto a mí. “Es Francesca Ancarola, una cantante chilena, es amiga del Pancho Delgado”, me explicó.

Era una noche de diciembre de 2002 y desde ese preciso instante ella se convirtió en mi intérprete favorita y parte fundamental de la banda sonora de mi vida.

Meses después la vi por primera vez en vivo en el Bar Cachafaz (un gran regalo). Era invierno, había poca gente y ella estaba resfriada. Pero cuando empezó a cantar nada de eso importó. Su voz me pareció impecable, era lo más maravilloso que había escuchado en la vida y, sin saber lo connotado que era él, el acompañamiento de Carlos Aguirre estuvo magistral.

A partir de ese momento fui a varias de las presentaciones de Francesca en el Bar Thelonious, el Centro Cultural de Brasil, el Centro Cultural Alameda, el Bar La Rosa y el Bar La Barcaza. También, uno a uno, fueron llegando a mis manos sus discos “Jardines Humanos”, “Pasaje de Ida y Vuelta”, “Que el canto tiene sentido”, “Sons of the Same Sun” y “Contigo Aprendí”.

No sé si mis palabras alcanzan para trasmitir la emoción que me produce la música de Francesca, sentimiento que se multiplica cada vez que tengo la oportunidad de verla cantar en vivo. La forma en que cierra los ojos, como respira y vocaliza, la complicidad que establece con sus músicos y, sobre todo, lo bien que lo pasa. ¡Me encanta!

Nuevamente podremos verla en vivo el 28 de septiembre, ese día Francesca presenta su disco “Lonquén”, yo cumplo 30 años y Víctor Jara hubiera cumplido 74.

Así es. El día de mi cumpleaños Francesca Ancarola mostrará oficialmente su nueva placa discográfica que es un tributo a este gran artista chileno. En los últimos meses he tenido la oportunidad de escuchar algunas canciones de este trabajo y me gustaron mucho.

Creo que será un muy pero muy buen regalo para Víctor y, por supuesto, para mí.

"Canto Libre" es mi canción favorita de
"Lonquén", el nuevo disco de Francesca Ancarola
Unos pedacitos como primicia para los lectores
de mi blog, con la autorización de F.A. ¡Gracias!



*Foto de Francesca, gentileza de Patotux


Sitio web de Francesca Ancarola: www.ancarola.scd.cl
Sepa cómo se gestó el disco Lonquén
Iñigo Díaz entrevista a Francesca sobre su nuevo disco
Audios del concierto del 7 de sept. 2005 en el Club de Jazz de Santiago

lunes, septiembre 04, 2006

Villa Grimaldi


Baltasar Garzón y Carlos Castresana visitaron Villa Grimaldi el domingo 27 de agosto de 2006. También era la primera vez que yo iba y resultó ser una experiencia muy impactante.

Sin duda, el sentimiento jamás se acercará a lo que vivieron las personas que estuvieron detenidas allí.

Ese día hice algunas capturas con mi teléfono celular. Esas imágenes, algunas fotos que encontré en Internet, música de la película chilena Play y dos programas gratuitos y maravillosos (Audacity y Onetruemedia) me permitieron dar vida al primer video documental hecho completamente por mí.

Las imágenes son pésimas y el audio deja mucho que desear, pero estoy bastante orgullosa de este micro trabajo que dura sólo tres minutos y habla sobre uno de los centros de tortura que hubo en Chile durante la dictadura de Pinochet.

Pónganlo bien fuerte y concéntrense en las palabras de estas mujeres. La primera de ellas es Myriam, mi madre, quien nunca estuvo detenida allí, pero varias amigas y conocidas suyas no tuvieron la misma suerte… Estos son sus testimonios.

Para ver el video en un link directo, pinche aquí.



lunes, agosto 21, 2006

Jaar Adicta


Alfredo Jaar tiene 50 años y, aunque nació y estudió en Chile, ha desarrollado casi toda su trayectoria desde Nueva York como ciudadano del mundo.

Lo conocí en junio de 2004 en la Sala Isidora Zegers, cuando participó en el Coloquio Internacional de Arte y Política, organizado por la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, la Universidad Arcis y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

En esa oportunidad quedé impresionada por la elocuencia de este artista que ha montado sus trabajos en Estados Unidos, Suecia, Italia, España, Venezuela y muchos otros países.

Estuvieron a punto de deportarlo de EE.UU. por poner una instalación en el Times Square de Nueva York, donde le explicaba a los gringos que su país no se llama América, sino que América es un continente con un montón de países.

Hizo un museo de papel que después quemó en una ciudad hecha en
torno a la producción de TetraPack en Suecia, para que los habitantes sintieran la necesidad real de impulsar su propio lugar de arte.

Puso una luz roja que se encendía cuando un “homeless” apretaba un botón, e iluminaba la cúpula de un edificio emblemático de Montreal que se ve desde todas partes, para denunciar la alta cantidad de gente sin casa que hay en esa ciudad canadiense.

Hizo conversar en música a concertistas que estaban tocando a ambos lados de la frontera entre EE.UU. y México, soltando tantos globos como personas han muerto tratando de cruzar ese límite.

Habló de la masacre en Ruanda, mostrando sólo los ojos de una mujer, eran miles de diapositivas que mostraban a esta mujer, sus ojos que estaban viendo a su hijo asesinado.

Me basta sólo recordar todo esto para que se ponga la piel de gallina y es que es un artista maravilloso. Lo invitan a crear, va a los lugares, se instala por algunas semanas o algunos meses, hasta que encuentra el tema del cual quiere hablar y sus discursos son más que efectivos.

Cuando lo escuché hablando de su trabajo, rallé con él y su obra y le podía hablar durante horas sobre Jaar a quien fuera que me prestara un poco de atención.

En octubre se materializarán dos grandes muestras de Alfredo Jaar en Chile. Así muchas personas podrán conocer a este artista que articula su discurso en torno a crisis geopolíticas y sociales, las relaciones entre los países ricos y los tercermundistas, el conflicto de la inmigración, la violencia, el racismo y los refugiados.

“Jaar SCL 2006”, es el nombre de la exposición que estará repartida entre Fundación Telefónica y la Galería Gabriela Mistral. Allí el creador dará a conocer “La Trilogía de Gramsci” una pieza que critica entre otras cosas el engaño de Mao Tse Tung a los intelectuales chinos.

En el sitio web de la Radio Beethoven encontré una entrevista espléndida que le realizó hace un año la periodista Romina de la Sotta. Es una buena oportunidad para leer en las propias palabras de Jaar la explicación de lo que veremos en octubre. Y si Jaar llega a hablar en vivo... hay que hacer lo imposible por ir a escucharlo, es la recomendación de una loquita que no ha podido rehabilitarse de la JaarAdicción.

jueves, agosto 10, 2006

Las manos de mi abuela



“Tienes las manos igual a la Nena. ¡Qué nervio!”, me dijo Felipe el otro día.

Rebeca Korenblit Kaffman es mi abuela, la mamá de mi madre y de mis tíos Daniel, Gabriel y Deborah.




Hija de inmigrantes rusos, nació en Temuco y (aunque le pusieron Elena y todo el mundo le decía Nena) cuando tenía unos ocho años su padre decidió que le cambiaría el nombre por Rebeca y así lo hizo.

Ella siempre me contaba esa y muchas otras historias de su infancia, que tuvo más privaciones que lujos. Por eso, siendo la mayor de 13 nietos y su regalona, siempre me llenó de mimos y regalos, todos los que ella no pudo tener. “Eres la luz de mis ojos”, me decía. “Hija de ricos con padres pobres”, decían mis papás cuando yo volvía a la casa llena de bolsas con muñecas nuevas, batas rosadas, zapatos, relojes y adornos.

La Nena tenía muchas supersticiones, no le gustaban los gatos ni las peceras. También, aunque era bastante prejuiciosa, tenía un fuerte compromiso social con los desposeídos. Ya no se acuerda de eso. En realidad, ya no se acuerda de nada. Hace unos 15 años le diagnosticaron Alzheimer, una enfermedad muy dura que la fue alejando poco a poco de todo, de todos y de sí.

Cuando la voy a ver tomo sus manos entre las mías. De verdad son iguales. También nuestros píes lo son. Le hablo de cosas que hacíamos juntas, de las idas a la sinagoga, nuestras salidas a comprar a las tiendas de “Provi”, las oncecitas en el Tavelly, las idas a Algarrobo, los encuentros de la Wizo a los que me llevaba como una mascota, los viajes que hicimos juntas a muchas partes, las canciones, las fotos, los recuerdos. Ella está lejos, en alguna parte y no sé si las cosas que digo le llegan, pero siento que aprieta mi mano fuerte cuando oye mi voz.

Después de los almuerzos en la casa de mis abuelos, siempre me acostaba con ella a dormir la siesta, antes de que se quedara dormida me gustaba tomar su mano y apretar el lado interno de su dedo gordo, para luego ver como la carne y la piel suavecita muy lentamente volvían a su posición original. Después, intruseaba su closet y me probaba zapatos, abrigos, collares, carteras y me pinturrajeaba con los miles de cosméticos que tenía en el baño. Cuando ella despertaba yo me había convertido en una Nena chica y, luego de la cara de susto inicial, se moría de la risa.

Encontré esta foto de cuando ella y mi abuelo Beny se fueron a vivir a Israel con sus hijos. Hasta hace poco nunca me preocupó cómo habían llegado hasta allá, hasta que mi madre comenzó a recordar el viaje que emprendieron a principios de los ‘60. Tan arraigada tengo la idea de que viajar es en bus o en avión, que me sorprendí cuando la Pilo contó que estuvieron un mes a bordo un barco que zarpó desde Argentina, con varias docenas de personas de otros países latinoamericanos. Allí, la Nena cuidaba a sus hijos, se juntaba con otras mujeres, tejía, leía y escuchaba historias.

Pensé en todos los viajes que hicimos juntas. A veces me peleaba con ella y la iba a acusar donde el Beny. “La Nenita tiene miles de defectos, pero tiene millones de virtudes, por eso la he amado siempre”, era la respuesta de mi abuelo.



Hasta hoy tengo esas palabras clavadas en el alma y en el cuerpo, son algo vivo, tan vivo como mis manos y pies iguales a los de la Nena.


*En la foto mi abuela tiene su mano en el hombro de mi mamá.