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domingo, mayo 25, 2008

Más China

Otra vez, de forma notable, me ha escrito mi amiga Mónica Melo, mi querida corresponsal que también pone sus Ojos en la Calle, con poesía y en China...

La Reconstrucción


La lluvia regresa después de días de calor, de escombros y cenizas en las ciudad de Sichuan. La muerte viajó desde la sangre hasta el nuevo sentimiento de los chinos que ahora hablan solamente de reconstrucción. Haremos una ciudad nueva en tres años, dice Jiabao.

Lo traducen por canal 9, el canal en inglés cuya señal llega a Tongling, donde la tormenta cae sobre el asfalto de la Universidad y las peluquerías.

Veo sus luces rojas cuando salgo a comprar arroz y un poco de leche.

Me detengo en las vidrieras que simulan un ambiente de glamour primitivo, secadores enganchados al espejo, la famélica hermosura de una china invitando a preguntar un precio, una opción, un buen momento para el sábado quieto y enfermizo.

Esa luna circular, huérfana, tosca, dándole vueltas al trozo de cabello arrancado de una sien al mediodía.

Por la noche, las permanentes y las tinturas van a un cajón inquieto y amarillo, el sillón de espera se hace una colcha húmeda donde ellas se inclinan, simulan mirar tele. O tal vez la escuchan y la miran. Sichuan, 120000 heridos, mas de 60000 muertos. "Lo que más sobra acá es gente" bromea un maestro antes de entrar a clases y hablar con mis alumnos. Luego ya no bromea, los ve y no dice nada.

Una de las mujeres juega con el control remoto, la más pequeña de las tres que están en la vidriera le contesta a los autos que frenan, es la que entra y sale y la única que me vio con mi paquetito de las compras y mi cámara sin baterías.

De pronto, algo impensable ocurre. Se cruza y me muestra una lata de té agujereada con un cuchillo y sellada con cinta adhesiva. La lata tiene una foto de Sichuan y muchos caracteres que no entiendo. Ante mis ojos ajenos, ridículamente grandes en la noche, en la lluvia, en el aire ajeno y débil, me sonríe.

Como si fuera un Erdosain que habla con Hipólita, como aquella Ullrica que ha inventado Borges, como quién sabe cuál de todas esas putas que me trajo Onetti una y otra vez en su escritura. Así la miro, la pongo en un lugar privilegiado de mi tinta y prometo escribir sobre ella, aunque no sepa bien qué ni por qué habría de hacerlo.

La mujer me vuelve a sonreir y al cruzar, un chino gordo y con cara de haber estado por mucho tiempo solo y hambriento, le corta el paso y la toma limpiamente del brazo, como si fueran amigos o un cliente de antaño, de los que siempre pagan y no lastiman.

Los veo desaparecer detrás de una cortinita de cuentas de plástico, como las que aparecen en mi imaginación cuando recuerdo a Astier la noche de la bala fallida, esa noche en que empezó su reconstrucción como una flor que se abre, como un hombre que acepta ser quien es, porque ha pagado, porque ya ha muerto, porque como todos pero a su manera, también ha amado. Y vaya que ha sufrido.

jueves, mayo 22, 2008

Nadie es una cifra

Trajebaño Catalina, gorrito de sol, Algarrobo, mar y la pala en mi mano. “Si sigues cavando vas a llegar a China”, me decía mamá. Por la noche imaginaba a las personas que vivían en ese país, haciendo todo al revés, con la cabeza hacia el suelo y los pies hacia arriba, porque mi papá me había mostrado en un mapamundi que ellos, los chinos, estaban casi casi justo al otro lado del globo. Es decir, que si yo estaba aquí, ellos, los chinos, estaban al otro lado, literalmente “patas pa’ arriba”.

Con el correr del tiempo me di cuenta de que en China no vivía sólo una decena de personas como en el dibujo de arena que guardaba en mi mente. Descubrí que eran miles, millones, miles de millones. Su cultura milenaria y misteriosa, su caligrafía de a respiros, una idiosincrasia reservada y musical,

Durante los últimos dos años mi amiga Mónica Melo ha vivido allá, en Tongling (provincia de Anhui) donde fue para enseñar español. Ella es argentina, profesora de literatura y poetisa. Tuvo un blog hasta que los prohibieron, pero siguió enviando sus relatos y poesías por mail.

Ella fue la primera persona en la que pensé hace 10 días cuándo supe que la tierra se movió con fuerza en el país de la gente al revés. Pensé en la magia de sus palabras, en su bella voz, en las conversaciones de madrugada (la suya o la mía), pensé en sus fotos y en la angustia de no saber.

Los muertos ya superan los 40.000 y puede parece una cifra fría y lejana, a menos que uno tenga parte del alma allí, en ese lugar que hace diez días Mónica vivió como un punto rojo:
“Nadie habla. Tongling Xue Yuan está lejos del epicentro del terremoto pero hoy TODOS SOMOS CHINOS.

Se cuenta por debajo de la sangre la sangre de los muertos. 1.000, 21.000, hace apenas una hora... se habla de 50.000. Pero los expertos afirman que debajo de los escombros aguardan otros 50.000. Y las cifras siguen su destino de sal, lavandina, tierra húmeda. Y la cámara entonces enfoca los detalles. Una mano, un par de zapatillas, una madre con un sola pierna abrazada a un hijo. Muerto. Esa mujer, el punto rojo que le dio sentido al film La Lista de Schindler. Detenidos en cada testimonio. En un par de zapatos bajo la lluvia. En el rostro mutilado de una niña, en los ojos deformados de otro anciano. El suero, el agua, la lluvia sobre los cartones, sobre las manos lastimadas de los que ayudaron todas estas noches a salvar más gente. Un bebé que sobrevivió 50 horas, una nenita que sale rota, con los huesos expuestos, sonriendo. 69 horas sin comida, sin abrigo. Esa nena se ríe. Abraza al soldado y sonríe. Mi punto rojo. Mi inflexión personal donde todo se detiene para mí. ¿Qué hice de bueno en este día? Un jovencito sale entre dos paredes, pasó días sin beber y pide coca cola. Entonces, nada, entonces una abre la heladera y mira el litro y medio y dice: Esto también es la vida, ésta también es la felicidad. Abro correos, extraño a mi familia, a mis amigos. Siento como un golpe de ansiedad y gracias por lo mucho que amo. Un celular en un auto aplastado que suena, que sigue esperando una respuesta. El terremoto sacude. Nos sacude. En un instante se acaba todo. No más esfuerzos por el examen, por esa casa con 140 cuotas por cumplir, no más ráfaga de soberbias por dinero, por los años del doctorado, por los hijos que se desean o se han ido. Todo es una nube de ceniza. Y velas rojas contra el borde de la lluvia”.
Mónica Melo
Un homenaje a todos y cada uno de los afectados por esta catástrofe, porque nada ni nadie es sólo una cifra.

martes, abril 22, 2008

Derechos y deberes




- ¿Por qué hay tantos policías en el centro hoy?- pregunté a un carabinero que estaba parado al lado de una micro de la institución, en Bandera con Huérfanos.
- Siempre estamos acá- respondió.
- Mire, yo paso todos los días por acá y lo que usted dice no es cierto.

El carabinero insistió en su postura, y yo volví a preguntar e insistir una y otra vez.

- ¿Por qué no me dice lo que pasa realmente y terminamos con esta cuestión?
- No pasa nada señorita.
- Insisto que me diga que pasa, tengo derecho saber.
- Ahhh, es su derecho, ¿por qué?
- Porque yo como ciudadana tengo derecho a saber lo que están haciendo en un lugar público.
- Mmmm, así que derecho, ¿y usted conoce sus deberes?- me dijo con tono socarrón.
- Claro que los conozco y mi deber ahora es decirle que tiene muy mala voluntad y que espero que éste sea un muy mal día para usted, porque eso le ocurre a la gente con tan escasa disposición de servicio a la ciudadanía- dije exagerando la nota. Di media vuelta y me fui.

Después de almorzar insistí nuevamente en el tema, preguntándole a un guardia municipal quien, con más ingenuidad que mala fe, me dio la misma explicación del carabinero, asegurando que siempre había muchos policías allí, pero sus palabras fueron opacadas por más de diez motos que cruzaban a toda velocidad por la calle Bandera con rumbo al Norte. Para mí eso no era del todo normal.

Hoy, a la entrada de la calle Nueva York, vi nuevamente una micro de la policía, me acerqué y le pregunté nuevamente a un carabinero. “Es bien curiosa usted ah. Estamos acá porque se preveen algunas marchas por el tema de la píldora del día después y por un paro de la UTEM”.

Le di las gracias y sonreí feliz.

Me molesta profundamente cuando los uniformados tienen ese comportamiento de Secreto de Estado para darse ínfulas de importancia, cuando se trata de temas bastante cotidianos.

¿Era tan difícil responder con la verdad y de buena forma?… Creo que no.

sábado, diciembre 08, 2007

Análisis otra vez

La publicación vuelve a los quioscos el lunes 10 de diciembre
Este texto es parte del proyecto Imaginar: Laboratorio de Ideas y Opinión

Apsi y Análisis eran las dos revistas que más se leían en mi casa cuando era chica. Había verdaderas colecciones que hoy se pudren abandonadas en un entretecho. Alguna vez intenté rescatarlas, pero fui acechada por arañas, ratones, polvo y monstruos de la oscuridad.

Análisis era una revista más severa y tenía -como su nombre lo dice- artículos de análisis político muy profundos y complejos. A mí me gustaba más Apsi, porque era más amigable en cuanto al diseño y porque tenía reportajes entretenidos incluso más allá de los temas de contingencia política. Por ejemplo, allí apareció mi cuento favorito, "La Oreja de Teresa" de Milena Vodanovic y, en mis años púberes, leí vorazmente la novela "Luna Caliente", de Mempo Giardinelli, que la revista Apsi entregó seccionada en varias ediciones.

Aunque me haya gustado más Apsi, la que vuelve a los quioscos a partir del lunes 10 de diciembre es Análisis. Lo supe cuando me mandaron un correo con una portada bastante insípida, sin ninguna otra información. Veremos qué nos muestra la revista, considerando que ahora la política tiene más fuegos artificiales que carne y hueso.

Movida por la añoranza, recurrí a un excelente dato que José Luis Orihuela entregó en su twitter: el Museo de la Prensa, un proyecto que está siendo impulsado por la Universidad Diego Portales. Se trata de un sitio vivo, donde encontré una portada de Análisis que realmente valía la pena: el día en que Mónica Madariaga pidió perdón.

Nostalgia con olor a tinta y papel.

viernes, noviembre 30, 2007

Sex and the Shoes

En algún momento de los tempranos noventas estaba de moda “taquillar” en el Apumanque, usar pantalones amasados y zapatillas Topper o Converse con cordones distintos o, incluso, de diferente color. Cabe señalar que esto también se aplicaba a los mocasines Pluma.

Una década más tarde, HBO transmitía la tercera temporada de la exitosa serie Sex and the City (por cierto, una de mis sitcoms favoritas) y en uno de los episodios Carrie, la protagonista, aparecía usando sandalias de taco alto de distinto color y se veía topísima.

Esta mañana, en un quiosco, vi en LUN que el caso volvía a repetirse con la ministra del Mideplan, Clarisa Hardy. Qué risa me dio.

Nos encontramos entonces frente a tres elementos:

1.- Como la señora que encabeza el Ministerio de Planificación no es estilosa, sino todo lo contrario, no supo sacar provecho de la situación y decir que estaba imponiendo una moda. Podría haberlo hecho perfectamente, ya que los zapatos eran del mismo modelo.

2.- Ya que no supo sacar ventaja del entuerto, habría que decirle que ya no estamos en el principio de los noventas sino que en el año 2007, que ahora ya no se usan los cordones cambiados (sino que las zapatillas sin cordones), he visto pocas zapatillas topper y los zapatos Pluma me parece que ni existen, ni siquiera para usarlos en distintos colores.

3.- Por último, hay que aclarar que Clarisa Hardy está muy, pero muy lejos de parecerse Sarah Jessica Parker.

Pese a todo esto, debo reconocer que la situación despertó en mí una profunda nostalgia. Yo también tengo zapatos del mismo modelo en distinto color. Tal vez me animo a usarlos de este modo o, por lo menos, le cambiaré los cordones a mis zapatillas.

miércoles, noviembre 21, 2007

La ropa sucia (no) se lava en casa

Una decena de veces he presenciado en plena calle actos de violencia hacia mujeres, los cuales son efectuados por sus propias parejas. Principalmente gritos y zamarreos, pero violencia al fin y al cabo. En un par de esas ocasiones he visto carabineros en las cercanías, he ido hasta ellos y les he informado sobre lo que acabo de ver. En algunas oportunidades me han tomado en cuenta, en otras no.

Es un tema difícil, con límites difusos, en el que nadie se quiere involucrar, donde pocos están dispuestos a intervenir, muchos tapan su boca con frases como “no es mi problema” y otros tantos piensan “algo debe haber hecho para merecerlo”.

Partamos por decir que NINGUNA MUJER MERECE SER AGREDIDA NI FÍSICA NI SICOLÓGICAMENTE. Sin embargo, a menudo existe una responsabilidad compartida en la llamada violencia doméstica: uno agrede y el otro “se deja” agredir, ya sea por miedo, por vergüenza, por cariño, por esperanza de que la situación vaya a mejorar o, simplemente, por costumbre.

Un círculo vicioso que muchas veces se da a puertas cerradas -lavando la ropa sucia en casa- y que en bastantes casos se trasmite de generación en generación. Es el círculo de la violencia, donde nadie es culpable, donde no sólo sufre la persona agredida, sino también el agresor, pues al calmarse se arrepiente de haber dañado (física o sicológicamente) a sus seres amados.

Al igual que lo que ha sucedido en los últimos años con el destape de casos de pedofilia, hasta hace poco la violencia contra la mujer era un tema oculto, un asunto del que se hablaba entre susurros, del que nadie sabía y del que nadie quería saber, aunque estaba y sigue estando presente en muchas partes y en todas las clases sociales.

Hoy nos encontramos con una sociedad que comienza recién a abrir sus ojos y lo refleja a través de los medios de comunicación. Me parecen destacables los esfuerzos que está realizando el Servicio Nacional de la Mujer para generar conciencia, con avisos publicitarios de una crudeza nunca antes vista. Más aún considerando las cifras que hay en nuestro país, donde cada semana una mujer muere asesinada por su pareja.


En su columna del diario Las Últimas Noticias (20/11/2007), inspirado en el caso de los tres carabineros que fueron dados de baja por no asistir a una mujer golpeada, Rafael Gumucio minimiza el asunto argumentando que no es el principal vejamen que sufre la mujer chilena, pues se desconocer otros tipos de violencia contra la mujer, situaciones más frecuentes y cotidianas, como las que mueren producto de abortos clandestinos, el hambre que sufren cientos de “jefas de hogar” sin trabajo o el hecho de percibir sueldos menores a los de los hombres. Pero lo “cotidiano” no puede minimizar lo grave.

Por eso discrepo en parte de Gumucio y me enfurece saber que la empresa de seguridad donde se registró el video (que muestra la agresión) tomará represalias contra la persona que filtro estas imágenes a los medios. ¿No debería acaso ser una obligación dar a conocer este tipo de evidencias? ¿No debería ser un delito esconderlas?

Esto resulta paradójico frente a la campaña del Sernam que nos llama a hacer algo. Pero ¿cómo saber qué hacer? ¿Cómo saber en que punto una simple pelea cruza el límite de la agresión? ¿Cómo saber cuál es el minuto justo para intervenir si se es testigo de este tipo de situaciones? ¿Cuál es la mejor manera de hacerlo? Yo no lo sé y quisiera saberlo.

Tal vez el primer paso es mirar, escuchar y hablar del tema sin miedo.

Mañana (jueves 22 de noviembre) a las 20.30 en la Plaza Italia tendrá lugar la marcha “Basta de violencia contra las mujeres” y el domingo 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.

Parece un buen momento para comenzar a mirar nuestra sociedad como realmente es, mostrar nuestros trapos sucios, lavarlos fuera de casa y secarlos al sol.

viernes, septiembre 07, 2007

Yo sólo quería comer sushi

Con el antojo vivo me bajé de la micro antes de llegar a la Plaza Armas. Crucé la calle y cuando iba a entrar a Los Reyes, la gente comenzó a ser evacuada del luagar.

El Hotel City se estaba quemando y el fuego había comenzado en la cocina de ese restaurant que está en el primer piso, y cuya cocina se especializa en comida japonesa y peruana.

Eran las 8 en punto cuando le pedí a Ignacio que me ayudara a postear algo a distancia y, al minuto siguiente, marqué el número de Rodrigo Guaiquil. "Habla, te estoy grabando", me dijo él y comencé una transmisión que duró cerca de seis minutos, sintiendo esa adrenalina de reportera que escapa de mi quehacer diario, que es tan digital.

Escucha lo que le dije aquí (5 minutos):


Mucha gente, tres compañías de bomberos, personas de la municipalidad y humo por todas partes. La policía cortó el tránsito, evacuaron a los pasajeros y los bomberos lograron controlar las llamas que afectaban al segundo y tercer piso de este clásico hotel capitalino.

Cuando los carrobombas comenzaron a abandonar el lugar, me di cuenta de que mi antojo seguía vivo y que algunos metros más allá había otra sucursal de Los Reyes. Entré, pedí una sugerencia para uno y me fui caminando, bolsa en mano, por mis antiguos barrios.

lunes, mayo 07, 2007

De Pirque a Canudos

Pertenecer. Esa es la palabra. Cuántos realmente pertenecemos. Cuántos nos sentimos parte de algo: de una familia, de un grupo de amigos, de una religión, de un organismo, de un partido político, de una profesión.

Mis pertenencias son disgregadas. Me cuesta entrar a grupos, pero lo deseo, lo anhelo con envidia de la mala. Me gusta cuando la gente se mueve en conjunto por una causa, como una manada pensante. Pero además de algunos amigos y mi bella familia… No pertenezco ni en lo superficial ni en lo profundo. Me cuesta seguir una moda, tanto como me cuesta abrazar una causa con vehemencia, con esa fuerza de la gente que da la vida por lo que cree. Yo no le he hecho, no lo hago y no sé si lo haré.

Así, a medida que se deja ver, me ha parecido cada vez más hermosa la forma de vida que llevan los habitantes de la Comunidad Ecológica Cristiana de Pirque. Esa es la forma en que los medios han llamado a estas cuatro familias que viven juntas, que cultivan la tierra, venden pan, educan a sus niños y rezan varias veces al día. Me gusta cómo tratan de proteger su consecuencia, me gusta su descontento frente a “el sistema”, me gustan sus ganas de hacer las cosas de una forma distinta desde la espiritualidad y desde el sentimiento.

Hoy en la mañana vi una entrevista que Carolina Urrejola hizo al interior de la comunidad, en forma exclusiva para la señal católica. Pensé en el compadrazgo, en que tal vez había obtenido la oportunidad de entrar por pertenecer a un cierto círculo social, los amigos en común. Pensé en eso por la sensibilidad y cercanía que mostró tanto en la entrevista como en sus opiniones posteriores en el estudio de Canal 13.

¿Es eso periodismo o amistad? Extrañé preguntas más incisivas, extrañé verla más políticamente incorrecta y no evidenciar con tanta claridad lo mucho que le agrada la forma de vida que se lleva al interior del predio. A mí también me conmueve el modo en que ellos pertenecen, pero intentaría abordar el tema desde una objetividad más dura.

No se si por la mala envidia, podría decir, por ejemplo, que al ver la vida de este grupo recordé los primeros días de la peregrinación de Antonio Conselheiro en su viaje hacia Canudos. El protagonista de “La Guerra del Fin del Mundo”, de Mario Vargas Llosa, es un líder espiritual que durante varios años recorre Brasil, de poblado en poblado, formando una especie de misión que busca volver a la esencia del cristianismo. Es cierto que comparten el objetivo central con los personajes de Pirque, pero los seguidores del consejero abrazan desde la violencia su peregrinar religioso, la mayoría es gente pobre, enfermos y bandidos justicieros.

Sea como sea, ambos están fuera del sistema.

Para escribir esta novela, Vargas Llosa se basó en hechos reales de la historia brasileña del siglo XIX, tan reales como la vida del pequeño grupo de habitantes de la comunidad de Pirque.

Esta mañana vi como Roberto Snack, el líder de la agrupación, con respecto al hecho que generó interés en la opinión pública, explicó que el entierro de Jocelyn Rivas en el predio lo realizaron para no pasar por todo el vejamen que hubiera significado una posible autopsia y un rito funerario convencional. Reconoció como un error y una torpeza no haber seguido los pasos que la Ley obliga.

Entonces me pregunto hasta qué punto el pertenecer con consecuencia es posible, hasta qué punto seguir lo que uno cree es aceptable en relación con los parámetros de nuestra sociedad. Dónde están los límites. Qué es lo correcto.

Pienso en algunas palabras: tonto, sinsentido, amar, creer, razonar, valiente.

jueves, abril 12, 2007

Puro ego

Sigo en Nueva York y tengo mil historias que contar... pero ni un minuto para hacerlo.

Sin embargo, simpre hay tiempo para el ego y tengo que comunicar que el miercoles 11 apareci en el diario El Mercurio mencionada como una de las blogeras top de mi pais, con fotito y todo.

Se que hay muchos mejores o mas leidos que nosotros, pero el dedo magico de Alexis nos puso ahi y ahora... me creo la muerte, jajajaja.

Saludos a todos...

Paloma/Blogera/Top

miércoles, marzo 21, 2007

¿Dónde está el teniente Bello?


Conocí a Iván y Yanko hace más de una década en una casa donde conversamos con un gran cuadro figurativo-surrealista como telón de fondo. Hasta hoy recuerdo esa pintura por su marcada influencia de Dalí y los delfines espectaculares que mostraba la escena. Desde entonces decidí que me encantaba la obra de Iván Godoy.

Pasó mucho tiempo y lo volví a encontrar junto a Yanko Rosenmann en el jardín de la casa de la Pilo, mi madre. También volví a reencontrarme con la obra de Iván, que en 2003 estaba enfocada en el concepto de la última cena, el pan, el vino, la mesa servida.

Anoche fui al Museo Nacional de Bellas Artes a la inauguración de su muestra más reciente y quedé gratamente sorprendida por la coherencia y la fuerza del trabajo que realizó junto a Yanko.

Se trata de una investigación, de una aventura, de un vuelo arriesgado, emotivo y mágico. Un rescate de la memoria para reivindicar la figura del teniente Alejandro Bello Silva, quien el 9 de marzo de 1914 despegó a bordo de su aeronave para cumplir con la última prueba que le permitiría obtener su título como piloto profesional. Sin embargo, el teniente Bello nunca llegó a su destino en Cartagena y, desde entonces, su apellido se ha usado para referirse a distraídos y extraviados.

Bajé a la sala subterránea del museo. A un lado del espacio encontré una serie maravillosa de 16 cuadros de Iván que simulan pizarrones negros con instrucciones de vuelo, mapas y dibujos de complejas piezas de mecánica aeronáutica. En el medio, 93 retratos de personas desaparecidas o extraviadas y, en la otra mitad, se montó una recreación filmada del último vuelo de Alejandro Bello.

Son cuatro pantallas con grabaciones hechas en un avión biplano desde el casco de piloto (frente), el timón trasero (posterior) y las alas (laterales), lo que permite al espectador sentir que va pilotando y que experimenta “el punto de no retorno” al que llegó Bello antes de convertirse en mito. Como planteó Vicente Huidobro: “los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur”.

Yanko dice que este es el rescate de una figura patrimonial que se perdió en el cielo desafiando a Newton, “porque no todo lo que sube tiene que bajar”.


Imperdible:
“Bitácora Perdida del Teniente Alejandro Bello Silva”
Museo Nacional de Bellas Artes
Del 21 de marzo al 20 de mayo

miércoles, febrero 28, 2007

Todos somos humanos

Hoy, por primera vez, encontré y pude registrar un error de proporciones en el titular principal de EMOL, la versión electrónica del Diario El Mercurio. “Prrsidenta Bachelet monitorea Transantiago desde la Unidad Operativa de Control de Tránsito”.

Ya sabemos que el Transantiago tiene algunas fallas, pero no es para tanto.

Fue un alivio, pues me di cuenta de que no sólo yo cometo errores pues, al final, todos somos humanos.

Inmediatamente marqué el número del diario para dar aviso de la situación, pero cuando hablé con el encargado ya habían corregido la falta.

Esta es una de las cosas buenas y terribles de trabajar en medios digitales: la posibilidad de equivocarse y corregir.

Creo que el asunto nos plantea un tema de profunda reflexión. Es algo para pensar mientras que seamos los humanos con nuestros errores los responsables de esto, porque no sabemos cómo será el escenario en cinco, 10 ó 15 años más.

Basta con recordar cuando entré a estudiar periodismo a mediados de los ’90 y la Word Wide Web recién daba sus primeros pasos. Jamás imaginé que terminaría trabajando en esto, que hablaría por mensajes de texto en tiempo real con mi abuela que vive en México, que escucharía la voz y vería la cara de mis amigos que están a miles de kilómetros de distancia, qué tendría la posibilidad de conocer lo que piensan personas de todo el mundo, sólo apretando un par de veces el botón del mouse.

Sin duda, el futuro está aquí y hay que aprovechar mientras es de los humanos, mientras podamos equivocarnos.

(Epic 2015, el futuro es hoy)



For the first time, today I found and could register a big mistake in the front page of EMOL, the electronic version of the Chilean newspaper El Mercurio. It was a relief, since I realized that I am not the only one who commits mistakes, because we are all human beings. Immediately I dialed the newspaper's number to warn them about the situation, but when I spoke with the person who was responsible, they already had corrected the mistake. This is one of the good and terrible aspects of working in digital mass media: the possibility of making and correcting mistakes. I believe that this should be a topic of deep reflection. It is important to consider this because we, the people, with all our mistakes, are in charge of the contents and we don't know what the situation will be in 5, 10 or 15 years more. In the mid 90s, when I started my studies in Journalism School, the Word Wide Web was taking its first steps. I never imagined that I would end up working like this; speaking through an instant electronic messenger with my grandmother who lives in Mexico; listening to the voices and seeing the faces of my friends who are thousands of kilometers away from me; would have the possibility of knowing what people all over the world think, just by pressing the mouse a couple of times. Undoubtedly, the future is here and now. For that reason it is necessary to embrace the opportunity that future technologies offer to us, the human beings that are able to make mistakes.

jueves, febrero 01, 2007

Pequeño gran caos



Sólo la vi por la tele, pero por días sentí su presencia a mi alrededor. En una oportunidad saliendo del metro Bellas Artes quedé atrapada por un mar humano que trataba histéricamente de avanzar hacia la Pequeña Gigante, pues la marioneta de ocho metros de alto había pasado hace un par de minutos por ahí.


Me empujaron, me aplastaron, me pisaron. En definitiva, no guardo un buen recuerdo del paso de Royal Deluxe por mi ciudad.

Menos cuando pienso que en nuestro país para llevar la cultura a la gente… hay que convertirla en “cultura de masas”, con eventos donde se generan tumultos, que están rodeados de publicidad y llenos de “el souvenir para el regalón”.

Me vi superada por esta pieza de teatro callejero. Prefiero las marionetas chicas, manejadas por pocas personas, que no parecen tan reales, pero que son arte en su más íntima esencia.

La visita de la Pequeña Gigante coincidió con mi quehacer como guía turística de James, a quien paseando por una feria artesanal le mostré nuestros tradicionales indios pícaros…

Dos representaciones “culturales” que se conjugan en esta imagen.

miércoles, enero 24, 2007

Piernas porteñas

No es un lugar común decir que pasé dos días subiendo y bajando cerros y escaleras, porque Valparaíso… Valparaíso no es un lugar común.

Con sus contrastes, los perros por doquier, conversaciones saliendo por ventanas abiertas en fachadas de latón, con los colores más vivos y más viejos, los más limpios y más sucios, con alma de cielo y un cuerpo que está siendo permanentemente reparado... este fue el Valparaíso que salimos a descubrir con James.

“Caminen y piérdanse por los cerros”, fue la primera instrucción que nos dio Chantal, al tiempo que nos mostraba uno de sus tesoros más valiosos entre todas las cosas que ha encontrado en las calles del Puerto: una caja de fósforos muy antigua, que halló en el suelo junto a un contenedor de basura y que en una de sus caras tiene pegado un trozo de papel que dice:

Clavos
Corral
Pollos

De eso se trata Valparaíso, de reparar, de componer, de recibir. Un lugar donde la locura y la diferencia son el patrón común. Un lugar donde el imperialismo intenta destruir el alma de una ciudad más viva que ninguna, logrando sus metas sólo con impudicias absurdas como la construcción de supermercados en barrios históricos, pisoteo de lo derechos de los habitantes en pro de turismo de transatlánticos y el apoyo gubernamental a centros comerciales en una tierra que se presume patrimonio de la humanidad.

Pero como en Valparaíso la diferencia es la norma, estos intentos más que imponerse se ridiculizan a sí mismos, porque lo más importante sigue siendo la diversidad, esa que se vive y se siente en cada curva que toma la “Mirco O”, desde la Avenida Argentina hasta Playa Ancha.



Fotos:
F. Elendil en Flickr
Moni en Flickr
Un tour para escuálidos bolsillos en Chile.com

jueves, enero 04, 2007

El Divino otra vez


“Estoy acá con el Divino Anticristo, una de las personas más importantes que viven en mi barrio”, así comienza el último podcast de la Repostera del Crimen donde nos presenta una entrevista de 38 minutos a este curioso y emblemático personaje que circula por el centro de Santiago.



Una vez más Rucia Sucia nos entrega un documento histórico, donde ella recoge un trozo de lo que ha denominado como la hipermodernidad. Es imperdible.

Pueden descargar la entrevista completa en el podcast de la Repostera, pinchando aquí.

Para un adelanto, les presento algunos extractos de la entrevista que realizó Rucia y, posteriormente, lo que yo escribí sobre el Divino Anticristo en marzo de 2005.


Ni Verde ni Italiana

En el centro de Santiago hay un hombre que se pasea por las calles vestido como una mujer, una señorona. Podría ser un simple vagabundo, pero no lo es. Es el Divino Anticristo, o por lo menos así se hace llamar. Lleva un carro de supermercado, a veces son dos. Allí guarda cosas que recoge de la calle, algunas las vende.

El Divino es escritor, es poeta. Tiene un estilo curioso, trastocado, pero a la vez contundente y lúcido. Sobre él se tejen muchas historias, algunas son verdades, otras mitos urbanos.

El Divino Anticristo es columnista también. El periódico “The Clinic” ha publicado varios de sus escritos, pero ahora el Divino dice que está enojado con la gente del “The Clínic”, porque se pusieron “hidrofóbicos” con él.

En una ocasión leí que el Divino odia a las mujeres y, sobre todo, a las mujeres viejas. Por eso, generalmente mantengo la distancia cuando lo vemos, aunque he cruzado un par de palabras con él. Una vez, compramos algunas de sus creaciones literarias que vende en fotocopias. Le preguntamos si necesitaba algo. “Una máquina de escribir que no sea verde ni italiana”, respondió.

Al igual que los bloggeros, el Divino lleva una bitácora. Es una bitácora santa y demoníaca con un lenguaje reinventado que divide en “facsímiles electro-químicos”.

Hace semanas que no lo veo. Estoy pensando que el Divinísimo consiguió la licuadora roja para mezclar parabolísimas, que está encerrado en las calles y que es invisible mientras escribe sus letrísimas en respuesta a los hidrofóbicos.

*Foto de Amanda Figueroa en Flickr

viernes, diciembre 15, 2006

Mi barrio el día en que murió el dictador

Historia de un videotestimonio

El domingo a las 14:20 Rucia se enteró de la muerte del dictador. Rucia es amiga y vecina, así que partió corriendo a mi casa a buscar a mi prima Daniela y salieron juntas a la calle cámara en mano a registrar el momento histórico.

Caminaron por las calles aledañas al Museo de Bellas Artes, un barrio donde viven muchos jóvenes y muchos viejos, un barrio bastante taquillero, de moda y que, recientemente, ha sido calificado como “Gay Friendly”.

Cuando me mostraron su trabajo me emocioné mucho por la calidad del registro. Pregunté por qué no salía algún partidario del dictador. “No encontramos a ninguno, al menos en este barrio”, respondió Rucia. Pero está bien, porque se trata de un documental, de un registro autoral y no de un reportaje periodístico donde se espera mayor objetividad o por lo menos ver las distintas posiciones que hay frente a un tema como este. “Es la gente que está en mi barrio, no salí a buscar distintas opiniones, esto fue lo que pasó en mi día, el día que murió Pinochet”, dice Rucia en su último podcast.

Porque Rucia Sucia es un una chica lesbiana que vive en Santiago y transmite un podcast llamado “Repostera del Crimen”… Aunque la temática de sus grabaciones suele ser el mundo homosexual, en esta oportunidad se desmarca para entregarnos algo más: “… porque aparte de hablar soy audiovisual, es importante que vean esa parte... no soy sólo gay, aunque no lo crean”.

Recomiendo ver este video testimonial de lo que ocurrió en el centro de Santiago el día en que murió el dictador. ¿Por qué? Cómo dice Ignacio en su blog “… porque está lindo y porque permite contrarrestar la imagen falsamente equilibrada que trataron de mostrar los medios de comunicación ese día, el día en que murió Pinochet. Como ya dije antes, recorrí dos ciudades ese domingo y en ninguna parte vi gente homenajeando al dictador”.

Por favor véanlo, linkeenlo, póngalo en su blog. Creo que he visto pocos documentos en mi vida tan gráficos como este. Tal vez sirva en parte para que Lidia comprenda la alegría de los chilenos o al menos, vea cómo fue y como es.

Rucia y Daniela prepararon especialmente para mi blog esta sinopsis del documental. Gracias chicas!!! Porque la idea no es que lo vieran completo acá, sino que ustedes mismos vayan a verlo completo en el podcast de Rucia Sucia: http://www.podcaster.cl/category/gay-and-lesbian/ que en esta oportunidad trae audio y video.


jueves, diciembre 14, 2006

La pena de Lidia

Desde Argentina mi amiga Lidia, una de las personas que sobrevivió al atentado de la Amia en 1994, me escribe diciéndome que no entiende las celebraciones que se dieron en Chile tras la muerte del dictador.

No puedo comprender el por qué de las celebraciones.

Yo lloré cuando me enteré. Así como lloré cuando me di cuenta que desaparecían mis compañeros de la facultad en la época del proceso. Lloré en el ‘92 cuando la bomba en la Embajada de Israel mató a mi mejor amiga. Lloré y sigo aún, doce años mas tarde, la muerte de casi todos mis compañeros de trabajo con el coche- bomba que estalló en 1994.


Desde la niña de la entrada, que me sonreía cada mañana, los de la portería, la telefonista, ascensorista, mozos que me trajeron el café durante 11 años, los de seguridad, planteles enteros de personas con las que trabajaba, los de maestranza, etcétera, etcétera.

Mire atónita y reviví todo con la caída de las torres en EE.UU., lo de Atocha en España y no sigo la cuenta. Y ahora volví a llorar cuando supe que Pinochet había muerto y la justicia no lo había tocado. Lloré porque la impunidad seguía ganando, como gana aquí en mi país.

Pareciera que para los grandes crímenes, sobre todo los del terrorismo de Estado y los de los dictadores, la justicia no existe. Son pobres viejitos indefensos a los que se debe cuidar y para los que se dilapidan enormes recursos económicos de toda índole. Sólo los ladrones de gallinas están presos.

Tal vez me puedas explicar algo que no entiendo. ¿Por qué la gente se alegra y celebra?


Más que alegría, yo sentí rabia porque el dictador no fuera juzgado y porque no pagara por todo lo que hizo y mandó a hacer. Y, sobre todo, sentí vergüenza de que no lo hayamos logrado. Pero también admiré y sigo admirando a quienes hicieron de la justicia sobre esos años su móvil de vida.

¿Cómo le puedo explicar a Lidia la alegría de cientos de miles de chilenos?

miércoles, diciembre 13, 2006

En portada

Gracias al incentivo de Todd Thacker escribí un artículo de opinión sobre los hechos de estos últimos días para “Oh my News” Internacional, el informativo online de periodismo ciudadano (citizen journalism) más importante del mundo.

Al igual que mi post del domingo, el texto se titula “Cuando murió el dictador”, sólo que en esta oportunidad abordé desde mi experiencia el hecho de haber crecido bajo un régimen dicatorial.

Esta mañana veo con emoción que mi artículo es el destacado de portada de “Oh My News”, por lo que será leído por miles de personas en todo el mundo.



Hay veces, muchas, en que reniego del periodismo, pero no lo puedo evitar… soy una recolectora de historias y tengo que compartirlas, mostrarte mi calle a ti, a ustedes, al mundo.


Aquí el link directo:
“When the Dictador Died”

Más info:
Periodismo, blogs y reporteros ciudadanos

A Pro Journalist Tries Out the Citizen Beat

Hoy murió el dictador, criminal, abusador, traidor, ladrón

martes, diciembre 12, 2006

Inspirando a LUN


Me acabo de dar cuenta que mi blog inspiró a Marcela A. periodista que publicó un recuadro en la página 12 de Las Últimas Noticias, un diario chileno muy leído y de corte bastante sensacionalista.

Dos días después de que lo hiciera yo, LUN cuestiona “dónde estabas para el terremoto del ’85, para la caída de las torres gemelas o para la muerte del dictador”. Inmediatamente llamé a Federico G. quien también es periodista de LUN para contarle y preguntarle sobre esto. Me dijo que la idea se les ocurrió el domingo y que incluso discutieron la prudencia de publicar una viñeta de este tipo el día del funeral del dictador.

Le mostré lo curiosa que resultaba la cercanía con mi post, me encontró la razón, pero me dijo que no conocía mi blog y que era coincidencia que dos de los personajes citados fueran actrices-blogeras (Katty Kowalezko y Blanca Lewin).

Sólo porque lo estimo le creo un poco (jajaja), pero la coincidencia es mucha ¿o no?

Como no se trataba sólo de autoreferencia, también comenté con F.G. la convocatoria que ha generado el velatorio del dictador, pues yo quedé algo impresionada al saber que lo visitaron más de 50 mil personas. “Son muy pocos, para el funeral de Gladis Marín participaron casi un millón”, dijo F.G. tranquilizándome.

Texto entre líneas: Leo LUN

Pregunta: ¿El parecido entre mi post y el recuadro es coincidencia?

domingo, diciembre 10, 2006

Cuando murió el dictador

Dónde estabas durante el terremoto del ’85, cuándo cayeron las torres gemelas, cuándo murió el dictador…

Son hitos que marcan las historias de las personas, de los países, de las sociedades. Son hitos que marcan mi vida y que marcan la tuya, aunque te importe más o te importe menos.

A mí me importa y me importa mucho.

El ’85 estaba viendo televisión en mi pieza de la casa materna, era una película de piratas; el ’2001 sonó el teléfono, desperté y prendí la televisión; el 10 de diciembre de 2006 estaba en un restaurant en Valparaíso, metiendo una cuchara con ñoquis dentro de mi boca, cuando sonó el teléfono y prendimos la televisión.

Un hecho mediático que llena pantallas, papel, ondas sonoras y miles de páginas en Internet. Pero ningún medio logra captar completamente la complejidad de la situación, ningún medio puede ver la suma de particularidades. Mi blog seguramente tampoco lo logra. La verdad está en la calle, en todos y en cada uno, pero en nadie a la vez.

Es entonces la subjetividad de cada quien lo que prima. La subjetividad de los medios muestra decenas de adherentes y miles de detractores del dictador. La mía dice que durante toda la jornada, primero en Valparaíso y ahora en Santiago, sólo he visto gente celebrando. Aunque no suelo festejar la desgracia ajena, yo también me alegré… Pero sólo en parte, porque el sentimiento que prima es la vergüenza. Vergüenza y rabia porque el dictador murió sin pagar por sus crímenes.

Hay tantos que deben pagar aún pero, sin duda, él era el principal responsable de la sociedad en la que crecí, una sociedad con miedo, con muerte, con injusticia por doquier. Vergüenza, entonces, porque se le rinda cualquier tipo de honor fúnebre (aunque sólo sean honores militares) a alguien que tiñó de horrores mi vida y mi país.

Hoy, en un acto de homenaje por el sufrimiento de tantos, no diré su nombre. Porque ensucia mi boca y mis dedos, porque el dictador seguirá doliendo en la impunidad de sus actos.

viernes, octubre 06, 2006

Manos arriba


“De todos los años que llevo viajando en metro, nunca he presenciado un robo u otro tipo de incidente”, me dijo Mario mientras veíamos a los guardias corriendo por el anden.

El tren comenzó a moverse para entrar nuevamente al túnel y, antes de dejar la estación Universidad de Chile, sólo alcanzamos a ver un pequeño tumulto subiendo por las escaleras.

Hoy en Emol me encuentro con lo siguiente: “Baleo en metro U. de Chile tras asalto a oficina de Chilectra”.

Nadie salió herido, los ladrones no pudieron llevarse la plata y quedaron sólo dos impactos de bala en los muros del lugar y uno en un teléfono público.

Leo nuevamente la noticia y pienso en cómo es esto de estar en el lugar y el momento justos o en el lugar y el momento equivocados.

Cuántas veces me habré salvado de algo por detenerme a mirar una vitrina, porque decido cambiar de ruta o por ir dentro de un vagón del metro, en lugar de haber estado hablando por el teléfono público que recibió uno de los disparos.

Como esa vez que no podía encontrar las llaves por ningún lado y salí cinco minutos tarde. Cuando llegué a la esquina donde solía tomar la micro había un auto incrustado en al paradero. ¡Había chocado cinco minutos antes!

Aunque se supone que Santiago es una de las ciudades más seguras del continente y el metro es uno de los lugares más seguros de la ciudad, creo que las moralejas del día son “carpe diem” y “celularum habemus non llamato publicum”.