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jueves, mayo 15, 2008

Mangiata

Traducido al español roundtrip quiere decir viaje de ida y vuelta, pero si se toma textual sería algo así como un viaje redondo, algo bueno de principio a fin. Así fue mi hora de almuerzo en Valparaíso.

Opté por comer sola. "Me caigo bien casi siempre", le dije a Romina, rechazando la amable invitación que me hizo de ir a almorzar su casa.

Caminé desde el Congreso hasta la calle Colón y tomé una micro hacia el sur. "Me avisa en Rodríguez, por favor". Luego de bajar del bus, caminé hasta el 538 y una vez en la Mangiata elegí una pequeña mesa junto a la ventana. Esperé mi lasagna mirando el mantel a cuadros, las flores plásticas y los recuerdos de Italia que cuelgan en los muros del lugar.

Después de devorar hasta el último bocado, pagué, di las gracias y en la esquina tomé la micro de vuelta.

Quería mirar la ciudad, el chofer me dijo que no le molestaba, así que me ubiqué en un pequeño asiento junto a él. De los parlantes de su radio salía el nostálgico vaivén de un tango que teñía aún más de nostalgia este día nublado del Puerto.

"Qué linda es su música" dije al conductor antes de bajar. "Más linda es cuando se baila", respondió.

sábado, octubre 20, 2007

Dos tontas y una loca


Estoy sentada en el comedor y ella, en el living, continúa hablando sola. Ya lo estaba haciendo cuando abrí la puerta y, cuandro entré, siguió como si yo no estuviera aquí.


Y se enoja y sufre y repite una y otra vez, “esto es una mugre, es una mugre y la mugre debe ir a la basura”. Está metida en el personaje. Es Rita.

Dos horas antes estaba en el Liguria compartiendo un plato de gnoquis con Ignacio. Tenía muchas cosas que contarle, mucho que preguntar, pero no lograba concentrarme en nuestras historias, por culpa de las historias de la mesa del lado.

Dos mujeres conversaban. Deben haber tenido más o menos mi edad, habían sido compañeras de colegio y eran, con todas sus letras, tontas. Tenían una conversación que me pareció vacía, pero que al mismo tiempo estaba llena de frases hechas y de recuerdos intrascendentes que a ellas les resultaban muy chistosos. Discutieron por más de media hora sobre cómo habían cambiado sus formas corporales desde que estaban en la secundaria hasta ahora.
“¿Te acuerdas? Yo tenía las piernas tan flacas, sin ninguna gracia, pero eso sí, siempre tuve buen poto. Y ¿te acuerdas? Tú, cuando te crecieron las pechugas… no, pero si de verdad te crecieron, y decías que era porque habías estado haciendo pesas. Pero claro, si aumentaste al menos una talla… no, si de verdad yo estaba más flaca, por eso tenía las piernas así…”.
Continuaron debatiendo acerca de si en un matrimonio era bueno o malo que el novio usara un traje de lino blanco y así siguieron con otros tópicos de absoluta irrelevancia, que me tenían en un estado nervioso que oscilaba entre las risas y las nauseas.

Nunca me he sentido particularmente inteligente y no lo siento hasta que me encuentro con personajes así, que en lugar de cerebro parecieran tener una “cajita feliz” sobre los hombros.
“Para calmarme entré a la biblioteca tratando de parecer intelectual y en eso apareció un profesor… y al ver el libro que yo tenía en las manos me dijo: veo que a usted le gusta Feringhetti. Estuve tentada de contestarle, sí pero sólo cuando lo sirven con queso parmesano”, dice Shlomit ahora.
Está junto a mí y sigue hablando sola, ensayando su rol en “Educando a Rita”. La obra cuenta la historia de una peluquera muy inculta que comienza a tomar clases de literatura con un profesor y paulatinamente va mejorando su nivel cultural, cambiando de esta forma su mundo y el de quienes la rodean.

Una mujer que parece loca hablando sola, hablando como otra mujer que deja de ser tonta. Dos tontas que se acompañan, que discuten como ellas mismas, que debaten sobre nada y que tal vez nunca dejaran de ser lo que son.

viernes, septiembre 07, 2007

Yo sólo quería comer sushi

Con el antojo vivo me bajé de la micro antes de llegar a la Plaza Armas. Crucé la calle y cuando iba a entrar a Los Reyes, la gente comenzó a ser evacuada del luagar.

El Hotel City se estaba quemando y el fuego había comenzado en la cocina de ese restaurant que está en el primer piso, y cuya cocina se especializa en comida japonesa y peruana.

Eran las 8 en punto cuando le pedí a Ignacio que me ayudara a postear algo a distancia y, al minuto siguiente, marqué el número de Rodrigo Guaiquil. "Habla, te estoy grabando", me dijo él y comencé una transmisión que duró cerca de seis minutos, sintiendo esa adrenalina de reportera que escapa de mi quehacer diario, que es tan digital.

Escucha lo que le dije aquí (5 minutos):


Mucha gente, tres compañías de bomberos, personas de la municipalidad y humo por todas partes. La policía cortó el tránsito, evacuaron a los pasajeros y los bomberos lograron controlar las llamas que afectaban al segundo y tercer piso de este clásico hotel capitalino.

Cuando los carrobombas comenzaron a abandonar el lugar, me di cuenta de que mi antojo seguía vivo y que algunos metros más allá había otra sucursal de Los Reyes. Entré, pedí una sugerencia para uno y me fui caminando, bolsa en mano, por mis antiguos barrios.

jueves, julio 05, 2007

Fin de semana para mí

Salí de la casa pasado el medio día sin nada en el estómago. Era domingo y me había propuesto comer algo por ahí, en la calle, y regalarme una tarde de museo, sola, pues ninguno de mis amigos quiso abandonar el flojeo dominguero para ir conmigo a ver la selección de la Bienal de Sao Paulo al MAC de la Quinta Normal.

Al dar vuelta a la esquina vi una pareja, obviamente de gringos, muy perdidos. Eran granjeros neozelandeses de unos 50 años (sólo a mí me pasan estas cosas). Mary y Kelvin habían arribado a Chile la noche del sábado, llegaron al aeropuerto sólo con un par de mochilas, sin reserva de hotel ni un plan preconcebido, su único horizonte era llegar por tierra hasta Uruguay para ver unas granjas que estaban a la venta. Decidieron alojar en el primer hotelucho que les ofrecieron y andaban con cara de felicidad y listos para que los asaltaran con cámara y cartera hacia atrás.

Cuando los encontré trataban de entenderse a través de señas con un taxista para que los llevara esa noche al aeropuerto a recoger a otro amigo. Los ayudé, les expliqué un par de cosas y les dije que resultaría muy limitante moverse sólo con dólares un fin de semana largo en la capital. Después de una hora con mis amigos granjeros, de haberles cambiado unos pocos dólares por plata chilena, de quedar invitada al campo neozelandés y conocer por fotos a toda la familia de Mary y Kelvin, por fin seguí camino al museo.

Las obras resultaron ser muy interesantes, pero el hambre limitó considerablemente mi capacidad de análisis. En todo caso destaco el trabajo de los papeles recortados en China rescatando el imaginario artístico popular; un video con cantantes brasileños contando la historia de un japonés que viaja por el mundo con su pulpo, a quienes acababan de conocer (al artista y al pulpo); los dibujos sobre buenas, mediocres y malas ideas, de la boliviana Narda Alvarado; el notable baile de la vedette en el trabajo del australiano Shaun Gladwell (qué ganas de bailar así… ya lo dije alguna vez, todas queremos ser vedettes); las fotos de Pieter Hugo en África; los autorretratos de la cubana Ana Mendieta y la reflexión sobre el rol de la mujer de la coreana Sanghee Song.

Salí del museo con fatiga y comencé a caminar por la calle Compañía. Casi en la esquina con Maipú, me encontré con una casa que se había incendiado la noche anterior. Lo supe porque aún tenía olor a quemado y el agua chorreaba por todas partes. Entré a sacar fotos imaginándome corresponsal de guerra, rezando por que la gente que habitaba allí pueda reconstruir su vida pronto. Más allá, la Peluquería Francesa y todos los posibles lugares para comer, aparecían cerrados a mi paso. Compré un Súper 8 para tener energías y seguir caminado. De pronto me encontré con un lugar al que siempre había querido ir y estaba abierto, el Per Piacere, un sitio que está entre restaurante italiano y wine bar.

Eran las 6 de la tarde cuando decidí almorzar, me invité unos capeletti, mucha agua con hielo, un cheescake de frambuesa y la lectura del diario hasta las 9. Estaba simpatica yo el domingo, así que lo pasé estupendo conversando conmigo misma, en voz bajita, por supuesto, para que no se den cuenta de que estoy loca. Después, seguí caminando mientras reflexionaba mi decisión para el feriado, el cambio físico más grande que he tenido en los últimos años: cortarme el pelo en forma radical.

El lunes por tarde fuimos con Liú a la casa de Pablo, diseñador y peluquero, quien estudió cada unas de mis mechas hasta comenzar a usar sus tijeras como en esos programas de cambio de look que dan en la tele. Me convenció de que una melena no me quedaría bien y me aplicó un corte “de autor”, que me hace ver moderna y muyyyy joven. Esto lo supe cuando me miré al espejo y me encontré con la Nueva Paloma. Todavía no la conozco mucho y aún estoy decidiendo si nos llevamos bien.


NewPaloma again
Originally uploaded by palomabay
No me cortaba el pelo desde los 14 años!
Mis amigas dicen que me veo muy moderna o europea.
Mi mamá dice que me veo más niñita, incluso menor que 20 y tengo 30 !!!!
Incluso dicen que me veo más flaca (mentira)
Yo encuentro que:
Me queda bien, pero no soy yo.
Perdí condiciones para ser feme fatal y ahora ando a la moda pero más asexuada
Se me vé la nariz más gorda
Me están saliendo espinillas en la frente... Mmm sí, estoy más joven. Jajajaja.

jueves, abril 19, 2007

Manicure en Nueva York



Eugen, Yu-Yin o Eugenio es mi manicurista en Nueva York. Perdón, sé que suena raro, pituco, snob, pero es la pura y santa verdad.



Eugen es coreano y trabaja en Polish, que en este caso no quiere decir Polaco, sino pulir o limar. Polish está a la vuelta de la esquina y cada vez que paso saludo a Yu-Yin a través de la ventana.

Él vino desde Corea, como yo vine desde Chile y como tantos otros vinieron de mil lugares distintos a esta ciudad.

Y aquí estoy casi volviendo a mi pais, cuando ya me acostumbro a hacer vida de barrio, a saludar a Eugen, a comprar un bagel en la Av. 2, tomar el metro en la calle Lexington, a hablarle a la gente en todas, todas partes. En las librerías, en el taxi, en el museo, en la pizzería de la esquina…

En el tren volviendo de Hastings, al ver su guitarra le pregunto a un joven si es músico y de qué tipo, me explica que es profesor, que tiene una banda de rock y que su guitarra es hecha en Chile. En la micro le ayudo a una viejita a pagar y me habla y noto su acento raro y me cuenta que es de Hungría, yo le muestro el libro que estoy leyendo, Budapest, de Chico Buarque.

Más experiencias… ufff. Miles. Almuerzo en un restaurant indio de Brooklyn. Siento el aire de inseguridad que se respira en el metro. Caminata por Central Park. Una exposición sobre los desaparecidos de Chile, Argentina y Uruguay en el Museo del Barrio. Fotos preturbadoras en el Guggenheim y después pretzel de manzana y canela. Primavera con frío, lluvia y algo de nieve.

Bajo una carretera en pleno Barrio Chino espero un bus, fumo un cigarro y me siento como en Blade Runner, por fin abordo y logro ubicarme, escucho cómo en el asiento de atrás “Papá Jean Pierre” habla en inglés, francés y un dialecto africano todo el camino NYC-WDC.

El metro de la capital es bello y limpio, los bagones alfombrados y la gente se ve amable. Luego de cuatro años sin vernos abrazo a la Trini y a Félix, regaloneo a la pequeña Amelia y disfruto de su hospitalidad.

Mientras buscamos un restaurant, nos perdemos en las calles y entre tanto monumento por casualidad la Casa Blanca aparece a mano derecha. Respondiendo a mi petición James me toma todas las fotos turisticas de rigor.

El acuario de Baltimore resulta agotador pero interesante, pero lejos lo mejor es recorrer el casco antiguo de la ciudad y encontrar el “Red Emma’s”, un café-librería administrado por un colectivo anarquista, venden libros, tienen Internet y las chicas que atienden se ven como grunges de los 90.

Fabuloso conocer a Bitacoreta y a su bella y encantadora genetista colombiana (perdón pero mantendremos la confidencialidad de estas personas).

De vuelta en NY, el entretenido show de Blue Men Group, caminatas y compras en el distrito financiero, voy donde solían estar las Torres Gemelas. Luego, horas maravillosas con los "Pilos", cena en Harlem con Daniel y Lisa, cerrando la noche con unos mojitos de vainilla en Lenox Lounge, el bar de jazz más antiguo de este legendario barrio, el barrio de la jazz y del soul, escuchando a maestros de maestros. Después, el museo de fotografía, Festival de Cine Latino, mucha lluvia, harta siesta, un poco de China Town y otro poco de Little Italy, pido unos Fettuccini Alfredo y siento que Al Pacino va a entrar en cualquier momento al restaurante y se sentará en mi mesa. Me acostumbro a andar en metro, aprendo, me gusta. Voy al Moma un día entero y me encuentro con Pollock y Warhol. También está Picasso y tantos otros. Veo la cara de Cho Seung-Hui por todos lados, los canales transmiten en directo cada vez que enciendo la tele y ahí están los testimonios que acá se sienten más cerca.

Camino, camino, camino y tomo otra micro y otro metro, y pregunto y hablo con la gente y sonrío y estoy feliz. Feliz y confundida por esto de sentirme de todas y de ninguna parte. Al fin y al cabo, sea donde sea y aunque no suene nada de pituco o snob, soy de la calle, con manicure y todo, mi ojos están ahí.


Foto de James Oligney en Flickr
downtown reflection
Originally uploaded by jto_.

martes, abril 03, 2007

Luna llena

Llegué a Nueva York una noche de luna llena. En realidad la luna apareció mucho antes, junto al ocaso, cuando el avión Taca 570 sobrevolaba alguna parte de Centro América.

Cada tanto miraba por la ventanilla y allá abajo, muy lejos, podía distinguir uno que otro poblado, pero lo que más veía eran montañas, muchas montañas, y nubes gorditas de todas las formas y tamaños.

En el vuelo Santiago – Lima conocí a Juani, una mujer de cincuentaytantos fantástica, una gozadora de la vida, y en menos de una hora ella me contó la suya y yo parte, sólo parte de la mía, porque puede sonar increible, pero Juani hablaba mucho más que yo y lo hacía más rápido también.

Desde Lima a El Salvador una vez más comprobé mi habilidad para dormir en los aviones. Fueron algunas páginas del maravilloso libro Budapest, de Chico Buarque, un sandwich, una copa de vino, enchufarme a mi MP3 y en cinco minutos ya estaba durmiendo.

El último cambio de avión fue en El Salvador, donde la gente se veía linda, contenta, amable y sencilla; los alrededores del aeropuerto eran muy verdes y el clima húmedo. Cuando en esa parada llamaron a embarcar, algo me sorprendió muchísimo: mientras casi me requizan un jarabe para la tos, más de un tercio de los pasajeros que iban en mi avión llevaba bolsas con pollo frito. ¡POLLO FRITO!… “Es delicioso”, me explicó una mujer salvadoreña a quien pregunté por la extraña práctica. “Siempre la gente lleva a los Estados Unidos, porque allá hay Pollo Campero, pero no sabe igual”. Me contó también que debido a esa costumbre, a los vuelos desde El Salvador a EE.UU. les llamaban Chicken Flights (Vuelos del Pollo)… Jajajajaja.

Cuando miraba la luna reflejarse en el ala del avión, Doña Rosa y Don Doroteo, casados hace 53 años, mis compañeros de asiento, me pidieron ayuda para llenar los formularios de entrada a EE.UU. porque no sabían escribir muy bien. Después de enterarme un poco de sus vidas, me puse a escribir esto, mientras JFK se acercaba cada vez más…

Ahora la ciudad está allá afuera esperando por mí, sólo tengo que cruzar la puerta.

martes, marzo 13, 2007

Galleta de la fortuna

Con más gula que hambre entré a un pequeño supermercado chino-coreano-japonés de la calle Merced, compré una galleta de la fortuna y salí del lugar con mi destino en la mano.

Algunas cuadras más allá abrí el envoltorio y le di una mascada a mi suerte, pero cuando miré en el interior para buscar el papelito con las verdades sobre mi futuro me encontré con una sorpresa: la galleta estaba vacía.

Luego de superar el shock inicial y aceptar que me sentía estafada, lo primero que pensé fue en volver a la tienda y reclamar por una nueva o comprar otra, pero me puse a mirar con detención la masa vacía y me iluminé.

Terminé de comer la “galleta de la no fortuna” pensando que el mensaje que traía era el mejor de todos: si la galleta estaba vacía, era mi deber construir mi propio destino. Porque el destino no está en un papel, el destino es lo que uno hace, lo que uno quiere, lo que uno imagina. Ese es mi futuro.

With more greed that hunger I entered a small Chinese-Korean-Japanese store on Merced street, I bought a fortune cookie and left the place with my destiny in one hand. Some blocks farther I opened the wrapper and I bit into my luck, but when I looked for the little paper with the truth about my future I met a surprise: the cookie was empty. After overcoming the initial shock and accepting that I was feeling defrauded, the first thing that I thought was to return to the store to ask for a replacement or to buy a new one, but I looked with attention at the empty mass and I felt enlightenment. Then, I continued eating my “no-fortune cookie” thinking that the message that was in it was the best of all: if the cookie was empty, it was my challenge to make my own destiny… because destiny is not in a piece of paper, destiny is what I do, what I want, what I imagine. That is my future.

martes, marzo 06, 2007

Cocina comunitaria



Agnes organizó una sesión de cocina comunitaria en mi casa, el tema fue comida judía y más precisamente los varenikes. Ella sabía la receta porque también se prepara en Rusia, su país natal.

- “Yo compré la harina, la crema ácida y la cebolla. A ti te toca tener los huevos, un kilo de papas y el tocino”.

¡Tocino! Estoy segura de que los varenikes de la casa de mi abuela jamás tuvieron tocino. “Es la variante rusa”, me explicó Agnes, mientras nos reíamos.

Por ahí leí que los varenikes son los sorrentinos o los ravioles del mundo judío. “Los italianos tenían muchas cosas para rellenarlos, la bobe (abuela) solamente unas cuantas papas. Pero, con algunas olvidadas cebollas y un poco de elemento graso los varenikes se convirtieron en uno de los milagros más interesante de la cocina universal”.

Después de comer, terminamos tomando unos cortitos de vodka y jugando cacho, en esta jornada chileno-judía-rusa, que se vivió como las mejores tardes playeras de la adolescencia. Gracias Agnes, Narval, Claudia y Piti.

Vareinkes
Ingredientes:
Masa: 500gr. de harina; 4 yemas de huevo; 2 cucharadas de aceite; 1 cucharada de sal fina; Agua tibia; 1 Hoja de laurel.
Relleno: 1 kg. de papas; 1-2 cebolla grande; Sal, pimienta, azúcar; 2 yemas; Aceite.
Procedimiento:
Masa: Formar una corona con la harina y la sal, en el centro poner los huevos, aceite y de a poco incorporar el agua tibia (con laurel), hasta lograr una masa lisa y pareja. Dejar reposar unos 30 minutos. Estirar, cortar discos y rellenar. Cerrar en forma de empanadita dejándole los bordes anchos. Cocinar en agua con sal, servir con la cebolla rehogada, crema ácida o natural y tocino dorado (si la religión lo permite).
Relleno: Picar las cebollas finamente y dorarlas. Pelar las papas, cortar en cubos y cocinar con agua y sal, una vez tiernas, molerlas hasta formar un puré. Agregar la cebolla dorada, condimentar con sal, pimienta y azúcar.
Agnes organized a community cook session in my house. The topic was Jewish food, more precisely: varenikes. She knew the recipe because it is also prepared in Russia, where she was born.
- “I will buy flour, sour cream and onions. You have to buy eggs, potatoes and bacon”, she said.
Bacon! I am sure that my grandmother's varenikes didn't have bacon. “It's the Russian variation”, Agnes explained to me while we were laughing.
I read that varenikes are the sorrentinos or ravioles of the Jewish world. “Italians had great things with which to fill them, the bobe (grandmother) only had a few potatoes. But, with some onions and oil, varenikes became one of the more interesting miracles of universal recipes”.
The evening continued in the best manner with little vodka glasses and playing “cacho” in this Chilean-Jewish-Russian day. Thank you Agnes, Narval, Claudia and Piti.

martes, febrero 27, 2007

Tango

Me conmueve el tango cantado desde el alma, el tango viejo, arrastrado, el tango de la calle.

En el Cinzano hay una foto antigua de este hombre entrando al bar con paso decidido. Era en su época de gloria, cuando parecía Mastroianni. Entonces uno busca en la imagen a Lucía Bosé, Catherine Deneuve o Sofía Loren, pero ellas no están ahí porque es sólo el retrato de los tiempos mozos de un tango gastado que por las noches se escucha en el bar del puerto y en tantos otros bares de otros puertos.

It moves me listening to tango sung from the soul, the old and draw-out tango, the tango of the streets. In Cinzano there is an old photo of this singer entering the bar with a determined walk. It was his epoch of glory, when he looked like Mastroianni. Then you start to look in the image to see if you can find Lucía Bosé, Catherine Deneuve or Sofia Loren, but they are not there because it is only an old-time portrait of worn out tango that is listened to in the nights of this port bar, in the same way as in many other bars of other ports.

Lee lo que escribí antes sobre el Cinzano en “Humo, acordeón y tango”

Foto de James Oligney en Flickr

viernes, enero 19, 2007

Gringo James

Esta semana me atrasé en postear porque mi amigo James está en Chile y yo soy su tourist guide.

James Oligney es fotógrafo, diseñador web y vive en la Gran Manzana, es decir, en New York City. Mi tarea, con más éxito algunos días que otros, ha sido mostrarle lugares o recomendarle cosas para hacer en mi ciudad, Santiago de Chile.

Nuestro calendario ha sido extenuante. Sólo el fin de semana pasado visitamos los siguientes lugares, en este orden:

Sábado: Parque Forestal, Mercado Central, Plaza de Armas, almuerzo de sándwich gigante en el Nuria, Plaza de la Constitución, Palacio la Moneda (con pacas guapísimas incluidas), Centro Cultural Palacio La Moneda (con una exposición imperdible del fotógrafo Antonio Quintana), micro hasta Plaza Italia, caminata por Bella Vista, Cerro San Cristóbal, Funicular, Teleférico, caminata por Pedro de Valdivia Norte y Providencia, Liguria de Manuel Montt.

Domingo: Iglesia de Santo Domingo, Persa Bío Bío, Museo de San Francisco, Iglesia de San Francisco, calles París y Londres, almuerzo en El Toro, helado en Emporio la Rosa, Quinta Normal (con muestra de una escuela de carnaval con chinchineros y todo), barrio Concha y Toro y barrio Brasil.

Además de eso James visitó las exposiciones de Alfredo Jaar en la Telefónica y en la Galería Gabriela Mistral, fue al MAVI y a una comunidad mapuche en las afueras de Santiago. Este fin de semana el paseo continúa en Valparaíso. Ha sido agotador, pero lo estoy pasando muy pero muy bien, redescubriendo lugares, practicando y mejorando mi inglés “todo el rato”.

A él varias cosas le han llamado la atención, como el tostador que se pone directamente sobre los quemadores de la cocina, lo locos que están los conductores de micros, el miedo a que nos asalten con que los santiaguinos recorremos las calles y los hot dogs con palta.

De estos días a su lado, desprovista de cámara pero con los ojos bien abiertos, hay una imagen que se fijó en mi mente. Sentada en una banca de la primera fila en la Iglesia de Santo Domingo veo a James moverse entre las sombras cerca del altar. Está mirando cómo la luz desde las alturas entra por una ventana. Da pasos lentos y busca y observa, hasta situarse justo bajo el haz que viene desde lo alto. Mira a través del lente y dispara.

jueves, diciembre 21, 2006

Tentación navideña

Gente, mucha gente. Regalos, pagos, filas, tacos. También participé del clásico estrés de las compras navideñas.

Ayer buena parte de las tiendas del centro de Santiago estuvo abierta hasta después de las 21 horas.


El Paseo Ahumada lleno de hombres y mujeres con sus bolsas, música, ruido, movimiento.

Sin prisa recorrí cada lugar buscando lo adecuado para las pocas personas a las que les hago regalos en esta fecha en que termino celebrando las tradiciones de otros, como una “viejita januquera”.
Cuando la lista tuvo todos los nombres tachados, me paré frente al 146 de Ahumada y vi que el Dominó también estaba abierto. Saltándome todas las reglas de la dieta que me impuse para llegar con más dignidad y menos rollos al año nuevo, entré. No lo pude resistir.

“Un Italiano y un jugo de chirimoya, por favor”, dije.

“Un Italia maestro” replicó a viva voz el hombre que al otro lado del mesón había tomado mi pedido”.

A los pocos minutos tuve frente a mí un perfecto hot dog con pan fresco, la mejor vianesa de Santiago, mayonesa casera, palta y tomate. Agregué ketchup y mostaza, y me aboqué a la ardua tarea de comer sin botar nada en el plato. Con mi feminidad guardada entre los paquetes de regalo, cara y manos sucias, terminé con culpa y placer el rito. Un rito que cada día congrega a muchos chilenos y extranjeros que se acomodan en los pisos de este local que tiene más de 50 años y los mejores “panchos” de la tierra.

miércoles, agosto 16, 2006

Lentejas



“Me da dos barritas de cereal y una leche chocolatada, por favor”

“¿Qué comió que se ve tan linda? Cuénteme para comer lo mismo”, me dice el señor del quiosco, ese que es mi fan número uno y que me sube el ánimo hasta en los días en que amanezco más fea.

Entonces, por el aprecio que le tengo, me pongo a pensar de verdad y recuerdo la desordenada alimentación que tuve durante el feriado de la Asunción de la Virgen, hasta que encuentro el ingrediente estrella.

“Anoche comí lentejas”, le digo sonriendo.

domingo, agosto 06, 2006

Noches contentas, mañanas felices



Adoptando amigos, recorriendo la ciudad, descubriendo y redescubriendo lugares. Santiago no aburre.


El lunes por la noche fui a rescatar mis llaves en un cumpleaños en El Barcelona y terminé comiendo rico y conversando mejor. De cine, de teatro, de tele y, por supuesto, de blogs.


El miércoles, Diego me acompañó a la inauguración de la muestra de Patrick Hamilton en la Sala Gasco, saqué fotos de zapatos, conocí a la Tere y a la Ale, tomamos algo en el Amorío y rematamos con una chorrillana del Galindo.




Esta mañana fuimos con la Mara a comprar verduras a la Vega, the real Vega, y recordé las idas de los sábados con mi madre, los caseros, los encurtidos de “El Rabino”. Probé champiñones gigantes, cargué bolsas y pedí medios kilos y kilos enteros, con los ojos, la boca y la nariz llenos de este lugar maravilloso.

Almorcé con mi mamá y mis cuatro hermanos. Le expliqué a la Gabi que si quiere cambiarse a un colegio más exigente, debe partir por sacar la tele de su pieza. “Te lo dice una ex adicta”, argumenté.

“Mamá, no la escuches, ella ya no vive aquí, nos abandonó hace mucho tiempo, y mira su cara demacrada… eso es lo que pasa cuando uno deja la TV”. Rica ella!!!

La tarde siguió con visita flash a Marce Infante, y once con palta y huevos revueltos, con papi y Shlomit, redactando cartas y blog y flickr y besos.

Y volví a la casa a ponerme bella y quitar de mi rostro las secuelas que detectó mi hermana, que delatan en mí a una ex TV adicta.

En la fiesta del aniversario de Zancada en el “Galpón 9” conocí a Paty Leiva en persona y le agradecí por no perder el rumbo y por ser la gestora de uno de los blogs temáticos más consistentes de Chile. En eso estábamos, abordando el proceso de besos y abrazos, cuando ella descubrió a Guillermo y yo, haciendo gala de mi patudez más patuda me acerqué, le pregunté qué hacía en Chile, le dije que me encantaba “Crimen Ferpecto” y “El Otro Lado de la Cama” y le propuse responder el Cuestionario Zancada. Confieso que mientras lo escuchaba, no pude evitar sentirme como Lourdes... Yo también quise chantajearlo.

Con Paty tratamos de recordar las preguntas y lo interrogamos sobre música, revistas, viajes y todo tipo de cosas raras, pero no pudimos recordar dos de los 10 items del cuestionario.

Entonces abandoné la fiesta y partí como corresponsal en terreno junto a Willy, Javier y el resto del elenco de la película "Santos" a la “Oz”, en espera de que sonara mi celular y mi editora estrella me dictara las preguntas restantes. Era una fiesta ochentera. Bailaba a Inxs y Madonna cuando Paty recordó el recital freak y las revistas. “Todas las que traigan muchas fotos de mujeres, vestidas y sin ropa. Soy un voyeur”, me dijo Ferpecto al oído.

Cumplida la misión volví a la casa mientras se acerca el amanecer. Es hora de ir a la cama. Seguramente mi mañana feliz me pillará durmiendo y, en medio del sueño, me preguntaré qué cresta hacen en mi pieza una torta con velas, Diego, la Tere, la Paty, Guillermo y Javier. Estaré respondiendo mi propio cuestionario y a todas las preguntas, invariablemente, responderé lo mismo, “Noches contentas, mañanas felices”.

domingo, julio 30, 2006

Tarde de domingo




Termino el día sentada en el computador de Rodrigo. Esta ha sido una tarde de domigo de las buenas.





Partimos, como paseo familiar, con Gadi (mi papá), Rodrigo y mis primas Mara y Daniela a buscar un sillón para la consulta de nustra flamante nueva psicóloga.



No habíamos almorzado, así que a media tarde decidimos ir al Parque Bustamante donde se celebraba el Día Nacional del Perú. Es demasiado rica la comida peruana. Probamos tapales, polladas, ají de gallina y arroz con leche… Todo acompañado por la IncaKola de rigor.



Y vinimos aquí, conocí el muro verde y pude, por primera vez, bajar las fotos que he sacado con mi nuevo teléfono (y subirlas a mi flickr)… creo que ya lo estoy incorporando como parte de mi cuerpo.


Todo el grupo partió a ver una película… No sé si me animo a seguirlos al cine. ¿Qué será mejor para terminar una rica tarde de domingo? ¿Peli o flojeo en mi cama?…



Desde mi guata el ají de gallina pide una almohada urgente. Creo que le voy a hacer caso.






lunes, junio 05, 2006

Humo, acordeón y tango




Humo, acordeón y voces gastadas por años de tangos. El escenario es uno de los bares más antiguos de Valparaíso: el Cinzano.


Viejo y algo sordo, el cantante camina entre las mesas para acercarse a las clientas y actuar una seducción gastada, pero experta.



Miro una foto que hay frente a mi mesa: allí en el muro, 20 años antes, un hombre entra al bar con paso apurado. Hay tantas imágenes de famosos que creo ver la escena como una prueba; el registro de Marcello Mastroianni entrando al lugar. Me dicen que estoy equivocada, pues se trata del mismo hombre que canta a mi oído con una pasión senil.

Entonces recorro los otros enmarcados y veo actrices de teleseries, políticos y antiguas fotos del puerto. Entre todas las imágenes, hay un montaje que dice:

“El cineasta Luis R. Vera, dirigiendo la película Consuelo, 1987”




Con detención observo cada detalle, cada personaje que retrata ese instante, hasta que la encuentro en un rincón.


Allí, en el borde izquierdo de la foto, como a un fantasma, distingo a mi madre con el típico sombrero alón que solía usar en aquella época. Veo su falda, sus botas, el pañuelo al cuello y la mano en su boca, como siempre que está pensando.

Ella fue directora de arte de esta película rodada en Valparaíso cuando yo tenía 11 años. Fue en ese trabajo que la Pilo conoció a Rodrigo, el padre de mis tres hermanos menores (Julián, Gabriela y Luciano). Él, asistente de dirección de este filme sueco-chileno, también aparece allí, de espaldas, sentado en la barra.

Mientras las voces siguen acompañando nuestra noche, les cuento a mis amigos la historia de la foto, entonces viene la nostalgia y la memoria se vuelve al blanco y negro, se vuelve niñez en los cerros, se vuelve vino tinto y bar, con olor a humo y sabor a tango.

lunes, mayo 29, 2006

Esteban en el Mundial

Le gusta el chucrut, los lomitos kassler y la cerveza. Pero no sólo por esos motivos partió a Alemania.

Esteban Salinero llegó el sábado 27 de mayo a Berlín para ser el único periodista chileno que trabajará en el sitio de la FIFA durante la Copa del Mundo Alemania 2006.

Y no es la primera ocasión en que lo reclutan para esta labor, ya que él también participó en el Mundial de Corea Japón en el año 2002.

El hecho de que nuevamente lo hayan contratado como second editor del sitio web deportivo más visitado de la historia no es algo menor y muestra que las destacadas condiciones de este reportero van más allá de su nacionalidad, ya que la Roja no quedó seleccionada para participar en ninguno de los dos encuentros deportivos.

Es la primera vez que Esteban visita Europa, y por primera vez también tendrá la oportunidad de ver la final del evento en el mismo recinto donde se diputará la Copa, ya que en el pasado Mundial le tocó seguir la última fecha desde Corea.

También tiene la suerte de volver a trabajar con muchos de los amigos que hizo durante su primera experiencia en el pasado mundial y eso lo tiene muy contento.


Aunque ya no estemos juntos, estoy muy orgullosa y feliz por él: uno más que confirma el viejo dicho… Nadie es profeta en su tierra.

P.D. La foto es una pequeña venganza, a modo de homenaje y con mucho cariño. Si me mandas otra, la cambio… jajajaja.

Up date: Ya puse la nueva foto, pero aún encuentro muy tierna la de las pelotitas, así que la dejé... ¿Qué opina el público?

jueves, mayo 25, 2006

Liú partió a Italia


Mi amiga Liú se enamoró de un italiano y hoy partió a vivir al país de las pastas y el limoncello.

Anoche nos juntamos con amigos a despedirla comiendo pizza chilena, la ayudé a armar la maleta y acepté sus últimos consejos de “no te lo pongas”, aunque no tiene mucho sentido, pues sigo cultivando mi estilo de gringa pobre.

Además de una chaqueta “sí te lo pongas”, Liú me dejo en calidad de “presto regalo” un montón de libros de arte y fotografía que metimos en un gran bolso naranjo.

Después de los besos, los abrazos y la invitación de rigor para ir a verla a Roma cuanto antes, junto a Valeria emprendimos el regreso de las ocho cuadras hacia mi casa.

A mitad de camino me despedí de mi compañera de caminata en la puerta de su edificio y asumí sola el peso del bolso. Entonces pensé en el libro que encontré en la casa de Lidia en Buenos Aires.

“Tenía más de 1500 páginas”, dijo la porteña, recordando cómo la novela la acompañó durante el viaje que hizo por casi toda Europa en tren.

- ¿Por qué no le quedan páginas?- pregunté.
- Porque era lo más pesado de mi pequeño equipaje y, para no odiarlo, decidí ir arrancado cada hoja una vez que terminaba de leerla. Así, cada vez viajaba más liviana.
- Y ¿qué hacías si olvidabas un pasaje anterior de la historia?
- Eso era bueno, porque me obligaba a poner más atención en cada detalle que iba leyendo y, si no recordaba algo, simplemente inventaba esa parte de la historia.

Cuando mis fuerzas se agotaban pensé seriamente en ir abandonado algunos de los libros en el camino, como las hojas de la novela de Lidia o las migas de pan de Hansel y Gretel en el bosque, pero decidí juntar valor y seguí, asumiendo que ese es el peso de la cultura. Todavía me duelen los brazos.


P.D. Liú: tus libros están a salvo… sólo dejé un par de hojas en el camino… jajajaja. Besos y suerte. Manda fruta.

miércoles, mayo 17, 2006

Cena para el corazón

- Tienes que comerte toda la comida.
- ¿Por qué? – (ya en esa época cuestionaba todo).
- Porque la comida no se pude botar.
- ¿Por qué?
- Por que en África hay niños que no tienen nada para comer y se mueren de hambre – Me explicaba mi mamá, mientras metía la tercera cucharada de guiso en mi boca apretada.

Ese, de los cuatro años, es uno de los primeros recuerdos culinarios que tengo. Aún hoy escucho sus palabras mientras como ya sin hambre y trato de no dejar sobras en el plato. También insisto en alimentar a la gente que viene a mi casa y pido perdón cuando boto comida al basurero, del mismo modo que tiro besos cuando se me cruza un gato negro.

Son supersticiones mías, como tantas otras rarezas que tengo. Pero la pobreza no es una superstición, es una realidad y en África es más real aún.

Mi amigo Roberto Guzmán es sacerdote y vive hace ocho años en Maringwe una de las localidades más pobres de Mozambique, uno de los países más pobres de África y del mundo entero.

En Mozambique la esperanza de vida al nacer es de 42 años (en Chile es de 72), la desnutrición crónica afecta casi a la mitad de los niños y el país está atravesando una de las sequías más duras del último tiempo.

Recordé una vez más todo esto el domingo cuando salí de mi casa rumbo a la de mi madre y, estacionado en la calle Esmeralda, vi el auto más lujoso que jamás había tenido cerca. Se trataba de un Maserati nuevo, negro, sin patente, con asientos de cuero burdeo y un panel de controles digno de una nave espacial.

Estuve averiguando y resulta que ese chiche cuesta más de 100 millones de pesos chilenos (unos US$ 200 mil). Como en Mozambique un 38% de la población vive con un dólar diario o menos, el costo de ese auto podría servir para muchas cosas…

Para ser honesta yo tampoco vivo en la Ley del desprendimiento material, pero hay ciertas cosas que me chocan un poco…

También recordé las palabras de Roberto, él dice que uno no se puede morir sin África en el corazón. Muchos amigos y conocidos suyos han formado un organismo que realiza diversas obras para enviar ayuda a los hermanos y hermanas mozambiqueños.

De hecho, este sábado 20 de mayo a las 20 horas hay una cena de la Fundación Mozambique en el Colegio San Ignacio del Bosque y cuesta sólo $ 2.500 por persona. Si me quedo en Santiago yo voy a ir y, lo que tengo claro, es que llegaré en micro. Tal vez alguien llegue en un Maserati negro sin patente… Tal vez lo quiera donar.

Los sueños no cuestan nada.

viernes, mayo 12, 2006

Juan y Medio

Tenía 61 años y se quemó. Sí, se quemó enterito. El querido restaurant Juan y Medio ya no está con nosotros… por lo menos por un rato.

Recuerdo haber pasado una vez con mi Papá cuando era muy chica y él trató de convencernos a Felipe y a mí para que compartiéramos un pastel de choclo. Pero como le tocaron unos hijos porfiados le hicimos pedir dos. En lo personal, demás está decir que apenas me comí sólo un cuarto del contenido de ese plato greda que más parecía olla que posillo.

Una vez de grande volví a este restaurant de carretera a comer humitas, pero me quedé sin probar otras especialidades de la casa como los porotos granados o la cazuela de vacuno.

Ya se está sintiendo el invierno y el cuerpo pide calorías para protegernos del frío. Por eso mis escritos y conversaciones vienen con sabor y aromas.

De hecho, hoy almorcé poquito, pero me comí tres postres (sí, es mucho, lo sé), y cuando mis contertulios y yo logramos tragar, dimos paso a la nostalgia y al presente de los lugares típicos y picadas.

Hablamos del Café Santos, de la Unión Chica, de los completos del Dominó, de las empanadas y las cañitas de El Rápido, de la Piojera, de los terremotos y las réplicas de El Hoyo, de los pasteles ISSA y de todos esos lugares con gusto a nostalgia.

Y renazca o no de las cenizas, el Juan y Medio también deja eso en el paladar… el recuerdo de algo que algunas vez comimos y que regresa añorado en los días fríos.

lunes, mayo 08, 2006

Comida mojada

- Desarrolla el concepto, por favor – le pido a Claudio
- La diferencia entre la comida seca y la comida mojada es muy simple: tiene que ver en el plato en que la sirves – Responde, explicándome una de sus mañas. Porque además de que no le agradan los porotos verdes y que con el repollo le pica la lengua, a Claudio sólo le gusta la “comida seca”.

Profundiza diciendo que él considera como alimentos mojados la cazuela, la carbonada, el ajiaco, los porotos, las lentejas, estofados varios y el charquicán. En la lista de comida seca, en cambio, encontramos el arroz, el puré, las pastas y las ensaladas.

Yo le rebato argumentando que perfectamente puedo comer puré o pasta en un plato hondo. Él dice que eso no se vale.

Y así seguimos hablando de mañas y rarezas. Porque todos tenemos algunas… o muchas.

Entonces el se venga de mi risa por su comida mojada y me pregunta...

- Como casi de todo, pero no me gusta el queso de cabra, soy alérgica a los calamares... y hablo dormida... en realidad, a veces mantengo largas conversaciones – confieso.

- Ufff… ¿Y sobre qué hablas?

- Hablo conmigo misma sobre la comida mojada, los calamares y otras rarezas mías y de mis amigos.