Mostrando las entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Literatura. Mostrar todas las entradas

domingo, mayo 25, 2008

Más China

Otra vez, de forma notable, me ha escrito mi amiga Mónica Melo, mi querida corresponsal que también pone sus Ojos en la Calle, con poesía y en China...

La Reconstrucción


La lluvia regresa después de días de calor, de escombros y cenizas en las ciudad de Sichuan. La muerte viajó desde la sangre hasta el nuevo sentimiento de los chinos que ahora hablan solamente de reconstrucción. Haremos una ciudad nueva en tres años, dice Jiabao.

Lo traducen por canal 9, el canal en inglés cuya señal llega a Tongling, donde la tormenta cae sobre el asfalto de la Universidad y las peluquerías.

Veo sus luces rojas cuando salgo a comprar arroz y un poco de leche.

Me detengo en las vidrieras que simulan un ambiente de glamour primitivo, secadores enganchados al espejo, la famélica hermosura de una china invitando a preguntar un precio, una opción, un buen momento para el sábado quieto y enfermizo.

Esa luna circular, huérfana, tosca, dándole vueltas al trozo de cabello arrancado de una sien al mediodía.

Por la noche, las permanentes y las tinturas van a un cajón inquieto y amarillo, el sillón de espera se hace una colcha húmeda donde ellas se inclinan, simulan mirar tele. O tal vez la escuchan y la miran. Sichuan, 120000 heridos, mas de 60000 muertos. "Lo que más sobra acá es gente" bromea un maestro antes de entrar a clases y hablar con mis alumnos. Luego ya no bromea, los ve y no dice nada.

Una de las mujeres juega con el control remoto, la más pequeña de las tres que están en la vidriera le contesta a los autos que frenan, es la que entra y sale y la única que me vio con mi paquetito de las compras y mi cámara sin baterías.

De pronto, algo impensable ocurre. Se cruza y me muestra una lata de té agujereada con un cuchillo y sellada con cinta adhesiva. La lata tiene una foto de Sichuan y muchos caracteres que no entiendo. Ante mis ojos ajenos, ridículamente grandes en la noche, en la lluvia, en el aire ajeno y débil, me sonríe.

Como si fuera un Erdosain que habla con Hipólita, como aquella Ullrica que ha inventado Borges, como quién sabe cuál de todas esas putas que me trajo Onetti una y otra vez en su escritura. Así la miro, la pongo en un lugar privilegiado de mi tinta y prometo escribir sobre ella, aunque no sepa bien qué ni por qué habría de hacerlo.

La mujer me vuelve a sonreir y al cruzar, un chino gordo y con cara de haber estado por mucho tiempo solo y hambriento, le corta el paso y la toma limpiamente del brazo, como si fueran amigos o un cliente de antaño, de los que siempre pagan y no lastiman.

Los veo desaparecer detrás de una cortinita de cuentas de plástico, como las que aparecen en mi imaginación cuando recuerdo a Astier la noche de la bala fallida, esa noche en que empezó su reconstrucción como una flor que se abre, como un hombre que acepta ser quien es, porque ha pagado, porque ya ha muerto, porque como todos pero a su manera, también ha amado. Y vaya que ha sufrido.

martes, diciembre 25, 2007

Cuentos de navidad

La hija adolescente de una de las peluqueras estaba molestando a la mujer que me hacía la manicure. Ese era el regalo de navidad que decidí darme, un color rosa pálido y unas pequeñas florcitas blancas adornando algunas de mis uñas.

La niña hablaba fuerte y se movía por todos lados, sobreexcitada por la posibilidad de ejercer por una tarde el oficio de su madre.
- ¿Con quién vas a pasar la navidad, tía Vivi?- le preguntó a la mujer que estaba atenta a mis manos.
- No lo sé, tal vez voy a la casa de Juanita, pero no creo.
- Ah, ¿vas a hacer algo en tu casa?
- No, recuerda que yo estoy viviendo en una pieza y mi familia está lejos, en Ecuador.
- Jajaja, entonces vas quedarte sola y a darte los regalos a ti misma, “de Vivi, para Vivi”- se burló.
- Sí- respondió ella y vi sus ojos acuosos concentrados en los pétalos que iba pintando en la uña de mi dedo anular.
“De Paloma, para Paloma”, pensé mientras volvía a la casa.

Aunque en mi familia no se celebra este día (porque somos judíos) muchas veces participé en las navidades de otros, di y recibí regalos, fui encargada de leer los nombres anotados en cada paquete y disfruté de las cenas, la alegría y la ilusión de los niños.

Esta es mi primera navidad sola en mucho tiempo. Por la ventana entran los gritos de los niños de la casa vecina. “Los regalos, los regalos, los regalos…”. “Benjamín, Lucas, Amanda: bajen, ya vino el viejo pascuero”. En la televisión están dando la “Novicia Rebelde” y en el computador Youtube me regala “El cuento de Navidad de Auggie Wren".

Bajo a la cocina y en menos de cinco minutos preparo algo para comer, me sirvo un vaso de vino tinto y pongo play en este fragmento de la película “Smoke”. Un regalo de mí para mí, en una noche calurosa y sola, una noche de nostalgia, de recuerdos, una noche disfrutando de mi compañía y echando de menos a muchas otras que alguna vez disfruté en mis propios cuentos de navidad.
“El cuento de Navidad de Auggie Wren”
Si no te tomas tiempo para mirar, nunca conseguirás ver nada.

El relato apareció publicado en el New York Times el 25 de diciembre de 1990. Allí Paul Auster narra la historia de Auggie, el dependiente de un negocio que cada mañana, precisamente a las ocho en punto, toma una fotografía de su pequeño rincón en el mundo, una tienda de tabacos situada en la esquina entre la Calle 3 y la Octava Avenida de Brooklyn. Al leerla, el director de cine Wayne Wang le propuso a Paul Auster que escribiera el guión de una película. De esta experiencia surgió “Smoke”.

Paul Benjamin (alter ego de Auster) tiene que escribir un cuento de navidad por encargo para un periódico y por eso Auggie Wren le cuenta una historia de la cual él mismo es el protagonista. Un día llega a la casa de un ladrón que había perdido su billetera en la huida tras intentar robar unos libros de bolsillo en la tabaquería. Tiempo después Auggie quiere devolver la billetera para hacer su buena acción de navidad. Pero cuando se abre la puerta no aparece el ladrón, sino su abuela ciega, quien en un primer momento confunde a Auggie con su nieto; Auggie no la contradice. Aunque ambos saben que es mentira, deciden seguir jugando el juego del nieto y la abuela y pasar la navidad juntos.
Aquí puedes leer el cuento completo

Y aquí va el fragmento de la película con una traducción muy castiza

sábado, diciembre 08, 2007

Análisis otra vez

La publicación vuelve a los quioscos el lunes 10 de diciembre
Este texto es parte del proyecto Imaginar: Laboratorio de Ideas y Opinión

Apsi y Análisis eran las dos revistas que más se leían en mi casa cuando era chica. Había verdaderas colecciones que hoy se pudren abandonadas en un entretecho. Alguna vez intenté rescatarlas, pero fui acechada por arañas, ratones, polvo y monstruos de la oscuridad.

Análisis era una revista más severa y tenía -como su nombre lo dice- artículos de análisis político muy profundos y complejos. A mí me gustaba más Apsi, porque era más amigable en cuanto al diseño y porque tenía reportajes entretenidos incluso más allá de los temas de contingencia política. Por ejemplo, allí apareció mi cuento favorito, "La Oreja de Teresa" de Milena Vodanovic y, en mis años púberes, leí vorazmente la novela "Luna Caliente", de Mempo Giardinelli, que la revista Apsi entregó seccionada en varias ediciones.

Aunque me haya gustado más Apsi, la que vuelve a los quioscos a partir del lunes 10 de diciembre es Análisis. Lo supe cuando me mandaron un correo con una portada bastante insípida, sin ninguna otra información. Veremos qué nos muestra la revista, considerando que ahora la política tiene más fuegos artificiales que carne y hueso.

Movida por la añoranza, recurrí a un excelente dato que José Luis Orihuela entregó en su twitter: el Museo de la Prensa, un proyecto que está siendo impulsado por la Universidad Diego Portales. Se trata de un sitio vivo, donde encontré una portada de Análisis que realmente valía la pena: el día en que Mónica Madariaga pidió perdón.

Nostalgia con olor a tinta y papel.

martes, noviembre 13, 2007

En todas partes

Tengo una abuela poetisa, se llama Eliana y vive en México. Ella dice que la poesía es tan fácil y es tan difícil. Tal vez porque la poesía es como la vida, porque está en todas las cosas, porque la poesía es un dios.

“Me convidarías un cigarro, chiquita. Toma, a cambio te daré uno de mis poemas”, me dice un hombre en la calle. Cuenta que es un vendedor ambulante de poesía, se llama Homero Castillo Durán y asegura haber vendido más de 90 mil libros en los últimos 30 años.

El poema está esperando en mi cartera, mi mano firme a los vaivenes del metro y una pareja duerme acurrucada al fondo del vagón.

Por la noche nado de espaldas. La piscina está en un subterráneo y veo los reflejos del agua proyectarse en el techo. Llego al final, giro mi cuerpo y vuelvo con fuerza, con más pasión que técnica. Se siente como volar, como vuelo en mis sueños.

Que poco cuesta la poesía, que poco cuesta encontrarla, como un trueque, como acurrucarse, como nadar en el aire o volar de espaldas.

Para leer las poesías, pincha aquí

miércoles, octubre 24, 2007

Todo por luca

Entro, miro. Ya sé casi de memoria las secciones que voy a encontrar: elementos de decoración, cosas para el baño, utensilios de cocina, herramientas, juguetes para niños y un área de “varios” compuesta por colgadores para la ropa, contenedores de todo tipo, relojes, marcos de fotos y, tal vez, algo absoluta y totalmente raro.

Me encantan los “Todo por Luca” y me resulta casi imposible no entrar a estos negocios cuando encuentro uno en el camino. Aunque hace tiempo que son una mentira, pues están llenos de cosas que valen más de mil pesos, es muy entretenido mirar los productos que tienen, en especial cuando se encuentran esos pequeños tesoros, rarezas absolutas que, la mayoría de las veces, no vale la pena comprar… a menos que se tenga un plan.

Hace algunas semanas tuve la oportunidad de conocer el proyecto de Jonathan Messinger, un periodista y escritor de Chicago que también es fanático de lo que en Estados Unidos se conoce como “Dollar Store”.

Su plan consiste en entrar a uno de estos lugares y encontrar la peor basura, lo más extraño y absolutamente inservible que haya en el negocio. Lo compra, lo lleva a su casa y escribe algo inspirado en el elemento. No es sobre la cosa en sí, sino que se debe buscar algo relacionado con el objeto que pueda generar una historia.

Hace tres años comenzó a compartir esta idea con otros amigos escritores, comediantes, poetas y crearon el “The Dollar Store Show”, una reunión que se lleva a cabo el primer viernes del mes en el bar Hideout, de Chicago, donde cada uno presenta sus historias inspiradas en los tesoros-basura. Actualmente realizan giras y varios de los participantes han publicado libros con sus escritos de “dollar”.

Hace algunos días compré un bolso de puntitos por $800 pesos. Aunque el lugar se parecía a un “Todo por Luca”, extrañamente tenía cosas más baratas, por lo que no sé si mi bolso califica como elemento participante. De todas formas ya me inspiró y lo probaré para meter, revolver y repensar algunos relatos que venderé a luca… O tal vez, un poco más.

lunes, mayo 28, 2007

Serendipias

Después de una ardua jornada de consumismo en “Bath Bed and Beyond”, una maravillosamente adictiva tienda de Manhattan, decidí volver a “Serendipity 3”, el “café-house-boutique” por fuera del cual había pasado algunas horas antes. Como en una pesadilla, caminé a la deriva creyendo recordar donde estaba. Di vueltas en círculos por el barrio, hasta que una mujer me indicó las coordenadas: calle 60 entre la 1ª y la 2ª avenida. Y, sin serendipias mediante, llegué al lugar que, abarrotado de gente, me pareció muy francés, muy encantador, pero con demasiados productos de mercadeo para ser adorable.

El enamoramiento con este restaurante vino a placé, cuando después de muchos esfuerzos infructuosos por encontrarla, este fin de semana ví “Serendipity”, la película que Roberto Arancibia había recomendado en su blog hace tres años y una de las pocas comedias románticas que me faltaba ver. En los diez primeros minutos la película se situó en mi lista “Top 10” de comedias románticas, mi género favorito del séptimo arte… No el mejor, pero el que más disfruto. El film trascurre en esta cafetería y en muchos otros lugares de Manhattan, donde los protagonistas viven increíbles coincidencias que entrelazan sus vidas, es decir serendipias.

Este concepto, que de hecho se refiere a la aptitud para hacer descubrimientos afortunados y valiosos accidentalmente, tiene su origen en la palabra simhalad-vipa, un vocablo derivado del sánscrito que ara el antiguo nombre de Ceilán, actualmente Sri Lanka. Allí -formando parte de Las Mil y Una Noches- transcurre la historia de tres príncipes que debían viajar y solucionar problemas para aprender a gobernar su reino en el futuro. Mientras intentaban resolver las interrogantes que ellos mismos se habían planteado, encuentran casualmente respuestas a otros problemas mucho más grandes. En el siglo XVIII, durante uno de sus viajes por Asia, el escritor inglés Horace Walpole escuchó este relato y decidió traducirlo, acuñando el término Serendipity.

Entonces las serendipias nos hablan de un destino marcado por la buena fortuna, de las leyes del Universo guiando nuestras vidas de un modo feliz, de señales a las que debemos prestar atención para obtener resultados positivos. En este cuadro ¿tienen algún peso las decisiones que uno toma para que las cosas pasen? ¿O el destino ocurrirá de todas formas aunque no hagamos grandes esfuerzos? ¿Qué tan casuales son realmente las casualidades?

Últimamente yo estoy moviendo las piezas (tal vez sin darme cuenta siempre lo hice) y de todas formas mi vida parece estar llena de serendipias. Casualidades, coincidencias, destino y felicidad, son cosas… Sí, cosas, y soy una convencida de que uno hace que las cosas pasen.

lunes, mayo 07, 2007

De Pirque a Canudos

Pertenecer. Esa es la palabra. Cuántos realmente pertenecemos. Cuántos nos sentimos parte de algo: de una familia, de un grupo de amigos, de una religión, de un organismo, de un partido político, de una profesión.

Mis pertenencias son disgregadas. Me cuesta entrar a grupos, pero lo deseo, lo anhelo con envidia de la mala. Me gusta cuando la gente se mueve en conjunto por una causa, como una manada pensante. Pero además de algunos amigos y mi bella familia… No pertenezco ni en lo superficial ni en lo profundo. Me cuesta seguir una moda, tanto como me cuesta abrazar una causa con vehemencia, con esa fuerza de la gente que da la vida por lo que cree. Yo no le he hecho, no lo hago y no sé si lo haré.

Así, a medida que se deja ver, me ha parecido cada vez más hermosa la forma de vida que llevan los habitantes de la Comunidad Ecológica Cristiana de Pirque. Esa es la forma en que los medios han llamado a estas cuatro familias que viven juntas, que cultivan la tierra, venden pan, educan a sus niños y rezan varias veces al día. Me gusta cómo tratan de proteger su consecuencia, me gusta su descontento frente a “el sistema”, me gustan sus ganas de hacer las cosas de una forma distinta desde la espiritualidad y desde el sentimiento.

Hoy en la mañana vi una entrevista que Carolina Urrejola hizo al interior de la comunidad, en forma exclusiva para la señal católica. Pensé en el compadrazgo, en que tal vez había obtenido la oportunidad de entrar por pertenecer a un cierto círculo social, los amigos en común. Pensé en eso por la sensibilidad y cercanía que mostró tanto en la entrevista como en sus opiniones posteriores en el estudio de Canal 13.

¿Es eso periodismo o amistad? Extrañé preguntas más incisivas, extrañé verla más políticamente incorrecta y no evidenciar con tanta claridad lo mucho que le agrada la forma de vida que se lleva al interior del predio. A mí también me conmueve el modo en que ellos pertenecen, pero intentaría abordar el tema desde una objetividad más dura.

No se si por la mala envidia, podría decir, por ejemplo, que al ver la vida de este grupo recordé los primeros días de la peregrinación de Antonio Conselheiro en su viaje hacia Canudos. El protagonista de “La Guerra del Fin del Mundo”, de Mario Vargas Llosa, es un líder espiritual que durante varios años recorre Brasil, de poblado en poblado, formando una especie de misión que busca volver a la esencia del cristianismo. Es cierto que comparten el objetivo central con los personajes de Pirque, pero los seguidores del consejero abrazan desde la violencia su peregrinar religioso, la mayoría es gente pobre, enfermos y bandidos justicieros.

Sea como sea, ambos están fuera del sistema.

Para escribir esta novela, Vargas Llosa se basó en hechos reales de la historia brasileña del siglo XIX, tan reales como la vida del pequeño grupo de habitantes de la comunidad de Pirque.

Esta mañana vi como Roberto Snack, el líder de la agrupación, con respecto al hecho que generó interés en la opinión pública, explicó que el entierro de Jocelyn Rivas en el predio lo realizaron para no pasar por todo el vejamen que hubiera significado una posible autopsia y un rito funerario convencional. Reconoció como un error y una torpeza no haber seguido los pasos que la Ley obliga.

Entonces me pregunto hasta qué punto el pertenecer con consecuencia es posible, hasta qué punto seguir lo que uno cree es aceptable en relación con los parámetros de nuestra sociedad. Dónde están los límites. Qué es lo correcto.

Pienso en algunas palabras: tonto, sinsentido, amar, creer, razonar, valiente.

miércoles, mayo 02, 2007

Espaguetis a la boloñesa

A falta de calle, en estos días bendigo las letras que me acompañan.

Letras descubiertas, regaladas y prestadas, letras que hablan nuestros y otros idiomas, que saben a otras tierras, que nos regalan mundos.

Letras que nos muestran calles nuevas que ya hemos vivido o que sabemos cómo se sienten…

“… Pero antes de fijar y de pronunciar bien las palabras de un idioma, está claro que ya comenzamos a distinguirlas, captamos su sentido: mesa, café, teléfono, distraída, amarillo, suspirar, espaguetis a la boloñesa, ventana, juego del volante, alegría, uno, dos, tres, nueve, diez, música, vino, vestido de algodón, cosquillas, loco, y un día descubrí que a Kriska le gustaba que la besasen en la nuca. Entonces se quitó por la cabeza el vestido, muy largo, no tenía nada debajo y me quedé aturdido con tamaña blancura. Durante un segundo imaginé que no era una mujer para tocarla aquí o allá, sino que me desafiaba a tocar de una sola vez toda su piel… ella se quedó quieta, con la mirada perdida, no sé si conmovida por mi mirada al recorrer su piel, o por mi hablar pausado en su idioma, blanca, guapa, guapa, blanca, blanca, guapa, blanca. Y yo también me conmovía, sabiendo que en breve conocería sus intimidades y, con igual o mayor voluptuosidad, sus nombres”…

“Budapest”, Chico Buarque
Un libro imperdible.

Foto de Dama Digital en Flickr


Originally uploaded by Lupics - DD.

jueves, abril 19, 2007

Manicure en Nueva York



Eugen, Yu-Yin o Eugenio es mi manicurista en Nueva York. Perdón, sé que suena raro, pituco, snob, pero es la pura y santa verdad.



Eugen es coreano y trabaja en Polish, que en este caso no quiere decir Polaco, sino pulir o limar. Polish está a la vuelta de la esquina y cada vez que paso saludo a Yu-Yin a través de la ventana.

Él vino desde Corea, como yo vine desde Chile y como tantos otros vinieron de mil lugares distintos a esta ciudad.

Y aquí estoy casi volviendo a mi pais, cuando ya me acostumbro a hacer vida de barrio, a saludar a Eugen, a comprar un bagel en la Av. 2, tomar el metro en la calle Lexington, a hablarle a la gente en todas, todas partes. En las librerías, en el taxi, en el museo, en la pizzería de la esquina…

En el tren volviendo de Hastings, al ver su guitarra le pregunto a un joven si es músico y de qué tipo, me explica que es profesor, que tiene una banda de rock y que su guitarra es hecha en Chile. En la micro le ayudo a una viejita a pagar y me habla y noto su acento raro y me cuenta que es de Hungría, yo le muestro el libro que estoy leyendo, Budapest, de Chico Buarque.

Más experiencias… ufff. Miles. Almuerzo en un restaurant indio de Brooklyn. Siento el aire de inseguridad que se respira en el metro. Caminata por Central Park. Una exposición sobre los desaparecidos de Chile, Argentina y Uruguay en el Museo del Barrio. Fotos preturbadoras en el Guggenheim y después pretzel de manzana y canela. Primavera con frío, lluvia y algo de nieve.

Bajo una carretera en pleno Barrio Chino espero un bus, fumo un cigarro y me siento como en Blade Runner, por fin abordo y logro ubicarme, escucho cómo en el asiento de atrás “Papá Jean Pierre” habla en inglés, francés y un dialecto africano todo el camino NYC-WDC.

El metro de la capital es bello y limpio, los bagones alfombrados y la gente se ve amable. Luego de cuatro años sin vernos abrazo a la Trini y a Félix, regaloneo a la pequeña Amelia y disfruto de su hospitalidad.

Mientras buscamos un restaurant, nos perdemos en las calles y entre tanto monumento por casualidad la Casa Blanca aparece a mano derecha. Respondiendo a mi petición James me toma todas las fotos turisticas de rigor.

El acuario de Baltimore resulta agotador pero interesante, pero lejos lo mejor es recorrer el casco antiguo de la ciudad y encontrar el “Red Emma’s”, un café-librería administrado por un colectivo anarquista, venden libros, tienen Internet y las chicas que atienden se ven como grunges de los 90.

Fabuloso conocer a Bitacoreta y a su bella y encantadora genetista colombiana (perdón pero mantendremos la confidencialidad de estas personas).

De vuelta en NY, el entretenido show de Blue Men Group, caminatas y compras en el distrito financiero, voy donde solían estar las Torres Gemelas. Luego, horas maravillosas con los "Pilos", cena en Harlem con Daniel y Lisa, cerrando la noche con unos mojitos de vainilla en Lenox Lounge, el bar de jazz más antiguo de este legendario barrio, el barrio de la jazz y del soul, escuchando a maestros de maestros. Después, el museo de fotografía, Festival de Cine Latino, mucha lluvia, harta siesta, un poco de China Town y otro poco de Little Italy, pido unos Fettuccini Alfredo y siento que Al Pacino va a entrar en cualquier momento al restaurante y se sentará en mi mesa. Me acostumbro a andar en metro, aprendo, me gusta. Voy al Moma un día entero y me encuentro con Pollock y Warhol. También está Picasso y tantos otros. Veo la cara de Cho Seung-Hui por todos lados, los canales transmiten en directo cada vez que enciendo la tele y ahí están los testimonios que acá se sienten más cerca.

Camino, camino, camino y tomo otra micro y otro metro, y pregunto y hablo con la gente y sonrío y estoy feliz. Feliz y confundida por esto de sentirme de todas y de ninguna parte. Al fin y al cabo, sea donde sea y aunque no suene nada de pituco o snob, soy de la calle, con manicure y todo, mi ojos están ahí.


Foto de James Oligney en Flickr
downtown reflection
Originally uploaded by jto_.

miércoles, marzo 21, 2007

¿Dónde está el teniente Bello?


Conocí a Iván y Yanko hace más de una década en una casa donde conversamos con un gran cuadro figurativo-surrealista como telón de fondo. Hasta hoy recuerdo esa pintura por su marcada influencia de Dalí y los delfines espectaculares que mostraba la escena. Desde entonces decidí que me encantaba la obra de Iván Godoy.

Pasó mucho tiempo y lo volví a encontrar junto a Yanko Rosenmann en el jardín de la casa de la Pilo, mi madre. También volví a reencontrarme con la obra de Iván, que en 2003 estaba enfocada en el concepto de la última cena, el pan, el vino, la mesa servida.

Anoche fui al Museo Nacional de Bellas Artes a la inauguración de su muestra más reciente y quedé gratamente sorprendida por la coherencia y la fuerza del trabajo que realizó junto a Yanko.

Se trata de una investigación, de una aventura, de un vuelo arriesgado, emotivo y mágico. Un rescate de la memoria para reivindicar la figura del teniente Alejandro Bello Silva, quien el 9 de marzo de 1914 despegó a bordo de su aeronave para cumplir con la última prueba que le permitiría obtener su título como piloto profesional. Sin embargo, el teniente Bello nunca llegó a su destino en Cartagena y, desde entonces, su apellido se ha usado para referirse a distraídos y extraviados.

Bajé a la sala subterránea del museo. A un lado del espacio encontré una serie maravillosa de 16 cuadros de Iván que simulan pizarrones negros con instrucciones de vuelo, mapas y dibujos de complejas piezas de mecánica aeronáutica. En el medio, 93 retratos de personas desaparecidas o extraviadas y, en la otra mitad, se montó una recreación filmada del último vuelo de Alejandro Bello.

Son cuatro pantallas con grabaciones hechas en un avión biplano desde el casco de piloto (frente), el timón trasero (posterior) y las alas (laterales), lo que permite al espectador sentir que va pilotando y que experimenta “el punto de no retorno” al que llegó Bello antes de convertirse en mito. Como planteó Vicente Huidobro: “los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur”.

Yanko dice que este es el rescate de una figura patrimonial que se perdió en el cielo desafiando a Newton, “porque no todo lo que sube tiene que bajar”.


Imperdible:
“Bitácora Perdida del Teniente Alejandro Bello Silva”
Museo Nacional de Bellas Artes
Del 21 de marzo al 20 de mayo

jueves, enero 04, 2007

El Divino otra vez


“Estoy acá con el Divino Anticristo, una de las personas más importantes que viven en mi barrio”, así comienza el último podcast de la Repostera del Crimen donde nos presenta una entrevista de 38 minutos a este curioso y emblemático personaje que circula por el centro de Santiago.



Una vez más Rucia Sucia nos entrega un documento histórico, donde ella recoge un trozo de lo que ha denominado como la hipermodernidad. Es imperdible.

Pueden descargar la entrevista completa en el podcast de la Repostera, pinchando aquí.

Para un adelanto, les presento algunos extractos de la entrevista que realizó Rucia y, posteriormente, lo que yo escribí sobre el Divino Anticristo en marzo de 2005.


Ni Verde ni Italiana

En el centro de Santiago hay un hombre que se pasea por las calles vestido como una mujer, una señorona. Podría ser un simple vagabundo, pero no lo es. Es el Divino Anticristo, o por lo menos así se hace llamar. Lleva un carro de supermercado, a veces son dos. Allí guarda cosas que recoge de la calle, algunas las vende.

El Divino es escritor, es poeta. Tiene un estilo curioso, trastocado, pero a la vez contundente y lúcido. Sobre él se tejen muchas historias, algunas son verdades, otras mitos urbanos.

El Divino Anticristo es columnista también. El periódico “The Clinic” ha publicado varios de sus escritos, pero ahora el Divino dice que está enojado con la gente del “The Clínic”, porque se pusieron “hidrofóbicos” con él.

En una ocasión leí que el Divino odia a las mujeres y, sobre todo, a las mujeres viejas. Por eso, generalmente mantengo la distancia cuando lo vemos, aunque he cruzado un par de palabras con él. Una vez, compramos algunas de sus creaciones literarias que vende en fotocopias. Le preguntamos si necesitaba algo. “Una máquina de escribir que no sea verde ni italiana”, respondió.

Al igual que los bloggeros, el Divino lleva una bitácora. Es una bitácora santa y demoníaca con un lenguaje reinventado que divide en “facsímiles electro-químicos”.

Hace semanas que no lo veo. Estoy pensando que el Divinísimo consiguió la licuadora roja para mezclar parabolísimas, que está encerrado en las calles y que es invisible mientras escribe sus letrísimas en respuesta a los hidrofóbicos.

*Foto de Amanda Figueroa en Flickr

miércoles, octubre 11, 2006

Metro compartido


Comienza la temporada de recitales. Imagino el Estadio Nacional lleno y recuerdo cuantas veces estuve allí, en la cancha. Aprovechando mi tamaño pequeño partía sola y, con una técnica digna de rugbista, empezaba a adentrarme entre la gente hasta llegar a la reja junto al escenario. Era la época del colegio y mi mamá decía que yo estaba al borde de convertirme en una calcetinera (groupie), porque me encantaba estar ahí, gritando y coreando cada canción.

Los años pasaron y me fui poniendo más cómoda. Pienso en estar apretujada por una muchedumbre, mojada por el sudor de otros y me provoca bastante repulsión. No soy una persona que defienda demasiado su metro cuadrado, más bien soy de metro compartido, pero sólo con la gente que conozco y quiero.

En cambio, me molesta cuando el que está detrás de uno se acerca demasiado en la fila del banco, en el cine o en un supermercado, como si apretándose más fuera a llegar más rápido a su objetivo; esos tipos que hablan demasiado cerca; las horas de alto tráfico en la micro o en el metro, cuando sientes a un desconocido pegado, muy pegado a ti.

Tal vez eso podría ser algo positivo si la persona que nos aprieta fuera especialmente atractiva.

Creo que nunca tuve esa suerte, pero Andrea Maturana sí. Por lo menos en la ficción, por lo menos en un cuento, en uno de mis cuentos favoritos. Se llama “Cita” y comienza así:

“Era un aliento tibio que se le quedaba adherido en la nuca y le entraba por el cuello almidonado de la blusa, humedeciéndole la espalda. Alrededor de ella se comprimía la gente llenando el vagón, y sin embargo, la única proximidad real era ese aliento. Podía percibir su ritmo con más nitidez que el ruido de los carros o que su propia respiración: acompasado, tal vez acelerándose un poco a medida que aumentaba el contacto con su espalda y se hacía más intensa la presión entre sus nalgas. Pero los cambios de intensidad eran casi imperceptibles, dentro de un margen que permitía pensar en una casualidad, un inevitable acercamiento…”

Pueden seguir leyendo aquí o encontrarlo en el libro (Des) encuentros (des) esperados, Santiago de Chile, Ed. Alfaguara, 2000.

Este post fue inspirado en “Mi Metro Cuadrado”, un relato de Paty Leiva en Zancada.

La foto del metro es del destacado fotógrafo Patricio Valenzuela (Patotux).

miércoles, agosto 30, 2006

Orsai y yo



Después de que se le ocurriera dejar de fumar justo durante el Mundial de Fútbol y de un autoexilio de un mes, quién sabe dónde, Hernán ha vuelto.



Desde que tengo uso de razón (perdón, quise decir “desde que tengo blog”, mayo de 2004) y gracias a la recomendación de Roberto Arancibia, he venido leyendo todas y cada una de las historias que publica en “Orsai” este periodista-escritor-blogger argentino radicado en Barcelona y padre de la premiada blogonovela “Diario de una Mujer Gorda”.

Aunque trato de centrarme en historias que pasan más allá de este computador, a veces es inevitable comentar cosas que me llaman tanto la atención como el regreso de Hernán Casciari y, por cierto, el regreso de su humor, porque al contrario de lo que él pensaba, pese a la falta de nicotina sigo gozando como siempre de sus relatos.

Además, en el último hace una muy buena reflexión sobre cómo se vive el mundo para los que estamos acostumbrados a conectarnos el día entero. Aquí va… Luego, no se pierdan mis links de “Orsai para principiantes” y, finalmente, perdonen lo nerd de este post.

“… Cada vez importa menos dónde estamos parados. Cada día que pasa uno puede elegir su patria con mayor facilidad, sin la desgracia de tener que padecerla.
Si entrásemos a hurtadillas en el ordenador portátil de cualquier desconocido, y estudiásemos brevemente el historial de los últimos diez periódicos que ha visitado, sabríamos en qué patria piensa, qué patria le preocupa, cuál lo desvela, con independencia de dónde haya elegido vivir, o dónde le haya tocado. Creo, entonces, que hay una nueva y moderna concepción de identidad, y quisiera resumirla en cinco palabras: Somos de donde necesitamos saber…”

Orsai para Principiantes:

Ficción
Una docena de tortas negras

Nunca le abras la puerta a un chino
Tarifa plana de porro y otros avances

El hombre que sueña con todo lo malo
Las llagas de Waiser

Quedáte conmigo Lucas
Lucas y Alex bajo la lluvia
Más Lucas y Alex

De la vida real
Cagar leyendo un placer rioplatense

Mi hija y demás perifricos

Lado A, Música Ligera
Lado B, Canciones Lentas

Consejos y reflexiones
Señora, desmáyese en otro lado

El título déjalo para el final

Tu cara me suena de alguna parte

Bonus Truck: "Cuando te hacés el loco y no te mira nadie… no te hacés el loco, estás loco”, de la abuela de Orsai en "Señora, desmáyese en otro lado"

martes, agosto 01, 2006

Eugenio en el Computador

Tiene 70 y algo más, es abogado y vive en San Martín de Los Andes, Argentina. Eugenio Leguineche es un amigo entrañable y, aunque peca de una modestia infinita, cuenta las mejores historias que he escuchado nunca, pregunta cosas interesantes y responde con gran imaginación. Tengo sus ojos y su risa grabados en mi mente. Pero lo mejor de todo, es que Eugenio no tiene pelos en la lengua. Tampoco en la cabeza.

Ahora, por segunda vez, está tratando de entrar al mundo cibernético y me mandó un e-mail…

"Paloma recibí tu mensaje. Dame 15 o 20 días para aprender a manejar este aparato infernal y te contesto con más holgura. Besos. Eugenio"

Respondo con una especie de tango mal payado:

Fumando espero,
a Eugenio a quien leo
Que escribe desde lejos
con holgura
veo en las letras su reflejo
su ternura

De San Martín es este amigo
que allí nos dio su abrigo
Su mate y su palabra
por un computador hablan.

Paloma... anti poeta-tanguera
(Después de esto, seguro que mi abuela Ilana me deshereda por mal versada).

jueves, julio 20, 2006

Milagro

Con los Ojos en los Medios

Esto es algo muy raro… El miércoles de la semana pasada el diario chileno Las Últimas Noticias, que se especializa en la farandulización de TODO, publicó tres noticias entretenidas-interesantes en una misma edición.

1.- El programa de Alejandro Jodorowsky en "Carta Blanca" de la Televisión Española. Lo vi un rato y de verdad estaba espectacular. Parecía como si hubiesen abierto la puerta del manicomio y los locos lindos estuvieran libres y marcando pauta (como debería volver a estar el Divino Anticristo). Jodorowsky se autoentrevistó todo el programa, interpretó las respuestas y obras de sus entrevistados y estaba feliz como un niño. Las adulaciones a sus invitados a ratos eran "un poco musho", pero me hubiera hecho fanática del programa si no se tratara sólo de una edición. En los pocos momentos en que pude seguir la transmisión, agarré un par de frases de esas que sirven para aplicar en la vida, para entender mil cosas y para crecer desde lo humano y lo místico… Notable.

2.- Siempre me ha gustado Álvaro Escobar. Era fanática de un programa que tenía en la Radio Concierto a mediados de los '90 que se llamaba "La Luna en el Contestador" (ufff que estoy vieja). Me gusta también como actúa y estuvo especialmente notable en "Rompiendo Códigos", obra que inspirada en la vida de Alan Turing, matemático inglés que es considerado el padre de la computación y que fue una pieza clave durante la Segunda Guerra Mundial, pues logró descifrar el código Enigma de los Nazis. En esta oportunidad, Las Últimas Noticias hace mención a una sesión de la Cámara de Diputados del 11 de julio, fecha en la que el actor y abogado recordó a sus colegas congresistas el nacimiento de nuestro Premio Nobel, el poeta Pablo Neruda. Su intervención fue muestra de lo que hace "un vividor cultural", en contraposición a "los espectadores culturales", conceptos que encontré en una entrevista que Cristián Warnken le hizo a la artista visual Chantal de Rementería el año 2002 y que fue publicada en el periódico Noreste. También me pareció notable el cierre de esa nota.

3.- Cada vez que veo los nuevos avances tecnológicos, con soluciones que reúnen diversas funciones en un solo aparato –celular, agenda, mp3, chat, computador, etc.- siempre he pensado que en el futuro tendremos un chip insertado en el cerebro o en una muela, que nos permitiría hacer llamadas sin necesidad de marcar un número, escribir textos con sólo pensarlos
y mil cosas más que parecerían de ciencia ficción. Pero una vez más, el futuro es hoy.


Bueno, no he vuelto a encontrar este tipo de conjunción, tres notas interesantes juntas, en las ediciones posteriores del diario. Así que cada vez estoy más convencida de que: o fue un milagro o el señor Edwards estuvo en cama ese día.

Sí, lo confieso, yo leo LUN ¿y usted?

*** Jodorowsky en YouTube

*** Descarga tres partes del programa "Carta Blanca" de Jodorwsky en este blog

*** Creo que este post rompió todos mis records de links... pero también pienso que están todos interesantes. Los invito a navegar en ellos.

sábado, julio 15, 2006

Shlomit siente el Sur

He encontrado en mi tía Shlomit un alterego de locuras lindas. Ella había escrito siempre y hace mil cosas interesantes, así que tenía el perfil ideal para convertirse en una bloggera de tomo y lomo.

Le encantó la idea y, hace algún tiempo, armamos su blog juntas y la he ayudado con algunas actualizaciones y en la búsqueda de imágenes, por que soy lejos mucho más computina que ella y el proyecto ha sido maravilloso.

Shlomit no sólo escribe con magia, sino que además ha sido muy aplicada en la retroalimentación con sus lectores, a diferencia mía, que si bien leo a un montón de gente, tengo poco y nada de tiempo para comentar: soy una observadora-de-blogs silenciosa y pero agradezco profúndamente todos los comentarios que me llegan.

La cosa es que se generó una campaña de bloggers chilenos para ayudar a los afectados por los temporales que la última semana han afectado a la zona sur de Chile, dejando un importante número de damnificados... Y le pidieron a ella que se sumara, publicando algo en su blog sobre el tema.

"No se bien cómo ayudar de verdad", me dijo. "¿Y por qué no organizamos algo para que vayas para allá? ¿Te tinca?", respondí haciendo gala de la locura que me domina por estos días... Y como ella es una entusiasta igual que yo... Partió rumbo a Concepción el viernes por la noche.

Hemos estado comunicándonos por teléfono con gran frecuencia... ella me cuenta lo que le va pasando, me dicta algunas ideas que tiene y, yo, me aplico en el computador para difundir su experiencia...

Gracias a los Lindl Romero, a Andrés Durán de Atina Chile y a la gente de las municipalidades de Concepción y Chiguayante, todo ha resultado mejor que lo que soñamos y estoy feliz, feliz por saber que es posible HACER cosas.

La noticia sobre su viaje ya ha aparecido en muchos blogs y también ya la entrevistaron en la Radio Bío Bío y para el Diario El Sur.

Aquí está su primera entrega como reportera ciudadana...


"Esta mañana llegué al terminal de Concepción, donde una pareja muy amablemente se ofreció a llevarme a la casa los Lindl Romero (Werner y María Angélica), maravillosos amigos que me están tratando como una reina, mientras realizo este viaje de actriz-bloggera-reportera ciudadana-mujer.

Durante la mañana descansé un poco, mientras Paloma desde Santiago coordinaba las cosas con Andrés Durán (de Atina Chile) y la gente de la Municipalidad de Chiguayante.

Lo primero que noté es que hacía mucho frío, 'se siente el sur', le dije a la Paloma mientras hablábamos por teléfono.

Así todo comenzó a concretarse y, después de almorzar, partí al que sería el primer encuentro con el difícil momento que están viviendo los habitantes de la región.

En el albergue dispuesto en el Estadio Municipal de Concepción, donde me recibió Ivonne Bahamondes, compartí con más de un centenar de personas que están esperando que sus casas se sequen.

No sólo tienen frío, no sólo necesitan alimentos, sino que me conmovió saber que muchos de ellos perdieron todo, todo lo que tanto les ha costado conseguir, sus muebles, los juguetes de sus hijos, la tele y otros aparatos… Uno en este tipo de situaciones suele pensar en aportar sólo lo básico, pero ellos tendrán que recomponer su vida en otros aspectos, que van más allá de la ropa y la comida…"

jueves, mayo 25, 2006

Liú partió a Italia


Mi amiga Liú se enamoró de un italiano y hoy partió a vivir al país de las pastas y el limoncello.

Anoche nos juntamos con amigos a despedirla comiendo pizza chilena, la ayudé a armar la maleta y acepté sus últimos consejos de “no te lo pongas”, aunque no tiene mucho sentido, pues sigo cultivando mi estilo de gringa pobre.

Además de una chaqueta “sí te lo pongas”, Liú me dejo en calidad de “presto regalo” un montón de libros de arte y fotografía que metimos en un gran bolso naranjo.

Después de los besos, los abrazos y la invitación de rigor para ir a verla a Roma cuanto antes, junto a Valeria emprendimos el regreso de las ocho cuadras hacia mi casa.

A mitad de camino me despedí de mi compañera de caminata en la puerta de su edificio y asumí sola el peso del bolso. Entonces pensé en el libro que encontré en la casa de Lidia en Buenos Aires.

“Tenía más de 1500 páginas”, dijo la porteña, recordando cómo la novela la acompañó durante el viaje que hizo por casi toda Europa en tren.

- ¿Por qué no le quedan páginas?- pregunté.
- Porque era lo más pesado de mi pequeño equipaje y, para no odiarlo, decidí ir arrancado cada hoja una vez que terminaba de leerla. Así, cada vez viajaba más liviana.
- Y ¿qué hacías si olvidabas un pasaje anterior de la historia?
- Eso era bueno, porque me obligaba a poner más atención en cada detalle que iba leyendo y, si no recordaba algo, simplemente inventaba esa parte de la historia.

Cuando mis fuerzas se agotaban pensé seriamente en ir abandonado algunos de los libros en el camino, como las hojas de la novela de Lidia o las migas de pan de Hansel y Gretel en el bosque, pero decidí juntar valor y seguí, asumiendo que ese es el peso de la cultura. Todavía me duelen los brazos.


P.D. Liú: tus libros están a salvo… sólo dejé un par de hojas en el camino… jajajaja. Besos y suerte. Manda fruta.

miércoles, enero 18, 2006

Deje su mensaje después de la señal


Dejé la cartera sobre la cama y apreté el botón para escuchar los mensajes de la contestadota. Había sólo uno.

La mujer decía:

“Hola Rosita, quería pedirte que me anotes con dos horas para el sábado por
favor. Muchas gracias y cualquier cosa… llámame
”.

Estas situaciones de verdad me desconciertan. Después de reírme un rato, comencé a pensar y a preguntarme un montón de cosas: ¿Quién era Rosita? ¿Qué tipo de servicios ofrecía? ¿Por qué dos horas? Y ¿Cómo sabría la mujer al otro lado del teléfono a qué hora la iban a atender?

Entonces recordé el cuento “La Voz del Amo”, del libro homónimo de Jaime Collyer, y decidí que si siguen llamando a Rosita, voy a terminar ofreciendo algún tipo de servicio…

¿Cuál?

No lo sé aún.