Mostrando las entradas con la etiqueta Familia y amigos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Familia y amigos. Mostrar todas las entradas

domingo, mayo 25, 2008

Más China

Otra vez, de forma notable, me ha escrito mi amiga Mónica Melo, mi querida corresponsal que también pone sus Ojos en la Calle, con poesía y en China...

La Reconstrucción


La lluvia regresa después de días de calor, de escombros y cenizas en las ciudad de Sichuan. La muerte viajó desde la sangre hasta el nuevo sentimiento de los chinos que ahora hablan solamente de reconstrucción. Haremos una ciudad nueva en tres años, dice Jiabao.

Lo traducen por canal 9, el canal en inglés cuya señal llega a Tongling, donde la tormenta cae sobre el asfalto de la Universidad y las peluquerías.

Veo sus luces rojas cuando salgo a comprar arroz y un poco de leche.

Me detengo en las vidrieras que simulan un ambiente de glamour primitivo, secadores enganchados al espejo, la famélica hermosura de una china invitando a preguntar un precio, una opción, un buen momento para el sábado quieto y enfermizo.

Esa luna circular, huérfana, tosca, dándole vueltas al trozo de cabello arrancado de una sien al mediodía.

Por la noche, las permanentes y las tinturas van a un cajón inquieto y amarillo, el sillón de espera se hace una colcha húmeda donde ellas se inclinan, simulan mirar tele. O tal vez la escuchan y la miran. Sichuan, 120000 heridos, mas de 60000 muertos. "Lo que más sobra acá es gente" bromea un maestro antes de entrar a clases y hablar con mis alumnos. Luego ya no bromea, los ve y no dice nada.

Una de las mujeres juega con el control remoto, la más pequeña de las tres que están en la vidriera le contesta a los autos que frenan, es la que entra y sale y la única que me vio con mi paquetito de las compras y mi cámara sin baterías.

De pronto, algo impensable ocurre. Se cruza y me muestra una lata de té agujereada con un cuchillo y sellada con cinta adhesiva. La lata tiene una foto de Sichuan y muchos caracteres que no entiendo. Ante mis ojos ajenos, ridículamente grandes en la noche, en la lluvia, en el aire ajeno y débil, me sonríe.

Como si fuera un Erdosain que habla con Hipólita, como aquella Ullrica que ha inventado Borges, como quién sabe cuál de todas esas putas que me trajo Onetti una y otra vez en su escritura. Así la miro, la pongo en un lugar privilegiado de mi tinta y prometo escribir sobre ella, aunque no sepa bien qué ni por qué habría de hacerlo.

La mujer me vuelve a sonreir y al cruzar, un chino gordo y con cara de haber estado por mucho tiempo solo y hambriento, le corta el paso y la toma limpiamente del brazo, como si fueran amigos o un cliente de antaño, de los que siempre pagan y no lastiman.

Los veo desaparecer detrás de una cortinita de cuentas de plástico, como las que aparecen en mi imaginación cuando recuerdo a Astier la noche de la bala fallida, esa noche en que empezó su reconstrucción como una flor que se abre, como un hombre que acepta ser quien es, porque ha pagado, porque ya ha muerto, porque como todos pero a su manera, también ha amado. Y vaya que ha sufrido.

jueves, mayo 22, 2008

Nadie es una cifra

Trajebaño Catalina, gorrito de sol, Algarrobo, mar y la pala en mi mano. “Si sigues cavando vas a llegar a China”, me decía mamá. Por la noche imaginaba a las personas que vivían en ese país, haciendo todo al revés, con la cabeza hacia el suelo y los pies hacia arriba, porque mi papá me había mostrado en un mapamundi que ellos, los chinos, estaban casi casi justo al otro lado del globo. Es decir, que si yo estaba aquí, ellos, los chinos, estaban al otro lado, literalmente “patas pa’ arriba”.

Con el correr del tiempo me di cuenta de que en China no vivía sólo una decena de personas como en el dibujo de arena que guardaba en mi mente. Descubrí que eran miles, millones, miles de millones. Su cultura milenaria y misteriosa, su caligrafía de a respiros, una idiosincrasia reservada y musical,

Durante los últimos dos años mi amiga Mónica Melo ha vivido allá, en Tongling (provincia de Anhui) donde fue para enseñar español. Ella es argentina, profesora de literatura y poetisa. Tuvo un blog hasta que los prohibieron, pero siguió enviando sus relatos y poesías por mail.

Ella fue la primera persona en la que pensé hace 10 días cuándo supe que la tierra se movió con fuerza en el país de la gente al revés. Pensé en la magia de sus palabras, en su bella voz, en las conversaciones de madrugada (la suya o la mía), pensé en sus fotos y en la angustia de no saber.

Los muertos ya superan los 40.000 y puede parece una cifra fría y lejana, a menos que uno tenga parte del alma allí, en ese lugar que hace diez días Mónica vivió como un punto rojo:
“Nadie habla. Tongling Xue Yuan está lejos del epicentro del terremoto pero hoy TODOS SOMOS CHINOS.

Se cuenta por debajo de la sangre la sangre de los muertos. 1.000, 21.000, hace apenas una hora... se habla de 50.000. Pero los expertos afirman que debajo de los escombros aguardan otros 50.000. Y las cifras siguen su destino de sal, lavandina, tierra húmeda. Y la cámara entonces enfoca los detalles. Una mano, un par de zapatillas, una madre con un sola pierna abrazada a un hijo. Muerto. Esa mujer, el punto rojo que le dio sentido al film La Lista de Schindler. Detenidos en cada testimonio. En un par de zapatos bajo la lluvia. En el rostro mutilado de una niña, en los ojos deformados de otro anciano. El suero, el agua, la lluvia sobre los cartones, sobre las manos lastimadas de los que ayudaron todas estas noches a salvar más gente. Un bebé que sobrevivió 50 horas, una nenita que sale rota, con los huesos expuestos, sonriendo. 69 horas sin comida, sin abrigo. Esa nena se ríe. Abraza al soldado y sonríe. Mi punto rojo. Mi inflexión personal donde todo se detiene para mí. ¿Qué hice de bueno en este día? Un jovencito sale entre dos paredes, pasó días sin beber y pide coca cola. Entonces, nada, entonces una abre la heladera y mira el litro y medio y dice: Esto también es la vida, ésta también es la felicidad. Abro correos, extraño a mi familia, a mis amigos. Siento como un golpe de ansiedad y gracias por lo mucho que amo. Un celular en un auto aplastado que suena, que sigue esperando una respuesta. El terremoto sacude. Nos sacude. En un instante se acaba todo. No más esfuerzos por el examen, por esa casa con 140 cuotas por cumplir, no más ráfaga de soberbias por dinero, por los años del doctorado, por los hijos que se desean o se han ido. Todo es una nube de ceniza. Y velas rojas contra el borde de la lluvia”.
Mónica Melo
Un homenaje a todos y cada uno de los afectados por esta catástrofe, porque nada ni nadie es sólo una cifra.

sábado, mayo 10, 2008

Un viernes cualquiera

Una típica noche de viernes, un viernes cualquiera, un viernes por la noche, conversábamos con mi hermano Felipe y nuestro amigo Claudio, sobre lo cool que resulta por estos días ser dospuntocero o, al menos, parecerlo.

Haciendo honra a nuestro espíritu ñoño –y trago mediante- prendimos al unísono nuestros computadores y comenzamos a grabar el mejor programa de TV de los últimos años. Algo que sin duda se convertiría en material de culto, donde tres sujetos discutían sobre cosas que supuestamente a nadie le interesan, pero de las que todo el mundo habla… Por lo menos todo “nuestro” mundo: el mundo de los ñoños (nerds).

El mito quedó en leyenda urbana cuando nos falló la tecnología y decidí hacer un par de resúmenes de lo que fue nuestra experiencia y subirlos a Flickr video. Un poco parodiando mi aparición en el programa de TV Estamos Conectados de Canal 13, un poco resumiendo lo que fue la noche y un poco homenajeando la frase de la semana donde unas amigas comentaban lo guapo que eran muchos de los hombres que participaron del First Tuesday de mayo: “Muchos comparten un pasado nerd y un futuro prometedor”.

Eso sería todo...




Bacstaich

domingo, mayo 04, 2008

Pausa


Hay veces en la vida en que debemos parar. Motivos hay muchos, en esta oportunidad se trata de razones de fuerza mayor que tendrán mi alma, mi mente, mi cuerpo y mis ojos centrados en la familia, en solucionar algunos temas, amar con todas mis fuerzas y usar la entereza que he adquirido con los años. Les dejo la puerta abierta, de ésta, mi casa. Ya vendrán más historias... por ahora, una pausa.

Foto de James Oligney en Flickr

martes, abril 15, 2008

Mi primera vez


Paloma y Myriam 1980
Originally uploaded by paloma.cl
No recuerdo la primera vez que me cortaron el pelo. Miro fotos donde veo esos rulitos que mi mamá amarraba en chapes, enmarcando las primeras pecas que comenzaban a poblar mi cara.

Después de recoger los pantalones en el local de la costurera, escucho unos chillidos desgarrados al otro lado de la galería y a medida que me acerco noto que provienen de la única peluquería que queda abierta.

Debe ser uno de sus primeros cortes de pelo, uno de esos que tampoco recordará. Lo veo retorciéndose en los brazos del padre, mientras una mujer intenta hacer su trabajo sin causar daño. Pienso en esos lugares especiales que hay ahora, donde los sillones son autitos o caballos y, dispuestos en frente, televisores para mantener a los clientes hipnotizados y ajenos al miedo.

Entonces empiezo a hurgar en la memoria y las primeras imágenes que logro captar no tienen ni caballitos de colores, ni aparatos de televisión, ni siquiera una peluquera.

Debo tener unos cuatro años. Frente a un espejo de marco de bambú veo mi reflejo y el reflejo de mi mami. Ella se pone delante de mí, se aplica, se concentra y -en el afán de dejar mi pelo parejo- usa la tijera por aquí y por allá, una y otra y otra vez. De pronto se ríe nerviosa, me doy vuelta y veo que mi chasquilla está corta, muy corta. “No te preocupes mami, me veo joven”, le digo y ella se larga a reír y yo también río, y nos reímos juntas, en el reflejo y al otro lado de él.

viernes, abril 11, 2008

Amor Ciego en casa

“Elige a Sebastián. Te maldigo Cari. Quiero limpiar mi frustración. No puedo creerlo. Maraca. Ya lo elegiste, cómetelo. Puaj, repulsivo el beso. Primer beso de Edmundo. Edmundo perdió la virginidad en Canal 13. Yo pensé que lo de Edmundo era un jueguito, pero Cari lo eligió a él y eso que Edmundo tiene 25 años y se taima como un cabro chico, yo siento que tengo más madurez que él. Todos amamos a Edmundo, pero lo odiamos a la vez, es el personaje frágil de la TV que podemos apadrinar, pero no quería que se quedara con él, porque uno sabe que eso va a quedar ahí, que no existe en la vida real, en cambio con Sebastián podríamos especular incluso que Cari quedara embarazada, porque Edmundo ni siquiera debe ser fértil”.

Todas palabras de mi hermana, ella tiene 16 y dice que quiere que la mantenga como NN no sólo por ser menor de edad, sino porque amar “Amor Ciego”, no es algo que la enorgullezca y adorar a Sebastián Carter, tampoco. “Al final todo el mundo ve amor ciego, Copano, Villouta y todos los que lo critican son adictos”, dice.

Nunca vi este programa, hasta que decidí quedarme en la casa de mi madre por un par de semanas y compartir pieza con NN16. Durante este tiempo -y con gran paciencia- ella me ha explicado cada una de las cosas que ve en la televisión: las series, los dibujos animados, los comerciales, los realities de MTV y, por cierto, “Amor Ciego”, el primer dating show de la TV chilena.

Le sigo preguntando cómo se relaciona con los contenidos televisivos y una vez más me sorprendo por la acidez de sus comentarios y el desenfado generacional que padece, el cual no entiendo, pero que por alguna razón me encanta.

“Yo veo todas las series gringas estúpidas, porque creo que si uno va a dañarse las células del cerebro hay que dañárselas bien. Yo no veo History Channel ni nada que no me pueda dañar mínimamente el cerebro y Amor Ciego cumplía con eso… Lo hago porque si me las pierdo, nada terrible pasará en mi vida. No será como perderme el eclipse lunar visto desde Marte, como le pasa a la gente que usa la tele para cosas importantes. Yo pienso, tengo un cerebro, una postura política, pero no utilizo todo esto frente al televisor, no uso la cabeza para ver tele, sino que prendo el lado hueco que todos tenemos. Mi inteligencia la reservo para el colegio, para mi vida y para odiar a Patricia Maldonado por facha. Muchas gracias”.

lunes, abril 07, 2008

Respirar

Corro, cambio de línea, llego al Metro Pajaritos, compro mi pasaje, duermo. Precisa como siempre, abro mis ojos cuando el bus entra a Valparaíso. “Pan y leche” pide mi amiga al otro lado del teléfono. Frente a la entrada del supermercado en un carro venden paltas minúsculas, $500 el kilo. “A la salida le compro”.

Delante de mí, en la fila para pesar el pan hay un hombre con un tatuaje de cárcel, allí veo su fecha de nacimiento y, en letras muy grandes, su signo zodiacal. “Yo también soy Libra”, le cuento. Me pregunta y le pregunto y se llama José y yo Paloma. Me pregunta un poco más, le respondo y le digo adiós. Busco la leche, voy a la caja, plata, bolsa y salgo.

Deme medio kilo, por favor. “Lo que usted diga Palomita”, entonces levanto la mirada y, por segunda vez en el día, miro a alguien a los ojos. Por segunda vez porque es el mismo es José, mi tocayo zodiacal, quien selecciona las mejores paltas para mi cucurucho de papel de diario. Entonces veo que traía el alma llena de smog y que debo respirar profundo, parar, mirar.

Luego, es la tarde de domingo y yo estiro mi flojera sobre un chal en el Parque Botánico y, antes de cerrar los ojos veo a Gala que con sus cinco años corre hacia mí.
- ¿Cómo te llamas? – me pregunta.
- Paloma
- ¿Eres un adulto?
- ¿Qué crees tú?
- Mmmmm – analiza mi cara con detención – creo que sí.
Pienso entonces que debo copiar a Gala y dudar por algunos segundos de mi adultez y sólo ser, sólo respirar y ver. Sentir, abrir los ojos al puerto y volver, aquí, con el alma descontaminada a tratar de hacer las cosas cada vez un poco mejor.

sábado, marzo 22, 2008

Proyecto Cabaret

Muchas veces he soñado con abrir una puerta secreta, un compartimento escondido, levantar una tabla del piso y encontrar algo fantástico, guardado allí desde épocas inmemoriales.

Hace 10 años, tras una semana de fuertes lluvias, la abuela de mi amiga Piti decidió subir al desván de su casa para ver cómo estaban las cosas que tenía guardadas en ese lugar. Fue entonces que encontró el tesoro: un baúl que había permanecido allí por décadas, guardando en su interior miles de negativos del fotógrafo David Rodríguez Peña (1930-1968), los cuales retrataban el ambiente revisteril de Chile en los años '60, con claros protagonistas: el Bim Bam Bum, sus shows y sus vedettes.

Tras recibir el material y gestionar los derechos con la hija del autor, haciendo uso de sus conocimientos como antropóloga, Piti (Cristina Guerra) se abocó al trabajo de conservación, limpiando cada uno de los negativos, para luego guardarlos en un lugar adecuado.

Con el claro objetivo de rescatar una parte de nuestra memoria e identidad, ella presentó su trabajo al Consejo de la Cultura y las Artes, ganando un Fondart en 2007, lo que materializó el Proyecto Cabaret.

Cabe aclarar que el Proyecto Cabaret no sólo busca rescatar el trabajo de Rodríguez Peña, sino que además pretende aproximarse a un momento de la realidad nacional capitalina representada por los personajes, espacios y sucesos fotografiados. Para ello, ha sido y es fundamental la participación de los protagonistas de aquella época.

Ese es el objetivo de Piti ahora, exponer el Proyecto Cabaret en distintas ciudades de Chile y otros países, al mismo tiempo que conseguir que la gente visite el sitio del proyecto y comente las fotografías que allí aparecen, ojalá proporcionando algún antecedente. "Queremos invitar a actores y testigos a entregar sus testimonios, datos y recuerdos en este sitio, para que de modo colectivo reconstruyamos la historia", dice mi amiga.


Si uno no conoce a nadie, no importa, hay que ir a mirar de todas formas porque el proyecto en es un deleite.

Me llena de orgullo saber que detrás de lo que se ve, está el trabajo de una persona que adoro, una mujer talentosísima, una profesional todoterreno.

(Proyecto Cabaret necesita nuevos auspiciadores para las siguientes etapas, se agradecerá cualquier idea al respecto).

viernes, febrero 15, 2008

La hora whisky

Es la hora del whisky, del relajo, del ajedrez y la conversación. Estoy en la casa de Eugenio, estoy en San Martín de Los Andes, estoy en su escritorio, estoy viendo como juega dos partidos de ajedrez al mismo tiempo frente a Julia y Morag.

Anoche -mientras comíamos unos deliciosos sorrentinos en el restaurant Taco’s- hablamos de lo curiosa que es esta amistad, que se ha mantenido por más de cuatro años, pese a los cientos de kilómetros que separan su ciudad de la mía y a nuestra diferencia de edad, porque él tiene algunos años más que yo, en realidad tiene bastantes más.

Lo conocí en enero de 2004, cuando llegamos a su casa muy tarde una noche mientras buscábamos infructuosamente las cabañas donde habíamos hecho reservas. Finalmente nos ofreció quedarnos aquí, sin conocernos de nada y, a los pocos días, conociéndonos de toda una vida.

Vine antes a San Martín de Los Andes, y sentí este lugar como una ciudad soñada, pero desde 2004 siento aquí una suerte de hogar. Una vez más Eugenio se preocupa de explicarme todo, aunque en este sitio puedo orientarme con los ojos cerrados.

Las calles, la playa y el viento, el comercio, el terminal de buses, los locutorios, las librerías y cada recoveco de este mágico rincón de la calle Rohde.

Es lindo cuando uno se siente tan cómodo en un lugar, cuando se relaja y se contacta con la esencia más básica de todas las cosas. Había olvidado lo largo que era el viaje: nueve horas de Santiago a Temuco, ocho más de Temuco hasta acá, pero valió la pena, vaya que sí.

lunes, febrero 04, 2008

Notas y pausa


Bar Constitucion
Originally uploaded by Andrés Goñi
“Entonces tú eres el enemigo”, me dijo Andrés aludiendo al protagonista de la película Casi Famosos, que se infiltra en la gira de su banda favorita para escribir para la revista Rolling Stones.

“Sí, soy el enemigo”, le dije, pensando en que en realidad prefería verme como Carrie Bradshaw en la inauguración del nuevo club de moda de Manhattan en un capítulo de culto de “Sex and The City”.

Lo cierto es que no soy Sarah Jessica Parker, ni estamos en la Gran Manzana, ni era un subterráneo en el East Village, ni había una copa de Cosmopolitan en mi mano. Era yo en el Bar Constitución, en el Barrio Bellavista, tomando el quinto vaso de agua con hielo de la noche.

“¿Vas a escribir sobre este lugar?”, volvió a preguntarme. “Puede ser. Mira, tú sacas fotos con tu cámara y yo voy capturando imágenes en mi cabeza, tomo todo tipo de notas mentales”, le expliqué. “¿Y cuales son las notas de esta noche?”.

Dos puntos: lugar nuevo que pretende tener onda y va en buen camino; a eso de las 11 las mesas están llenas y sólo veo “gente linda” por doquier; comida un poco cara pero muy rica con presentación impecable; es como estar en Las Rocas de Santo Domingo 15 años después; Juanito Yarur en una mesa toma champaña con un tipo lindo que debe ser su novio; miro mis zapatos con taco y diseño de leopardo y pienso que me veo top aunque por dentro sigo siendo la perna de siempre; muy buena música; a las 2 a.m. se transforma en discoteque; hay muchas chicas guapas; hay muchos más hombres que mujeres; compruebo que mi sonrisa de dientes separados atrae miradas, en especial de los pernos onderos que bailan en un rincón; promedio de edad, 30 años; he perdido la habilidad de esquivar a la gente, lo noto cada vez que voy al baño (muchas por tomar tanta agua); una vez más siento que Nico Torres y yo transmitimos en frecuencias distintas, pero que lo encuentro divertido; Poli me habla de sus nuevos proyectos 2.0 y Felipe me cuenta del Banco de Fotos de Arquitectura Chilena “Barqo.cl".

Eso.

Abandono las notas mentales y bailamos un poco y hablamos de los amores buenos, de los amores malos, de los que están acá y de los que están lejos y pienso que es un tipo lindo, como de otro mundo, y que encontrarlo fue la pausa perfecta en el fin de la noche.

lunes, diciembre 31, 2007

Temporada de deseos

Caminamos por Providencia con mi prima Julia –nacida y criada en Nueva York- y ella encuentra fantástico el helado de Nutella que venden en “Sebastián”. “No he visto esto allá. En cuanto llegue a la casa voy a googlear Nutella Ice Cream”, me dice.

Ese helado, descubrir desde lo más alto del Cerro San Cristóbal que Santiago realmente está en un valle, comprar un Buff en “Chile Montaña” y una escuela de capoeira que vimos a la salida del metro Baquedano, son las cosas que más le llamaron la atención a mi pequeña gringuita que se esfuerza por hablar un español perfecto.

Para mí, lo más llamativo son los calzones amarillos que inundan las calles. Normales, grandes o colaless, todos con el mismo propósito: amor y fertilidad. Este año decidí no usar, tampoco sé si seguiré otros ritos como comer 12 uvas o lentejas o besar a un hombre.

Lo que sí haré será salir a dar un vuelta con mochila o maleta e invocar con fuerzas mis ganas para el 2008, como cuando saboreo las primeras guindas de las temporada. Felicidad, salud, amor, trabajo y dinero para mi familia, mis amigos y para mí. Para el mundo, paz (deseo base), más justicia social y menos calentamiento global. Y, en lo personal, más capacidad para aprender de mí y de los otros, más habilidades para ver y escuchar, ser más organizada y asertiva para alcanzar mis metas y reafirmar la mentalidad zen del camino a la felicidad, pues todo lo que nos pasa, es lo mejor que podría suceder.

martes, noviembre 27, 2007

Google, luego existo

“Me escribe y asegura que se llama así, pero no le creo nada al tipo ese y se lo dije, virtualemnte, a la cara: mira, todo lo que me cuentas me suena a mentira, además, te googlié y no encontré nada, es decir, si conozco a alguien que trabaja en un ámbito moderno y tecnológico, como tú, que tiene entre 15 y 45 años, como tú, y lo googleo y resulta que google no lo conoce, entonces esa persona no existe. Así de simple, no existe”.

Francisco, que estaba en el living leyendo, dejó su libro y nos miró preocupado. “¿Qué pasa Pancho, acaso tú nunca te has googleado?”, preguntó Daniela. “No, nunca”, respondió mientras corría al computador para teclear su nombre con desesperación. “FRAN-CIS-CO E-CHE-VE-RRÍA… A mira, tengo un official website… lástima que no soy yo”.

Entonces le dimos instrucciones sobre poner su nombre entre comillas, buscar sólo en Chile, o incluir su segundo apellido, pero no hubo caso. Descubrimos que nuestro amigo no existía y ahí, delante de nuestros ojos, José Francisco Echeverría Edwards se desvaneció.

* Un regalo para que nuestro querido Pancho vuelva a existir: Pancho Echeverría, Francisco Echeverría, Echeverría Francisco, Echeverría Edwards, José Francisco Echeverría… Todas las combinaciones para enmendar el daño hecho a su espíritu que, creemos, sigue en algún lugar de la red. Escúchanos Google te rogamos. Amén.

domingo, noviembre 18, 2007

Anda, mira, escucha y escribe

“Estás como cabra chica” me dijo Sergio, cuando me vio preguntando cosas y corriendo de aquí para allá en el concierto de Francisca Valenzuela. Era cierto, estaba feliz reporteando para un “medio de verdad” –el diario La Nación- el recital de esta cantante que me gusta mucho.

Para cumplir con la tarea, tuve incluso el honor de trabajar junto a Pamela Albarracin, una talentosísima reportera gráfica. Juntas fuimos dinamita. Nos reímos, observamos, comentamos. Yo disfruté de su trabajo y ella del mío.

Revisamos sus fotos en la boletería del Cine Normandie, para después partir raudas a nuestras casas, ella a procesar imágenes y yo a escribir.

Con sus retratos y mis palabras, la nota salió publicada en la portada de lanacion.cl, gracias a la gestión de Ignacio Rodríguez y María Paz Moya.

De Francisca Valenzuela puedo decir que es tremenda, que tiene una fuerza que pocas veces he visto y con Pamela decidimos que la odiamos profundamente: es talentosa, toca el piano maravillosamente, canta aún mejor, es guapa, flaca, muy sensual y tiene un carisma a toda prueba.

Anoche siguió con música de la buena. Pedro Aznar y David Lebón (una parte de la banda Seru Giran) en el Centro Cultural Montecarmelo. El show estuvo espectacular y el repertorio más romántico que nunca. Aznar siempre me emociona, pero esta vez supero a todas las anteriores. Ahora fue Ignacio el que escribió para La Nación, casi en directo a través de su fantástico teléfono “supersónico”.

Cerramos la jornada en el Galindo, comiendo pastel de choclo junto a algunos amigos, músicos y técnicos del recital. Un lujo de compañía.

Siempre se me prende el alma cuando comparto con gente talentosa y este fin de semana tuve eso en cantidad. Por eso bailo, canto y brillo, hasta apagar la luz. Buenas noches.

miércoles, noviembre 14, 2007

Berlín en directo

Hoy, miércoles 14 de noviembre de 2007, un grupo de 15 personas acaba de decidir quienes son los ganadores del certamen más importante a nivel mundial en el ámbito de las bitácoras online o blogs: The Bob’s, Best Of The Blogs, de la Deutsche Welle.

De forma exclusiva para Paloma.cl y poniendo sus ojos en el lugar de los hechos, Hernán Casciari, uno de los miembros del jurado, responde desde Berlín y con un teclado malísimo algunas de mis preguntas.

Hernán es periodista, escritor y fue distinguido con el premio del jurado al mejor blog el año 2005. Me cuenta que llegó ayer martes a Alemania y que se está muriendo de frío, aunque el suertudo tiene una habitación con chimenea.

Además de eso, el autor de Orsai y Weblog de una Mujer Gorda, me explica que lo han encerrado junto a los otros miembros del jurado con mucha comida y cerveza, para que determinen tranquilamente cuáles son las mejores bitácoras en las diversas categorías que considera el concurso. "Mucha cerveza, café y strudel", enfatiza.

"Mientras comían ¿les gritaban para que decidieran pronto?", le pregunto. "No, todo lo contrario, nos tratan como personas muy importantes. Mis 14 compañeros incluso han llegado a creer que lo son. Yo no, porque sólo me preocupa volver pronto a España, pues extraño mucho mi hija", (es un sentimental).

Entendamos que ha sido especialmente difícil para él, porque los miembros del jurado son de todas partes del mundo y se comunican en inglés. Y él… no habla ese idioma. Sólo maneja el argentino, el español y algo de catalán (con acento argentino), gracias a su mujer y a su hija, ambas catalanas. "Hay rusos, iraníes, persas, yanquis, franceses, alemanes, brasileros y... entre ellos, como te decía, dialogan sólo en inglés. Algunos hablan conmigo por lástima". "¿Cómo así?", lo interrogo. "Me dicen cosas fáciles, por ejemplo: pencil, table, good, money. Lo hacen para integrarme ¿sabés?".

"¿Y ahora qué van a hacer?", disparo nuevamente. "Nos soltaron hace un rato y vamos saliendo a comer a un lugar raro, pero hace mucho frío en la calle. En todo caso, hay que decir que la gente de la organización es muy simpática y está todo el tiempo preocupada de que lo pasemos bien... Paloma, no te puedo decir quienes son los ganadores. Lo anunciarán el sábado". "No te preocupes Hernán. En realidad, no importa, puedo esperar".

martes, noviembre 13, 2007

En todas partes

Tengo una abuela poetisa, se llama Eliana y vive en México. Ella dice que la poesía es tan fácil y es tan difícil. Tal vez porque la poesía es como la vida, porque está en todas las cosas, porque la poesía es un dios.

“Me convidarías un cigarro, chiquita. Toma, a cambio te daré uno de mis poemas”, me dice un hombre en la calle. Cuenta que es un vendedor ambulante de poesía, se llama Homero Castillo Durán y asegura haber vendido más de 90 mil libros en los últimos 30 años.

El poema está esperando en mi cartera, mi mano firme a los vaivenes del metro y una pareja duerme acurrucada al fondo del vagón.

Por la noche nado de espaldas. La piscina está en un subterráneo y veo los reflejos del agua proyectarse en el techo. Llego al final, giro mi cuerpo y vuelvo con fuerza, con más pasión que técnica. Se siente como volar, como vuelo en mis sueños.

Que poco cuesta la poesía, que poco cuesta encontrarla, como un trueque, como acurrucarse, como nadar en el aire o volar de espaldas.

Para leer las poesías, pincha aquí

domingo, noviembre 04, 2007

Prendan todo lo que tengan

Santiago luce extremadamente vacío y los tonos rojizos del atardecer muestran una ciudad bella, de grandes avenidas despejadas y una tranquilidad que parece traída de otra parte. No entiendo muy bien que pasa, hasta que recuerdo que éste ha sido un “fin de semana largo” para quienes se tomaron el viernes “sándwich”. No fue mi caso.

Yo me quedé acá y trabajé el viernes, pero además de disfrutar de las calles despejadas, el fin de semana comenzó el miércoles por la noche, cuando tuve un episodio que me llevó a revivir tantas veladas memorables en el Estadio Nacional. “Mi papá tiene dos entradas para ver a Soda Stereo, pero no podrá ir porque está súper resfriado y yo tampoco puedo, ¿te interesan?”, dijo mi prima al otro lado del teléfono. Partí con una amiga de siempre. Mientras compraba cosas para comer, le expliqué que para mí los recitales llevan aparejado el concepto Pic-Nic.

Desde nuestros asientos vimos el sol ponerse detrás del sector Pacífico y el Estadio Nacional llenarse por completo a medida que se acercaba la noche. “Creo que ya estoy medio vieja para esto, así que no esperes que salte, que grite o que coree las canciones”, le dije a Clarita. Entonces, Gustavo, Charly y Zeta aparecieron en el escenario… “Voy a ser tu mayordomo…” y yo ya estaba gritando, saltando y coreando las letras de este grupo esencial en la banda sonora de mi adolescencia y primeros veintes. Un show espectacular, con un repertorio inmejorable, buen sonido y una iluminación y efectos visuales fuera de serie.

Flash back: 10 años antes. Recital de despedida de Soda Stereo. No sé con quienes fui, supongo que con gente no muy cercana, porque cuando comenzó la música me separé del grupo junto a otra chica que me siguió y comencé a avanzar hacia adelante, entremedio de la multitud que llenaba la cancha. Utilizando una técnica rugbista, aprovechando mi baja estatura y con mucha paciencia, llegué sola hasta la reja. Irresponsablemente temeraria. Y me aplastaron y me mojaron y grité eufórica y Zeta –mi integrante favorito- se acercó a tocar muy cerca del público y yo, subida en los hombros de quién sabe quien, levanté los brazos y volví a gritar y él me miró y me cerró un ojo, y tal vez el gesto fue para nadie, pero yo lo sentí para mí, sólo para mí… Ya era suficiente, hice señas para que me sacaran, la gente de seguridad me pasó por la reja y salí por el lado para volver a la cancha, lejos del escenario. La meta estaba cumplida.

Desde que tenía 12 años fui a muchos y muy diversos recitales en ese estadio, desde Rod Stewart hasta Silvio Rodríguez, pasando por Cindy Lauper, David Bowie, Amnistía Internacional, Gun’s and Roses y tantos más… En varios fui a cancha y repetí la maniobra rugbista, algunas veces con más éxito que otras.

Estaba disfrutando de los recuerdos de juventud, como diría una buena vieja decrépita, cuando Cerati dijo “prendan todo lo tengan”. Y el Estadio Nacional se llenó de luces, como nunca antes lo vi. Ya no era el fuego de los encendedores, sino pantallas de celulares y flashes brillando por todo el lugar. No sólo eso era nuevo, sino que la cancha había cambiado. El espacio estaba dividido en “Cancha” y “Cancha VIP”, por lo que sólo dejaba que unos pocos –que habían gastado mucho dinero- pudieran estar realmente cerca del escenario.

Cerré los ojos y vi nuevamente el guiño de Zeta, la gente aplastándome y miles de encendedores iluminando débilmente el Nacional y supe que ya no basta con ser valiente, ya no basta con luchar, ahora hay que tener, hay que gastar más y más. Por suerte pude ser irresponsable y llegar hasta adelante, cuando aún había tiempo, cuando aún había magia.

sábado, octubre 20, 2007

Dos tontas y una loca


Estoy sentada en el comedor y ella, en el living, continúa hablando sola. Ya lo estaba haciendo cuando abrí la puerta y, cuandro entré, siguió como si yo no estuviera aquí.


Y se enoja y sufre y repite una y otra vez, “esto es una mugre, es una mugre y la mugre debe ir a la basura”. Está metida en el personaje. Es Rita.

Dos horas antes estaba en el Liguria compartiendo un plato de gnoquis con Ignacio. Tenía muchas cosas que contarle, mucho que preguntar, pero no lograba concentrarme en nuestras historias, por culpa de las historias de la mesa del lado.

Dos mujeres conversaban. Deben haber tenido más o menos mi edad, habían sido compañeras de colegio y eran, con todas sus letras, tontas. Tenían una conversación que me pareció vacía, pero que al mismo tiempo estaba llena de frases hechas y de recuerdos intrascendentes que a ellas les resultaban muy chistosos. Discutieron por más de media hora sobre cómo habían cambiado sus formas corporales desde que estaban en la secundaria hasta ahora.
“¿Te acuerdas? Yo tenía las piernas tan flacas, sin ninguna gracia, pero eso sí, siempre tuve buen poto. Y ¿te acuerdas? Tú, cuando te crecieron las pechugas… no, pero si de verdad te crecieron, y decías que era porque habías estado haciendo pesas. Pero claro, si aumentaste al menos una talla… no, si de verdad yo estaba más flaca, por eso tenía las piernas así…”.
Continuaron debatiendo acerca de si en un matrimonio era bueno o malo que el novio usara un traje de lino blanco y así siguieron con otros tópicos de absoluta irrelevancia, que me tenían en un estado nervioso que oscilaba entre las risas y las nauseas.

Nunca me he sentido particularmente inteligente y no lo siento hasta que me encuentro con personajes así, que en lugar de cerebro parecieran tener una “cajita feliz” sobre los hombros.
“Para calmarme entré a la biblioteca tratando de parecer intelectual y en eso apareció un profesor… y al ver el libro que yo tenía en las manos me dijo: veo que a usted le gusta Feringhetti. Estuve tentada de contestarle, sí pero sólo cuando lo sirven con queso parmesano”, dice Shlomit ahora.
Está junto a mí y sigue hablando sola, ensayando su rol en “Educando a Rita”. La obra cuenta la historia de una peluquera muy inculta que comienza a tomar clases de literatura con un profesor y paulatinamente va mejorando su nivel cultural, cambiando de esta forma su mundo y el de quienes la rodean.

Una mujer que parece loca hablando sola, hablando como otra mujer que deja de ser tonta. Dos tontas que se acompañan, que discuten como ellas mismas, que debaten sobre nada y que tal vez nunca dejaran de ser lo que son.

jueves, octubre 18, 2007

40 años del Latino

Una de las cosas que me enorgullece en la vida es haber sido alumna del Colegio Latinoamericano de Integración por 11 años. Allí aprendí muchas de las cosas que me hacen ser como soy, que me hacen mirar el mundo con una visión crítica y solidaria, sin perder el asombro por sus maravillas y atrocidades.

Con una mayoría casi absoluta de hijos de padres de izquierda y muchos niños que regresaban de exilios alrededor del mundo, durante la dictadura el Latino era una burbuja donde se podía hablar de temas que estaban prohibidos en otros colegios.

Quienes pasamos por ahí tenemos un sello indiscutible, algo que se parece mucho a ser familia y esto lo he sentido en especial con la gente de mi curso y de mi generación. Hace un par de años ese entusiasmo me llevó a organizar el encuentro para celebrar (o llorar) una década desde que terminamos el colegio y, además, hice un blog con fotos y relatos que mantengo con cierta regularidad: latino94.blogspot.com

Este mes el Colegio Latinoamericano de Integración celebra 40 años de vida con una fiesta para ex alumnos el viernes 19 y un masivo paseo al Cajón del Maipo el sábado 20. Espero poder ir a este tradicional encuentro en El Manzano y tener uno de esos déjà vu mágicos que experimento cada vez que vuelvo al lugar.

martes, octubre 09, 2007

Dra. Web?

Al más puro estilo del clásico “Dr. Corazón”, hoy he recibido una carta de un fiel lector, consultándome sobre qué hacer con una determinada situación de su vida, no sentimental, sino que virtual.

El hecho en sí me causo mucha gracia y me parece digno de análisis sociológico, antropológico, político, ético y estético (jajaja).

Por ello, he decidido compartir con ustedes, fieles lectores, este pequeño gran hito en la historia de mi humanidad:

JHE:
Hola Paloma, cómo estás?
Te escribo por una tontera, la verdad puede ser un rollo sin importancia, pero estuve leyendo en tu blog algo de una venta nocturna en la que sentiste que no querías pertenecer, se notaba que no te gustaba el perfil general de ese grupo o algo así. A mí me está pasando algo parecido pero con facebook. Al principio estaba todo bien, me añadieron mis amigos o gente que me caía bien y de repente empezó a añadirme gente que no me cae, que casi no conozco y algunos que derechamente me desagradan. Entonces pensé, ya no quiero pertenecer -igual que tú- pero si dejo de pertenecer por los que me caen mal, también dejo de pertenecer por los que me caen bien. Esto parece muy "ser o no ser", pero no sé ¿qué harías tu?
Te escribo porque leo tu blog, te conozco y compartimos esa sensación. Además, tú eres una adelantada en esto de la vida virtual.
Que estés bien.
J.
Paloma:
Querido J.
Pues bien, cuando las cosas tecnológicas me abruman, en especial las redes sociales, hago el ejercicio de dejarlas un rato de lado. Eso puede darte alivio y la calma necesaria para reflexionar respecto de esta situación.
Debo confesar que no me he metido mucho a Facebook, pero lo que puedes hacer es simplemente eliminar a toda la gente que en realidad no te interesa y sólo seguir las actividades de tus amigos más, más cercanos... Si alguien se pone pesado o algo, “filo”. Sólo diles, “me encantaría leerlos a todos, pero sólo tengo tiempo de vivir”.
Qué tal?
Paloma

miércoles, septiembre 05, 2007

De judíos y chilotes

Hay cosas que por equivocación pasan y pasan muy bien. Este jueves (6.09.2007) debo asistir a un encuentro de gente vinculada al ámbito de la arquitectura de información, pero no sé por qué me confundí y pensé que era la semana pasada.

Llegué a las 7 en punto y, como no vi a ninguno de mis contertulios, me senté en la barra y pedí algo para tomar. En una mesa al fondo del lugar y acompañado por tres comensales divisé a Raúl Ruiz, cineasta chileno que se fue a vivir a Francia donde se ha destacado por una prolífica carrera en el mundo del séptimo arte.

Fui hasta su mesa, me presenté con nombre y apellido, le conté en parte el proyecto y le pregunté sobre los recuerdos que tenía de la UNCTAD. “Prácticamente no tengo, nunca entré al lugar. Pero dime, qué tienes que ver con el Beco Baytelman”. “Soy su nieta”, respondí. “Ven, siéntate con nosotros”, dijo el señor de los bigotes blancos.

Halagada, acerqué una silla y me sumé a la conversación, más desde el silencio que desde la palabra, tratando de atesorar frases, de fotografiar con la mente los gestos de este hombre emblemático y quienes lo acompañaban: un periodista, el compositor que musicaliza sus películas y un productor de teatro y ópera.

No sé cómo la conversación pasó de mi bisabuela sefaradita que hablaba en ladino (español antiguo), a los vecinos ortodoxos de Ruiz en Francia y, desde allí, a las tiraduras de casas en Chiloé, tierra del padre y el abuelo del cineasta. Según todos en la mesa era un error cuando se denominaba a estos eventos con el nombre de Minga (o Minka), pues esa palabra hacía referencia a varios otros tipos de encuentros. “Si hacían falta chalecos, mi abuela invitaba a una minkha de tejer, venían varias señoras, tejían un día entero chalecos para todos y, al final de la jornada, se hacía una comida grande. Un tiramiento, en cambio, es cuando tirada por bueyes una casa se cambia de un lugar a otro, como lo hacía mi padre. Él tenía un carácter complicado y, cuando se enojaba con la gente del pueblo, organizaba una tiradura y cambiaba la casa a la isla de al lado. Esto lo hizo varias veces”, nos contó Ruiz.

Después de una hora escuchando fragmentos de historias de aquí y de allá, me despedí de Ruiz y sus comensales y abandoné el lugar reprochando mi falta de honestidad por omisión: Ruiz me dijo de entrada que nunca estuvo en la UNCTAD, yo callé que no he visto ni una sola de sus películas. Tarea pendiente.