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jueves, mayo 15, 2008

Mangiata

Traducido al español roundtrip quiere decir viaje de ida y vuelta, pero si se toma textual sería algo así como un viaje redondo, algo bueno de principio a fin. Así fue mi hora de almuerzo en Valparaíso.

Opté por comer sola. "Me caigo bien casi siempre", le dije a Romina, rechazando la amable invitación que me hizo de ir a almorzar su casa.

Caminé desde el Congreso hasta la calle Colón y tomé una micro hacia el sur. "Me avisa en Rodríguez, por favor". Luego de bajar del bus, caminé hasta el 538 y una vez en la Mangiata elegí una pequeña mesa junto a la ventana. Esperé mi lasagna mirando el mantel a cuadros, las flores plásticas y los recuerdos de Italia que cuelgan en los muros del lugar.

Después de devorar hasta el último bocado, pagué, di las gracias y en la esquina tomé la micro de vuelta.

Quería mirar la ciudad, el chofer me dijo que no le molestaba, así que me ubiqué en un pequeño asiento junto a él. De los parlantes de su radio salía el nostálgico vaivén de un tango que teñía aún más de nostalgia este día nublado del Puerto.

"Qué linda es su música" dije al conductor antes de bajar. "Más linda es cuando se baila", respondió.

lunes, abril 07, 2008

Respirar

Corro, cambio de línea, llego al Metro Pajaritos, compro mi pasaje, duermo. Precisa como siempre, abro mis ojos cuando el bus entra a Valparaíso. “Pan y leche” pide mi amiga al otro lado del teléfono. Frente a la entrada del supermercado en un carro venden paltas minúsculas, $500 el kilo. “A la salida le compro”.

Delante de mí, en la fila para pesar el pan hay un hombre con un tatuaje de cárcel, allí veo su fecha de nacimiento y, en letras muy grandes, su signo zodiacal. “Yo también soy Libra”, le cuento. Me pregunta y le pregunto y se llama José y yo Paloma. Me pregunta un poco más, le respondo y le digo adiós. Busco la leche, voy a la caja, plata, bolsa y salgo.

Deme medio kilo, por favor. “Lo que usted diga Palomita”, entonces levanto la mirada y, por segunda vez en el día, miro a alguien a los ojos. Por segunda vez porque es el mismo es José, mi tocayo zodiacal, quien selecciona las mejores paltas para mi cucurucho de papel de diario. Entonces veo que traía el alma llena de smog y que debo respirar profundo, parar, mirar.

Luego, es la tarde de domingo y yo estiro mi flojera sobre un chal en el Parque Botánico y, antes de cerrar los ojos veo a Gala que con sus cinco años corre hacia mí.
- ¿Cómo te llamas? – me pregunta.
- Paloma
- ¿Eres un adulto?
- ¿Qué crees tú?
- Mmmmm – analiza mi cara con detención – creo que sí.
Pienso entonces que debo copiar a Gala y dudar por algunos segundos de mi adultez y sólo ser, sólo respirar y ver. Sentir, abrir los ojos al puerto y volver, aquí, con el alma descontaminada a tratar de hacer las cosas cada vez un poco mejor.

lunes, diciembre 31, 2007

Temporada de deseos

Caminamos por Providencia con mi prima Julia –nacida y criada en Nueva York- y ella encuentra fantástico el helado de Nutella que venden en “Sebastián”. “No he visto esto allá. En cuanto llegue a la casa voy a googlear Nutella Ice Cream”, me dice.

Ese helado, descubrir desde lo más alto del Cerro San Cristóbal que Santiago realmente está en un valle, comprar un Buff en “Chile Montaña” y una escuela de capoeira que vimos a la salida del metro Baquedano, son las cosas que más le llamaron la atención a mi pequeña gringuita que se esfuerza por hablar un español perfecto.

Para mí, lo más llamativo son los calzones amarillos que inundan las calles. Normales, grandes o colaless, todos con el mismo propósito: amor y fertilidad. Este año decidí no usar, tampoco sé si seguiré otros ritos como comer 12 uvas o lentejas o besar a un hombre.

Lo que sí haré será salir a dar un vuelta con mochila o maleta e invocar con fuerzas mis ganas para el 2008, como cuando saboreo las primeras guindas de las temporada. Felicidad, salud, amor, trabajo y dinero para mi familia, mis amigos y para mí. Para el mundo, paz (deseo base), más justicia social y menos calentamiento global. Y, en lo personal, más capacidad para aprender de mí y de los otros, más habilidades para ver y escuchar, ser más organizada y asertiva para alcanzar mis metas y reafirmar la mentalidad zen del camino a la felicidad, pues todo lo que nos pasa, es lo mejor que podría suceder.

domingo, julio 15, 2007

Un aplauso, por favor


Camino por Avenida La Paz, mientras el Cementerio General se aleja a mis espaldas. Antes recorrí por primera vez el lugar dejándome llevar por el instinto, perdiéndome entre tumbas, sintiendo el frío y el olor a flores viejas, sacando fotos, descubriendo que Manuel Montt está enterrado al lado de Antonio Varas, viendo cómo mueren los ricos, viendo cómo mueren los que tienen menos. Los pobres, muy pobres, no están aquí.

Antes con la familia, con gente vieja con cara de tener muchas historias. Todos despidiendo a la tía Sonia y mi madre, una vez más, como oradora oficial, explicando que la tía era una mujer de impronta en todo sentido, una mujer grande, excéntrica en su vestir, avanzada desde siempre en un país que viene de atrás. Una mujer que gozaba el vivir, el comer, el reír, el amar, pero que también tenía la capacidad de comprometerse y luchar por las causas más nobles y profundas, capaz de correr riesgos, capaz de abrazar la existencia pese a todo. “Puede ser trasgresor, pero quiero pedir un aplauso para ella, porque ella aplaudió la vida”, dijo mi madre.

Y mientras camino de regreso a mi casa y el cementerio, la muerte, la tía Sonia, están cada vez más lejos de mí, la aplaudo a ella, a su capacidad de gozar, de reír, de amar. Yo también quiero aplaudir. Yo también aplaudo.

As I walk down La Paz Avenue the cemetery stretches out far behind me. Moments earlier, for the first time, I had walked around the place, guided by instinct, getting lost among graves, feeling the cold, smelling the old flowers scent, taking pictures, seeing how the rich people die, seeing how those that have less die. The poor people, the very poor people, are not here. Before that, I was with the family, old people with richly storied faces. All saying good bye to aunt Sonia. My mother, once again as the official speaker, explaining that my aunt was an outstanding woman in every sense, physically large, larger than life, eccentric in her attire, ahead of her time. Aunt Sonia was a woman who enjoyed living, eating, laughing, loving, but she also had the capacity to commit herself to fight for the deepest and noblest causes, capable of taking risks and embracing her existence whatsoever. “It might be a transgression, but I want to request an applause for her, because she applauded life”, my mother said. While I walk down to my home and the cemetery, the death, aunt Sonia, stretches out of me. I applaud her, her capacity to enjoy, to laugh, to love. I also want to applaud life. And I do.

jueves, julio 05, 2007

Fin de semana para mí

Salí de la casa pasado el medio día sin nada en el estómago. Era domingo y me había propuesto comer algo por ahí, en la calle, y regalarme una tarde de museo, sola, pues ninguno de mis amigos quiso abandonar el flojeo dominguero para ir conmigo a ver la selección de la Bienal de Sao Paulo al MAC de la Quinta Normal.

Al dar vuelta a la esquina vi una pareja, obviamente de gringos, muy perdidos. Eran granjeros neozelandeses de unos 50 años (sólo a mí me pasan estas cosas). Mary y Kelvin habían arribado a Chile la noche del sábado, llegaron al aeropuerto sólo con un par de mochilas, sin reserva de hotel ni un plan preconcebido, su único horizonte era llegar por tierra hasta Uruguay para ver unas granjas que estaban a la venta. Decidieron alojar en el primer hotelucho que les ofrecieron y andaban con cara de felicidad y listos para que los asaltaran con cámara y cartera hacia atrás.

Cuando los encontré trataban de entenderse a través de señas con un taxista para que los llevara esa noche al aeropuerto a recoger a otro amigo. Los ayudé, les expliqué un par de cosas y les dije que resultaría muy limitante moverse sólo con dólares un fin de semana largo en la capital. Después de una hora con mis amigos granjeros, de haberles cambiado unos pocos dólares por plata chilena, de quedar invitada al campo neozelandés y conocer por fotos a toda la familia de Mary y Kelvin, por fin seguí camino al museo.

Las obras resultaron ser muy interesantes, pero el hambre limitó considerablemente mi capacidad de análisis. En todo caso destaco el trabajo de los papeles recortados en China rescatando el imaginario artístico popular; un video con cantantes brasileños contando la historia de un japonés que viaja por el mundo con su pulpo, a quienes acababan de conocer (al artista y al pulpo); los dibujos sobre buenas, mediocres y malas ideas, de la boliviana Narda Alvarado; el notable baile de la vedette en el trabajo del australiano Shaun Gladwell (qué ganas de bailar así… ya lo dije alguna vez, todas queremos ser vedettes); las fotos de Pieter Hugo en África; los autorretratos de la cubana Ana Mendieta y la reflexión sobre el rol de la mujer de la coreana Sanghee Song.

Salí del museo con fatiga y comencé a caminar por la calle Compañía. Casi en la esquina con Maipú, me encontré con una casa que se había incendiado la noche anterior. Lo supe porque aún tenía olor a quemado y el agua chorreaba por todas partes. Entré a sacar fotos imaginándome corresponsal de guerra, rezando por que la gente que habitaba allí pueda reconstruir su vida pronto. Más allá, la Peluquería Francesa y todos los posibles lugares para comer, aparecían cerrados a mi paso. Compré un Súper 8 para tener energías y seguir caminado. De pronto me encontré con un lugar al que siempre había querido ir y estaba abierto, el Per Piacere, un sitio que está entre restaurante italiano y wine bar.

Eran las 6 de la tarde cuando decidí almorzar, me invité unos capeletti, mucha agua con hielo, un cheescake de frambuesa y la lectura del diario hasta las 9. Estaba simpatica yo el domingo, así que lo pasé estupendo conversando conmigo misma, en voz bajita, por supuesto, para que no se den cuenta de que estoy loca. Después, seguí caminando mientras reflexionaba mi decisión para el feriado, el cambio físico más grande que he tenido en los últimos años: cortarme el pelo en forma radical.

El lunes por tarde fuimos con Liú a la casa de Pablo, diseñador y peluquero, quien estudió cada unas de mis mechas hasta comenzar a usar sus tijeras como en esos programas de cambio de look que dan en la tele. Me convenció de que una melena no me quedaría bien y me aplicó un corte “de autor”, que me hace ver moderna y muyyyy joven. Esto lo supe cuando me miré al espejo y me encontré con la Nueva Paloma. Todavía no la conozco mucho y aún estoy decidiendo si nos llevamos bien.


NewPaloma again
Originally uploaded by palomabay
No me cortaba el pelo desde los 14 años!
Mis amigas dicen que me veo muy moderna o europea.
Mi mamá dice que me veo más niñita, incluso menor que 20 y tengo 30 !!!!
Incluso dicen que me veo más flaca (mentira)
Yo encuentro que:
Me queda bien, pero no soy yo.
Perdí condiciones para ser feme fatal y ahora ando a la moda pero más asexuada
Se me vé la nariz más gorda
Me están saliendo espinillas en la frente... Mmm sí, estoy más joven. Jajajaja.

lunes, junio 25, 2007

Notas del día (Chistosilla)

Esta es una noticia del jueves, pero recién lo leí hoy: “Estudio señala que los hermanos mayores tienen mayor coeficiente intelectual”. Lo sabía!!! (Soy la mayor de 5, así que debo ser muy, pero muy inteligente).

El viernes fui a ver la película El Perfume, basada en mi libro favorito, y me gustó harto, gracias JFE. Era todo tal cual me lo había imaginado cuando leí la novela, menos el protagonista, porque en el texto era muy tullido y en el filme, todo guapo.

Ayer visité el Cajón del Maipo con Pablo/T y estuvo increíble. Un día precioso, subimos hasta muy arriba, estaba todo blanco, comimos nieve y nos tiramos nieve, se me congelaron las manos, dos horas de taco de vuelta, terminamos cenando Lomo a lo Pobre en el Galindo. ¿Qué tal? (Ya se vienen las fotos).


Dato geeky-nerd-perno-ganso: como si me sobrara el tiempo, estoy probando Twitter, un sistema de microblogging en que uno puede escribir todo el rato lo que está haciendo en ese minuto. Se supone que todos se leen con todos, pero todavía no entiendo para que sirve. Camus me dice que lo encuentra inútil y que sólo serviría para cosas como saber dónde está el junior de tu oficina o ir siguiendo el resultado de una elección. Guaquil escribe ahí todo el rato. Raro. Si alguien entiende, que por favor me explique. También estoy medio peleada con Del.icio.us y reconciliándome con Google Calendar. Me superó la tecnología.

A propósito, tengo ganas de hacer un nuevo podcast, pero no tengo tiempo, se me quedó el micrófono en la casa de mi profe de inglés y no se me ocurre el tema. Pero es un compromiso para julio (el mes de julio) ¿Alguna idea?

En la Portales el jueves van a hacer el primer encuentro chileno de Stand Up Comedy. Dedicarme a eso es mi sueño frustrado. ¿Seré lo suficientemente chistosa para hacerlo? No creo, de hecho soy bien fome y mis amigos se ríen de mis historias por caridad. Lo sé. (Esto es falsa modestia para que ellos digan, “no Paloma, tú eres genial”, y alimenten mi ego en el día de hoy… Pero de verdad soy muy fome).

Hablando de chistes, otra historia de Mónica, mi amiga argentina que enseña español en China. Ella dice que hay dos cosas que hacen felices a sus alumnos: las golosinas y los chistes.

“Realmente se ríen con ganas cuando les cuento que mi marido me espera y les muestro la foto de Antonio Banderas, que tengo un hijo pero que en este momento no me acuerdo en que país lo dejé estudiando y que ahora soy una laoshi (maestra) con un par de novios, no siempre chinos, por supuesto, ¡y les muestro las fotos de Richard Clayderman y de José Luis Vélez!

Pero en uno de los grupos, la broma no funcionó, sobre todo la parte del hijo perdido y olvidado. Cuando lo dije por primera vez uno de ellos gritó… REALLY? Y después de que les expliqué el chiste, después de que se los volví a explicar y les dije que era sólo una broma para activar vocabulario, después de que sí, toda la clase largó una risotada limpia y amplia, después del aula vacía y llena de figuritas con caras extrañas pegadas al pizarrón, Wang Tei volvió preocupado y preguntó:

- Laoshi… ¿Usted tiene mamá?
- ¡Sí, claro!
- ¿Y si le pregunta a ella? ¡Seguro que sabe donde esta su hijo!”


Aquí escribes el resto del contenido que no se vera.

*Foto de James Oligney en Flickr

jueves, abril 19, 2007

Manicure en Nueva York



Eugen, Yu-Yin o Eugenio es mi manicurista en Nueva York. Perdón, sé que suena raro, pituco, snob, pero es la pura y santa verdad.



Eugen es coreano y trabaja en Polish, que en este caso no quiere decir Polaco, sino pulir o limar. Polish está a la vuelta de la esquina y cada vez que paso saludo a Yu-Yin a través de la ventana.

Él vino desde Corea, como yo vine desde Chile y como tantos otros vinieron de mil lugares distintos a esta ciudad.

Y aquí estoy casi volviendo a mi pais, cuando ya me acostumbro a hacer vida de barrio, a saludar a Eugen, a comprar un bagel en la Av. 2, tomar el metro en la calle Lexington, a hablarle a la gente en todas, todas partes. En las librerías, en el taxi, en el museo, en la pizzería de la esquina…

En el tren volviendo de Hastings, al ver su guitarra le pregunto a un joven si es músico y de qué tipo, me explica que es profesor, que tiene una banda de rock y que su guitarra es hecha en Chile. En la micro le ayudo a una viejita a pagar y me habla y noto su acento raro y me cuenta que es de Hungría, yo le muestro el libro que estoy leyendo, Budapest, de Chico Buarque.

Más experiencias… ufff. Miles. Almuerzo en un restaurant indio de Brooklyn. Siento el aire de inseguridad que se respira en el metro. Caminata por Central Park. Una exposición sobre los desaparecidos de Chile, Argentina y Uruguay en el Museo del Barrio. Fotos preturbadoras en el Guggenheim y después pretzel de manzana y canela. Primavera con frío, lluvia y algo de nieve.

Bajo una carretera en pleno Barrio Chino espero un bus, fumo un cigarro y me siento como en Blade Runner, por fin abordo y logro ubicarme, escucho cómo en el asiento de atrás “Papá Jean Pierre” habla en inglés, francés y un dialecto africano todo el camino NYC-WDC.

El metro de la capital es bello y limpio, los bagones alfombrados y la gente se ve amable. Luego de cuatro años sin vernos abrazo a la Trini y a Félix, regaloneo a la pequeña Amelia y disfruto de su hospitalidad.

Mientras buscamos un restaurant, nos perdemos en las calles y entre tanto monumento por casualidad la Casa Blanca aparece a mano derecha. Respondiendo a mi petición James me toma todas las fotos turisticas de rigor.

El acuario de Baltimore resulta agotador pero interesante, pero lejos lo mejor es recorrer el casco antiguo de la ciudad y encontrar el “Red Emma’s”, un café-librería administrado por un colectivo anarquista, venden libros, tienen Internet y las chicas que atienden se ven como grunges de los 90.

Fabuloso conocer a Bitacoreta y a su bella y encantadora genetista colombiana (perdón pero mantendremos la confidencialidad de estas personas).

De vuelta en NY, el entretenido show de Blue Men Group, caminatas y compras en el distrito financiero, voy donde solían estar las Torres Gemelas. Luego, horas maravillosas con los "Pilos", cena en Harlem con Daniel y Lisa, cerrando la noche con unos mojitos de vainilla en Lenox Lounge, el bar de jazz más antiguo de este legendario barrio, el barrio de la jazz y del soul, escuchando a maestros de maestros. Después, el museo de fotografía, Festival de Cine Latino, mucha lluvia, harta siesta, un poco de China Town y otro poco de Little Italy, pido unos Fettuccini Alfredo y siento que Al Pacino va a entrar en cualquier momento al restaurante y se sentará en mi mesa. Me acostumbro a andar en metro, aprendo, me gusta. Voy al Moma un día entero y me encuentro con Pollock y Warhol. También está Picasso y tantos otros. Veo la cara de Cho Seung-Hui por todos lados, los canales transmiten en directo cada vez que enciendo la tele y ahí están los testimonios que acá se sienten más cerca.

Camino, camino, camino y tomo otra micro y otro metro, y pregunto y hablo con la gente y sonrío y estoy feliz. Feliz y confundida por esto de sentirme de todas y de ninguna parte. Al fin y al cabo, sea donde sea y aunque no suene nada de pituco o snob, soy de la calle, con manicure y todo, mi ojos están ahí.


Foto de James Oligney en Flickr
downtown reflection
Originally uploaded by jto_.

martes, abril 03, 2007

Luna llena

Llegué a Nueva York una noche de luna llena. En realidad la luna apareció mucho antes, junto al ocaso, cuando el avión Taca 570 sobrevolaba alguna parte de Centro América.

Cada tanto miraba por la ventanilla y allá abajo, muy lejos, podía distinguir uno que otro poblado, pero lo que más veía eran montañas, muchas montañas, y nubes gorditas de todas las formas y tamaños.

En el vuelo Santiago – Lima conocí a Juani, una mujer de cincuentaytantos fantástica, una gozadora de la vida, y en menos de una hora ella me contó la suya y yo parte, sólo parte de la mía, porque puede sonar increible, pero Juani hablaba mucho más que yo y lo hacía más rápido también.

Desde Lima a El Salvador una vez más comprobé mi habilidad para dormir en los aviones. Fueron algunas páginas del maravilloso libro Budapest, de Chico Buarque, un sandwich, una copa de vino, enchufarme a mi MP3 y en cinco minutos ya estaba durmiendo.

El último cambio de avión fue en El Salvador, donde la gente se veía linda, contenta, amable y sencilla; los alrededores del aeropuerto eran muy verdes y el clima húmedo. Cuando en esa parada llamaron a embarcar, algo me sorprendió muchísimo: mientras casi me requizan un jarabe para la tos, más de un tercio de los pasajeros que iban en mi avión llevaba bolsas con pollo frito. ¡POLLO FRITO!… “Es delicioso”, me explicó una mujer salvadoreña a quien pregunté por la extraña práctica. “Siempre la gente lleva a los Estados Unidos, porque allá hay Pollo Campero, pero no sabe igual”. Me contó también que debido a esa costumbre, a los vuelos desde El Salvador a EE.UU. les llamaban Chicken Flights (Vuelos del Pollo)… Jajajajaja.

Cuando miraba la luna reflejarse en el ala del avión, Doña Rosa y Don Doroteo, casados hace 53 años, mis compañeros de asiento, me pidieron ayuda para llenar los formularios de entrada a EE.UU. porque no sabían escribir muy bien. Después de enterarme un poco de sus vidas, me puse a escribir esto, mientras JFK se acercaba cada vez más…

Ahora la ciudad está allá afuera esperando por mí, sólo tengo que cruzar la puerta.

jueves, marzo 29, 2007

Primavera en inglés

Lo que más me gusta de viajar es lo que se siente en todo el cuerpo en el instante en que el avión se separa de la pista, cuando la espalda se pega muy fuerte al asiento y sabes que estás subiendo, subiendo hacia alguna parte.

Lo que más me gusta de viajar es conocer lugares, doblar una esquina y descubrir una tiendita escondida y fascinante y tener la sensación de haber hallado un tesoro, pensar que nadie estuvo allí antes.

Lo que más me gusta de viajar es conocer personas. Subir a un bus o al metro y ponerse a conversar con alguien de cualquier parte, mirar la forma en que la gente se viste, se mueve, habla en uno o en mil idiomas.

Lo que más me gusta de viajar es sentir, sentir los olores, los ruidos, los latidos de una ciudad: Nueva York me espera.

Es mi primer gran viaje en mucho tiempo y, por un par de semanas, mis ojos se trasladan a la gran manzana.

Me estoy preparando para caminar sus streets y avenues, recorrer Nolita y Chinatown, y ver como florece el Central Park.

Para mí, este otoño será primavera en inglés.

martes, febrero 27, 2007

Tango

Me conmueve el tango cantado desde el alma, el tango viejo, arrastrado, el tango de la calle.

En el Cinzano hay una foto antigua de este hombre entrando al bar con paso decidido. Era en su época de gloria, cuando parecía Mastroianni. Entonces uno busca en la imagen a Lucía Bosé, Catherine Deneuve o Sofía Loren, pero ellas no están ahí porque es sólo el retrato de los tiempos mozos de un tango gastado que por las noches se escucha en el bar del puerto y en tantos otros bares de otros puertos.

It moves me listening to tango sung from the soul, the old and draw-out tango, the tango of the streets. In Cinzano there is an old photo of this singer entering the bar with a determined walk. It was his epoch of glory, when he looked like Mastroianni. Then you start to look in the image to see if you can find Lucía Bosé, Catherine Deneuve or Sofia Loren, but they are not there because it is only an old-time portrait of worn out tango that is listened to in the nights of this port bar, in the same way as in many other bars of other ports.

Lee lo que escribí antes sobre el Cinzano en “Humo, acordeón y tango”

Foto de James Oligney en Flickr

jueves, febrero 15, 2007

Sergio en la plaza


Es el barrio Concha y Toro. Caro y yo nos sentamos en una de las bancas de la Plaza Libertad de Expresión y contemplamos la fuente de agua y las casas, mientras James mira y toma fotos.

Allí saludo a dos personas que están sentadas en la banca contigua, les convido cigarros, ellos me dan fuego y comenzamos a hablar. Se trata de Sergio y su amigo. Sergio me cuenta que nació en el sur y que cuando era joven vino a Santiago y trabajó muchos años en radio y tiene voz para eso. Me cuenta también que conocía a grandes personajes que eran famosos en ese ambiente hace dos o tres décadas… y más.

Ahora Sergio se ve como un vagabundo, pero no habla de eso, sólo habla de sus épocas gloriosas, esas que continúan vivas en sus ojos y en su voz.


It is Concha y Toro neighborhood. Caro and I rest on a bench in the “Libertad de Expresion” square contemplating the fountain and houses, while James looks around and takes pictures. I say hello to two people who are sitting on the next bench. I offer them cigarettes, they give me a light and we start to talk. They are Sergio and his friend. Sergio tells me that he was born in the south of Chile, that when he was young he came to Santiago and worked for many years in radio… and he has the voice for that. He also tells me that he met some prominent radio figures who were famous in that industry two or three decades ago… or maybe more. Now Sergio appears to be homeless, but he doesn’t speak about it, he only talks to me about his glorious times, those that continue to live in his eyes and in his voice.

Foto de James Oligney en Flickr

martes, febrero 13, 2007

Quinta Normal

Es un domingo cualquiera, es verano. Es la tarde de un domingo cualquiera en verano. Hay gente, perros, pasto, árboles, sol y gritos de niños, muchos niños.

Ellos se están bañando en la laguna de la Quinta Normal, en un agua que está tan sucia, tan entretenida, tan rica que nada importa.

Un piquero, dos, una chinita, una carrera antes de tirarse al agua. Es verano, hace calor. Hay risas, risas por todas partes.


It is any Sunday, it is summer. It is any summer Sunday evening. There are people, dogs, grass, trees, sun, shouts of children, many children. They are swimming in the Quinta Normal lagoon. Water is so dirty, so entertaining, so fantastic that nothing else matters. One dip, two, a career before throwing to the water. It is a summer, it is hot. There are laughs, laughs throughout.


Foto de James Oligney en Flickr

miércoles, febrero 07, 2007

Funicular

Cuando pequeña vivía cerca del Cerro San Cristóbal y muchas, muchas veces anduve en Funicular. Hace años que no lo hacía. Había olvidado por completo lo largo y empinado que es el trayecto hasta la cumbre.

Muy mareada, sentí el vértigo de una primeriza, con las mías agarradas al carro como las manos de la foto. Después, las velas derretidas, “gracias por favor concedido” y la imponencia de la Virgen sobre nosotros.

Más allá, el Teleférico esperando.


When I was a little girl I used to live very near to San Cristobal Hill . Many, many times I took the Funicular, but in recent years I have not. I had completely forgotten how long and steep the trip up to the summit is. I felt the dizziness like this was my first time, with my hands gripping the edge, like the hands in this shot. Later the melted candles, "thanks for favor granted" and Virgin Maria hugeness. Beyond, Teleferico waiting for us.

Foto: James Oligney en Flickr

miércoles, enero 24, 2007

Piernas porteñas

No es un lugar común decir que pasé dos días subiendo y bajando cerros y escaleras, porque Valparaíso… Valparaíso no es un lugar común.

Con sus contrastes, los perros por doquier, conversaciones saliendo por ventanas abiertas en fachadas de latón, con los colores más vivos y más viejos, los más limpios y más sucios, con alma de cielo y un cuerpo que está siendo permanentemente reparado... este fue el Valparaíso que salimos a descubrir con James.

“Caminen y piérdanse por los cerros”, fue la primera instrucción que nos dio Chantal, al tiempo que nos mostraba uno de sus tesoros más valiosos entre todas las cosas que ha encontrado en las calles del Puerto: una caja de fósforos muy antigua, que halló en el suelo junto a un contenedor de basura y que en una de sus caras tiene pegado un trozo de papel que dice:

Clavos
Corral
Pollos

De eso se trata Valparaíso, de reparar, de componer, de recibir. Un lugar donde la locura y la diferencia son el patrón común. Un lugar donde el imperialismo intenta destruir el alma de una ciudad más viva que ninguna, logrando sus metas sólo con impudicias absurdas como la construcción de supermercados en barrios históricos, pisoteo de lo derechos de los habitantes en pro de turismo de transatlánticos y el apoyo gubernamental a centros comerciales en una tierra que se presume patrimonio de la humanidad.

Pero como en Valparaíso la diferencia es la norma, estos intentos más que imponerse se ridiculizan a sí mismos, porque lo más importante sigue siendo la diversidad, esa que se vive y se siente en cada curva que toma la “Mirco O”, desde la Avenida Argentina hasta Playa Ancha.



Fotos:
F. Elendil en Flickr
Moni en Flickr
Un tour para escuálidos bolsillos en Chile.com

viernes, enero 19, 2007

Gringo James

Esta semana me atrasé en postear porque mi amigo James está en Chile y yo soy su tourist guide.

James Oligney es fotógrafo, diseñador web y vive en la Gran Manzana, es decir, en New York City. Mi tarea, con más éxito algunos días que otros, ha sido mostrarle lugares o recomendarle cosas para hacer en mi ciudad, Santiago de Chile.

Nuestro calendario ha sido extenuante. Sólo el fin de semana pasado visitamos los siguientes lugares, en este orden:

Sábado: Parque Forestal, Mercado Central, Plaza de Armas, almuerzo de sándwich gigante en el Nuria, Plaza de la Constitución, Palacio la Moneda (con pacas guapísimas incluidas), Centro Cultural Palacio La Moneda (con una exposición imperdible del fotógrafo Antonio Quintana), micro hasta Plaza Italia, caminata por Bella Vista, Cerro San Cristóbal, Funicular, Teleférico, caminata por Pedro de Valdivia Norte y Providencia, Liguria de Manuel Montt.

Domingo: Iglesia de Santo Domingo, Persa Bío Bío, Museo de San Francisco, Iglesia de San Francisco, calles París y Londres, almuerzo en El Toro, helado en Emporio la Rosa, Quinta Normal (con muestra de una escuela de carnaval con chinchineros y todo), barrio Concha y Toro y barrio Brasil.

Además de eso James visitó las exposiciones de Alfredo Jaar en la Telefónica y en la Galería Gabriela Mistral, fue al MAVI y a una comunidad mapuche en las afueras de Santiago. Este fin de semana el paseo continúa en Valparaíso. Ha sido agotador, pero lo estoy pasando muy pero muy bien, redescubriendo lugares, practicando y mejorando mi inglés “todo el rato”.

A él varias cosas le han llamado la atención, como el tostador que se pone directamente sobre los quemadores de la cocina, lo locos que están los conductores de micros, el miedo a que nos asalten con que los santiaguinos recorremos las calles y los hot dogs con palta.

De estos días a su lado, desprovista de cámara pero con los ojos bien abiertos, hay una imagen que se fijó en mi mente. Sentada en una banca de la primera fila en la Iglesia de Santo Domingo veo a James moverse entre las sombras cerca del altar. Está mirando cómo la luz desde las alturas entra por una ventana. Da pasos lentos y busca y observa, hasta situarse justo bajo el haz que viene desde lo alto. Mira a través del lente y dispara.

jueves, diciembre 21, 2006

Tentación navideña

Gente, mucha gente. Regalos, pagos, filas, tacos. También participé del clásico estrés de las compras navideñas.

Ayer buena parte de las tiendas del centro de Santiago estuvo abierta hasta después de las 21 horas.


El Paseo Ahumada lleno de hombres y mujeres con sus bolsas, música, ruido, movimiento.

Sin prisa recorrí cada lugar buscando lo adecuado para las pocas personas a las que les hago regalos en esta fecha en que termino celebrando las tradiciones de otros, como una “viejita januquera”.
Cuando la lista tuvo todos los nombres tachados, me paré frente al 146 de Ahumada y vi que el Dominó también estaba abierto. Saltándome todas las reglas de la dieta que me impuse para llegar con más dignidad y menos rollos al año nuevo, entré. No lo pude resistir.

“Un Italiano y un jugo de chirimoya, por favor”, dije.

“Un Italia maestro” replicó a viva voz el hombre que al otro lado del mesón había tomado mi pedido”.

A los pocos minutos tuve frente a mí un perfecto hot dog con pan fresco, la mejor vianesa de Santiago, mayonesa casera, palta y tomate. Agregué ketchup y mostaza, y me aboqué a la ardua tarea de comer sin botar nada en el plato. Con mi feminidad guardada entre los paquetes de regalo, cara y manos sucias, terminé con culpa y placer el rito. Un rito que cada día congrega a muchos chilenos y extranjeros que se acomodan en los pisos de este local que tiene más de 50 años y los mejores “panchos” de la tierra.

martes, noviembre 21, 2006

Viejas piluchas, piluchas viejas

La sigo por el pasillo blanco y recuerdo esas películas donde muestran a las personas cuando llegan al cielo. Perfecta y pulcra, camina, dobla y sigue hasta una puerta que abre invitándome a pasar. Mientras me recuesto en la camilla, siento aromas terapéuticos y sonidos de bosques orientales. Son las tres de la tarde del domingo cuando comienza el masaje, uno de los puntos mágicos de mi día de SPA. Fue uno de mis mejores regalos de cumpleaños, algo que nunca había hecho… la oportunidad de sentirse reina por un día.

El concepto SPA viene de la época del Imperio Romano cuando los ejércitos volvían de las batallas y, buscando la forma de renovar su fuerza y bienestar, se sumergían en pozos de agua caliente. A este tratamiento lo llamaban “Sanus Per Aquam”, es decir salud por el agua.

Así fue que la guerrera, luego de 30 años de ardua batalla, llegó a reponer energías a este lugar de dioses, pero sobre todo, a este lugar de piluchismo. Yo que, vistiendo mi traje de baño, había disfrutado por horas de la piscina, las burbujas, las corrientes de agua tibia y los saltos por un tobogán, fui a la recepción donde me informaron que para la etapa siguiente tenía que vestir una diminuta sábana y nada más.

Después del masaje y los primeros minutos de pudor, me di cuenta que el espacio del SPA donde yo estaba era sólo femenino y que había mujeres desnudas por doquier. Piluchas viejas y viejas piluchas. Piluchas gordas y piluchas flacas, todas distintas pero igualmente desnudas, hermanas en el piluchismo.

Adopté esta nueva religión como mi norte de vida y me desprendí de la pequeña sábana, para exponer mi cuerpo al placer del sauna, del baño de vapor, de las duchas de agua fría y de una pequeña piscina más fría aún. Seguí los consejos de las piluchas viejas y dejé que las encargadas me dieran más toallas o pusieran mis pies en recipientes con agua tibia, mientras yo leía una revista de modas. En una apacible terraza tomé sol desnuda, siguiendo el camino del piluchismo con gran placer y un hondo sentimiento de libertad.

Luego, en la sala de descanso, dormí una buena siesta, al ritmo de la música de bosques orientales, con el aroma de esencias en el fondo. Sólo desperté para seguir el rito de las piluchas, que pasaban del frío al calor y del calor al frío. Acostada sobre la madera del sauna, descubrí una y otra vez como brotaba espontáneo el sudor en mi piel y como esas gotas me liberaban de toxinas del cuerpo y del alma.

Al final del día, me despedí y, al igual que las otras piluchas, salí del lugar con mi ropa puesta a reencontrarme con la sociedad vestida que me esperaba en la calle.

domingo, agosto 06, 2006

Noches contentas, mañanas felices



Adoptando amigos, recorriendo la ciudad, descubriendo y redescubriendo lugares. Santiago no aburre.


El lunes por la noche fui a rescatar mis llaves en un cumpleaños en El Barcelona y terminé comiendo rico y conversando mejor. De cine, de teatro, de tele y, por supuesto, de blogs.


El miércoles, Diego me acompañó a la inauguración de la muestra de Patrick Hamilton en la Sala Gasco, saqué fotos de zapatos, conocí a la Tere y a la Ale, tomamos algo en el Amorío y rematamos con una chorrillana del Galindo.




Esta mañana fuimos con la Mara a comprar verduras a la Vega, the real Vega, y recordé las idas de los sábados con mi madre, los caseros, los encurtidos de “El Rabino”. Probé champiñones gigantes, cargué bolsas y pedí medios kilos y kilos enteros, con los ojos, la boca y la nariz llenos de este lugar maravilloso.

Almorcé con mi mamá y mis cuatro hermanos. Le expliqué a la Gabi que si quiere cambiarse a un colegio más exigente, debe partir por sacar la tele de su pieza. “Te lo dice una ex adicta”, argumenté.

“Mamá, no la escuches, ella ya no vive aquí, nos abandonó hace mucho tiempo, y mira su cara demacrada… eso es lo que pasa cuando uno deja la TV”. Rica ella!!!

La tarde siguió con visita flash a Marce Infante, y once con palta y huevos revueltos, con papi y Shlomit, redactando cartas y blog y flickr y besos.

Y volví a la casa a ponerme bella y quitar de mi rostro las secuelas que detectó mi hermana, que delatan en mí a una ex TV adicta.

En la fiesta del aniversario de Zancada en el “Galpón 9” conocí a Paty Leiva en persona y le agradecí por no perder el rumbo y por ser la gestora de uno de los blogs temáticos más consistentes de Chile. En eso estábamos, abordando el proceso de besos y abrazos, cuando ella descubrió a Guillermo y yo, haciendo gala de mi patudez más patuda me acerqué, le pregunté qué hacía en Chile, le dije que me encantaba “Crimen Ferpecto” y “El Otro Lado de la Cama” y le propuse responder el Cuestionario Zancada. Confieso que mientras lo escuchaba, no pude evitar sentirme como Lourdes... Yo también quise chantajearlo.

Con Paty tratamos de recordar las preguntas y lo interrogamos sobre música, revistas, viajes y todo tipo de cosas raras, pero no pudimos recordar dos de los 10 items del cuestionario.

Entonces abandoné la fiesta y partí como corresponsal en terreno junto a Willy, Javier y el resto del elenco de la película "Santos" a la “Oz”, en espera de que sonara mi celular y mi editora estrella me dictara las preguntas restantes. Era una fiesta ochentera. Bailaba a Inxs y Madonna cuando Paty recordó el recital freak y las revistas. “Todas las que traigan muchas fotos de mujeres, vestidas y sin ropa. Soy un voyeur”, me dijo Ferpecto al oído.

Cumplida la misión volví a la casa mientras se acerca el amanecer. Es hora de ir a la cama. Seguramente mi mañana feliz me pillará durmiendo y, en medio del sueño, me preguntaré qué cresta hacen en mi pieza una torta con velas, Diego, la Tere, la Paty, Guillermo y Javier. Estaré respondiendo mi propio cuestionario y a todas las preguntas, invariablemente, responderé lo mismo, “Noches contentas, mañanas felices”.

domingo, julio 30, 2006

Tarde de domingo




Termino el día sentada en el computador de Rodrigo. Esta ha sido una tarde de domigo de las buenas.





Partimos, como paseo familiar, con Gadi (mi papá), Rodrigo y mis primas Mara y Daniela a buscar un sillón para la consulta de nustra flamante nueva psicóloga.



No habíamos almorzado, así que a media tarde decidimos ir al Parque Bustamante donde se celebraba el Día Nacional del Perú. Es demasiado rica la comida peruana. Probamos tapales, polladas, ají de gallina y arroz con leche… Todo acompañado por la IncaKola de rigor.



Y vinimos aquí, conocí el muro verde y pude, por primera vez, bajar las fotos que he sacado con mi nuevo teléfono (y subirlas a mi flickr)… creo que ya lo estoy incorporando como parte de mi cuerpo.


Todo el grupo partió a ver una película… No sé si me animo a seguirlos al cine. ¿Qué será mejor para terminar una rica tarde de domingo? ¿Peli o flojeo en mi cama?…



Desde mi guata el ají de gallina pide una almohada urgente. Creo que le voy a hacer caso.






miércoles, junio 28, 2006

El trueque es fecundo

"Te cambio alojamiento por historias de viaje", le dije.

Eso fue hace 12 años cuando el ornitólogo quebecuá Jacques Sirois buscaba un lugar para acampar en Algarrobo.

Mientras realizábamos la tradicional caminata desde el centro al Canelo-Canelillo junto a un grupo de amigos, vimos pasar varias veces al gringo en una bicicleta y, finalmente, lo encontramos descansando cerca de la Isla de los Pingüinos.

Nos contó que venía recorriendo Chile de sur a norte, siguiendo el camino de unas aves para estudiar su comportamiento migratorio y que quería acampar en alguna playa para retomar su viaje al día siguiente.

Le expliqué que no había ningún camping por ahí cerca y que en la casa tenía una pieza desocupada.

Recordé cuando era niña, tocaban el timbre y pedían intercambiar plantas por ropa. "… pero el alojamiento no es gratis, quiero que te quedes, pero a cambio deberás hablarnos de tu vida en Canadá, de los pájaros y de tu recorrido por Chile".

Él estuvo de acuerdo.

Sirois resultó ser un tipo encantador, muy simpático y que tenía historias para quedarse por meses en Algarrobo, pero fue sólo esa noche, cuando mezclando inglés, francés y español, nos habló de la casa que compartía con un amigo… que quedaba junto a un lago… donde el continente se pierde en el norte.

Nos contó de pájaros y de los feroces osos que habitaban el lugar, de cómo cada cierto tiempo visitaban las ciudades sembrando el terror de los habitantes, de esas personas que constituían uno de los grupos humanos con más alto índice de depresión del mundo, por las pocas horas de luz que tenían durante el invierno. Y nos contó mil cosas más de sus viajes y recuerdos, hasta que llegó la hora de dormir.

A la mañana siguiente, muy temprano nos despedimos de él y lo vimos alejarse en su bicicleta. Como mi vida es una teleserie pobre, lo volví a encontrar una semana más tarde en una feria temática en la Estación Mapocho. Conversamos por algunos minutos, nos despedimos con un fuerte abrazo y nunca más lo volví a ver.

Siempre añoro esta historia y la saco del sombrero para todo el que ponga su oído en mí. En eso estaba hace un par de semanas, cuando pensé que con la maravillosa herramienta (Internet) tal vez podría rastrear el destino de este hombre. Y así lo hice.

Encontré muy poca información, hasta que finalmente, tratando de unir los seis grados, le escribí a Susan Eros del Canadian Wildlife Service de Canadá, suponiendo que podía tener alguna pista para contactar a Sirois.

Hoy en mi correo encontré un email de ella donde veo que amablemente hizo la gestión, dice que logró contactarlo y que él la autorizó para que me diera sus datos.

Ahora estoy a poco de volver a contactar a este hombre. La pregunta es qué le puedo ofrecer ahora por sus historias… tal vez le gusten las mías, tal vez prefiera plantas o ropa. Sea como sea, sigo confiando en que el trueque es fecundo.