miércoles, febrero 20, 2019

Regálenme flores mientras estoy viva

Me encantan las flores. Siempre que puedo trato de tener flores frescas en mi casa. Lo único que me genera una sensación muy rara, son las flores asociadas a la muerte. Puede deberse a que soy judía, y en las ceremonias fúnebres judías no hay flores. Mientras para los católicos y personas de otras religiones, las flores aparecen como un elemento para despedir con color a la persona que parte, para nosotros es como algo más que está muriendo, que se descompone junto al cuerpo de nuestro ser querido. Los funerales judíos son austeros y llenos de simbolismos y eso me gusta.

Esta mañana acompañé a una amiga a comprar flores para mandar a la casa de una mujer muy joven que murió de cáncer dejando dos hijos y un marido. Cuándo estábamos por pagar mi amiga me dije “al igual que tú ella era judía”. Me quedé helada. Le expliqué que nosotros no llevamos flores a los funerales, que sobre las tumbas ponemos piedras. Ella decidió que mandaría flores igual para mostrar sus condolencias.

Cuando yo muera no quiero flores. Y no se trata solo de atenerme a la tradición judía. De hecho -aunque creo en D’s- no soy una persona profundamente religiosa e incluso quisiera ser cremada (lo que está prohibido por mi religión). Pero preferiría que en lugar de preocuparse de comprar flores, usen ese dinero en hacer un donativo a alguien a quién le falte comida, o para una fundación que plante árboles o realice investigación para curar el cáncer o el VIH. En lugar de ir a comprar flores les pediría que vayan a abrazar a mis familiares, que les lleven comida para que no tengan que cocinar mientras tienen pena, que cuenten historias de mis hazañas y locuras palomiles, que se rían, que canten, que cuenten, que coman, que piensen en emprender alguna acción loca y feliz en mi nombre.

Regálenme flores mientras estoy viva. Cuando ya no esté, regalen y regálense en mi nombre mucha felicidad.

No hay comentarios.: