domingo, noviembre 05, 2017

El Arte de la Selfie

Hay diálogos que son impostergables. Es el momento de la selfie, del diálogo urgente de uno mismo con el entorno, con el fondo, con el silencio, con la casa, con el concierto, con el famoso, con el contexto, o fuera de él, con el paisaje, con los amigos, con el viaje, con el arte.


El arte de la selfie no es algo nuevo, Rembrandt, Van Gogh, Frida Kahlo y muchos otros creadores ya habían explorado este formato. “En el siglo XVI, solo los artistas tenían las habilidades, los materiales y las herramientas para crear autorretratos. Pero ahora todos tenemos esos medios a través de nuestros teléfonos inteligentes", dijo Nigel Hurst de la Galería Saatchi de Londres, espacio que en marzo de 2017 montó una exhibición exclusivamente dedicada a las selfies.


Diálogos impostergables es también el lema de la XX Bienal de Arquitectura de Chile, cuya provocación llama a reflexionar y dialogar sobre lo común, sobre la participación, sobre la integración, sobre la vulnerabilidad, sobre los recursos, sobre la identidad y sobre el futuro.

Esta Bienal se está desarrollando hasta el 10 de noviembre de 2017 en el Parque Cultural de Valparaíso, espacio que también nos habla sobre el diálogo que supone la resignificación de los espacios, y de los espacios con su historia. Entre 1906 y 1999, el lugar fue la Cárcel de Valparaíso, y luego un centro de arte “okupa” hasta 2007 cuando se comenzó a desarrollar el plan para convertirlo en un centro cultural, con una licitación que se basó en unos bocetos regalados a la ciudad el destacado arquitecto brasileño Oscar Niemeyer.

Uno de los aspectos interesantes de la Bienal son sus invitados especiales y, también, sus invitados accidentales. Me explico. Entre los primeros -los invitados especiales- destaca Alfredo Jaar, artista, arquitecto y cineasta chileno radicado en Nueva York desde 1982 y que es famoso por sus obras de intervención social de los espacios. Entre los segundos -los invitados accidentales- está mi padre: Gaad Baytelman, artista, escultor y experto en efectos especiales y efectos visuales. Digo accidentales, porque su obra “Mecánica de Plumas y Viento” está en el Parque Ex Cárcel como una invitada okupa de la Bienal de Arquitectura, haciendo carne el llamado del encuentro al propiciar diálogos en diversos niveles y al ser también protagonista de las selfies que se han tomado muchos de los visitantes del encuentro.

La obra de Gaad consiste en dos monumentales esculturas en movimiento de casi 10 metros y que fueron creadas utilizando unas dos toneladas de acero inoxidable. Algunas personas dicen que parecen saltamontes, para otras muchas son pájaros que se mueven con el viento y se modifican en contraste con el entorno, resignificando su selfie a cada segundo y a cada brisa de los cerros del puerto. Entre máquina y ser vivo, reflexionando sobre la energía del eólica, “Mecánica de Plumas y Viento” oscila por el solo juego de equilibrios de sus componentes. Sin software ni motores, evidencia así el renovado atractivo de la “física real” luego del predominio de la creatividad comandada por el joystick y el mouse.  

Gaad Baytelman, mi padre, también es autor del sorprendente “Gran Dominó del Puerto” -intervención urbana que cerró el Festival Puerto de Ideas de Valparaíso en noviembre pasado (vimeo.com/234941110 y vimeo. com/234940763). Él ha sido pionero en el diseño de los efectos especiales mecánicos para cine y televisión en Chile desde fines de los 70. Con formación de arquitecto, ha colaborando con las principales figuras del mundo audiovisual en Chile –desde el Profesor Rossa a Ricardo Larraín; de Silvio Caiozzi a Florcita Motuda-. Junto con Alberto Dittborn, Gaad participó además en la creación del Museo Interactivo Mirador (MIM), realizando también colaboraciones con Paula Gutiérrez, entre otros diseñadores. En su nutrida producción de diseño cinético, “Mecánica de Plumas y Viento” es la obra de mayor tamaño, fue financiada por el Fondo de las Artes, Fondart Regional, y estará instalada en el Parque Cultural de Valparaíso hasta enero de 2018.

Se abre una oportunidad y una invitación. La obra busca una casa para vivir en el futuro, un nuevo contexto para dialogar. Ya hay algunos interesados, pero no sabemos si seguirá habitando los espacios públicos de algún municipio que decida invertir en ellas, o si estas plumas volarán de la mano de privados que saben que el arte es necesario para construir mejores contextos para sus trabajadores, sus clientes y la vida de sus productos. ¿Qué opinan ustedes? ¿Cuál sería el mejor contexto para las futuras selfies de estas obras?


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