lunes, septiembre 26, 2016

De las “medias casas” de Aravena al buen diseño web

Las casas del arquitecto Alejandro Aravena están construidas hasta la mitad. En esa mitad hay un par de cuartos, una cocina y un baño. La otra mitad, la que no ha sido construida aún, es un espacio abierto delimitado solamente por los muros exteriores y el techo. Destinadas a personas de escasos recursos y a comunidades afectadas por desastres naturales, estas “medias casas” son diseñadas de forma participativa. Es decir, de manera conjunta entre las personas que las habitarán y el equipo de Elemental, la firma fundada por Alejandro Aravena. La idea de construir sólo la mitad de una casa, es dejar el resto del espacio para que la propia familia que vive allí pueda construir lo que realmente necesita. Para algunos serán más cuartos, para otros un taller o un estacionamiento.  De este modo, al permitir que sean los propios residentes los que terminan de dar forma a sus hogares, las personas no sólo incrementan el valor de sus casas, sino que también, aumentan su sentido de pertenencia, lo que impacta directamente en el bienestar de la comunidad como un todo.

Por éste y sus otros trabajos, Alejandro Aravena ganó el premio más importante al que puede aspirar un arquitecto: el Premio Pritzker, reconocimiento entregado anualmente para honrar el trabajo de profesionales cuyas obras muestran una combinación de talento, visión y compromiso para generar contribuciones constantes y significativas para la humanidad y el medio ambiente a través del arte de la arquitectura.

En las últimas semanas me he encontrado usando el ejemplo de las casas de Aravena como metáfora en mi trabajo cotidiano. Durante más de 10 años y en distintos trabajos me ha tocado ser el engranaje entre compañías u organismos que buscan desarrollar un nuevo sitio web y la empresa de diseño web que contratan para ello. Cuando este trabajo es bien hecho, no se parte por diseñar la estructura y diseño visual del sitio web, sino que antes es necesario hacer definiciones conceptuales de base sobre el organismo, sus objetivos y su audiencia o sus clientes, a partir de los cual es posible definir elementos, funciones y contenidos. En este proceso, enmarcado en lo que se conoce como Arquitectura de la Información, para mí uno de los aspectos más desafiantes ha sido manejar las expectativas de mis clientes internos. En algunos casos, los jefes, gerentes, directivos que tienen ideas absolutas y preconcebidas sobre lo que el sitio web debería tener o sus funciones, en otros, los miembros del equipo esperan que la investigación de las audiencias sea tan profunda que incluso permita hacer definiciones sobre el sentido de la organización misma. En mi rol de intermediaria me toca ayudar a la empresa externa a ejecutar su metodología, al mismo tiempo que manejar las expectativas y encauzar las ideas y preocupaciones internas para que sean elementos constructivos para el proceso que se está desarrollando.

Los sitios web no son un producto final, sino que un proceso en permanente transformación, ya sea porque cambian las prioridades del organismo, porque hay que responder a nuevos requerimientos de la audiencia, o porque aparecen nuevas tecnologías que nos permiten hacer cosas que antes eran sólo sueños y que ahora son posibles. Esto es lo primero que trato de explicar a mis clientes internos a la hora de encauzar sus inquietudes. No podemos pretender desarrollar un sitio web absolutamente perfecto, o si lo hacemos podemos pasar años iterando ideas, conceptos, maquetas y prototipos, sin nunca llegar a implementar el sitio. Pero como siempre existen restricciones presupuestarias y de tiempo, es importante generar un sitio que tal vez no va a cumplir con todo lo que anhelábamos, pero sí es importante que se logre diseñar una base conceptual lo suficientemente sólida como para permitir crecimiento y flexibilidad del espacio a la hora de incorporar nuevos componentes, funciones, aplicaciones o contenidos. Para explicar y ejemplificar todo esto, a dichos clientes les muestro la “media casa” de Aravena, la cual crece a la par de las necesidades de sus habitantes, pero dentro de un contexto pre-diseñado de forma conjunta para contener esa progresión del espacio habitacional.

En el fondo, así como las casas de Aravena, los sitios web deben ser una base de código abierto. Y no me estoy refiriendo a la programación técnica de la plataforma sino que a la idea conceptual de base como un lenguaje en sí que permite su co creación y adaptación a lo largo del tiempo y en concordancia con las necesidades dinámicas de los públicos internos e externos del sitio web en cuestión.   

1 comentario:

Andean Culture dijo...

Muy buena información, creo que no solo sirve para casas sino para todo en general