domingo, noviembre 15, 2015

4 claves para resolver el “Efecto Justin Bieber” en las administraciones públicas

Justin Bieber tiene más de 43 millones de seguidores en Instagram, una red social (y una aplicación) para compartir fotos y videos, donde algunas de las capturas del artista han logrado superar el millón de “me gusta” y han acumulado decenas de miles de comentarios en pocos días. A veces, incluso, en pocas horas. Esta situación ha puesto en graves aprietos al equipo de Instagram, ya que el sistema y los servidores de la empresa responden con dificultad ante la avalancha de datos que llegan a sus servidores cada vez que este artista u otras celebridades como Kim Kardashian deciden compartir momentos de sus vidas con sus fans.

Justin Bieber en los estudios de Sony Pictures (2015).
FRAZER HARRISON/GETTY IMAGES
“Cuando nos dimos cuenta de esto, pensé ‘Wow, la cuenta de una celebridad puede destruir toda nuestra infraestructura’”, dijo Mike Krieger, el fundador de la aplicación en una reciente nota de la revista Wired. Luego de mucho trabajo, hace algunos meses Krieger y su equipo lograron solucionar el llamado “Bieber Bug” migrando la totalidad de sus operaciones online a los data centers de Facebook (empresa que hace dos años compró Instagram) y utilizando un sistema compartimentalizado donde los “me gusta” no son “contados” por una sola base de datos, sino que crearon una especie de célula propia de datos para cada foto y cada video que se sube a la aplicación.

Actualmente, más de 80 millones de fotos y videos son subidos a Instagram cada día y la aplicación tiene más de 400 millones de usuarios de todo el mundo. En este contexto, el manejo que la Instagram dio al “Bieber Bug” se está convirtiendo en una hoja de ruta para otras empresas e instituciones que deben expandir sus operaciones a un número creciente y cada vez más participativo de usuarios.

Así como los fanáticos de las celebridades, los ciudadanos del mundo están demandando cada vez más interacción directa con sus instituciones gubernamentales. Quieren participar, opinar y decidir sobre los asuntos públicos. Obviamente, los niveles de demanda de interacción no son de la envergadura de los que producen los seguidores de Bieber, pero están creciendo, y están creciendo rápido. Al asunto del manejo y gestión de la información desde el punto de vista técnico de la escalabilidad de los centros de datos, se suma en este caso un problema de orden social y que dice relación con cómo las instituciones pueden realmente “escuchar” e incorporar de manera real y tangible los aportes y cuestionamientos de la ciudadanía y otros sectores de la sociedad civil. ¿Están nuestros gobiernos preparados para resolver problemas de este tipo? No aún.

Actualmente, más de 60 naciones de todo el mundo forman parte de la Alianza para el Gobierno Gobierno Abierto, y están creando planes nacionales y, en algunos casos, subnacionales, que buscan reforzar la democracia y crear sistemas públicos más transparentes, cuyas instituciones colaboren de mejor forma entre sí y con otros entes sociales, con más y mejores rendiciones de cuentas, y con una mayor participación ciudadana. Este último punto es, sin duda, el más complejo, puesto que la mayoría de las iniciativas que dicen buscar el fortalecimiento de la participación de la ciudadanía y otros sectores de la sociedad civil, son más que nada panfletos de buenas intenciones.

Para resolver este “Efecto Bieber” en las administraciones públicas, se requiere de pasos bastante claros, pero que pocas instituciones se toman en serio cuando comienzan a hablar de participación. La receta es simple:

  1. Incorporar a la ciudadanía desde un principio en la planificación de los compromisos nacionales y subnacionales de gobierno abierto y de estado abierto.
  2. Como parte del diseño de toda política pública, incorporar una capa de diseño para la participación.
  3. Definir claramente para la resolución de cuáles problemáticas públicas se abrirán procesos de participación ciudadana, con qué objetivos, a través de qué metodologías, cómo se incorporará el aporte o la crítica de la ciudadanía a la gestión pública y de qué forma o formas se medirá el impacto de estos procesos participativos.
  4. Implementar procesos serios de cambio de cultura organizacional al interior de las instituciones públicas, para que tanto sus funcionarios como sus procesos comprendan e incorporen seriamente los aportes de la ciudadanía a su quehacer diario.
Así como las celebridades se deben a sus fanáticos y usan diversos medios para difundir su trabajo y validarse frente a su público, para legitimar y fortalecer la democracia, los gobiernos y las instituciones públicas pueden y deben aprender cómo navegar en estos nuevos contextos, tanto desde el punto técnico del manejo de datos, como desde las capas sociales y culturales que implica el crear rutas reales de participación ciudadana para el Siglo XXI.

Paloma Baytelman
Master en Medios, Tecnología y Sociedad - NYU






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