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jueves, mayo 15, 2008

Mangiata

Traducido al español roundtrip quiere decir viaje de ida y vuelta, pero si se toma textual sería algo así como un viaje redondo, algo bueno de principio a fin. Así fue mi hora de almuerzo en Valparaíso.

Opté por comer sola. "Me caigo bien casi siempre", le dije a Romina, rechazando la amable invitación que me hizo de ir a almorzar su casa.

Caminé desde el Congreso hasta la calle Colón y tomé una micro hacia el sur. "Me avisa en Rodríguez, por favor". Luego de bajar del bus, caminé hasta el 538 y una vez en la Mangiata elegí una pequeña mesa junto a la ventana. Esperé mi lasagna mirando el mantel a cuadros, las flores plásticas y los recuerdos de Italia que cuelgan en los muros del lugar.

Después de devorar hasta el último bocado, pagué, di las gracias y en la esquina tomé la micro de vuelta.

Quería mirar la ciudad, el chofer me dijo que no le molestaba, así que me ubiqué en un pequeño asiento junto a él. De los parlantes de su radio salía el nostálgico vaivén de un tango que teñía aún más de nostalgia este día nublado del Puerto.

"Qué linda es su música" dije al conductor antes de bajar. "Más linda es cuando se baila", respondió.

martes, abril 22, 2008

Derechos y deberes




- ¿Por qué hay tantos policías en el centro hoy?- pregunté a un carabinero que estaba parado al lado de una micro de la institución, en Bandera con Huérfanos.
- Siempre estamos acá- respondió.
- Mire, yo paso todos los días por acá y lo que usted dice no es cierto.

El carabinero insistió en su postura, y yo volví a preguntar e insistir una y otra vez.

- ¿Por qué no me dice lo que pasa realmente y terminamos con esta cuestión?
- No pasa nada señorita.
- Insisto que me diga que pasa, tengo derecho saber.
- Ahhh, es su derecho, ¿por qué?
- Porque yo como ciudadana tengo derecho a saber lo que están haciendo en un lugar público.
- Mmmm, así que derecho, ¿y usted conoce sus deberes?- me dijo con tono socarrón.
- Claro que los conozco y mi deber ahora es decirle que tiene muy mala voluntad y que espero que éste sea un muy mal día para usted, porque eso le ocurre a la gente con tan escasa disposición de servicio a la ciudadanía- dije exagerando la nota. Di media vuelta y me fui.

Después de almorzar insistí nuevamente en el tema, preguntándole a un guardia municipal quien, con más ingenuidad que mala fe, me dio la misma explicación del carabinero, asegurando que siempre había muchos policías allí, pero sus palabras fueron opacadas por más de diez motos que cruzaban a toda velocidad por la calle Bandera con rumbo al Norte. Para mí eso no era del todo normal.

Hoy, a la entrada de la calle Nueva York, vi nuevamente una micro de la policía, me acerqué y le pregunté nuevamente a un carabinero. “Es bien curiosa usted ah. Estamos acá porque se preveen algunas marchas por el tema de la píldora del día después y por un paro de la UTEM”.

Le di las gracias y sonreí feliz.

Me molesta profundamente cuando los uniformados tienen ese comportamiento de Secreto de Estado para darse ínfulas de importancia, cuando se trata de temas bastante cotidianos.

¿Era tan difícil responder con la verdad y de buena forma?… Creo que no.

lunes, abril 07, 2008

Respirar

Corro, cambio de línea, llego al Metro Pajaritos, compro mi pasaje, duermo. Precisa como siempre, abro mis ojos cuando el bus entra a Valparaíso. “Pan y leche” pide mi amiga al otro lado del teléfono. Frente a la entrada del supermercado en un carro venden paltas minúsculas, $500 el kilo. “A la salida le compro”.

Delante de mí, en la fila para pesar el pan hay un hombre con un tatuaje de cárcel, allí veo su fecha de nacimiento y, en letras muy grandes, su signo zodiacal. “Yo también soy Libra”, le cuento. Me pregunta y le pregunto y se llama José y yo Paloma. Me pregunta un poco más, le respondo y le digo adiós. Busco la leche, voy a la caja, plata, bolsa y salgo.

Deme medio kilo, por favor. “Lo que usted diga Palomita”, entonces levanto la mirada y, por segunda vez en el día, miro a alguien a los ojos. Por segunda vez porque es el mismo es José, mi tocayo zodiacal, quien selecciona las mejores paltas para mi cucurucho de papel de diario. Entonces veo que traía el alma llena de smog y que debo respirar profundo, parar, mirar.

Luego, es la tarde de domingo y yo estiro mi flojera sobre un chal en el Parque Botánico y, antes de cerrar los ojos veo a Gala que con sus cinco años corre hacia mí.
- ¿Cómo te llamas? – me pregunta.
- Paloma
- ¿Eres un adulto?
- ¿Qué crees tú?
- Mmmmm – analiza mi cara con detención – creo que sí.
Pienso entonces que debo copiar a Gala y dudar por algunos segundos de mi adultez y sólo ser, sólo respirar y ver. Sentir, abrir los ojos al puerto y volver, aquí, con el alma descontaminada a tratar de hacer las cosas cada vez un poco mejor.

martes, marzo 04, 2008

Señoritas Putas

- Perdone que le pregunte esto, pero ahí, toda la gente trabajando de noche, debe ser muy sacrificado… ¿Qué sucede con el tema de la droga?- le dije a quema ropa.
- No, yo no sé nada de eso, yo no me meto en eso. Hay tipos desesperados y me han puesto hasta 50 lucas sobre el tablero para que los lleve a comprar coca, pero yo les digo siempre que no, que ese no es mi negocio, que ese es negocio de ellos, que yo no me meto. Hay que ir a las poblaciones, pero yo no. Jamás lo he hecho, jamás lo haré- respondió alterado y molesto. Duro y cortante, cambiando el tono apacible que nuestra conversación había tenido hasta ese momento. Llevábamos casi media hora hablando. Yo en el asiento trasero del taxi y él mirándome por el espejo retrovisor.

Era tarde, quería volver a casa pronto y dormir. Algunos metros más allá vi a un hombre bajarse justo frente a uno de los clubes de nudistas más exclusivos de Santiago. Corrí, pregunté al conductor si me podía llevar, abordé el auto y le di las coordenadas de mi destino. Entonces, hice sólo un par de preguntas y el taxista comenzó a hablar.

- ¿Usted trabaja siempre acá, con la gente del cabaret?
- Sí, hace muchos años. El señor que usted vio bajarse recién, es un cliente brasileño. Aquí viene mucha gente del extranjero, porque el ambiente es de primera.
- Y ¿cómo cuanta plata gasta alguien que va ahí una noche?

Desde ese minuto me relató con gran detalle el modo de operar del club, cuánto valía un trago, cómo eran las chicas que bailaban, las chicas que atendían, cómo era el flirteo con los clientes, y cuánto costaba sacar a una de ellas del lugar por una hora. “Una persona puede gastarse fácil entre 500 y 600 mil pesos”, me explicó y continuó hablándome de los hoteles, de los clientes importantes, de los empresarios y los deportistas y, con bastante detalle, de lo que hacían “las señoritas putas”, como insistía en llamarlas.

Me dijo que, en la mayoría de los casos, las familias no sabían que se dedicaban a eso y que, incluso, algunas de ellas eran casadas. “Muchas veces me ha tocado ser alcahute y apoyar sus coartadas para que piensen que son promotoras o algo así. Imagínese que con varias de ellas nos hemos llegado a hacer muy amigos”, me dijo en una luz roja, al tiempo que sacaba unas fotos de la guantera. “Ella es Teresa. Ahí sale con mi hijo en un paseo que hicimos a Mendoza. También he tenido otras dos señoritas putas muy amigas, pero ya se volvieron a Brasil y Colombia, de donde eran originalmente”.

En la puerta de mi casa detuvo el auto, me ofreció un cigarro y prendió uno para él. Poco después de nuestro minuto de tensión por el tema de la coca se relajó y retomo sus historias.

Antes de bajar del taxi me pasó su tarjeta y me dijo que lo llamara si alguna vez quería conocer el club por dentro. “Yo hablo con los guardias, que son mis amigos, y la dejan pasar”, aseguró.

Esa noche me acosté fantaseando sobre cómo sería mi visita al lugar, qué ropa usaría, cuál sería mi actitud y cuáles mis estrategias para empaparme de ese mundo tan distinto al mío. El mundo de las putas caras. El mundo de las señoritas putas.

lunes, febrero 04, 2008

Notas y pausa


Bar Constitucion
Originally uploaded by Andrés Goñi
“Entonces tú eres el enemigo”, me dijo Andrés aludiendo al protagonista de la película Casi Famosos, que se infiltra en la gira de su banda favorita para escribir para la revista Rolling Stones.

“Sí, soy el enemigo”, le dije, pensando en que en realidad prefería verme como Carrie Bradshaw en la inauguración del nuevo club de moda de Manhattan en un capítulo de culto de “Sex and The City”.

Lo cierto es que no soy Sarah Jessica Parker, ni estamos en la Gran Manzana, ni era un subterráneo en el East Village, ni había una copa de Cosmopolitan en mi mano. Era yo en el Bar Constitución, en el Barrio Bellavista, tomando el quinto vaso de agua con hielo de la noche.

“¿Vas a escribir sobre este lugar?”, volvió a preguntarme. “Puede ser. Mira, tú sacas fotos con tu cámara y yo voy capturando imágenes en mi cabeza, tomo todo tipo de notas mentales”, le expliqué. “¿Y cuales son las notas de esta noche?”.

Dos puntos: lugar nuevo que pretende tener onda y va en buen camino; a eso de las 11 las mesas están llenas y sólo veo “gente linda” por doquier; comida un poco cara pero muy rica con presentación impecable; es como estar en Las Rocas de Santo Domingo 15 años después; Juanito Yarur en una mesa toma champaña con un tipo lindo que debe ser su novio; miro mis zapatos con taco y diseño de leopardo y pienso que me veo top aunque por dentro sigo siendo la perna de siempre; muy buena música; a las 2 a.m. se transforma en discoteque; hay muchas chicas guapas; hay muchos más hombres que mujeres; compruebo que mi sonrisa de dientes separados atrae miradas, en especial de los pernos onderos que bailan en un rincón; promedio de edad, 30 años; he perdido la habilidad de esquivar a la gente, lo noto cada vez que voy al baño (muchas por tomar tanta agua); una vez más siento que Nico Torres y yo transmitimos en frecuencias distintas, pero que lo encuentro divertido; Poli me habla de sus nuevos proyectos 2.0 y Felipe me cuenta del Banco de Fotos de Arquitectura Chilena “Barqo.cl".

Eso.

Abandono las notas mentales y bailamos un poco y hablamos de los amores buenos, de los amores malos, de los que están acá y de los que están lejos y pienso que es un tipo lindo, como de otro mundo, y que encontrarlo fue la pausa perfecta en el fin de la noche.

martes, enero 29, 2008

Ese misterioso vapor

Antes de que comenzara a funcionar el TranSantiago, uno de los mayores orgullos de los santiaguinos era el metro. Antes, limpio, seguro, rápido. Ahora está colapsado y, con regular éxito, han comenzado a funcionar algunas soluciones de parche.

Hasta que mi prima Julia me lo hizo notar (ella vive en NY), no había caído en cuenta que uno de los grandes problemas es que los vagones no tienen aire acondicionado. Nunca he sido muy acalorada, pero lo cierto es que los carros son verdaderos saunas sobre ruedas, en los que nuestra piel se nutre de los sudores de otros.

No sé qué es lo que me da más asco, si eso, o sentir la misteriosa humedad que expelen los ventiladores gigantes que fueron instalados en muchas estaciones. Pensé esto a partir de un post que leí en el blog “El Respetable”, en el que José Miguel Muga cuenta que se topó con una señora que argumentaba que sentía como si la estuvieran desinfectando.

A mí no me da esa sensación, sino todo lo contrario. Me recuerda el mito urbano sobre las salas de venta de los programas de tiempo compartido, donde se supone que instalan sistemas de oxígeno puro para que los clientes –drogados- tengan comportamientos compulsivos, que los lleven a comprar alejados de la reflexión.

Por precaución, yo trato de hacerles el quite a esos ventiladores, no sólo porque me da asco el vapor que tiran, sino porque desde que los instalaron se han incrementado mis experiencias paranormales en el metro. Tal vez dopaje, tal vez desinfección, quién sabe.

martes, enero 08, 2008

Volante o Maleta

Hace algunos años a mi padre le robaron la camioneta desde la puerta de su taller y, algunas semanas atrás, algo parecido le pasó a mi amigo Luis. Sin duda, una situación de gran estrés y muy desconcertante. Pero nunca, nunca, había conocido a nadie que le hubieran dicho “¿volante o maleta?”.

Esta mañana don Bruno, uno de los colectiveros de la Estación Mapocho, me contó que a él le había pasado. “Estuve un mes en cama por los moretones”.

Un jueves de noviembre, a las seis de la tarde, tres tipos abordaron su auto en la comuna de Quilicura. A las pocas cuadras le pusieron un cuchillo en la garganta y escuchó la frase que inspiró la película “Taxi para Tres”.

No sabe exactamente qué hicieron los tipos durante las dos horas que estuvo encerrado en la parte de atrás de su colectivo, sólo que en un momento el auto dio varias vueltas de campana quedando absolutamente destrozado. “No sé cómo estoy vivo”, me dijo con su expresión aún desencajada.

Continuó explicándome que unos bomberos lo sacaron de la maleta del auto y que, por suerte, tenía seguro, así que le repusieron el vehículo rápidamente. “¿Qué le vamos a hacer? Así es la vida”, agregó finalmente.

Ese es el problema, que la vida no puede ni debe ser así.

viernes, enero 04, 2008

Todo es posible

He descubierto que cuando tomo el metro los personajes que están cerca parecen haber sido escogidos en un casting. Incluso he llegado a pensar que mi vida es una película o una serie de televisión, que en la superficie algo espantoso pasará (terremoto, erupción, invasiones extraterrestres, etc.) y que me quedaré encerrada en el subterráneo con unas 30 personas que han sido escogidas con pinzas, como si se tratara de un capítulo de Lost.

No hay nadie plano, todos tienen una característica única o se parecen mucho a alguien muy conocido. Como esta mañana, que vi a un hombre muy similar a Sergio Silva (el fallecido padre de la actriz Esperanza Silva). Pero al poco rato me di cuenta que su similitud con el locutor radial no era lo más remarcable, sino que su estilo en el vestir y, más específicamente, sus zapatillas amarillas.

Recordé “El Hombre con un Zapato Rojo”, una de las primeras películas que hizo Tom Hanks (1985) y sin duda uno de los filmes que más me han hecho reír en la vida.

Lo cierto es que yo estoy lejos de parecerme a Lori Singer y este hombre tenía poco y nada de Hanks, pero tal vez era un agente encubierto, un enviado del espacio exterior, una reencarnación, un holograma.

¿Quién sabe? En mi película, todo es posible.

lunes, diciembre 31, 2007

Temporada de deseos

Caminamos por Providencia con mi prima Julia –nacida y criada en Nueva York- y ella encuentra fantástico el helado de Nutella que venden en “Sebastián”. “No he visto esto allá. En cuanto llegue a la casa voy a googlear Nutella Ice Cream”, me dice.

Ese helado, descubrir desde lo más alto del Cerro San Cristóbal que Santiago realmente está en un valle, comprar un Buff en “Chile Montaña” y una escuela de capoeira que vimos a la salida del metro Baquedano, son las cosas que más le llamaron la atención a mi pequeña gringuita que se esfuerza por hablar un español perfecto.

Para mí, lo más llamativo son los calzones amarillos que inundan las calles. Normales, grandes o colaless, todos con el mismo propósito: amor y fertilidad. Este año decidí no usar, tampoco sé si seguiré otros ritos como comer 12 uvas o lentejas o besar a un hombre.

Lo que sí haré será salir a dar un vuelta con mochila o maleta e invocar con fuerzas mis ganas para el 2008, como cuando saboreo las primeras guindas de las temporada. Felicidad, salud, amor, trabajo y dinero para mi familia, mis amigos y para mí. Para el mundo, paz (deseo base), más justicia social y menos calentamiento global. Y, en lo personal, más capacidad para aprender de mí y de los otros, más habilidades para ver y escuchar, ser más organizada y asertiva para alcanzar mis metas y reafirmar la mentalidad zen del camino a la felicidad, pues todo lo que nos pasa, es lo mejor que podría suceder.

martes, diciembre 25, 2007

Cuentos de navidad

La hija adolescente de una de las peluqueras estaba molestando a la mujer que me hacía la manicure. Ese era el regalo de navidad que decidí darme, un color rosa pálido y unas pequeñas florcitas blancas adornando algunas de mis uñas.

La niña hablaba fuerte y se movía por todos lados, sobreexcitada por la posibilidad de ejercer por una tarde el oficio de su madre.
- ¿Con quién vas a pasar la navidad, tía Vivi?- le preguntó a la mujer que estaba atenta a mis manos.
- No lo sé, tal vez voy a la casa de Juanita, pero no creo.
- Ah, ¿vas a hacer algo en tu casa?
- No, recuerda que yo estoy viviendo en una pieza y mi familia está lejos, en Ecuador.
- Jajaja, entonces vas quedarte sola y a darte los regalos a ti misma, “de Vivi, para Vivi”- se burló.
- Sí- respondió ella y vi sus ojos acuosos concentrados en los pétalos que iba pintando en la uña de mi dedo anular.
“De Paloma, para Paloma”, pensé mientras volvía a la casa.

Aunque en mi familia no se celebra este día (porque somos judíos) muchas veces participé en las navidades de otros, di y recibí regalos, fui encargada de leer los nombres anotados en cada paquete y disfruté de las cenas, la alegría y la ilusión de los niños.

Esta es mi primera navidad sola en mucho tiempo. Por la ventana entran los gritos de los niños de la casa vecina. “Los regalos, los regalos, los regalos…”. “Benjamín, Lucas, Amanda: bajen, ya vino el viejo pascuero”. En la televisión están dando la “Novicia Rebelde” y en el computador Youtube me regala “El cuento de Navidad de Auggie Wren".

Bajo a la cocina y en menos de cinco minutos preparo algo para comer, me sirvo un vaso de vino tinto y pongo play en este fragmento de la película “Smoke”. Un regalo de mí para mí, en una noche calurosa y sola, una noche de nostalgia, de recuerdos, una noche disfrutando de mi compañía y echando de menos a muchas otras que alguna vez disfruté en mis propios cuentos de navidad.
“El cuento de Navidad de Auggie Wren”
Si no te tomas tiempo para mirar, nunca conseguirás ver nada.

El relato apareció publicado en el New York Times el 25 de diciembre de 1990. Allí Paul Auster narra la historia de Auggie, el dependiente de un negocio que cada mañana, precisamente a las ocho en punto, toma una fotografía de su pequeño rincón en el mundo, una tienda de tabacos situada en la esquina entre la Calle 3 y la Octava Avenida de Brooklyn. Al leerla, el director de cine Wayne Wang le propuso a Paul Auster que escribiera el guión de una película. De esta experiencia surgió “Smoke”.

Paul Benjamin (alter ego de Auster) tiene que escribir un cuento de navidad por encargo para un periódico y por eso Auggie Wren le cuenta una historia de la cual él mismo es el protagonista. Un día llega a la casa de un ladrón que había perdido su billetera en la huida tras intentar robar unos libros de bolsillo en la tabaquería. Tiempo después Auggie quiere devolver la billetera para hacer su buena acción de navidad. Pero cuando se abre la puerta no aparece el ladrón, sino su abuela ciega, quien en un primer momento confunde a Auggie con su nieto; Auggie no la contradice. Aunque ambos saben que es mentira, deciden seguir jugando el juego del nieto y la abuela y pasar la navidad juntos.
Aquí puedes leer el cuento completo

Y aquí va el fragmento de la película con una traducción muy castiza

miércoles, diciembre 19, 2007

Por la derecha

Estoy abrazando una nueva causa, no se trata de algo ambiental, benéfico, religioso ni menos político. Vaya que no. Mi causa es menor, pero necesaria.

Como peatona y usuaria del Transantiago todos los días tomo el metro y, para acceder a él, debo subir o bajar por escaleras mecánicas, donde exijo ciertas normas de buen comportamiento.

Siguiendo la tendencia mundial y para hacerlo a prueba de ineptos, sobre cada escala se han dispuesto carteles que indican claramente “Vía Rápida”, para el lado izquierdo, y “Vía Lenta”, para el lado derecho. Pues, al igual como ocurre cuando uno maneja en carretera, si se va a andar despacio o si uno decide quedarse detenido mientras usa la escalera mecánica, debe pararse al lado derecho y, de este modo, dejar libre el lado izquierdo para las personas que quieren avanzar más rápido. No se trata de si uno va atrasado o no, es sólo una pequeña dosis de buenos modales y cultura cívica.

Pero NO. Siempre hay alguien que insiste en permanecer detenido al lado izquierdo, dejando una larga fila de personas atochadas sin razón. Porque esto, señoras y señores, no es el Reino Unido ni Japón, estamos en Chile y ya que nos creemos un país desarrollado de Merry Christmas y Happy Halloween, entonces sigamos las prácticas de buena conducta que imperan en el Imperio.

Ahí es cuando aparezco yo con mi capa abrazando la nueva causa: detecto al individuo que desconoce el reglamento, aunque esté varias personas delante de mí, lo sigo, lo alcanzo y le explico de forma diplomática, dándole a conocer las buenas prácticas de las escaleras mecánicas. “POR FAVOR, SI SE VA A QUEDAR DETENIDO, UBÍQUESE AL LADO DERTECHO PARA NO OBSTRUIR EL TRÁNSITO”.

Cómo tantos precursores, he sido malinterpretada y profundamente incomprendida. Son pocos los que me dan las gracias por mi cruzada ciudadana. Más bien me han llovido los insultos y las caras de desaprobación, acompañadas de frases tales como: “¿Vo creí que yo soy hueona? Si yo sé po, pero yo me quedo ahí porqui quiero no má po, y ademá nadie mi pidió que me corriera, así que ahí me quedo… Y a vó qué te importa?”.

Pero como soy porfiada y estoy abrazando con fuerza la causa, sigo cada día, entendiendo que estoy contribuyendo con un pequeño grano de arena. Nadie es profeta en su tierra, menos en el metro a las horas punta.

viernes, diciembre 14, 2007

Sentirse linda

Una vez más Laly hace milagros con mi pelo y sin ningún resentimiento porque me corté con otro tipo la última vez. Ella toma sus tijeras y aguanta mi cara de terror y mis reclamos: "Sí, un poco más corto; vuélate, Laly, confío en ti; no, no te vueles tanto Laly; ay, está muy corto; ay, me encanta; ¿quedó disparejo o no?".

Paciencia de santa, Laly sonríe, respira profundo y me aguanta porque, mal que mal, nos conocemos hace mil años. Voy a la peluquería donde ella trabaja junto a tres hombres, aunque lo de hombres es un decir, porque todos son gay y, además, son o han sido transformistas.

De día usan su disfraz de macho, pero son mis niñas queridas y, aunque por lo general me cargan ese tipo de bromas, con sus chistes de doble sentido lloro de la risa, opino de sus historias, les cuento las mías y dejo que me muestren las tarjetas que “les mandó el viejito pascuero”, donde aparecen hombres -con poca ropa y muy bien dotados- y mis niñas los miran y suspiran una y otra y otra vez. Besos y abrazos por aquí y por allá y salgo al mundo sintiéndome una reina.

Un vagabundo me lanza piropos, tiene bonita voz, me dice cosas hermosas. Yo sigo caminando, mirando al suelo, como si no oyera, mientras él continúa gritándome y detrás de mis pasos sus palabras se van apagando. Me detengo, miro hacia atrás y yo también grito: “Gracias”.

Es rico sentirse linda.

martes, noviembre 13, 2007

En todas partes

Tengo una abuela poetisa, se llama Eliana y vive en México. Ella dice que la poesía es tan fácil y es tan difícil. Tal vez porque la poesía es como la vida, porque está en todas las cosas, porque la poesía es un dios.

“Me convidarías un cigarro, chiquita. Toma, a cambio te daré uno de mis poemas”, me dice un hombre en la calle. Cuenta que es un vendedor ambulante de poesía, se llama Homero Castillo Durán y asegura haber vendido más de 90 mil libros en los últimos 30 años.

El poema está esperando en mi cartera, mi mano firme a los vaivenes del metro y una pareja duerme acurrucada al fondo del vagón.

Por la noche nado de espaldas. La piscina está en un subterráneo y veo los reflejos del agua proyectarse en el techo. Llego al final, giro mi cuerpo y vuelvo con fuerza, con más pasión que técnica. Se siente como volar, como vuelo en mis sueños.

Que poco cuesta la poesía, que poco cuesta encontrarla, como un trueque, como acurrucarse, como nadar en el aire o volar de espaldas.

Para leer las poesías, pincha aquí

miércoles, noviembre 07, 2007

Cara de micro

Sergio me acompaña al paradero, le doy un abrazo grande y a las 8 en punto me subo a la micro rumbo al oriente. Milagro divino, no está muy llena, incluso me puedo sentar. Lo hago y pongo cara de micro, esa típica cara de nada que se usa en la micro cuando uno va solo y no se ha puesto a interactuar con la vieja del lado.

Miro a la gente con desparpajo: un tipo guapo, un tipo feo, un tipo viejo, un escolar. Está muy masculina la micro, como varios aspectos de mi vida donde debo interactuar con más hombres que mujeres, así que me siento a mis anchas y, de pronto, me acuerdo de algo divertido y comienzo a reír. No es un JA JA JA estruendoso, es sólo una sonrisa intermitente, un ataque de risa contenido que escapa sin salir, como esas risas de funeral que uno se guarda en complicidad con otro hasta que salen lágrimas.

Me doy cuenta de que el tipo guapo me mira con interés y que las otras personas que me tienen en su campo visual me observan extrañadas. “No es normal ni aceptable esto en la micro, aquí se debe mantener una estricta cara de nada”, parecen decir. Entonces la situación me provoca más risa aún y aparecen las lágrimas de funeral y comienzo a sentir ese rictus feliz en la cara, ese que duele pero que hace bien.

Cuando me bajo, me doy cuenta de que varios pasajeros me siguen mirando como a un bicho raro por esta sonrisa que continúa pintada en mi cara y, mientras la micro comienza a alejarse, sigo riendo sola y me siento tan bien, me siento feliz porque sí.

miércoles, octubre 24, 2007

Todo por luca

Entro, miro. Ya sé casi de memoria las secciones que voy a encontrar: elementos de decoración, cosas para el baño, utensilios de cocina, herramientas, juguetes para niños y un área de “varios” compuesta por colgadores para la ropa, contenedores de todo tipo, relojes, marcos de fotos y, tal vez, algo absoluta y totalmente raro.

Me encantan los “Todo por Luca” y me resulta casi imposible no entrar a estos negocios cuando encuentro uno en el camino. Aunque hace tiempo que son una mentira, pues están llenos de cosas que valen más de mil pesos, es muy entretenido mirar los productos que tienen, en especial cuando se encuentran esos pequeños tesoros, rarezas absolutas que, la mayoría de las veces, no vale la pena comprar… a menos que se tenga un plan.

Hace algunas semanas tuve la oportunidad de conocer el proyecto de Jonathan Messinger, un periodista y escritor de Chicago que también es fanático de lo que en Estados Unidos se conoce como “Dollar Store”.

Su plan consiste en entrar a uno de estos lugares y encontrar la peor basura, lo más extraño y absolutamente inservible que haya en el negocio. Lo compra, lo lleva a su casa y escribe algo inspirado en el elemento. No es sobre la cosa en sí, sino que se debe buscar algo relacionado con el objeto que pueda generar una historia.

Hace tres años comenzó a compartir esta idea con otros amigos escritores, comediantes, poetas y crearon el “The Dollar Store Show”, una reunión que se lleva a cabo el primer viernes del mes en el bar Hideout, de Chicago, donde cada uno presenta sus historias inspiradas en los tesoros-basura. Actualmente realizan giras y varios de los participantes han publicado libros con sus escritos de “dollar”.

Hace algunos días compré un bolso de puntitos por $800 pesos. Aunque el lugar se parecía a un “Todo por Luca”, extrañamente tenía cosas más baratas, por lo que no sé si mi bolso califica como elemento participante. De todas formas ya me inspiró y lo probaré para meter, revolver y repensar algunos relatos que venderé a luca… O tal vez, un poco más.

sábado, octubre 20, 2007

Dos tontas y una loca


Estoy sentada en el comedor y ella, en el living, continúa hablando sola. Ya lo estaba haciendo cuando abrí la puerta y, cuandro entré, siguió como si yo no estuviera aquí.


Y se enoja y sufre y repite una y otra vez, “esto es una mugre, es una mugre y la mugre debe ir a la basura”. Está metida en el personaje. Es Rita.

Dos horas antes estaba en el Liguria compartiendo un plato de gnoquis con Ignacio. Tenía muchas cosas que contarle, mucho que preguntar, pero no lograba concentrarme en nuestras historias, por culpa de las historias de la mesa del lado.

Dos mujeres conversaban. Deben haber tenido más o menos mi edad, habían sido compañeras de colegio y eran, con todas sus letras, tontas. Tenían una conversación que me pareció vacía, pero que al mismo tiempo estaba llena de frases hechas y de recuerdos intrascendentes que a ellas les resultaban muy chistosos. Discutieron por más de media hora sobre cómo habían cambiado sus formas corporales desde que estaban en la secundaria hasta ahora.
“¿Te acuerdas? Yo tenía las piernas tan flacas, sin ninguna gracia, pero eso sí, siempre tuve buen poto. Y ¿te acuerdas? Tú, cuando te crecieron las pechugas… no, pero si de verdad te crecieron, y decías que era porque habías estado haciendo pesas. Pero claro, si aumentaste al menos una talla… no, si de verdad yo estaba más flaca, por eso tenía las piernas así…”.
Continuaron debatiendo acerca de si en un matrimonio era bueno o malo que el novio usara un traje de lino blanco y así siguieron con otros tópicos de absoluta irrelevancia, que me tenían en un estado nervioso que oscilaba entre las risas y las nauseas.

Nunca me he sentido particularmente inteligente y no lo siento hasta que me encuentro con personajes así, que en lugar de cerebro parecieran tener una “cajita feliz” sobre los hombros.
“Para calmarme entré a la biblioteca tratando de parecer intelectual y en eso apareció un profesor… y al ver el libro que yo tenía en las manos me dijo: veo que a usted le gusta Feringhetti. Estuve tentada de contestarle, sí pero sólo cuando lo sirven con queso parmesano”, dice Shlomit ahora.
Está junto a mí y sigue hablando sola, ensayando su rol en “Educando a Rita”. La obra cuenta la historia de una peluquera muy inculta que comienza a tomar clases de literatura con un profesor y paulatinamente va mejorando su nivel cultural, cambiando de esta forma su mundo y el de quienes la rodean.

Una mujer que parece loca hablando sola, hablando como otra mujer que deja de ser tonta. Dos tontas que se acompañan, que discuten como ellas mismas, que debaten sobre nada y que tal vez nunca dejaran de ser lo que son.

martes, septiembre 18, 2007

Uno, dos, tres

Pongo tierra dentro de la caja de fósforos, la cierro con cuidado para tener el tejo perfecto y lo lanzo con hábil puntería hasta el último casillero.

Uno, dos, tres. Cuatro y cinco juntos con las piernas abiertas. Vuelvo a respirar, a concentrarme y a equilibrar el salto en un solo pie: seis. Siete, ocho. Es el final del juego, el momento de dar la vuelta y regresar brincando hacia el inicio de todo.

Es el final de otro año, el cierre de mi calendario propio, los últimos 10 días de los 30 y salto a los treintaytantos. Y me siento más grande, me siento más vieja, más joven, más sabia, más ingenua. Y sigo igual. Sigo acechando momentos. Mirando en las esquinas como si fuera invisible y las veo en el pasaje. Un luche de tiza rozada en el suelo y, ellas, saltando, cayendo, riendo, gritando.

Con el tejo firme en la mano, miro los luches que pinté en tantas calles, las punterías imperfectas, las caídas, los aciertos, los miedos, las ganas locas de seguir. Una vez más respiro y salto. Es hora de volver a empezar. De volver a jugar.

viernes, septiembre 07, 2007

Yo sólo quería comer sushi

Con el antojo vivo me bajé de la micro antes de llegar a la Plaza Armas. Crucé la calle y cuando iba a entrar a Los Reyes, la gente comenzó a ser evacuada del luagar.

El Hotel City se estaba quemando y el fuego había comenzado en la cocina de ese restaurant que está en el primer piso, y cuya cocina se especializa en comida japonesa y peruana.

Eran las 8 en punto cuando le pedí a Ignacio que me ayudara a postear algo a distancia y, al minuto siguiente, marqué el número de Rodrigo Guaiquil. "Habla, te estoy grabando", me dijo él y comencé una transmisión que duró cerca de seis minutos, sintiendo esa adrenalina de reportera que escapa de mi quehacer diario, que es tan digital.

Escucha lo que le dije aquí (5 minutos):


Mucha gente, tres compañías de bomberos, personas de la municipalidad y humo por todas partes. La policía cortó el tránsito, evacuaron a los pasajeros y los bomberos lograron controlar las llamas que afectaban al segundo y tercer piso de este clásico hotel capitalino.

Cuando los carrobombas comenzaron a abandonar el lugar, me di cuenta de que mi antojo seguía vivo y que algunos metros más allá había otra sucursal de Los Reyes. Entré, pedí una sugerencia para uno y me fui caminando, bolsa en mano, por mis antiguos barrios.

miércoles, septiembre 05, 2007

De judíos y chilotes

Hay cosas que por equivocación pasan y pasan muy bien. Este jueves (6.09.2007) debo asistir a un encuentro de gente vinculada al ámbito de la arquitectura de información, pero no sé por qué me confundí y pensé que era la semana pasada.

Llegué a las 7 en punto y, como no vi a ninguno de mis contertulios, me senté en la barra y pedí algo para tomar. En una mesa al fondo del lugar y acompañado por tres comensales divisé a Raúl Ruiz, cineasta chileno que se fue a vivir a Francia donde se ha destacado por una prolífica carrera en el mundo del séptimo arte.

Fui hasta su mesa, me presenté con nombre y apellido, le conté en parte el proyecto y le pregunté sobre los recuerdos que tenía de la UNCTAD. “Prácticamente no tengo, nunca entré al lugar. Pero dime, qué tienes que ver con el Beco Baytelman”. “Soy su nieta”, respondí. “Ven, siéntate con nosotros”, dijo el señor de los bigotes blancos.

Halagada, acerqué una silla y me sumé a la conversación, más desde el silencio que desde la palabra, tratando de atesorar frases, de fotografiar con la mente los gestos de este hombre emblemático y quienes lo acompañaban: un periodista, el compositor que musicaliza sus películas y un productor de teatro y ópera.

No sé cómo la conversación pasó de mi bisabuela sefaradita que hablaba en ladino (español antiguo), a los vecinos ortodoxos de Ruiz en Francia y, desde allí, a las tiraduras de casas en Chiloé, tierra del padre y el abuelo del cineasta. Según todos en la mesa era un error cuando se denominaba a estos eventos con el nombre de Minga (o Minka), pues esa palabra hacía referencia a varios otros tipos de encuentros. “Si hacían falta chalecos, mi abuela invitaba a una minkha de tejer, venían varias señoras, tejían un día entero chalecos para todos y, al final de la jornada, se hacía una comida grande. Un tiramiento, en cambio, es cuando tirada por bueyes una casa se cambia de un lugar a otro, como lo hacía mi padre. Él tenía un carácter complicado y, cuando se enojaba con la gente del pueblo, organizaba una tiradura y cambiaba la casa a la isla de al lado. Esto lo hizo varias veces”, nos contó Ruiz.

Después de una hora escuchando fragmentos de historias de aquí y de allá, me despedí de Ruiz y sus comensales y abandoné el lugar reprochando mi falta de honestidad por omisión: Ruiz me dijo de entrada que nunca estuvo en la UNCTAD, yo callé que no he visto ni una sola de sus películas. Tarea pendiente.

viernes, julio 27, 2007

Ambulante




Los payasos, los elvis, los niños, los presos, los cesantes, los cantantes lana, los cantantes hiphoperos, los enfermos, los estudiantes, los actores, las madres con muchos hijos, los voluntarios de colecta, y un sin fin de personajes más he visto pidiendo plata en las micros.

Con el Transantiago (tema de los últimos post) los pedigüeños han mermado pero no desaparecido, como tampoco lo han hecho los vendedores ambulantes.

Cepillos de dientes, desatornilladores, espejos, chocolates, calcetines, llaveros, billeteras, calcomanías, “suvenir del regalón”, calendarios, limas, parches curita, agujas, libros de cocina. Creo que a lo largo de mis años como usuaria del transporte público he comprado casi todo lo que se puede adquirir en una micro. Para qué contar las cosas de cuneta, seguro que son muchas más.

Si de la calle tengo muchas historias, estos personajes de micro son una fuente aún mejor, un recurso casi inagotable que me hace llorar de la risa, antes de poder terminar un relato.

Son tantos esos pedacitos, esos fragmentos que guardo, que no sabía como resumirlo en uno o dos posts, hasta que escuché “Callejero”, canción que forma parte del último trabajo de la banda Juana Fe, “Afrorumba chilenera”. Y el video, ufff, está “padrísimo”, congruente, contundente, consecuente. A Juanito Ayala, el vocalista, lo conocí hace unos dos años junto a mi amiga Clarita en Naitún. Entonces me cayó bien. Ahora me cae mucho mejor.
“Por encargo de Importadora Internacional me he subido esta tarde a esta micro para ofrecerle una promoción quenunca puede faltar en el bolsillo del varón, en la cartera de la dama. Son cuatro lapicitos de cuatro colores, mire que usted en el comercio los puede encontrar facilmente por 300 pesos cada uno, hoy por ser una promoción y por encargo de Importadora Internacional se los lleva los cuatro en 500 pesos”
Callejero / Afrorumba chilenera / Juana Fe / 2007


“Cuando lo pillo por la calle le digo ¡siempre le digo! Que wen estilo llegan a encontrar ¡siempre le digo! Callejero ambulante, vendedor ambulante. Lleve de lo bueno. Lleve de lo bueno caballero de lo bueno. Tengo un amigo que es vendedor ambulante, vende de todo donde sea que se plante. Si es necesario se viste elegante y hace lo que sea con tal que nadie lo mande. Cuando lo pillo por el barrio ¡siempre le digo! Que wen estilo llegan a encontrar. Callejero ambulante, vendedor ambulante. Lleve de lo bueno, Lleve de lo bueno. Lleve de lo bueno caballero de lo bueno”
Callejero / Afrorumba chilenera / Juana Fe / 2007
La foto comercio la encontré en el Flickr de happy apple