domingo, julio 15, 2007

Un aplauso, por favor


Camino por Avenida La Paz, mientras el Cementerio General se aleja a mis espaldas. Antes recorrí por primera vez el lugar dejándome llevar por el instinto, perdiéndome entre tumbas, sintiendo el frío y el olor a flores viejas, sacando fotos, descubriendo que Manuel Montt está enterrado al lado de Antonio Varas, viendo cómo mueren los ricos, viendo cómo mueren los que tienen menos. Los pobres, muy pobres, no están aquí.

Antes con la familia, con gente vieja con cara de tener muchas historias. Todos despidiendo a la tía Sonia y mi madre, una vez más, como oradora oficial, explicando que la tía era una mujer de impronta en todo sentido, una mujer grande, excéntrica en su vestir, avanzada desde siempre en un país que viene de atrás. Una mujer que gozaba el vivir, el comer, el reír, el amar, pero que también tenía la capacidad de comprometerse y luchar por las causas más nobles y profundas, capaz de correr riesgos, capaz de abrazar la existencia pese a todo. “Puede ser trasgresor, pero quiero pedir un aplauso para ella, porque ella aplaudió la vida”, dijo mi madre.

Y mientras camino de regreso a mi casa y el cementerio, la muerte, la tía Sonia, están cada vez más lejos de mí, la aplaudo a ella, a su capacidad de gozar, de reír, de amar. Yo también quiero aplaudir. Yo también aplaudo.

As I walk down La Paz Avenue the cemetery stretches out far behind me. Moments earlier, for the first time, I had walked around the place, guided by instinct, getting lost among graves, feeling the cold, smelling the old flowers scent, taking pictures, seeing how the rich people die, seeing how those that have less die. The poor people, the very poor people, are not here. Before that, I was with the family, old people with richly storied faces. All saying good bye to aunt Sonia. My mother, once again as the official speaker, explaining that my aunt was an outstanding woman in every sense, physically large, larger than life, eccentric in her attire, ahead of her time. Aunt Sonia was a woman who enjoyed living, eating, laughing, loving, but she also had the capacity to commit herself to fight for the deepest and noblest causes, capable of taking risks and embracing her existence whatsoever. “It might be a transgression, but I want to request an applause for her, because she applauded life”, my mother said. While I walk down to my home and the cemetery, the death, aunt Sonia, stretches out of me. I applaud her, her capacity to enjoy, to laugh, to love. I also want to applaud life. And I do.

lunes, julio 09, 2007

Prom Party

Aunque no los había escuchado antes, cuando terminó el concierto y sin hacer ningún amague de “bis” la gente comenzó a levantarse de los asientos, yo me puse a chiflar y a gritar “otra-otra”, más con afán solidario que con reales ganas de escuchar a la banda otra vez.

Eran los Teleradio Donoso, era el Centro Cultural Alameda, era el sábado por la noche, era mi amiga Christine y era yo. Nosotras “un poco de todo”, ellos “chicos vintage”. En el escenario este grupo se veía como una banda de fiesta de graduación gringa de mediados de los ’50. De hecho, hacían comentarios pernos-onderos, muy ad hoc a la estética imperante y, al mismo tiempo, con un aire irreverente que los hacía muy “modernos”.

Pero, sin duda, lo más raro de todo era la simetría. El cantante estaba al centro y a cada lado un tipo crespito de ojos claros. Atrás, en la batería, otro tipo crespito, dispuesto en perfecta simetría también. Era como la Isla de la Fantasía, pero en esta oportunidad el señor el Roarke en lugar de hacerse acompañar por un hombre pequeño, lo hacía por tres crespitos que parecían trillizos.

Y la música… La música era muy pop, sonaba bien, era entretenida, pegajosa y siempre, en cada nueva canción, las melodías parecían recordarme a alguien. Un poco Los Beatles, un poco Los Tres, un poco Los Bunkers, un poco The Strokes, incluso un poco Holden.

“No puedes pasar”, me dijo un guardia gigantón. “No puedes pasar”, volvió a repetirme la encargada del lugar, cuando traté de explicarles que soy periodista, que me interesaba hacer algunas preguntas a la banda. “No se puede”, volvieron a repetir un par de veces, como si yo estuviera tratando de pedir una cita con U2 o The Police, cuando en realidad sólo quería saber si los crespitos eran trillizos o no.


“¿De qué medio eres?”, me preguntaron en la puerta. “De ninguno. Sólo tengo un sitio personal algo conocido”, dije con muchas ganas de irme a mi casa sin saber nada de los crespos. De pronto, apareció un hombre de la edad de mi padre, con cara de padre, que era el manager de la banda y, tal vez, era padre de alguno de los músicos. A modo de gran honor, me informó que me haría entrar como una “invitada” a la celebración de la banda y yo “invité” a Christine.

Ella dice que el backstage le pareció un poco pobre, porque los músicos celebraban en un lugar que era más idóneo para guardar artículos de aseo que para el festejo de un recital bueno pero sin bis. Fuera como fuera, allí me recibieron muy amables y bien dispuestos, y de inmediato me di cuenta de que los crespitos no eran hermanos. “Pero es que son muy parecidos”, les dije. “Esa era la idea, hice un casting y los elegí porque eran todos crespitos”, me dijo Alex Anwandter (voz, guitarra, piano y teclados), refiriéndose a Martín del Real (guitarra y coros), Francisco Vargas (bajo y coros) y Juan Pablo Wassaff (batería).

Los Teleradio Donoso se mostraron contentos cuando les dije que se veían como una banda de prom party, y estaban sorprendidos al saber que mi sitio web tiene mi mismo nombre. “Es como decir yo punto ce ele… ¡que buena!”. Me contaron que llevan dos años juntos, que hace poco presentaron “Gran Santiago”, su disco debut, y que efectivamente tenían influencias de muchos grupos.

Christine y yo nos despedimos de la banda y, cuando salimos nuevamente al espacio abierto del Centro Cultural Alameda, fuimos abordadas por unas fans enardecidas. “¡¡Dime, dime, ¿estuviste con ellos?!!”. “Bueno, sí”. “¿Y qué te dijeron? ¿Son buena onda?”. “Bueno, sí”. “Oye y por dónde van a salir los Teleradio, ¿van a salir por acá o por atrás?”. “No sé”. Y mientras las fans insistían en interrogarnos, miré a Christine y le pregunté si ese lugar tenía “por atrás”. “No sé”, respondió.

Me confundí. ¿Por qué nadie grito un “bis”, nadie grito “otra-otra”, nadie vitoreó seis veces a esta banda, si resulta que tenían fanáticos tan comprometidos? Entonces miré a mi alrededor y vi un montón de personas de distintas edades y noté que todos lucían pernos-onderos y que todos fantaseaban con su banda escapando “por atrás” en una limusina o abordando un helicóptero.

Y descubrí que allí la única auténticamente perna, auténticamente vintage y auténticamente digna de prom party era yo, que había chiflado y gritado “otra-otra”, porque eso, incluso en una banda con fans, ya no se usa. Eso si que es perno.

jueves, julio 05, 2007

Fin de semana para mí

Salí de la casa pasado el medio día sin nada en el estómago. Era domingo y me había propuesto comer algo por ahí, en la calle, y regalarme una tarde de museo, sola, pues ninguno de mis amigos quiso abandonar el flojeo dominguero para ir conmigo a ver la selección de la Bienal de Sao Paulo al MAC de la Quinta Normal.

Al dar vuelta a la esquina vi una pareja, obviamente de gringos, muy perdidos. Eran granjeros neozelandeses de unos 50 años (sólo a mí me pasan estas cosas). Mary y Kelvin habían arribado a Chile la noche del sábado, llegaron al aeropuerto sólo con un par de mochilas, sin reserva de hotel ni un plan preconcebido, su único horizonte era llegar por tierra hasta Uruguay para ver unas granjas que estaban a la venta. Decidieron alojar en el primer hotelucho que les ofrecieron y andaban con cara de felicidad y listos para que los asaltaran con cámara y cartera hacia atrás.

Cuando los encontré trataban de entenderse a través de señas con un taxista para que los llevara esa noche al aeropuerto a recoger a otro amigo. Los ayudé, les expliqué un par de cosas y les dije que resultaría muy limitante moverse sólo con dólares un fin de semana largo en la capital. Después de una hora con mis amigos granjeros, de haberles cambiado unos pocos dólares por plata chilena, de quedar invitada al campo neozelandés y conocer por fotos a toda la familia de Mary y Kelvin, por fin seguí camino al museo.

Las obras resultaron ser muy interesantes, pero el hambre limitó considerablemente mi capacidad de análisis. En todo caso destaco el trabajo de los papeles recortados en China rescatando el imaginario artístico popular; un video con cantantes brasileños contando la historia de un japonés que viaja por el mundo con su pulpo, a quienes acababan de conocer (al artista y al pulpo); los dibujos sobre buenas, mediocres y malas ideas, de la boliviana Narda Alvarado; el notable baile de la vedette en el trabajo del australiano Shaun Gladwell (qué ganas de bailar así… ya lo dije alguna vez, todas queremos ser vedettes); las fotos de Pieter Hugo en África; los autorretratos de la cubana Ana Mendieta y la reflexión sobre el rol de la mujer de la coreana Sanghee Song.

Salí del museo con fatiga y comencé a caminar por la calle Compañía. Casi en la esquina con Maipú, me encontré con una casa que se había incendiado la noche anterior. Lo supe porque aún tenía olor a quemado y el agua chorreaba por todas partes. Entré a sacar fotos imaginándome corresponsal de guerra, rezando por que la gente que habitaba allí pueda reconstruir su vida pronto. Más allá, la Peluquería Francesa y todos los posibles lugares para comer, aparecían cerrados a mi paso. Compré un Súper 8 para tener energías y seguir caminado. De pronto me encontré con un lugar al que siempre había querido ir y estaba abierto, el Per Piacere, un sitio que está entre restaurante italiano y wine bar.

Eran las 6 de la tarde cuando decidí almorzar, me invité unos capeletti, mucha agua con hielo, un cheescake de frambuesa y la lectura del diario hasta las 9. Estaba simpatica yo el domingo, así que lo pasé estupendo conversando conmigo misma, en voz bajita, por supuesto, para que no se den cuenta de que estoy loca. Después, seguí caminando mientras reflexionaba mi decisión para el feriado, el cambio físico más grande que he tenido en los últimos años: cortarme el pelo en forma radical.

El lunes por tarde fuimos con Liú a la casa de Pablo, diseñador y peluquero, quien estudió cada unas de mis mechas hasta comenzar a usar sus tijeras como en esos programas de cambio de look que dan en la tele. Me convenció de que una melena no me quedaría bien y me aplicó un corte “de autor”, que me hace ver moderna y muyyyy joven. Esto lo supe cuando me miré al espejo y me encontré con la Nueva Paloma. Todavía no la conozco mucho y aún estoy decidiendo si nos llevamos bien.


NewPaloma again
Originally uploaded by palomabay
No me cortaba el pelo desde los 14 años!
Mis amigas dicen que me veo muy moderna o europea.
Mi mamá dice que me veo más niñita, incluso menor que 20 y tengo 30 !!!!
Incluso dicen que me veo más flaca (mentira)
Yo encuentro que:
Me queda bien, pero no soy yo.
Perdí condiciones para ser feme fatal y ahora ando a la moda pero más asexuada
Se me vé la nariz más gorda
Me están saliendo espinillas en la frente... Mmm sí, estoy más joven. Jajajaja.

viernes, junio 29, 2007

Felipe otra vez


A mí me encanta viajar y a él también. Él es Felipe, mi hermano. Pese a lo que dicen los científicos de mis post anterior, el es el segundo, pero es el que posee el mayor coeficiente intelectual de los cinco hermanos o, al menos, nos tiene convencidos de eso.


A mí me encanta viajar, pero él viaja mucho, mucho más que yo. De hecho, hace tres años Felipe estaba estudiando en Japón y se hizo un sitio web muy lindo que se llamaba “Lost in Translation”, donde contaba sus aventuras niponas. También allí supimos de sus viajes a China y Tailandia.

Yo quería tener un sitio tan lindo como el de él y así, en junio de 2004 nació mi blog, “Con los Ojos en la Calle”… Ya que yo no podía hablar de Tokio o Shanghai, me dedique a contar sobre el Paseo Ahumada, Ñuñoa y el Río Mapocho.

Cuando volvió a Chile, Felipe dejó su blog bastante botado, pero se entiende porque estaba metido en miles de proyectos, como terminar de estudiar Ingeniería Informática y entregar su tesis sobre usos educacionales de la tecnología. Además empezó a ser profe de la universidad. Me imagino a “las niñitas”… Si no fuera mi hermano y lo viera parado al frente de la clase yo suspiraría “todo el rato”… es un rico!

En fin. Antes de Japón, Felipe había ido a Europa y recorrido parte de Latinoamérica. Después de estudiar en la Universidad de Waseda, entre estudios y proyectos laborales, siguió viajando a Israel y Estados Unidos. Incluso, estuvo Sillicon Valley.

Pero además de la admiración que siento por él, lo quiero desde la esencia misma del regaloneo, me encanta que me tenga paciencia, que siga guardando una bicicleta que nunca usé, que durmamos siesta juntos y hacerle cariño en su pelo. Sí, suena incestuoso, lo sé. Jajaja.

Me cae bien el Felipe. Y… bueno, por qué estoy contando todo esto, que tiene poco de calle y mucho de alma? Mmmmm… Ah, porque el perla anda viajando nuevamente. Una vez más está en Israel y, aunque serán sólo algunas semanas, parece que está volviendo a escribir y sus historias son muyyyy entretenidas (y bilingües). Espero que lo disfruten como lo hago yo.


La Máquina :: Todos formamos parte de ella
http://blog.baytex.net

lunes, junio 25, 2007

Notas del día (Chistosilla)

Esta es una noticia del jueves, pero recién lo leí hoy: “Estudio señala que los hermanos mayores tienen mayor coeficiente intelectual”. Lo sabía!!! (Soy la mayor de 5, así que debo ser muy, pero muy inteligente).

El viernes fui a ver la película El Perfume, basada en mi libro favorito, y me gustó harto, gracias JFE. Era todo tal cual me lo había imaginado cuando leí la novela, menos el protagonista, porque en el texto era muy tullido y en el filme, todo guapo.

Ayer visité el Cajón del Maipo con Pablo/T y estuvo increíble. Un día precioso, subimos hasta muy arriba, estaba todo blanco, comimos nieve y nos tiramos nieve, se me congelaron las manos, dos horas de taco de vuelta, terminamos cenando Lomo a lo Pobre en el Galindo. ¿Qué tal? (Ya se vienen las fotos).


Dato geeky-nerd-perno-ganso: como si me sobrara el tiempo, estoy probando Twitter, un sistema de microblogging en que uno puede escribir todo el rato lo que está haciendo en ese minuto. Se supone que todos se leen con todos, pero todavía no entiendo para que sirve. Camus me dice que lo encuentra inútil y que sólo serviría para cosas como saber dónde está el junior de tu oficina o ir siguiendo el resultado de una elección. Guaquil escribe ahí todo el rato. Raro. Si alguien entiende, que por favor me explique. También estoy medio peleada con Del.icio.us y reconciliándome con Google Calendar. Me superó la tecnología.

A propósito, tengo ganas de hacer un nuevo podcast, pero no tengo tiempo, se me quedó el micrófono en la casa de mi profe de inglés y no se me ocurre el tema. Pero es un compromiso para julio (el mes de julio) ¿Alguna idea?

En la Portales el jueves van a hacer el primer encuentro chileno de Stand Up Comedy. Dedicarme a eso es mi sueño frustrado. ¿Seré lo suficientemente chistosa para hacerlo? No creo, de hecho soy bien fome y mis amigos se ríen de mis historias por caridad. Lo sé. (Esto es falsa modestia para que ellos digan, “no Paloma, tú eres genial”, y alimenten mi ego en el día de hoy… Pero de verdad soy muy fome).

Hablando de chistes, otra historia de Mónica, mi amiga argentina que enseña español en China. Ella dice que hay dos cosas que hacen felices a sus alumnos: las golosinas y los chistes.

“Realmente se ríen con ganas cuando les cuento que mi marido me espera y les muestro la foto de Antonio Banderas, que tengo un hijo pero que en este momento no me acuerdo en que país lo dejé estudiando y que ahora soy una laoshi (maestra) con un par de novios, no siempre chinos, por supuesto, ¡y les muestro las fotos de Richard Clayderman y de José Luis Vélez!

Pero en uno de los grupos, la broma no funcionó, sobre todo la parte del hijo perdido y olvidado. Cuando lo dije por primera vez uno de ellos gritó… REALLY? Y después de que les expliqué el chiste, después de que se los volví a explicar y les dije que era sólo una broma para activar vocabulario, después de que sí, toda la clase largó una risotada limpia y amplia, después del aula vacía y llena de figuritas con caras extrañas pegadas al pizarrón, Wang Tei volvió preocupado y preguntó:

- Laoshi… ¿Usted tiene mamá?
- ¡Sí, claro!
- ¿Y si le pregunta a ella? ¡Seguro que sabe donde esta su hijo!”


Aquí escribes el resto del contenido que no se vera.

*Foto de James Oligney en Flickr

miércoles, junio 20, 2007

Mi dentista y yo


No se trata de la obsesión con los dientes separados, aunque tal vez tenga algo que ver.

La historia comienza así: principios de los ochentas, por el vidrio que hay en la puerta podría ser el despacho de un detective privado, pero es sólo la consulta de mi dentista en el centro de Santiago. Estoy sentada junto a mi abuela Nena en una sala de espera lúgubre. Mientras oigo los chillidos de otro niño, mi vista se fija en una de las ilustraciones que adornan los muros. Todas ellas muestran a niños sufriendo en el dentista. Tal vez a alguien le pareció divertido el sarcasmo. A mí no. Lily, mi dentista, es amiga de mi abuela y es una señora tan vieja como la Nena. Se supone que es moderna, que tomó cursos para lograr que los niños se relajen mediante técnicas de respiración, pero ninguno de sus métodos surte efecto cuando veo su mano algo temblorosa acercándose a mi boca. Lily tiene una enfermedad de abuela que la hace temblar, pero un centímetro antes de que la máquina toque mis dientes, su pulso se vuelve perfecto. Después de la consulta con Lily, mi abuela me lleva a tomar un jugo al “Café Paula”. Ella toma té. Esto es lo que más me gusta de ir al dentista, aunque siempre el líquido chorrea por el lado de la boca que sigue anestesiado.

Fines de los ochentas, Providencia con Pedro de Valdivia. La luz entra por todos lados a la Consulta del Caco, sobrino de mi abuela Nena y dentista también. Es buen mozo el Caco y quiere mucho a mi abuela y a mi mamá. Es menos tierno que la Lily, pero mucho más divertido. Y no tirita. De todas formas, el ruido de su máquina me da terror. Muchas veces voy con mi abuela y, cuando el Caco termina su trabajo, caminamos por “Provi” hasta el "Drugstore" y ella me deja elegir la copa de helado que yo quiera. Mi abuela pide un té y un trozo de kuchen de quesillo. Después nos vamos en taxi, porque a la Nena le gusta andar en taxi casi tanto como le gusta el cheesecake.

Por años el Caco me siguió atendiendo con la misma simpatía del primer día, tan igual, tan lo mismo como ese miedo que me da cada vez que oigo la máquina acercándose a mí, ese miedo que nació en la consulta de Lily, mientras veía las ilustraciones y escuchaba los gritos de otros niños.

Y la Nena… la Nena era “Provi”, era el jugo de melón en el “Café Paula”, era el kuchen de quesillo del “Tavelli”, era el dentista, era la siesta de los sábados. La nena era casi todos los recuerdos que tengo de mi niñez. Pero la Nena se fue en febrero y tras su partida asumí que debía hacerme mujer o, por lo menos, hacerme cargo de mis dientes, separados y todo, más allá de la familia.

Por primera vez en mi vida pesqué el teléfono y tomé una hora con un dentista que jamás había visto antes: el Dr. C. Luego de nuestras primeras citas, puedo afirmar que me encanta el Dr. C. porque es lindo, meticuloso y muy conversador. De hecho, tiene el fantástico don de entender lo que estoy pensando sin que yo deba mencionar ni una sola palabra. No podría decir sin que tenga que abrir la boca, porque en nuestras citas tengo todo el rato la boca abierta. En fin. Mientras tiene su mano y mil aparatos apoyados en mis dientes, basta que yo haga una mímica inacabada o unos balbuceos locos, para que él se vuelque a responder la más compleja de mis preguntas. En nuestros encuentros él también me plantea sus dudas, en especial con respecto a temas tecnológicos. Yo, en esta modalidad de mímica y balbuceo, le explico al Dr. C. por qué es tan importante que tenga un sitio web o, al menos, un blog. No sé si entiende a cabalidad, pero se muestra muy interesado en el tema.

El Dr. C. piensa que mis dientes separados son lindos y yo pienso que el lindo es él, porque se parece a mi papá, porque es de los hombres que entienden a las mujeres con solo mirarlas, porque ya no le tengo tanto miedo a las máquinas, porque voy sola al dentista, y porque recuerdo con nostalgia los jugos, los helados, las manos temblorosas de la Lily y los niños sufriendo en unas viejas ilustraciones que cuelgan del muro de un lugar, que parece el despacho de un detective, pero en realidad es la consulta de mi dentista, a la que espero sentada junto a mi abuela Nena.

martes, junio 12, 2007

Un trozo de tiza amarilla

Ayer lo vi nuevamente. Estaba hincado junto a una de las rejas del Río Mapocho y escribía en el suelo, una vez más, de atrás hacia adelante con un trozo de tiza amarilla, mientras susurraba la misma historia.

Me acerqué con discreción pero no pude entender el significado de sus palabras. Aunque eran mis letras, estaban conjugadas en su propio idioma, tal vez una lengua única.

Seguí caminando y tomé un colectivo. El auto se detuvo en una luz roja cerca de la carretera y ahí, en un lugar de nadie, rayado en un muro decía: “SE BUCA POLOLA”. Nada más, ni siquiera un "interesadas comunicarse al…", "que me ame con locura...", "me gustan rellenitas y simpáticas...". Nada.

Entonces pensé en cómo comunicamos nuestros mundos, nuestros anhelos, lo que deseamos. Pensé en que el lenguaje está hecho para eso, para comunicar, para provocar algo en un otro. Está hecho para seducir. Pensé también que todos de algún modo vamos por la vida seduciendo al mundo, de distintas formas, en distintos soportes, pero seduciéndolo al fin.

Muchos usamos las mismas letras, incluso ciertas veces el mismo idioma, pero cada cual lo hace a su manera. Algunos ponen sus pensamientos en Internet, como una botella que se va flotando mar adentro; otros eligen un muro para soñar con el fin de la soledad, proponiendo palabras que se enuncian ya solas, y hay quienes escriben su historia y seducen al mundo de atrás para adelante, con tiza amarilla y un lenguaje que sólo ellos entienden.

lunes, junio 11, 2007

Déjà vu


De pronto descubrí que estas imágenes tenían cosas en común, que tenían cosas parecidas y muy parecidas.

Muchas veces pensamos que somos más evolucionados que las generaciones anteriores, que tenemos los temas más resueltos… Esto es cierto en algunos aspectos y, en otros, las cosas antes de seguro eran muchísimo mejores.

Sea como sea, hay elementos que no cambian, que se repiten, que -marcados en nuestro ADN- se presentan una y otra y otra vez en la historia de una familia: en gestos y risas, en la forma de caminar, en las manos y en muchas otras cosas.

La evidencia está aquí, en estas fotos, tan fuerte como en nuestros huesos y en nuestra sangre.

martes, junio 05, 2007

Lo que no veo de mí

La cara que veo en el espejo no es la misma que ves tú, tampoco es la misma que ven ellos, sin embargo sigo siendo yo. O al menos lo que yo percibo de mí.

No. Nunca sonrío con la boca abierta frente al espejo. No, tampoco lo hago en las fotos. Por eso, la idea que tengo de mí es con la boca cerrada. Entonces es una imagen rara, porque nunca soy así, hablo todo el tiempo, me río mucho, grito, canto, todas cosas que requieren tener la boca abierta –o muy abierta- cosas que muestran mis dientes separados y otra forma de mi cara, que no es la que tengo para mí.

Es así con todas las cosas que vemos, a la imagen real de las cosas se suma la carga que ponemos en ellas, la carga emotiva, moral o estética que les damos, carga que a su vez está dada por nuestra experiencia.

O la omisión de algo que no sabemos, de un dato que nos falta al valorar la imagen, en este caso, la omisión de mis dientes separados, de cosas que otros ven en mí, desde fuera, no desde el otro lado del espejo, sino enfrentándome en mi realidad, en la tuya, en la de ellos.

Paloma según James, pincha aquí

miércoles, mayo 30, 2007

Notas del día

La mayoría de mis calcetines están huachos. Estoy convencida de que mi lavadora come calcetines. Creo que voy a hacer títeres y una pelota para jugar al tombo.

En la calle una pareja iba caminando detrás de mí y escucho que él dice “… odio la tecnología”. No sé cómo ni por qué, pero me perturbó.

El Mapocho está seco y no tengo paragua ni lo necesito.

Ayer me comí un Italiano en el Dominó y no estaba muy rico, no sé si por el pan frío o por la culpa que me dio el hecho de estar rompiendo mi dieta, dieta que se basa en cereales, pan con queso derretido, café y manzanas verdes, pero no en Italianos.

Viendo las fotos de Gillian y Wim, hoy me pregunté por qué los hangares de Floyd Bennett Field están abandonados, por qué no los han convertido en lujosos lofts. Y googlié y me respondí sola: ubicado en Brooklyn, se trata del primer aeropuerto municipal de la ciudad de Nueva York. El sitio fue donado como lugar histórico al Servicio Nacional de Parques de EE.UU., así que esta enorme área, tan cerca de Manhattan, no puede ser intervenida. Al igual que las salitreras del norte, se trata de un lugar encantado, mágico, donde el tiempo se detuvo.Las fotos de Wim son un lujo (pincha aqií). Más fotos acá.

“Las señoritas de Aviñón” cumplen 100 años. Este cuadro que Picasso pintó varias veces sobre el mismo lienzo cambiando los elementos y las formas, este cuadro que marcó un hito en la historia del arte contemporáneo, este cuadro que está en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (Moma) y que, hace justo seis semanas, estuve mirando por más de media hora, mirando a las señoritas y mirando cómo la gente las miraba (así).

Otro aniversario: “Annie Hall” de Woody Allen cumple 30 años. Hace algunos días la vi entera en inglés, sin subtítulos, y me puse tan contenta porque entendí casi todo, porque me reí tanto, porque me creí Annie Hall, porque me creí Woody Allen y porque, sin leer las letritas, pude mirar cada uno de los detalles que la película muestra de Manhattan.

Alvy Singer (voz en off): “… Fue maravilloso ver a Annie nuevamente y me di cuenta de la estupenda persona que ella era y qué entretenido fue el solo hecho de haberla conocido y pensé en ese viejo chiste, ustedes saben, ese en que un tipo va al psiquiatra y le que dice: Doctor, mi hermano está loco, piensa que es una gallina. Y el doctor le responde: ¿Por qué no lo interna en un manicomio? Y el tipo le dice: “Lo haría, pero necesito los huevos”. Bueno, yo creo que eso es, más o menos, lo que pienso sobre las relaciones de pareja. Ustedes saben que son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero... supongo que continuamos manteniéndolas porque, la mayoría de nosotros necesita los huevos”.

lunes, mayo 28, 2007

Serendipias

Después de una ardua jornada de consumismo en “Bath Bed and Beyond”, una maravillosamente adictiva tienda de Manhattan, decidí volver a “Serendipity 3”, el “café-house-boutique” por fuera del cual había pasado algunas horas antes. Como en una pesadilla, caminé a la deriva creyendo recordar donde estaba. Di vueltas en círculos por el barrio, hasta que una mujer me indicó las coordenadas: calle 60 entre la 1ª y la 2ª avenida. Y, sin serendipias mediante, llegué al lugar que, abarrotado de gente, me pareció muy francés, muy encantador, pero con demasiados productos de mercadeo para ser adorable.

El enamoramiento con este restaurante vino a placé, cuando después de muchos esfuerzos infructuosos por encontrarla, este fin de semana ví “Serendipity”, la película que Roberto Arancibia había recomendado en su blog hace tres años y una de las pocas comedias románticas que me faltaba ver. En los diez primeros minutos la película se situó en mi lista “Top 10” de comedias románticas, mi género favorito del séptimo arte… No el mejor, pero el que más disfruto. El film trascurre en esta cafetería y en muchos otros lugares de Manhattan, donde los protagonistas viven increíbles coincidencias que entrelazan sus vidas, es decir serendipias.

Este concepto, que de hecho se refiere a la aptitud para hacer descubrimientos afortunados y valiosos accidentalmente, tiene su origen en la palabra simhalad-vipa, un vocablo derivado del sánscrito que ara el antiguo nombre de Ceilán, actualmente Sri Lanka. Allí -formando parte de Las Mil y Una Noches- transcurre la historia de tres príncipes que debían viajar y solucionar problemas para aprender a gobernar su reino en el futuro. Mientras intentaban resolver las interrogantes que ellos mismos se habían planteado, encuentran casualmente respuestas a otros problemas mucho más grandes. En el siglo XVIII, durante uno de sus viajes por Asia, el escritor inglés Horace Walpole escuchó este relato y decidió traducirlo, acuñando el término Serendipity.

Entonces las serendipias nos hablan de un destino marcado por la buena fortuna, de las leyes del Universo guiando nuestras vidas de un modo feliz, de señales a las que debemos prestar atención para obtener resultados positivos. En este cuadro ¿tienen algún peso las decisiones que uno toma para que las cosas pasen? ¿O el destino ocurrirá de todas formas aunque no hagamos grandes esfuerzos? ¿Qué tan casuales son realmente las casualidades?

Últimamente yo estoy moviendo las piezas (tal vez sin darme cuenta siempre lo hice) y de todas formas mi vida parece estar llena de serendipias. Casualidades, coincidencias, destino y felicidad, son cosas… Sí, cosas, y soy una convencida de que uno hace que las cosas pasen.

martes, mayo 22, 2007

Conjugar en chino

Mónica está en China. Mónica es mi amiga, viajó a China y está allá enseñando español a un grupo de chinos en un pequeño pueblo que se llama Tongling. A este grupo de chinos les gustaría aprender español y por eso lo están estudiando en una universidad de Tongling. Mónica ha vivido en Tongling durante un año. Ella seguirá enseñando en la universidad por algún tiempo más.

Conjugo los verbos, los tiempos y conjugo a Mónica como a un misterio en esa tierra lejana, donde la vida se conjuga en formas distintas a la nuestra (tal vez no tan distintas):

“Hace dos días invité a comer a un laoshi (maestro) de la universidad, el único que me habla en inglés”, me cuenta Mónica. Y sigue... “Llegó a casa y mientras degustaba mis tallarines con carnecita y un tuquito espectacular que inventé en China con ingredientes también chinitos (para chuparse los dedos) me dijo en perfecto ingles:

L: Así que usted pintó la escalera del edificio. Me enteré por sus alumnos.
M: Sí, sí, es que el edificio estaba hecho un desastre, y bueno, se me ocurrió un gesto, pintar la escalera, hacer algo bueno por los vecinos.
L: ¡Ah! ¿Usted no piensa quedarse a vivir acá?
M: ¡No, claro que no!
L: Ah (piensa un rato) o sea que usted se va y deja la escalera pintada…
M: (Risas mías, obvio) claro ¡sure, sure!
L: Ahhhhhh (el profesor, siempre dice ahhhhhh, porque imita mis onomatopeyas, le gustan, me dijo). Pero sabe, eso no es muy chino que digamos.
M: ¿¿¿??? (Cara de pregunta)
L: No. No se puede hacer cosas así, sin interés, usted tiene que hacer las cosas con un motivo.
M: Pero el motivo es que la gente precisa vivir bien, entre cosas bonitas.
L: No, no, no. Hablo de un motivo serio, de un motivo contundente
M: ¡La belleza!
L: ¡Pero ese no es un motivo!
M: ¿¿¿??? (Cara de pregunta)
L: Digamos que los chinos queremos ser felices y lo somos de las puertas para adentro. ¿Para qué pintar algo que es común a todos? Para eso está el Partido.
M: ¿El Partido?
L: Claro, lo común es de todos. O sea de otros. Seguramente hay alguien que debe pintar la escalera.
M: ¡Pero es que todo está hecho un desastre! (Puse cara de desastre y dije puaj).
L: Bueno, pero hay que poner el dinero en la casa propia. Nadie en China haría una cosa como la usted hizo acá. Mire, yo le voy a decir lo que es importante para un chino y recuérdelo ¿si? Tener un hijo, tener una casa, tener un auto y tener dinero. Si el hijo es varón, si el auto es grande, si la casa es propia y si el dinero es mucho, es fabuloso. Porque, dígame laoshi Mónica, ¿acaso existe otra felicidad?”.