lunes, junio 25, 2007

Notas del día (Chistosilla)

Esta es una noticia del jueves, pero recién lo leí hoy: “Estudio señala que los hermanos mayores tienen mayor coeficiente intelectual”. Lo sabía!!! (Soy la mayor de 5, así que debo ser muy, pero muy inteligente).

El viernes fui a ver la película El Perfume, basada en mi libro favorito, y me gustó harto, gracias JFE. Era todo tal cual me lo había imaginado cuando leí la novela, menos el protagonista, porque en el texto era muy tullido y en el filme, todo guapo.

Ayer visité el Cajón del Maipo con Pablo/T y estuvo increíble. Un día precioso, subimos hasta muy arriba, estaba todo blanco, comimos nieve y nos tiramos nieve, se me congelaron las manos, dos horas de taco de vuelta, terminamos cenando Lomo a lo Pobre en el Galindo. ¿Qué tal? (Ya se vienen las fotos).


Dato geeky-nerd-perno-ganso: como si me sobrara el tiempo, estoy probando Twitter, un sistema de microblogging en que uno puede escribir todo el rato lo que está haciendo en ese minuto. Se supone que todos se leen con todos, pero todavía no entiendo para que sirve. Camus me dice que lo encuentra inútil y que sólo serviría para cosas como saber dónde está el junior de tu oficina o ir siguiendo el resultado de una elección. Guaquil escribe ahí todo el rato. Raro. Si alguien entiende, que por favor me explique. También estoy medio peleada con Del.icio.us y reconciliándome con Google Calendar. Me superó la tecnología.

A propósito, tengo ganas de hacer un nuevo podcast, pero no tengo tiempo, se me quedó el micrófono en la casa de mi profe de inglés y no se me ocurre el tema. Pero es un compromiso para julio (el mes de julio) ¿Alguna idea?

En la Portales el jueves van a hacer el primer encuentro chileno de Stand Up Comedy. Dedicarme a eso es mi sueño frustrado. ¿Seré lo suficientemente chistosa para hacerlo? No creo, de hecho soy bien fome y mis amigos se ríen de mis historias por caridad. Lo sé. (Esto es falsa modestia para que ellos digan, “no Paloma, tú eres genial”, y alimenten mi ego en el día de hoy… Pero de verdad soy muy fome).

Hablando de chistes, otra historia de Mónica, mi amiga argentina que enseña español en China. Ella dice que hay dos cosas que hacen felices a sus alumnos: las golosinas y los chistes.

“Realmente se ríen con ganas cuando les cuento que mi marido me espera y les muestro la foto de Antonio Banderas, que tengo un hijo pero que en este momento no me acuerdo en que país lo dejé estudiando y que ahora soy una laoshi (maestra) con un par de novios, no siempre chinos, por supuesto, ¡y les muestro las fotos de Richard Clayderman y de José Luis Vélez!

Pero en uno de los grupos, la broma no funcionó, sobre todo la parte del hijo perdido y olvidado. Cuando lo dije por primera vez uno de ellos gritó… REALLY? Y después de que les expliqué el chiste, después de que se los volví a explicar y les dije que era sólo una broma para activar vocabulario, después de que sí, toda la clase largó una risotada limpia y amplia, después del aula vacía y llena de figuritas con caras extrañas pegadas al pizarrón, Wang Tei volvió preocupado y preguntó:

- Laoshi… ¿Usted tiene mamá?
- ¡Sí, claro!
- ¿Y si le pregunta a ella? ¡Seguro que sabe donde esta su hijo!”


Aquí escribes el resto del contenido que no se vera.

*Foto de James Oligney en Flickr

miércoles, junio 20, 2007

Mi dentista y yo


No se trata de la obsesión con los dientes separados, aunque tal vez tenga algo que ver.

La historia comienza así: principios de los ochentas, por el vidrio que hay en la puerta podría ser el despacho de un detective privado, pero es sólo la consulta de mi dentista en el centro de Santiago. Estoy sentada junto a mi abuela Nena en una sala de espera lúgubre. Mientras oigo los chillidos de otro niño, mi vista se fija en una de las ilustraciones que adornan los muros. Todas ellas muestran a niños sufriendo en el dentista. Tal vez a alguien le pareció divertido el sarcasmo. A mí no. Lily, mi dentista, es amiga de mi abuela y es una señora tan vieja como la Nena. Se supone que es moderna, que tomó cursos para lograr que los niños se relajen mediante técnicas de respiración, pero ninguno de sus métodos surte efecto cuando veo su mano algo temblorosa acercándose a mi boca. Lily tiene una enfermedad de abuela que la hace temblar, pero un centímetro antes de que la máquina toque mis dientes, su pulso se vuelve perfecto. Después de la consulta con Lily, mi abuela me lleva a tomar un jugo al “Café Paula”. Ella toma té. Esto es lo que más me gusta de ir al dentista, aunque siempre el líquido chorrea por el lado de la boca que sigue anestesiado.

Fines de los ochentas, Providencia con Pedro de Valdivia. La luz entra por todos lados a la Consulta del Caco, sobrino de mi abuela Nena y dentista también. Es buen mozo el Caco y quiere mucho a mi abuela y a mi mamá. Es menos tierno que la Lily, pero mucho más divertido. Y no tirita. De todas formas, el ruido de su máquina me da terror. Muchas veces voy con mi abuela y, cuando el Caco termina su trabajo, caminamos por “Provi” hasta el "Drugstore" y ella me deja elegir la copa de helado que yo quiera. Mi abuela pide un té y un trozo de kuchen de quesillo. Después nos vamos en taxi, porque a la Nena le gusta andar en taxi casi tanto como le gusta el cheesecake.

Por años el Caco me siguió atendiendo con la misma simpatía del primer día, tan igual, tan lo mismo como ese miedo que me da cada vez que oigo la máquina acercándose a mí, ese miedo que nació en la consulta de Lily, mientras veía las ilustraciones y escuchaba los gritos de otros niños.

Y la Nena… la Nena era “Provi”, era el jugo de melón en el “Café Paula”, era el kuchen de quesillo del “Tavelli”, era el dentista, era la siesta de los sábados. La nena era casi todos los recuerdos que tengo de mi niñez. Pero la Nena se fue en febrero y tras su partida asumí que debía hacerme mujer o, por lo menos, hacerme cargo de mis dientes, separados y todo, más allá de la familia.

Por primera vez en mi vida pesqué el teléfono y tomé una hora con un dentista que jamás había visto antes: el Dr. C. Luego de nuestras primeras citas, puedo afirmar que me encanta el Dr. C. porque es lindo, meticuloso y muy conversador. De hecho, tiene el fantástico don de entender lo que estoy pensando sin que yo deba mencionar ni una sola palabra. No podría decir sin que tenga que abrir la boca, porque en nuestras citas tengo todo el rato la boca abierta. En fin. Mientras tiene su mano y mil aparatos apoyados en mis dientes, basta que yo haga una mímica inacabada o unos balbuceos locos, para que él se vuelque a responder la más compleja de mis preguntas. En nuestros encuentros él también me plantea sus dudas, en especial con respecto a temas tecnológicos. Yo, en esta modalidad de mímica y balbuceo, le explico al Dr. C. por qué es tan importante que tenga un sitio web o, al menos, un blog. No sé si entiende a cabalidad, pero se muestra muy interesado en el tema.

El Dr. C. piensa que mis dientes separados son lindos y yo pienso que el lindo es él, porque se parece a mi papá, porque es de los hombres que entienden a las mujeres con solo mirarlas, porque ya no le tengo tanto miedo a las máquinas, porque voy sola al dentista, y porque recuerdo con nostalgia los jugos, los helados, las manos temblorosas de la Lily y los niños sufriendo en unas viejas ilustraciones que cuelgan del muro de un lugar, que parece el despacho de un detective, pero en realidad es la consulta de mi dentista, a la que espero sentada junto a mi abuela Nena.

martes, junio 12, 2007

Un trozo de tiza amarilla

Ayer lo vi nuevamente. Estaba hincado junto a una de las rejas del Río Mapocho y escribía en el suelo, una vez más, de atrás hacia adelante con un trozo de tiza amarilla, mientras susurraba la misma historia.

Me acerqué con discreción pero no pude entender el significado de sus palabras. Aunque eran mis letras, estaban conjugadas en su propio idioma, tal vez una lengua única.

Seguí caminando y tomé un colectivo. El auto se detuvo en una luz roja cerca de la carretera y ahí, en un lugar de nadie, rayado en un muro decía: “SE BUCA POLOLA”. Nada más, ni siquiera un "interesadas comunicarse al…", "que me ame con locura...", "me gustan rellenitas y simpáticas...". Nada.

Entonces pensé en cómo comunicamos nuestros mundos, nuestros anhelos, lo que deseamos. Pensé en que el lenguaje está hecho para eso, para comunicar, para provocar algo en un otro. Está hecho para seducir. Pensé también que todos de algún modo vamos por la vida seduciendo al mundo, de distintas formas, en distintos soportes, pero seduciéndolo al fin.

Muchos usamos las mismas letras, incluso ciertas veces el mismo idioma, pero cada cual lo hace a su manera. Algunos ponen sus pensamientos en Internet, como una botella que se va flotando mar adentro; otros eligen un muro para soñar con el fin de la soledad, proponiendo palabras que se enuncian ya solas, y hay quienes escriben su historia y seducen al mundo de atrás para adelante, con tiza amarilla y un lenguaje que sólo ellos entienden.

lunes, junio 11, 2007

Déjà vu


De pronto descubrí que estas imágenes tenían cosas en común, que tenían cosas parecidas y muy parecidas.

Muchas veces pensamos que somos más evolucionados que las generaciones anteriores, que tenemos los temas más resueltos… Esto es cierto en algunos aspectos y, en otros, las cosas antes de seguro eran muchísimo mejores.

Sea como sea, hay elementos que no cambian, que se repiten, que -marcados en nuestro ADN- se presentan una y otra y otra vez en la historia de una familia: en gestos y risas, en la forma de caminar, en las manos y en muchas otras cosas.

La evidencia está aquí, en estas fotos, tan fuerte como en nuestros huesos y en nuestra sangre.

martes, junio 05, 2007

Lo que no veo de mí

La cara que veo en el espejo no es la misma que ves tú, tampoco es la misma que ven ellos, sin embargo sigo siendo yo. O al menos lo que yo percibo de mí.

No. Nunca sonrío con la boca abierta frente al espejo. No, tampoco lo hago en las fotos. Por eso, la idea que tengo de mí es con la boca cerrada. Entonces es una imagen rara, porque nunca soy así, hablo todo el tiempo, me río mucho, grito, canto, todas cosas que requieren tener la boca abierta –o muy abierta- cosas que muestran mis dientes separados y otra forma de mi cara, que no es la que tengo para mí.

Es así con todas las cosas que vemos, a la imagen real de las cosas se suma la carga que ponemos en ellas, la carga emotiva, moral o estética que les damos, carga que a su vez está dada por nuestra experiencia.

O la omisión de algo que no sabemos, de un dato que nos falta al valorar la imagen, en este caso, la omisión de mis dientes separados, de cosas que otros ven en mí, desde fuera, no desde el otro lado del espejo, sino enfrentándome en mi realidad, en la tuya, en la de ellos.

Paloma según James, pincha aquí

miércoles, mayo 30, 2007

Notas del día

La mayoría de mis calcetines están huachos. Estoy convencida de que mi lavadora come calcetines. Creo que voy a hacer títeres y una pelota para jugar al tombo.

En la calle una pareja iba caminando detrás de mí y escucho que él dice “… odio la tecnología”. No sé cómo ni por qué, pero me perturbó.

El Mapocho está seco y no tengo paragua ni lo necesito.

Ayer me comí un Italiano en el Dominó y no estaba muy rico, no sé si por el pan frío o por la culpa que me dio el hecho de estar rompiendo mi dieta, dieta que se basa en cereales, pan con queso derretido, café y manzanas verdes, pero no en Italianos.

Viendo las fotos de Gillian y Wim, hoy me pregunté por qué los hangares de Floyd Bennett Field están abandonados, por qué no los han convertido en lujosos lofts. Y googlié y me respondí sola: ubicado en Brooklyn, se trata del primer aeropuerto municipal de la ciudad de Nueva York. El sitio fue donado como lugar histórico al Servicio Nacional de Parques de EE.UU., así que esta enorme área, tan cerca de Manhattan, no puede ser intervenida. Al igual que las salitreras del norte, se trata de un lugar encantado, mágico, donde el tiempo se detuvo.Las fotos de Wim son un lujo (pincha aqií). Más fotos acá.

“Las señoritas de Aviñón” cumplen 100 años. Este cuadro que Picasso pintó varias veces sobre el mismo lienzo cambiando los elementos y las formas, este cuadro que marcó un hito en la historia del arte contemporáneo, este cuadro que está en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (Moma) y que, hace justo seis semanas, estuve mirando por más de media hora, mirando a las señoritas y mirando cómo la gente las miraba (así).

Otro aniversario: “Annie Hall” de Woody Allen cumple 30 años. Hace algunos días la vi entera en inglés, sin subtítulos, y me puse tan contenta porque entendí casi todo, porque me reí tanto, porque me creí Annie Hall, porque me creí Woody Allen y porque, sin leer las letritas, pude mirar cada uno de los detalles que la película muestra de Manhattan.

Alvy Singer (voz en off): “… Fue maravilloso ver a Annie nuevamente y me di cuenta de la estupenda persona que ella era y qué entretenido fue el solo hecho de haberla conocido y pensé en ese viejo chiste, ustedes saben, ese en que un tipo va al psiquiatra y le que dice: Doctor, mi hermano está loco, piensa que es una gallina. Y el doctor le responde: ¿Por qué no lo interna en un manicomio? Y el tipo le dice: “Lo haría, pero necesito los huevos”. Bueno, yo creo que eso es, más o menos, lo que pienso sobre las relaciones de pareja. Ustedes saben que son totalmente irracionales y locas y absurdas, pero... supongo que continuamos manteniéndolas porque, la mayoría de nosotros necesita los huevos”.

lunes, mayo 28, 2007

Serendipias

Después de una ardua jornada de consumismo en “Bath Bed and Beyond”, una maravillosamente adictiva tienda de Manhattan, decidí volver a “Serendipity 3”, el “café-house-boutique” por fuera del cual había pasado algunas horas antes. Como en una pesadilla, caminé a la deriva creyendo recordar donde estaba. Di vueltas en círculos por el barrio, hasta que una mujer me indicó las coordenadas: calle 60 entre la 1ª y la 2ª avenida. Y, sin serendipias mediante, llegué al lugar que, abarrotado de gente, me pareció muy francés, muy encantador, pero con demasiados productos de mercadeo para ser adorable.

El enamoramiento con este restaurante vino a placé, cuando después de muchos esfuerzos infructuosos por encontrarla, este fin de semana ví “Serendipity”, la película que Roberto Arancibia había recomendado en su blog hace tres años y una de las pocas comedias románticas que me faltaba ver. En los diez primeros minutos la película se situó en mi lista “Top 10” de comedias románticas, mi género favorito del séptimo arte… No el mejor, pero el que más disfruto. El film trascurre en esta cafetería y en muchos otros lugares de Manhattan, donde los protagonistas viven increíbles coincidencias que entrelazan sus vidas, es decir serendipias.

Este concepto, que de hecho se refiere a la aptitud para hacer descubrimientos afortunados y valiosos accidentalmente, tiene su origen en la palabra simhalad-vipa, un vocablo derivado del sánscrito que ara el antiguo nombre de Ceilán, actualmente Sri Lanka. Allí -formando parte de Las Mil y Una Noches- transcurre la historia de tres príncipes que debían viajar y solucionar problemas para aprender a gobernar su reino en el futuro. Mientras intentaban resolver las interrogantes que ellos mismos se habían planteado, encuentran casualmente respuestas a otros problemas mucho más grandes. En el siglo XVIII, durante uno de sus viajes por Asia, el escritor inglés Horace Walpole escuchó este relato y decidió traducirlo, acuñando el término Serendipity.

Entonces las serendipias nos hablan de un destino marcado por la buena fortuna, de las leyes del Universo guiando nuestras vidas de un modo feliz, de señales a las que debemos prestar atención para obtener resultados positivos. En este cuadro ¿tienen algún peso las decisiones que uno toma para que las cosas pasen? ¿O el destino ocurrirá de todas formas aunque no hagamos grandes esfuerzos? ¿Qué tan casuales son realmente las casualidades?

Últimamente yo estoy moviendo las piezas (tal vez sin darme cuenta siempre lo hice) y de todas formas mi vida parece estar llena de serendipias. Casualidades, coincidencias, destino y felicidad, son cosas… Sí, cosas, y soy una convencida de que uno hace que las cosas pasen.

martes, mayo 22, 2007

Conjugar en chino

Mónica está en China. Mónica es mi amiga, viajó a China y está allá enseñando español a un grupo de chinos en un pequeño pueblo que se llama Tongling. A este grupo de chinos les gustaría aprender español y por eso lo están estudiando en una universidad de Tongling. Mónica ha vivido en Tongling durante un año. Ella seguirá enseñando en la universidad por algún tiempo más.

Conjugo los verbos, los tiempos y conjugo a Mónica como a un misterio en esa tierra lejana, donde la vida se conjuga en formas distintas a la nuestra (tal vez no tan distintas):

“Hace dos días invité a comer a un laoshi (maestro) de la universidad, el único que me habla en inglés”, me cuenta Mónica. Y sigue... “Llegó a casa y mientras degustaba mis tallarines con carnecita y un tuquito espectacular que inventé en China con ingredientes también chinitos (para chuparse los dedos) me dijo en perfecto ingles:

L: Así que usted pintó la escalera del edificio. Me enteré por sus alumnos.
M: Sí, sí, es que el edificio estaba hecho un desastre, y bueno, se me ocurrió un gesto, pintar la escalera, hacer algo bueno por los vecinos.
L: ¡Ah! ¿Usted no piensa quedarse a vivir acá?
M: ¡No, claro que no!
L: Ah (piensa un rato) o sea que usted se va y deja la escalera pintada…
M: (Risas mías, obvio) claro ¡sure, sure!
L: Ahhhhhh (el profesor, siempre dice ahhhhhh, porque imita mis onomatopeyas, le gustan, me dijo). Pero sabe, eso no es muy chino que digamos.
M: ¿¿¿??? (Cara de pregunta)
L: No. No se puede hacer cosas así, sin interés, usted tiene que hacer las cosas con un motivo.
M: Pero el motivo es que la gente precisa vivir bien, entre cosas bonitas.
L: No, no, no. Hablo de un motivo serio, de un motivo contundente
M: ¡La belleza!
L: ¡Pero ese no es un motivo!
M: ¿¿¿??? (Cara de pregunta)
L: Digamos que los chinos queremos ser felices y lo somos de las puertas para adentro. ¿Para qué pintar algo que es común a todos? Para eso está el Partido.
M: ¿El Partido?
L: Claro, lo común es de todos. O sea de otros. Seguramente hay alguien que debe pintar la escalera.
M: ¡Pero es que todo está hecho un desastre! (Puse cara de desastre y dije puaj).
L: Bueno, pero hay que poner el dinero en la casa propia. Nadie en China haría una cosa como la usted hizo acá. Mire, yo le voy a decir lo que es importante para un chino y recuérdelo ¿si? Tener un hijo, tener una casa, tener un auto y tener dinero. Si el hijo es varón, si el auto es grande, si la casa es propia y si el dinero es mucho, es fabuloso. Porque, dígame laoshi Mónica, ¿acaso existe otra felicidad?”.

viernes, mayo 18, 2007

La vida en diferido

Hay veces en que leyendo un libro o viendo una película encontramos grandes verdades, respuestas o imágenes que nos parece haber presenciado en nuestra propia vida. Es cursi, pero es verdad.

Esto me pasó el otro día cuando, saltando de canal en canal, me encontré con “La suerte está echada”, un filme del argentino Sebastián Borensztein.

La película muestra varios argumentos ingeniosos, pero lo que más me gustó fueron los diálogos que se establecen entre Guillermo y su profesor de tango, Laurencio.

Guillermo quiere conquistar a una mujer que sólo ha visto una vez. Laurencio no sólo le enseña que bailar es caminar con una mujer clavada en el pecho; que a las mujeres no les interesa que les hagan ganchos, firuletes, boleos, lo que quieren es un hombre que las abrace de verdad, sino que además le muestra otras de sus teorías para la vida… y vaya que teorías.

No estoy completamente segura qué fue lo que eligió la vida para mi evolución, pero lo averiguaré.

G: Quiero aprender a bailar tango.
L: ¿Y por qué hoy y no hace un año o dentro de dos meses?
G: En realidad quiero aprender a bailar tango para acercarme a una mujer.
L: Ahora me gusta más…
G: Fue en una milonga. Ella se quedó esperando que yo la sacara a bailar, pero cómo no sé bailar, me quedé ahí, parado.
L: Decime, ¿vos sos de los que empujan o de los que fluyen?… ¿Vos empujas para que las cosas pasen o fluis con las cosas que pasan? G: En realidad sólo sé que tengo que bailar tango, porque a ella no la conozco, no sé quién es, pero sé que si no aprendo no va a andar…
L: Para mí, sea lo que sea, ya ocurrió. Esa mujer y vos ya están juntos, o no. ¿Te grafico mi pensamiento? Los domingos yo me la paso bailando todo el día y estoy encerrado aquí. Así que, qué pasa en el mundo, qué pasa afuera, yo no lo sé. Pero en la noche veo fútbol, en diferido, pero para mí es como si lo viera en directo, así que puteo, me alegro, me amargo, me emociono, y cuando la pelota va por el aire digo “esta entra, esta entra, esto es gol, esto es gol…” La pelota va ir a dar a donde tiene que dar y a ningún otro sitio. ¿Por qué? Porque ya pasó, ya sucedió. Sólo que como yo lo ignoro, creo que está ocurriendo mientras lo veo. El tiempo se presenta de una manera difícil de entender, para mí, vivimos la vida con la ilusión de que es un evento en vivo, pero en realidad yo creo que es en diferido. Esa mujer y voz ya están juntos o no van a estar juntos nunca. Ahora tenés que aprender a bailar un poco y salir a averiguarlo.

L: ¿Cuántas mujeres tuviste en serio en tu vida?
G: Tres.
L: ¿Y cómo eran?
G: Diferentes entre sí.
L: ¿Seguro? Yo creo que en el fondo es siempre la misma. Porque es uno el que repite y repite, es muy difícil salir de la repetición. Cambia el envase, pero el esquema que atrapa es siempre el mismo. Si uno detecta la repetición, se corre, la deja pasar y zafa, ahí aparece la posibilidad de que aparezca lo que para uno es de verdad, con las minas o con lo que sea. La repetición es lo contrario a la evolución, para evolucionar hay que aprender. ¿Alguna vez tuviste que aprender algo para acercarte a una mujer?
G: No.
R: Parece que la vida eligió el tango para tu evolución.



Foto de James Oligney en Flickr

lunes, mayo 14, 2007

Cartelera de imperdibles

Yo con poco tiempo y usted seguro que puede ir a alguno de estos tres imperdibles panoramas que se realizarán esta semana en Santiago o, como dirían en La Cuarta, Ciudad Gótica.

Vaya, sea mis ojos, y después nos cuenta…

Primera parada, Galería Artium, 17 de mayo: se inaugura una exposición de dos de mis artistas chilenos favoritos Antonella Gallegos + Alex Chellew. Como todo está conectado en esta vida, mi último post tenía que ver con PERTENECER… Y la muestra de ellos se llama PERTENENCIA. Ellos son jóvenes, simpáticos y talentosos. Si alguien quiere invertir en arte, creo que comprar una de sus obras es una decisión muy acertada. (Después me pagan por la mención chiquillos, jajajaja). Galería ARTIUM / Presidente Riesco 3210, Las Condes / Teléfono (56-2) 2497177 - 249 7177 / La muestra se presenta hasta el 31 de mayo de 2007.



Segunda parada, Radio Universidad de Chile, sábado 19 de mayo a las 21:00. Más favoritos, esta vez músicos. Lo mejor del repertorio popular brasileño en vivo. Son tres luquitas a cambio de escuchar a esta banda de la cual son la presidenta del “fun-club”. Marcelo Vergara (voz), Javier Barría (guitarra eléctrica), Andrés Landon (bajo), Cristobal Tobar (batería).


Tercera y última. Museo Nacional de Bellas Artes, domingo 20 de mayo: último día para ver la exposición “Bitácora Perdida del Teniente Alejandro Bello Silva”, de mis queridos amigos Iván Godoy y Yanko Rosenmann. Se trata de un rescate de la memoria para reivindicar la figura del hombre que en 1914 despegó a bordo de su aeronave sin nunca llegar a su destino en Cartagena. La muestra se compone de 16 cuadros que simulan pizarrones negros con instrucciones de vuelo, mapas y dibujos de complejas piezas de mecánica aeronáutica. En el medio, 93 retratos de personas desaparecidas o extraviadas y, en la otra mitad, se montó una recreación filmada del último vuelo de Alejandro Bello, que permite a los espectadores experimentar “el punto de no retorno” al que llegó Bello antes de convertirse en mito. Ojo, los días domingo el Museo Nacional de Bellas Artes es gratis, el resto del tiempo cuesta sólo $600. Hay que ir.

Haré el mejor de mis intentos por aparecer aunque sea pintada o bailando en alguno de estos panoramas.

Sin más, se despide su humilde servidora.

lunes, mayo 07, 2007

De Pirque a Canudos

Pertenecer. Esa es la palabra. Cuántos realmente pertenecemos. Cuántos nos sentimos parte de algo: de una familia, de un grupo de amigos, de una religión, de un organismo, de un partido político, de una profesión.

Mis pertenencias son disgregadas. Me cuesta entrar a grupos, pero lo deseo, lo anhelo con envidia de la mala. Me gusta cuando la gente se mueve en conjunto por una causa, como una manada pensante. Pero además de algunos amigos y mi bella familia… No pertenezco ni en lo superficial ni en lo profundo. Me cuesta seguir una moda, tanto como me cuesta abrazar una causa con vehemencia, con esa fuerza de la gente que da la vida por lo que cree. Yo no le he hecho, no lo hago y no sé si lo haré.

Así, a medida que se deja ver, me ha parecido cada vez más hermosa la forma de vida que llevan los habitantes de la Comunidad Ecológica Cristiana de Pirque. Esa es la forma en que los medios han llamado a estas cuatro familias que viven juntas, que cultivan la tierra, venden pan, educan a sus niños y rezan varias veces al día. Me gusta cómo tratan de proteger su consecuencia, me gusta su descontento frente a “el sistema”, me gustan sus ganas de hacer las cosas de una forma distinta desde la espiritualidad y desde el sentimiento.

Hoy en la mañana vi una entrevista que Carolina Urrejola hizo al interior de la comunidad, en forma exclusiva para la señal católica. Pensé en el compadrazgo, en que tal vez había obtenido la oportunidad de entrar por pertenecer a un cierto círculo social, los amigos en común. Pensé en eso por la sensibilidad y cercanía que mostró tanto en la entrevista como en sus opiniones posteriores en el estudio de Canal 13.

¿Es eso periodismo o amistad? Extrañé preguntas más incisivas, extrañé verla más políticamente incorrecta y no evidenciar con tanta claridad lo mucho que le agrada la forma de vida que se lleva al interior del predio. A mí también me conmueve el modo en que ellos pertenecen, pero intentaría abordar el tema desde una objetividad más dura.

No se si por la mala envidia, podría decir, por ejemplo, que al ver la vida de este grupo recordé los primeros días de la peregrinación de Antonio Conselheiro en su viaje hacia Canudos. El protagonista de “La Guerra del Fin del Mundo”, de Mario Vargas Llosa, es un líder espiritual que durante varios años recorre Brasil, de poblado en poblado, formando una especie de misión que busca volver a la esencia del cristianismo. Es cierto que comparten el objetivo central con los personajes de Pirque, pero los seguidores del consejero abrazan desde la violencia su peregrinar religioso, la mayoría es gente pobre, enfermos y bandidos justicieros.

Sea como sea, ambos están fuera del sistema.

Para escribir esta novela, Vargas Llosa se basó en hechos reales de la historia brasileña del siglo XIX, tan reales como la vida del pequeño grupo de habitantes de la comunidad de Pirque.

Esta mañana vi como Roberto Snack, el líder de la agrupación, con respecto al hecho que generó interés en la opinión pública, explicó que el entierro de Jocelyn Rivas en el predio lo realizaron para no pasar por todo el vejamen que hubiera significado una posible autopsia y un rito funerario convencional. Reconoció como un error y una torpeza no haber seguido los pasos que la Ley obliga.

Entonces me pregunto hasta qué punto el pertenecer con consecuencia es posible, hasta qué punto seguir lo que uno cree es aceptable en relación con los parámetros de nuestra sociedad. Dónde están los límites. Qué es lo correcto.

Pienso en algunas palabras: tonto, sinsentido, amar, creer, razonar, valiente.

miércoles, mayo 02, 2007

Espaguetis a la boloñesa

A falta de calle, en estos días bendigo las letras que me acompañan.

Letras descubiertas, regaladas y prestadas, letras que hablan nuestros y otros idiomas, que saben a otras tierras, que nos regalan mundos.

Letras que nos muestran calles nuevas que ya hemos vivido o que sabemos cómo se sienten…

“… Pero antes de fijar y de pronunciar bien las palabras de un idioma, está claro que ya comenzamos a distinguirlas, captamos su sentido: mesa, café, teléfono, distraída, amarillo, suspirar, espaguetis a la boloñesa, ventana, juego del volante, alegría, uno, dos, tres, nueve, diez, música, vino, vestido de algodón, cosquillas, loco, y un día descubrí que a Kriska le gustaba que la besasen en la nuca. Entonces se quitó por la cabeza el vestido, muy largo, no tenía nada debajo y me quedé aturdido con tamaña blancura. Durante un segundo imaginé que no era una mujer para tocarla aquí o allá, sino que me desafiaba a tocar de una sola vez toda su piel… ella se quedó quieta, con la mirada perdida, no sé si conmovida por mi mirada al recorrer su piel, o por mi hablar pausado en su idioma, blanca, guapa, guapa, blanca, blanca, guapa, blanca. Y yo también me conmovía, sabiendo que en breve conocería sus intimidades y, con igual o mayor voluptuosidad, sus nombres”…

“Budapest”, Chico Buarque
Un libro imperdible.

Foto de Dama Digital en Flickr


Originally uploaded by Lupics - DD.