viernes, mayo 18, 2007

La vida en diferido

Hay veces en que leyendo un libro o viendo una película encontramos grandes verdades, respuestas o imágenes que nos parece haber presenciado en nuestra propia vida. Es cursi, pero es verdad.

Esto me pasó el otro día cuando, saltando de canal en canal, me encontré con “La suerte está echada”, un filme del argentino Sebastián Borensztein.

La película muestra varios argumentos ingeniosos, pero lo que más me gustó fueron los diálogos que se establecen entre Guillermo y su profesor de tango, Laurencio.

Guillermo quiere conquistar a una mujer que sólo ha visto una vez. Laurencio no sólo le enseña que bailar es caminar con una mujer clavada en el pecho; que a las mujeres no les interesa que les hagan ganchos, firuletes, boleos, lo que quieren es un hombre que las abrace de verdad, sino que además le muestra otras de sus teorías para la vida… y vaya que teorías.

No estoy completamente segura qué fue lo que eligió la vida para mi evolución, pero lo averiguaré.

G: Quiero aprender a bailar tango.
L: ¿Y por qué hoy y no hace un año o dentro de dos meses?
G: En realidad quiero aprender a bailar tango para acercarme a una mujer.
L: Ahora me gusta más…
G: Fue en una milonga. Ella se quedó esperando que yo la sacara a bailar, pero cómo no sé bailar, me quedé ahí, parado.
L: Decime, ¿vos sos de los que empujan o de los que fluyen?… ¿Vos empujas para que las cosas pasen o fluis con las cosas que pasan? G: En realidad sólo sé que tengo que bailar tango, porque a ella no la conozco, no sé quién es, pero sé que si no aprendo no va a andar…
L: Para mí, sea lo que sea, ya ocurrió. Esa mujer y vos ya están juntos, o no. ¿Te grafico mi pensamiento? Los domingos yo me la paso bailando todo el día y estoy encerrado aquí. Así que, qué pasa en el mundo, qué pasa afuera, yo no lo sé. Pero en la noche veo fútbol, en diferido, pero para mí es como si lo viera en directo, así que puteo, me alegro, me amargo, me emociono, y cuando la pelota va por el aire digo “esta entra, esta entra, esto es gol, esto es gol…” La pelota va ir a dar a donde tiene que dar y a ningún otro sitio. ¿Por qué? Porque ya pasó, ya sucedió. Sólo que como yo lo ignoro, creo que está ocurriendo mientras lo veo. El tiempo se presenta de una manera difícil de entender, para mí, vivimos la vida con la ilusión de que es un evento en vivo, pero en realidad yo creo que es en diferido. Esa mujer y voz ya están juntos o no van a estar juntos nunca. Ahora tenés que aprender a bailar un poco y salir a averiguarlo.

L: ¿Cuántas mujeres tuviste en serio en tu vida?
G: Tres.
L: ¿Y cómo eran?
G: Diferentes entre sí.
L: ¿Seguro? Yo creo que en el fondo es siempre la misma. Porque es uno el que repite y repite, es muy difícil salir de la repetición. Cambia el envase, pero el esquema que atrapa es siempre el mismo. Si uno detecta la repetición, se corre, la deja pasar y zafa, ahí aparece la posibilidad de que aparezca lo que para uno es de verdad, con las minas o con lo que sea. La repetición es lo contrario a la evolución, para evolucionar hay que aprender. ¿Alguna vez tuviste que aprender algo para acercarte a una mujer?
G: No.
R: Parece que la vida eligió el tango para tu evolución.



Foto de James Oligney en Flickr

lunes, mayo 14, 2007

Cartelera de imperdibles

Yo con poco tiempo y usted seguro que puede ir a alguno de estos tres imperdibles panoramas que se realizarán esta semana en Santiago o, como dirían en La Cuarta, Ciudad Gótica.

Vaya, sea mis ojos, y después nos cuenta…

Primera parada, Galería Artium, 17 de mayo: se inaugura una exposición de dos de mis artistas chilenos favoritos Antonella Gallegos + Alex Chellew. Como todo está conectado en esta vida, mi último post tenía que ver con PERTENECER… Y la muestra de ellos se llama PERTENENCIA. Ellos son jóvenes, simpáticos y talentosos. Si alguien quiere invertir en arte, creo que comprar una de sus obras es una decisión muy acertada. (Después me pagan por la mención chiquillos, jajajaja). Galería ARTIUM / Presidente Riesco 3210, Las Condes / Teléfono (56-2) 2497177 - 249 7177 / La muestra se presenta hasta el 31 de mayo de 2007.



Segunda parada, Radio Universidad de Chile, sábado 19 de mayo a las 21:00. Más favoritos, esta vez músicos. Lo mejor del repertorio popular brasileño en vivo. Son tres luquitas a cambio de escuchar a esta banda de la cual son la presidenta del “fun-club”. Marcelo Vergara (voz), Javier Barría (guitarra eléctrica), Andrés Landon (bajo), Cristobal Tobar (batería).


Tercera y última. Museo Nacional de Bellas Artes, domingo 20 de mayo: último día para ver la exposición “Bitácora Perdida del Teniente Alejandro Bello Silva”, de mis queridos amigos Iván Godoy y Yanko Rosenmann. Se trata de un rescate de la memoria para reivindicar la figura del hombre que en 1914 despegó a bordo de su aeronave sin nunca llegar a su destino en Cartagena. La muestra se compone de 16 cuadros que simulan pizarrones negros con instrucciones de vuelo, mapas y dibujos de complejas piezas de mecánica aeronáutica. En el medio, 93 retratos de personas desaparecidas o extraviadas y, en la otra mitad, se montó una recreación filmada del último vuelo de Alejandro Bello, que permite a los espectadores experimentar “el punto de no retorno” al que llegó Bello antes de convertirse en mito. Ojo, los días domingo el Museo Nacional de Bellas Artes es gratis, el resto del tiempo cuesta sólo $600. Hay que ir.

Haré el mejor de mis intentos por aparecer aunque sea pintada o bailando en alguno de estos panoramas.

Sin más, se despide su humilde servidora.

lunes, mayo 07, 2007

De Pirque a Canudos

Pertenecer. Esa es la palabra. Cuántos realmente pertenecemos. Cuántos nos sentimos parte de algo: de una familia, de un grupo de amigos, de una religión, de un organismo, de un partido político, de una profesión.

Mis pertenencias son disgregadas. Me cuesta entrar a grupos, pero lo deseo, lo anhelo con envidia de la mala. Me gusta cuando la gente se mueve en conjunto por una causa, como una manada pensante. Pero además de algunos amigos y mi bella familia… No pertenezco ni en lo superficial ni en lo profundo. Me cuesta seguir una moda, tanto como me cuesta abrazar una causa con vehemencia, con esa fuerza de la gente que da la vida por lo que cree. Yo no le he hecho, no lo hago y no sé si lo haré.

Así, a medida que se deja ver, me ha parecido cada vez más hermosa la forma de vida que llevan los habitantes de la Comunidad Ecológica Cristiana de Pirque. Esa es la forma en que los medios han llamado a estas cuatro familias que viven juntas, que cultivan la tierra, venden pan, educan a sus niños y rezan varias veces al día. Me gusta cómo tratan de proteger su consecuencia, me gusta su descontento frente a “el sistema”, me gustan sus ganas de hacer las cosas de una forma distinta desde la espiritualidad y desde el sentimiento.

Hoy en la mañana vi una entrevista que Carolina Urrejola hizo al interior de la comunidad, en forma exclusiva para la señal católica. Pensé en el compadrazgo, en que tal vez había obtenido la oportunidad de entrar por pertenecer a un cierto círculo social, los amigos en común. Pensé en eso por la sensibilidad y cercanía que mostró tanto en la entrevista como en sus opiniones posteriores en el estudio de Canal 13.

¿Es eso periodismo o amistad? Extrañé preguntas más incisivas, extrañé verla más políticamente incorrecta y no evidenciar con tanta claridad lo mucho que le agrada la forma de vida que se lleva al interior del predio. A mí también me conmueve el modo en que ellos pertenecen, pero intentaría abordar el tema desde una objetividad más dura.

No se si por la mala envidia, podría decir, por ejemplo, que al ver la vida de este grupo recordé los primeros días de la peregrinación de Antonio Conselheiro en su viaje hacia Canudos. El protagonista de “La Guerra del Fin del Mundo”, de Mario Vargas Llosa, es un líder espiritual que durante varios años recorre Brasil, de poblado en poblado, formando una especie de misión que busca volver a la esencia del cristianismo. Es cierto que comparten el objetivo central con los personajes de Pirque, pero los seguidores del consejero abrazan desde la violencia su peregrinar religioso, la mayoría es gente pobre, enfermos y bandidos justicieros.

Sea como sea, ambos están fuera del sistema.

Para escribir esta novela, Vargas Llosa se basó en hechos reales de la historia brasileña del siglo XIX, tan reales como la vida del pequeño grupo de habitantes de la comunidad de Pirque.

Esta mañana vi como Roberto Snack, el líder de la agrupación, con respecto al hecho que generó interés en la opinión pública, explicó que el entierro de Jocelyn Rivas en el predio lo realizaron para no pasar por todo el vejamen que hubiera significado una posible autopsia y un rito funerario convencional. Reconoció como un error y una torpeza no haber seguido los pasos que la Ley obliga.

Entonces me pregunto hasta qué punto el pertenecer con consecuencia es posible, hasta qué punto seguir lo que uno cree es aceptable en relación con los parámetros de nuestra sociedad. Dónde están los límites. Qué es lo correcto.

Pienso en algunas palabras: tonto, sinsentido, amar, creer, razonar, valiente.

miércoles, mayo 02, 2007

Espaguetis a la boloñesa

A falta de calle, en estos días bendigo las letras que me acompañan.

Letras descubiertas, regaladas y prestadas, letras que hablan nuestros y otros idiomas, que saben a otras tierras, que nos regalan mundos.

Letras que nos muestran calles nuevas que ya hemos vivido o que sabemos cómo se sienten…

“… Pero antes de fijar y de pronunciar bien las palabras de un idioma, está claro que ya comenzamos a distinguirlas, captamos su sentido: mesa, café, teléfono, distraída, amarillo, suspirar, espaguetis a la boloñesa, ventana, juego del volante, alegría, uno, dos, tres, nueve, diez, música, vino, vestido de algodón, cosquillas, loco, y un día descubrí que a Kriska le gustaba que la besasen en la nuca. Entonces se quitó por la cabeza el vestido, muy largo, no tenía nada debajo y me quedé aturdido con tamaña blancura. Durante un segundo imaginé que no era una mujer para tocarla aquí o allá, sino que me desafiaba a tocar de una sola vez toda su piel… ella se quedó quieta, con la mirada perdida, no sé si conmovida por mi mirada al recorrer su piel, o por mi hablar pausado en su idioma, blanca, guapa, guapa, blanca, blanca, guapa, blanca. Y yo también me conmovía, sabiendo que en breve conocería sus intimidades y, con igual o mayor voluptuosidad, sus nombres”…

“Budapest”, Chico Buarque
Un libro imperdible.

Foto de Dama Digital en Flickr


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miércoles, abril 25, 2007

Los Drexler y yo

Los que conocen a Jorge Drexler, los que aman su música, ya saben que era médico otorrinolaringólogo y que dejó esa carrera para dedicarse por completo a sus canciones.

Yo también lo sabía.

Lo que no sabía es que Daniel Drexler, su hermano, también estudió medicina, también es otorrinolaringólogo y también cambió el delantal por la guitarra… Que sus padres son otorrinolaringólogos también y que el hermano pequeño dejó medicina a la mitad para abocarse a la música.

Supe esto y varias cosas más anoche, mientras bailaba con Daniel, Jorge, los chicos de la banda y la gente de la producción. ¡Qué tal!

Aunque me encontré con mucha gente allá, fui sola al recital. Cuando el espectáculo terminó, felicité a algunos de los músicos a la salida del Teatro Caupolicán y no se cómo terminé en el camarín, menos sé por qué confiaron en mí para recomendarles un lugar para ir a bailar, desoyendo los consejos de las gritonas groupies que aclamaban por un tal Club 21.

“Clandestino”, dije sin dudar. “¿Y cómo está un tal Lujuria?”… “Liguria, se llama Liguria… y es muy bueno, pero ahí no se baila”, respondí.

El dato al margen es que yo casi nunca voy a bailar, menos un día martes, menos aún con mi cantante favorito y su banda.

También yo podría haber sido una groupie en este escenario, pero no me sentí así en ningún instante porque me adoptaron 100% y los amé. Jorge, un poco lejano, silencioso desde la introspección, pero el resto, cada uno un plato distinto, divertidos, juguetones, simpatiquísimos: Vicent (guitarra), Borja (batería), Diego (violín y mandolina), Ignacio (samplers y programación de imágenes), Miguel (contrabajo), Matías (sonido), Daniel (guitarra y voz) y Víctor (encargado de la gira).

Fue de verdad lindo compartir con personas que horas antes me emocionaron desde el escenario. Le dije a Víctor que la buena onda que había entre ellos se transmitía al público durante el show, hablamos también de lo magistral que estuvo Pipo Launer en la iluminación (a diferencia del espantoso iluminador de Johansen), de los arreglos musicales deliciosos, de la virtuosidad de todos los músicos…

Les di dos besos a cada uno de ellos, tomé la manos de Jorge entre las mías para agradecerle por su música, salí del “Clandestino” y me subí al taxi… Moría por quedarme, por seguir bailando pues la música estaba “de pelos”, pero hoy tenía que trabajar, tenía que volver a ponerme mi delantal blanco.

jueves, abril 19, 2007

Manicure en Nueva York



Eugen, Yu-Yin o Eugenio es mi manicurista en Nueva York. Perdón, sé que suena raro, pituco, snob, pero es la pura y santa verdad.



Eugen es coreano y trabaja en Polish, que en este caso no quiere decir Polaco, sino pulir o limar. Polish está a la vuelta de la esquina y cada vez que paso saludo a Yu-Yin a través de la ventana.

Él vino desde Corea, como yo vine desde Chile y como tantos otros vinieron de mil lugares distintos a esta ciudad.

Y aquí estoy casi volviendo a mi pais, cuando ya me acostumbro a hacer vida de barrio, a saludar a Eugen, a comprar un bagel en la Av. 2, tomar el metro en la calle Lexington, a hablarle a la gente en todas, todas partes. En las librerías, en el taxi, en el museo, en la pizzería de la esquina…

En el tren volviendo de Hastings, al ver su guitarra le pregunto a un joven si es músico y de qué tipo, me explica que es profesor, que tiene una banda de rock y que su guitarra es hecha en Chile. En la micro le ayudo a una viejita a pagar y me habla y noto su acento raro y me cuenta que es de Hungría, yo le muestro el libro que estoy leyendo, Budapest, de Chico Buarque.

Más experiencias… ufff. Miles. Almuerzo en un restaurant indio de Brooklyn. Siento el aire de inseguridad que se respira en el metro. Caminata por Central Park. Una exposición sobre los desaparecidos de Chile, Argentina y Uruguay en el Museo del Barrio. Fotos preturbadoras en el Guggenheim y después pretzel de manzana y canela. Primavera con frío, lluvia y algo de nieve.

Bajo una carretera en pleno Barrio Chino espero un bus, fumo un cigarro y me siento como en Blade Runner, por fin abordo y logro ubicarme, escucho cómo en el asiento de atrás “Papá Jean Pierre” habla en inglés, francés y un dialecto africano todo el camino NYC-WDC.

El metro de la capital es bello y limpio, los bagones alfombrados y la gente se ve amable. Luego de cuatro años sin vernos abrazo a la Trini y a Félix, regaloneo a la pequeña Amelia y disfruto de su hospitalidad.

Mientras buscamos un restaurant, nos perdemos en las calles y entre tanto monumento por casualidad la Casa Blanca aparece a mano derecha. Respondiendo a mi petición James me toma todas las fotos turisticas de rigor.

El acuario de Baltimore resulta agotador pero interesante, pero lejos lo mejor es recorrer el casco antiguo de la ciudad y encontrar el “Red Emma’s”, un café-librería administrado por un colectivo anarquista, venden libros, tienen Internet y las chicas que atienden se ven como grunges de los 90.

Fabuloso conocer a Bitacoreta y a su bella y encantadora genetista colombiana (perdón pero mantendremos la confidencialidad de estas personas).

De vuelta en NY, el entretenido show de Blue Men Group, caminatas y compras en el distrito financiero, voy donde solían estar las Torres Gemelas. Luego, horas maravillosas con los "Pilos", cena en Harlem con Daniel y Lisa, cerrando la noche con unos mojitos de vainilla en Lenox Lounge, el bar de jazz más antiguo de este legendario barrio, el barrio de la jazz y del soul, escuchando a maestros de maestros. Después, el museo de fotografía, Festival de Cine Latino, mucha lluvia, harta siesta, un poco de China Town y otro poco de Little Italy, pido unos Fettuccini Alfredo y siento que Al Pacino va a entrar en cualquier momento al restaurante y se sentará en mi mesa. Me acostumbro a andar en metro, aprendo, me gusta. Voy al Moma un día entero y me encuentro con Pollock y Warhol. También está Picasso y tantos otros. Veo la cara de Cho Seung-Hui por todos lados, los canales transmiten en directo cada vez que enciendo la tele y ahí están los testimonios que acá se sienten más cerca.

Camino, camino, camino y tomo otra micro y otro metro, y pregunto y hablo con la gente y sonrío y estoy feliz. Feliz y confundida por esto de sentirme de todas y de ninguna parte. Al fin y al cabo, sea donde sea y aunque no suene nada de pituco o snob, soy de la calle, con manicure y todo, mi ojos están ahí.


Foto de James Oligney en Flickr
downtown reflection
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jueves, abril 12, 2007

Puro ego

Sigo en Nueva York y tengo mil historias que contar... pero ni un minuto para hacerlo.

Sin embargo, simpre hay tiempo para el ego y tengo que comunicar que el miercoles 11 apareci en el diario El Mercurio mencionada como una de las blogeras top de mi pais, con fotito y todo.

Se que hay muchos mejores o mas leidos que nosotros, pero el dedo magico de Alexis nos puso ahi y ahora... me creo la muerte, jajajaja.

Saludos a todos...

Paloma/Blogera/Top

martes, abril 03, 2007

Luna llena

Llegué a Nueva York una noche de luna llena. En realidad la luna apareció mucho antes, junto al ocaso, cuando el avión Taca 570 sobrevolaba alguna parte de Centro América.

Cada tanto miraba por la ventanilla y allá abajo, muy lejos, podía distinguir uno que otro poblado, pero lo que más veía eran montañas, muchas montañas, y nubes gorditas de todas las formas y tamaños.

En el vuelo Santiago – Lima conocí a Juani, una mujer de cincuentaytantos fantástica, una gozadora de la vida, y en menos de una hora ella me contó la suya y yo parte, sólo parte de la mía, porque puede sonar increible, pero Juani hablaba mucho más que yo y lo hacía más rápido también.

Desde Lima a El Salvador una vez más comprobé mi habilidad para dormir en los aviones. Fueron algunas páginas del maravilloso libro Budapest, de Chico Buarque, un sandwich, una copa de vino, enchufarme a mi MP3 y en cinco minutos ya estaba durmiendo.

El último cambio de avión fue en El Salvador, donde la gente se veía linda, contenta, amable y sencilla; los alrededores del aeropuerto eran muy verdes y el clima húmedo. Cuando en esa parada llamaron a embarcar, algo me sorprendió muchísimo: mientras casi me requizan un jarabe para la tos, más de un tercio de los pasajeros que iban en mi avión llevaba bolsas con pollo frito. ¡POLLO FRITO!… “Es delicioso”, me explicó una mujer salvadoreña a quien pregunté por la extraña práctica. “Siempre la gente lleva a los Estados Unidos, porque allá hay Pollo Campero, pero no sabe igual”. Me contó también que debido a esa costumbre, a los vuelos desde El Salvador a EE.UU. les llamaban Chicken Flights (Vuelos del Pollo)… Jajajajaja.

Cuando miraba la luna reflejarse en el ala del avión, Doña Rosa y Don Doroteo, casados hace 53 años, mis compañeros de asiento, me pidieron ayuda para llenar los formularios de entrada a EE.UU. porque no sabían escribir muy bien. Después de enterarme un poco de sus vidas, me puse a escribir esto, mientras JFK se acercaba cada vez más…

Ahora la ciudad está allá afuera esperando por mí, sólo tengo que cruzar la puerta.

jueves, marzo 29, 2007

Primavera en inglés

Lo que más me gusta de viajar es lo que se siente en todo el cuerpo en el instante en que el avión se separa de la pista, cuando la espalda se pega muy fuerte al asiento y sabes que estás subiendo, subiendo hacia alguna parte.

Lo que más me gusta de viajar es conocer lugares, doblar una esquina y descubrir una tiendita escondida y fascinante y tener la sensación de haber hallado un tesoro, pensar que nadie estuvo allí antes.

Lo que más me gusta de viajar es conocer personas. Subir a un bus o al metro y ponerse a conversar con alguien de cualquier parte, mirar la forma en que la gente se viste, se mueve, habla en uno o en mil idiomas.

Lo que más me gusta de viajar es sentir, sentir los olores, los ruidos, los latidos de una ciudad: Nueva York me espera.

Es mi primer gran viaje en mucho tiempo y, por un par de semanas, mis ojos se trasladan a la gran manzana.

Me estoy preparando para caminar sus streets y avenues, recorrer Nolita y Chinatown, y ver como florece el Central Park.

Para mí, este otoño será primavera en inglés.

miércoles, marzo 21, 2007

¿Dónde está el teniente Bello?


Conocí a Iván y Yanko hace más de una década en una casa donde conversamos con un gran cuadro figurativo-surrealista como telón de fondo. Hasta hoy recuerdo esa pintura por su marcada influencia de Dalí y los delfines espectaculares que mostraba la escena. Desde entonces decidí que me encantaba la obra de Iván Godoy.

Pasó mucho tiempo y lo volví a encontrar junto a Yanko Rosenmann en el jardín de la casa de la Pilo, mi madre. También volví a reencontrarme con la obra de Iván, que en 2003 estaba enfocada en el concepto de la última cena, el pan, el vino, la mesa servida.

Anoche fui al Museo Nacional de Bellas Artes a la inauguración de su muestra más reciente y quedé gratamente sorprendida por la coherencia y la fuerza del trabajo que realizó junto a Yanko.

Se trata de una investigación, de una aventura, de un vuelo arriesgado, emotivo y mágico. Un rescate de la memoria para reivindicar la figura del teniente Alejandro Bello Silva, quien el 9 de marzo de 1914 despegó a bordo de su aeronave para cumplir con la última prueba que le permitiría obtener su título como piloto profesional. Sin embargo, el teniente Bello nunca llegó a su destino en Cartagena y, desde entonces, su apellido se ha usado para referirse a distraídos y extraviados.

Bajé a la sala subterránea del museo. A un lado del espacio encontré una serie maravillosa de 16 cuadros de Iván que simulan pizarrones negros con instrucciones de vuelo, mapas y dibujos de complejas piezas de mecánica aeronáutica. En el medio, 93 retratos de personas desaparecidas o extraviadas y, en la otra mitad, se montó una recreación filmada del último vuelo de Alejandro Bello.

Son cuatro pantallas con grabaciones hechas en un avión biplano desde el casco de piloto (frente), el timón trasero (posterior) y las alas (laterales), lo que permite al espectador sentir que va pilotando y que experimenta “el punto de no retorno” al que llegó Bello antes de convertirse en mito. Como planteó Vicente Huidobro: “los cuatro puntos cardinales son tres: el Norte y el Sur”.

Yanko dice que este es el rescate de una figura patrimonial que se perdió en el cielo desafiando a Newton, “porque no todo lo que sube tiene que bajar”.


Imperdible:
“Bitácora Perdida del Teniente Alejandro Bello Silva”
Museo Nacional de Bellas Artes
Del 21 de marzo al 20 de mayo

martes, marzo 13, 2007

Galleta de la fortuna

Con más gula que hambre entré a un pequeño supermercado chino-coreano-japonés de la calle Merced, compré una galleta de la fortuna y salí del lugar con mi destino en la mano.

Algunas cuadras más allá abrí el envoltorio y le di una mascada a mi suerte, pero cuando miré en el interior para buscar el papelito con las verdades sobre mi futuro me encontré con una sorpresa: la galleta estaba vacía.

Luego de superar el shock inicial y aceptar que me sentía estafada, lo primero que pensé fue en volver a la tienda y reclamar por una nueva o comprar otra, pero me puse a mirar con detención la masa vacía y me iluminé.

Terminé de comer la “galleta de la no fortuna” pensando que el mensaje que traía era el mejor de todos: si la galleta estaba vacía, era mi deber construir mi propio destino. Porque el destino no está en un papel, el destino es lo que uno hace, lo que uno quiere, lo que uno imagina. Ese es mi futuro.

With more greed that hunger I entered a small Chinese-Korean-Japanese store on Merced street, I bought a fortune cookie and left the place with my destiny in one hand. Some blocks farther I opened the wrapper and I bit into my luck, but when I looked for the little paper with the truth about my future I met a surprise: the cookie was empty. After overcoming the initial shock and accepting that I was feeling defrauded, the first thing that I thought was to return to the store to ask for a replacement or to buy a new one, but I looked with attention at the empty mass and I felt enlightenment. Then, I continued eating my “no-fortune cookie” thinking that the message that was in it was the best of all: if the cookie was empty, it was my challenge to make my own destiny… because destiny is not in a piece of paper, destiny is what I do, what I want, what I imagine. That is my future.

martes, marzo 06, 2007

Cocina comunitaria



Agnes organizó una sesión de cocina comunitaria en mi casa, el tema fue comida judía y más precisamente los varenikes. Ella sabía la receta porque también se prepara en Rusia, su país natal.

- “Yo compré la harina, la crema ácida y la cebolla. A ti te toca tener los huevos, un kilo de papas y el tocino”.

¡Tocino! Estoy segura de que los varenikes de la casa de mi abuela jamás tuvieron tocino. “Es la variante rusa”, me explicó Agnes, mientras nos reíamos.

Por ahí leí que los varenikes son los sorrentinos o los ravioles del mundo judío. “Los italianos tenían muchas cosas para rellenarlos, la bobe (abuela) solamente unas cuantas papas. Pero, con algunas olvidadas cebollas y un poco de elemento graso los varenikes se convirtieron en uno de los milagros más interesante de la cocina universal”.

Después de comer, terminamos tomando unos cortitos de vodka y jugando cacho, en esta jornada chileno-judía-rusa, que se vivió como las mejores tardes playeras de la adolescencia. Gracias Agnes, Narval, Claudia y Piti.

Vareinkes
Ingredientes:
Masa: 500gr. de harina; 4 yemas de huevo; 2 cucharadas de aceite; 1 cucharada de sal fina; Agua tibia; 1 Hoja de laurel.
Relleno: 1 kg. de papas; 1-2 cebolla grande; Sal, pimienta, azúcar; 2 yemas; Aceite.
Procedimiento:
Masa: Formar una corona con la harina y la sal, en el centro poner los huevos, aceite y de a poco incorporar el agua tibia (con laurel), hasta lograr una masa lisa y pareja. Dejar reposar unos 30 minutos. Estirar, cortar discos y rellenar. Cerrar en forma de empanadita dejándole los bordes anchos. Cocinar en agua con sal, servir con la cebolla rehogada, crema ácida o natural y tocino dorado (si la religión lo permite).
Relleno: Picar las cebollas finamente y dorarlas. Pelar las papas, cortar en cubos y cocinar con agua y sal, una vez tiernas, molerlas hasta formar un puré. Agregar la cebolla dorada, condimentar con sal, pimienta y azúcar.
Agnes organized a community cook session in my house. The topic was Jewish food, more precisely: varenikes. She knew the recipe because it is also prepared in Russia, where she was born.
- “I will buy flour, sour cream and onions. You have to buy eggs, potatoes and bacon”, she said.
Bacon! I am sure that my grandmother's varenikes didn't have bacon. “It's the Russian variation”, Agnes explained to me while we were laughing.
I read that varenikes are the sorrentinos or ravioles of the Jewish world. “Italians had great things with which to fill them, the bobe (grandmother) only had a few potatoes. But, with some onions and oil, varenikes became one of the more interesting miracles of universal recipes”.
The evening continued in the best manner with little vodka glasses and playing “cacho” in this Chilean-Jewish-Russian day. Thank you Agnes, Narval, Claudia and Piti.