Hay veces en que leyendo un libro o viendo una película encontramos grandes verdades, respuestas o imágenes que nos parece haber presenciado en nuestra propia vida. Es cursi, pero es verdad.Esto me pasó el otro día cuando, saltando de canal en canal, me encontré con “La suerte está echada”, un filme del argentino Sebastián Borensztein.
La película muestra varios argumentos ingeniosos, pero lo que más me gustó fueron los diálogos que se establecen entre Guillermo y su profesor de tango, Laurencio.
Guillermo quiere conquistar a una mujer que sólo ha visto una vez. Laurencio no sólo le enseña que bailar es caminar con una mujer clavada en el pecho; que a las mujeres no les interesa que les hagan ganchos, firuletes, boleos, lo que quieren es un hombre que las abrace de verdad, sino que además le muestra otras de sus teorías para la vida… y vaya que teorías.
No estoy completamente segura qué fue lo que eligió la vida para mi evolución, pero lo averiguaré.
G: Quiero aprender a bailar tango.
L: ¿Y por qué hoy y no hace un año o dentro de dos meses?
G: En realidad quiero aprender a bailar tango para acercarme a una mujer.
L: Ahora me gusta más…
G: Fue en una milonga. Ella se quedó esperando que yo la sacara a bailar, pero cómo no sé bailar, me quedé ahí, parado.
L: Decime, ¿vos sos de los que empujan o de los que fluyen?… ¿Vos empujas para que las cosas pasen o fluis con las cosas que pasan? G: En realidad sólo sé que tengo que bailar tango, porque a ella no la conozco, no sé quién es, pero sé que si no aprendo no va a andar…
L: Para mí, sea lo que sea, ya ocurrió. Esa mujer y vos ya están juntos, o no. ¿Te grafico mi pensamiento? Los domingos yo me la paso bailando todo el día y estoy encerrado aquí. Así que, qué pasa en el mundo, qué pasa afuera, yo no lo sé. Pero en la noche veo fútbol, en diferido, pero para mí es como si lo viera en directo, así que puteo, me alegro, me amargo, me emociono, y cuando la pelota va por el aire digo “esta entra, esta entra, esto es gol, esto es gol…” La pelota va ir a dar a donde tiene que dar y a ningún otro sitio. ¿Por qué? Porque ya pasó, ya sucedió. Sólo que como yo lo ignoro, creo que está ocurriendo mientras lo veo. El tiempo se presenta de una manera difícil de entender, para mí, vivimos la vida con la ilusión de que es un evento en vivo, pero en realidad yo creo que es en diferido. Esa mujer y voz ya están juntos o no van a estar juntos nunca. Ahora tenés que aprender a bailar un poco y salir a averiguarlo.
L: ¿Cuántas mujeres tuviste en serio en tu vida?
G: Tres.
L: ¿Y cómo eran?
G: Diferentes entre sí.
L: ¿Seguro? Yo creo que en el fondo es siempre la misma. Porque es uno el que repite y repite, es muy difícil salir de la repetición. Cambia el envase, pero el esquema que atrapa es siempre el mismo. Si uno detecta la repetición, se corre, la deja pasar y zafa, ahí aparece la posibilidad de que aparezca lo que para uno es de verdad, con las minas o con lo que sea. La repetición es lo contrario a la evolución, para evolucionar hay que aprender. ¿Alguna vez tuviste que aprender algo para acercarte a una mujer?
G: No.
R: Parece que la vida eligió el tango para tu evolución.
Foto de James Oligney en Flickr




A falta de calle, en estos días bendigo las letras que me acompañan.





