viernes, julio 27, 2007

Ambulante




Los payasos, los elvis, los niños, los presos, los cesantes, los cantantes lana, los cantantes hiphoperos, los enfermos, los estudiantes, los actores, las madres con muchos hijos, los voluntarios de colecta, y un sin fin de personajes más he visto pidiendo plata en las micros.

Con el Transantiago (tema de los últimos post) los pedigüeños han mermado pero no desaparecido, como tampoco lo han hecho los vendedores ambulantes.

Cepillos de dientes, desatornilladores, espejos, chocolates, calcetines, llaveros, billeteras, calcomanías, “suvenir del regalón”, calendarios, limas, parches curita, agujas, libros de cocina. Creo que a lo largo de mis años como usuaria del transporte público he comprado casi todo lo que se puede adquirir en una micro. Para qué contar las cosas de cuneta, seguro que son muchas más.

Si de la calle tengo muchas historias, estos personajes de micro son una fuente aún mejor, un recurso casi inagotable que me hace llorar de la risa, antes de poder terminar un relato.

Son tantos esos pedacitos, esos fragmentos que guardo, que no sabía como resumirlo en uno o dos posts, hasta que escuché “Callejero”, canción que forma parte del último trabajo de la banda Juana Fe, “Afrorumba chilenera”. Y el video, ufff, está “padrísimo”, congruente, contundente, consecuente. A Juanito Ayala, el vocalista, lo conocí hace unos dos años junto a mi amiga Clarita en Naitún. Entonces me cayó bien. Ahora me cae mucho mejor.
“Por encargo de Importadora Internacional me he subido esta tarde a esta micro para ofrecerle una promoción quenunca puede faltar en el bolsillo del varón, en la cartera de la dama. Son cuatro lapicitos de cuatro colores, mire que usted en el comercio los puede encontrar facilmente por 300 pesos cada uno, hoy por ser una promoción y por encargo de Importadora Internacional se los lleva los cuatro en 500 pesos”
Callejero / Afrorumba chilenera / Juana Fe / 2007


“Cuando lo pillo por la calle le digo ¡siempre le digo! Que wen estilo llegan a encontrar ¡siempre le digo! Callejero ambulante, vendedor ambulante. Lleve de lo bueno. Lleve de lo bueno caballero de lo bueno. Tengo un amigo que es vendedor ambulante, vende de todo donde sea que se plante. Si es necesario se viste elegante y hace lo que sea con tal que nadie lo mande. Cuando lo pillo por el barrio ¡siempre le digo! Que wen estilo llegan a encontrar. Callejero ambulante, vendedor ambulante. Lleve de lo bueno, Lleve de lo bueno. Lleve de lo bueno caballero de lo bueno”
Callejero / Afrorumba chilenera / Juana Fe / 2007
La foto comercio la encontré en el Flickr de happy apple

martes, julio 24, 2007

Amén

Hay veces, muchas más de las que yo quisiera, que mis calles no están en la calle. Son veces en que mis calles están en una pantalla y el transporte no son ni mis pies ni el TranSantiago, sino que mis manos en el teclado, en el mouse, mis ojos recorriendo links, leyendo, mirando fotos, mientras escucho música de aquí o de todo el mundo, ese es el ruido de esta calle. Y me topo con alguien y lo saludo y visito la casa de otros, veo sus palabras, escuchos sus voces y hago clic aquí y allá. Muchas veces esta es mi calle, mi biblioteca universal, mi laberinto, mi espejo. Sí, como con Borges, y como en Borges los caminos se bifurcan y es necesario estar en todas partes y en ninguna, porque en cada esquina se abre el infinito, conectándome al mismo tiempo o en diferido con gente de todas partes. En cada minuto o en ninguno, todos lanzan sus botellas llenas de mensajes a este mar. Es la más esclavizante democratización, donde todos somos reyes, donde todos somos sirvientes. Bienvenidos a la red de redes. Escapa ahora o habla para siempre.

Pincha la imagen para ver más grande el mapa de las nuevas calles o anda aquí

martes, julio 17, 2007

¿Cómo pinchar en el metro?

Quiero compartir algo que puede ayudar a pasar esos malos ratos que, a diario, brinda el TranSantiago.

Me he hecho fanática de un sitio tipo you tube, pero que se especializa en mostrar cómo hacer tal o cual cosa.

Se llama VideoJug y hoy rescato estos útiles consejos sobre cómo hablar con alguien que te gustó en una micro o en el metro.

Mis amigos dicen que yo nací conociendo la técnica, pero como soy solidaria, quiero compartirla, por lo que traduje buena parte del texto. En todo caso, aunque no hables inglés, mira el video, porque se entiende bastante y está muy divertido:

¿Recuerdas esa persona que viste en el metro y te resultó tremendamente atractiva pero no te animaste a hablarle? Con nuestra ayuda nunca más tendrás que preguntarte si era o no “la persona” de tus sueños

1.- Necesitas tres ingredientes: viajar en transporte público, encontrar a alguien que te resulte atractivo(a) y tener nervios de acero.

2.- El transporte público es un entorno duro, desafiante. En realidad nadie quiere estar ahí y la mayoría de la gente no desea ninguna intromisión en su privacidad. Por eso, para establecer una conversación en forma exitosa, debes pensar rápido y actuar en forma decidida sin ser agresivo(a). Puede ser algo difícil de conseguir, pero recuerda, tal vez es tu media naranja la que se está bajando del metro y nunca la volverás a ver.

3.- Si encontraste a alguien que te gusta debes actuar rápido, porque tal vez se baje en la siguiente parada. No hay tiempo que perder a menos que tu “objetivo” esté con otra persona. Sé cauteloso(a), porque en ese caso si coqueteas puedes terminar con un ojo en tinta.

4.- Si estás en la estación esperando que llegue el metro, posiciónate. Entra después de él (ella), para ver donde se sienta y así podrás sentarte cera, ojalá frente a frente, porque el contacto visual es más fácil que si estás a su lado. Si el metro está tan lleno que “la persona” queda de pie, ponte junto a ella, ponte cerca, pero no “tan” cerca.

5.- Es útil tener un diario, un libro o una revista, porque así puedes pretender que estás mirando algo y no acechando a “la persona” todo el rato. Si estás escuchando música, sácate los audífonos con un gesto casual para demostrar que eres accesible, que pueden hablarte. Si “la persona” está escuchando música, tus posibilidades de hablarle son mínimas y deberás seguir el PLAN B, de lo que hablaremos más adelante.

6.- Lograr contacto visual es lo que mejor indica si “la persona” también te encuentra físicamente atractivo(a). Comienza por mirarlo(a) hasta que atrapes su mirada, mantente ahí por uno o dos segundos, luego haz como que ves hacia otra parte. Más o menos 30 segundos más tarde, repite la acción. Si “la persona” te mira nuevamente, es una señal de que está interesada. Si no te mira… las posibilidades son mínimas. (PLAN B).

7.- Si ya lograste que te mire por segunda vez, es apropiado sonreír, porque eso te hará ver como alguien simpático y accesible. Si “la persona” te sonríe de vuelta, es casi seguro que eres un ganador(a). Sin embargo, debes ser cauteloso(a), muchas sonrisitas te pueden hacer parecer como un tonto(a).

8.- El lenguaje corporal es una buena forma de saber cuál es la disposición que una persona tiene contigo. Después de que hayas captado su mirada y te haya sonreído de vuelta, si la persona se muestra abierta hacia ti, eso es una buena señal. Chequea que tu lenguaje corporal también sea positivo asegurándote de no tener ni piernas ni brazos cruzados, ni estar encorvado(a). También puedes utilizar la técnica del espejo, imitando los movimientos de “la persona” con un desfase de algunos segundos. Esto puede hacer que “la persona” inconscientemente se sienta sintonizada contigo.

9.- Es el momento de iniciar la conversación. La mayoría de las personas no tiene el valor para ello ¡pero tú debes tratar! Como puede ser que “la persona” se baje pronto, debes actuar rápido. Recuerda que no tienes nada que perder. Si no te pesca, lo más probable es que no se vean nunca más. Prueba haciendo una pregunta cuya respuesta sea más que “sí” o “no”. En vez de preguntar si la próxima parada es Los Leones, intenta realizar una pregunta abierta. Prueba con “¿Cómo llego a Los Leones?”. Como “la persona” deberá darte más detalles, es una buena oportunidad para establecer una conversación. En todo caso, te darás cuenta de inmediato si “la persona” no tiene ningún interés en conversar contigo. Si las cosas van así de mal o peor y te da plancha, bájate en la siguiente parada.

PLAN B
Si no estás del todo seguro(a) que “la persona” te encuentra atractivo(a) y si tus nervios te lo permiten, hay otra alternativa: escribe tu nombre y tu teléfono o e-mail en un trozo de papel. Espera hasta que estés a punto de bajarte, haz contacto visual, sonríe, entrégale el papel con una actitud segura y bájate. Así, todo quedará en sus manos. Si no te llama, olvídate del tema. Pero si se contacta contigo, planea una cita… ¡Buena Suerte!

domingo, julio 15, 2007

Un aplauso, por favor


Camino por Avenida La Paz, mientras el Cementerio General se aleja a mis espaldas. Antes recorrí por primera vez el lugar dejándome llevar por el instinto, perdiéndome entre tumbas, sintiendo el frío y el olor a flores viejas, sacando fotos, descubriendo que Manuel Montt está enterrado al lado de Antonio Varas, viendo cómo mueren los ricos, viendo cómo mueren los que tienen menos. Los pobres, muy pobres, no están aquí.

Antes con la familia, con gente vieja con cara de tener muchas historias. Todos despidiendo a la tía Sonia y mi madre, una vez más, como oradora oficial, explicando que la tía era una mujer de impronta en todo sentido, una mujer grande, excéntrica en su vestir, avanzada desde siempre en un país que viene de atrás. Una mujer que gozaba el vivir, el comer, el reír, el amar, pero que también tenía la capacidad de comprometerse y luchar por las causas más nobles y profundas, capaz de correr riesgos, capaz de abrazar la existencia pese a todo. “Puede ser trasgresor, pero quiero pedir un aplauso para ella, porque ella aplaudió la vida”, dijo mi madre.

Y mientras camino de regreso a mi casa y el cementerio, la muerte, la tía Sonia, están cada vez más lejos de mí, la aplaudo a ella, a su capacidad de gozar, de reír, de amar. Yo también quiero aplaudir. Yo también aplaudo.

As I walk down La Paz Avenue the cemetery stretches out far behind me. Moments earlier, for the first time, I had walked around the place, guided by instinct, getting lost among graves, feeling the cold, smelling the old flowers scent, taking pictures, seeing how the rich people die, seeing how those that have less die. The poor people, the very poor people, are not here. Before that, I was with the family, old people with richly storied faces. All saying good bye to aunt Sonia. My mother, once again as the official speaker, explaining that my aunt was an outstanding woman in every sense, physically large, larger than life, eccentric in her attire, ahead of her time. Aunt Sonia was a woman who enjoyed living, eating, laughing, loving, but she also had the capacity to commit herself to fight for the deepest and noblest causes, capable of taking risks and embracing her existence whatsoever. “It might be a transgression, but I want to request an applause for her, because she applauded life”, my mother said. While I walk down to my home and the cemetery, the death, aunt Sonia, stretches out of me. I applaud her, her capacity to enjoy, to laugh, to love. I also want to applaud life. And I do.

lunes, julio 09, 2007

Prom Party

Aunque no los había escuchado antes, cuando terminó el concierto y sin hacer ningún amague de “bis” la gente comenzó a levantarse de los asientos, yo me puse a chiflar y a gritar “otra-otra”, más con afán solidario que con reales ganas de escuchar a la banda otra vez.

Eran los Teleradio Donoso, era el Centro Cultural Alameda, era el sábado por la noche, era mi amiga Christine y era yo. Nosotras “un poco de todo”, ellos “chicos vintage”. En el escenario este grupo se veía como una banda de fiesta de graduación gringa de mediados de los ’50. De hecho, hacían comentarios pernos-onderos, muy ad hoc a la estética imperante y, al mismo tiempo, con un aire irreverente que los hacía muy “modernos”.

Pero, sin duda, lo más raro de todo era la simetría. El cantante estaba al centro y a cada lado un tipo crespito de ojos claros. Atrás, en la batería, otro tipo crespito, dispuesto en perfecta simetría también. Era como la Isla de la Fantasía, pero en esta oportunidad el señor el Roarke en lugar de hacerse acompañar por un hombre pequeño, lo hacía por tres crespitos que parecían trillizos.

Y la música… La música era muy pop, sonaba bien, era entretenida, pegajosa y siempre, en cada nueva canción, las melodías parecían recordarme a alguien. Un poco Los Beatles, un poco Los Tres, un poco Los Bunkers, un poco The Strokes, incluso un poco Holden.

“No puedes pasar”, me dijo un guardia gigantón. “No puedes pasar”, volvió a repetirme la encargada del lugar, cuando traté de explicarles que soy periodista, que me interesaba hacer algunas preguntas a la banda. “No se puede”, volvieron a repetir un par de veces, como si yo estuviera tratando de pedir una cita con U2 o The Police, cuando en realidad sólo quería saber si los crespitos eran trillizos o no.


“¿De qué medio eres?”, me preguntaron en la puerta. “De ninguno. Sólo tengo un sitio personal algo conocido”, dije con muchas ganas de irme a mi casa sin saber nada de los crespos. De pronto, apareció un hombre de la edad de mi padre, con cara de padre, que era el manager de la banda y, tal vez, era padre de alguno de los músicos. A modo de gran honor, me informó que me haría entrar como una “invitada” a la celebración de la banda y yo “invité” a Christine.

Ella dice que el backstage le pareció un poco pobre, porque los músicos celebraban en un lugar que era más idóneo para guardar artículos de aseo que para el festejo de un recital bueno pero sin bis. Fuera como fuera, allí me recibieron muy amables y bien dispuestos, y de inmediato me di cuenta de que los crespitos no eran hermanos. “Pero es que son muy parecidos”, les dije. “Esa era la idea, hice un casting y los elegí porque eran todos crespitos”, me dijo Alex Anwandter (voz, guitarra, piano y teclados), refiriéndose a Martín del Real (guitarra y coros), Francisco Vargas (bajo y coros) y Juan Pablo Wassaff (batería).

Los Teleradio Donoso se mostraron contentos cuando les dije que se veían como una banda de prom party, y estaban sorprendidos al saber que mi sitio web tiene mi mismo nombre. “Es como decir yo punto ce ele… ¡que buena!”. Me contaron que llevan dos años juntos, que hace poco presentaron “Gran Santiago”, su disco debut, y que efectivamente tenían influencias de muchos grupos.

Christine y yo nos despedimos de la banda y, cuando salimos nuevamente al espacio abierto del Centro Cultural Alameda, fuimos abordadas por unas fans enardecidas. “¡¡Dime, dime, ¿estuviste con ellos?!!”. “Bueno, sí”. “¿Y qué te dijeron? ¿Son buena onda?”. “Bueno, sí”. “Oye y por dónde van a salir los Teleradio, ¿van a salir por acá o por atrás?”. “No sé”. Y mientras las fans insistían en interrogarnos, miré a Christine y le pregunté si ese lugar tenía “por atrás”. “No sé”, respondió.

Me confundí. ¿Por qué nadie grito un “bis”, nadie grito “otra-otra”, nadie vitoreó seis veces a esta banda, si resulta que tenían fanáticos tan comprometidos? Entonces miré a mi alrededor y vi un montón de personas de distintas edades y noté que todos lucían pernos-onderos y que todos fantaseaban con su banda escapando “por atrás” en una limusina o abordando un helicóptero.

Y descubrí que allí la única auténticamente perna, auténticamente vintage y auténticamente digna de prom party era yo, que había chiflado y gritado “otra-otra”, porque eso, incluso en una banda con fans, ya no se usa. Eso si que es perno.

jueves, julio 05, 2007

Fin de semana para mí

Salí de la casa pasado el medio día sin nada en el estómago. Era domingo y me había propuesto comer algo por ahí, en la calle, y regalarme una tarde de museo, sola, pues ninguno de mis amigos quiso abandonar el flojeo dominguero para ir conmigo a ver la selección de la Bienal de Sao Paulo al MAC de la Quinta Normal.

Al dar vuelta a la esquina vi una pareja, obviamente de gringos, muy perdidos. Eran granjeros neozelandeses de unos 50 años (sólo a mí me pasan estas cosas). Mary y Kelvin habían arribado a Chile la noche del sábado, llegaron al aeropuerto sólo con un par de mochilas, sin reserva de hotel ni un plan preconcebido, su único horizonte era llegar por tierra hasta Uruguay para ver unas granjas que estaban a la venta. Decidieron alojar en el primer hotelucho que les ofrecieron y andaban con cara de felicidad y listos para que los asaltaran con cámara y cartera hacia atrás.

Cuando los encontré trataban de entenderse a través de señas con un taxista para que los llevara esa noche al aeropuerto a recoger a otro amigo. Los ayudé, les expliqué un par de cosas y les dije que resultaría muy limitante moverse sólo con dólares un fin de semana largo en la capital. Después de una hora con mis amigos granjeros, de haberles cambiado unos pocos dólares por plata chilena, de quedar invitada al campo neozelandés y conocer por fotos a toda la familia de Mary y Kelvin, por fin seguí camino al museo.

Las obras resultaron ser muy interesantes, pero el hambre limitó considerablemente mi capacidad de análisis. En todo caso destaco el trabajo de los papeles recortados en China rescatando el imaginario artístico popular; un video con cantantes brasileños contando la historia de un japonés que viaja por el mundo con su pulpo, a quienes acababan de conocer (al artista y al pulpo); los dibujos sobre buenas, mediocres y malas ideas, de la boliviana Narda Alvarado; el notable baile de la vedette en el trabajo del australiano Shaun Gladwell (qué ganas de bailar así… ya lo dije alguna vez, todas queremos ser vedettes); las fotos de Pieter Hugo en África; los autorretratos de la cubana Ana Mendieta y la reflexión sobre el rol de la mujer de la coreana Sanghee Song.

Salí del museo con fatiga y comencé a caminar por la calle Compañía. Casi en la esquina con Maipú, me encontré con una casa que se había incendiado la noche anterior. Lo supe porque aún tenía olor a quemado y el agua chorreaba por todas partes. Entré a sacar fotos imaginándome corresponsal de guerra, rezando por que la gente que habitaba allí pueda reconstruir su vida pronto. Más allá, la Peluquería Francesa y todos los posibles lugares para comer, aparecían cerrados a mi paso. Compré un Súper 8 para tener energías y seguir caminado. De pronto me encontré con un lugar al que siempre había querido ir y estaba abierto, el Per Piacere, un sitio que está entre restaurante italiano y wine bar.

Eran las 6 de la tarde cuando decidí almorzar, me invité unos capeletti, mucha agua con hielo, un cheescake de frambuesa y la lectura del diario hasta las 9. Estaba simpatica yo el domingo, así que lo pasé estupendo conversando conmigo misma, en voz bajita, por supuesto, para que no se den cuenta de que estoy loca. Después, seguí caminando mientras reflexionaba mi decisión para el feriado, el cambio físico más grande que he tenido en los últimos años: cortarme el pelo en forma radical.

El lunes por tarde fuimos con Liú a la casa de Pablo, diseñador y peluquero, quien estudió cada unas de mis mechas hasta comenzar a usar sus tijeras como en esos programas de cambio de look que dan en la tele. Me convenció de que una melena no me quedaría bien y me aplicó un corte “de autor”, que me hace ver moderna y muyyyy joven. Esto lo supe cuando me miré al espejo y me encontré con la Nueva Paloma. Todavía no la conozco mucho y aún estoy decidiendo si nos llevamos bien.


NewPaloma again
Originally uploaded by palomabay
No me cortaba el pelo desde los 14 años!
Mis amigas dicen que me veo muy moderna o europea.
Mi mamá dice que me veo más niñita, incluso menor que 20 y tengo 30 !!!!
Incluso dicen que me veo más flaca (mentira)
Yo encuentro que:
Me queda bien, pero no soy yo.
Perdí condiciones para ser feme fatal y ahora ando a la moda pero más asexuada
Se me vé la nariz más gorda
Me están saliendo espinillas en la frente... Mmm sí, estoy más joven. Jajajaja.