Al regresar de un encuentro de juventudes en Venezuela, Silvia y Lizardo pasaron por el aeropuerto de Santiago. Mientras esperaban en una sala de tránsito vieron que en una pantalla estaban transmitiendo un documental sobre el Tren del Vino. Allí aparecía una mujer tomando una copa... era yo.
Hace algunos meses fui invitada a hacer ese recorrido en uno de los vagones que surca el Valle de Colchagua. El objetivo era escribir una nota sobre el tema para una revista de panoramas. Justo ese día estaban filmando un material para ser exhibido en el aeropuerto de Santiago. Yo había olvidado ese detalle de glamour, pero no la entretenida experiencia que tuvimos con la Piti, quien me acompañó en calidad de fotógrafa. Aquí está la historia:Bienvenidos al Tren
El aire entra por la ventana impregnando el coche con el olor del carbón mineral que alimenta a la antigua locomotora de 1913. Señoras y señores, aquí parte el viaje del Tren del Vino, que recorre parte de el ramal San Fernando-Pichilemu, uno de los más antiguos de nuestro país.
El tramo, que comenzó a levantarse en 1872 y que alcanzó los 119 kilómetros llegando hasta Pichilemu, cruza parajes de gran belleza donde se mezclan cultivos de maíz y trigo con parronales.
Si bien el servicio fue suspendido en 1989, la Corporación del Tren del Vino restauró parte de la ruta para que la locomotora realizara el tramo entre las ciudades de San Fernando y Santa Cruz. A treinta kilómetros por hora, los noventa minutos que dura el recorrido se transforman en un viaje en el tiempo, donde el vino es el protagonista indiscutido.
Aunque es posible hacer sólo esta parte del circuito, también existe un plan completo que parte desde Santiago e incluye el almuerzo y una visita al Museo de Colchagua y a una viña de la zona, lo que además del caudal informativo, permite sentir en parte la profunda esencia del mundo vitivinícola chileno.
¡Todos a bordo!Los vagones del Tren del Vino son coches alemanes de primera clase que datan de principios del Siglo XX y fueron restaurados a la usanza de la época gracias a la ayuda de la Asociación Chilena de Conservación del Patrimonio Ferroviario. Una vez a bordo es posible disfrutar del bello paisaje, sino que además se realiza una degustación de vinos y un cóctel, en el que abundan quesos, empanadas de pino y pasteles.
La voz de Carmen Madrid, guía del tren, acompaña la ruta. Ella introduce a los visitantes en las características del entorno y la historia del Valle de Colchagua, mientras un folclorista de la zona avanza por los corros cantando tonadas al vaivén de la locomotora.
Al escuchar la proximidad del tren, un grupo de baile se prepara para recibir a los pasajeros con un pié de cueca. La música suena fuerte, los turistas sacan fotos y la Estación de Santa Cruz muestra su fachada amarilla, tan reluciente que parece saca de un “Spaghetti Western”.
El plan continúa con una visita al Museo de Colchagua donde hay diversas colecciones que van desde fósiles e implementos precolombinos, hasta carruaje y maquinaria agrícola, pasando por arte cuzqueño, documentos históricos y armas de distintas épocas.
Acompañado por buenos vinos y música, el almuerzo en el Hotel Santa Cruz Plaza es un corto pero merecido descanso que termina junto a la última cucharada del postre. El recorrido sigue rumbo a alguna de las viñas asociadas a la corporación Viu Manent, MontGras, Bisquertt o Viñedos Orgánicos Emiliana (VOE), donde han logrado desarrollar interesantes cepas a partir del manejo orgánico de sus cultivos. Esa es nuestra última parada que, entre animales, flores y barricas, muestra el cierre de un paseo redondo que gira en torno al vino y su profundo encanto.