sábado, abril 30, 2005

Esta es mi calle

Algunas semanas atrás, un “casi” periodista chileno que tiene un blog y recibe decenas de comentarios, comenzó a recibir textos que se referían a él en forma negativa, despotricando contra él y también contra su labor en los medios. El bloggero en cuestión no sólo borró el post de la discordia, sino que además eliminó por un tiempo la posibilidad de que sus visitantes comentaran.

Pues bien, yo no haré eso, porque me gusta escuchar lo que piensa la gente, en especial si argumenta sus dichos, porque ésta, señoras y señores, es una calle democrática, donde todas las voces son bienvenidas. (Por lo menos hasta ahora. Muchos llevamos un pequeño dictador dentro. Lo siento).

Hace casi un año comencé a escribir en mi blog y hoy recibí el primer comentario negativo a mis palabras, a este espacio donde no he pretendido hacer periodismo, sino contar a mis amigos, familiares y a otras personas que me visitan, algunas cosas que pasan en mi vida, que entran por mis ojos y que en algunos aspectos me llaman la atención.

La mujer que me escribió un extenso y ácido comentario se llama Sara, vive en NY City y no hemos tenido el gusto ni el disgusto de conocernos.

A Sara puedo contarle que vengo de una familia de clase media, que tuve la oportunidad de cruzar las fronteras de Chile gracias a varios viajes que hice con mis abuelos, que vivo más abajo de la Plaza Italia y que creo tener un fuerte compromiso social, tema del cual no escribo, porque para preocuparse de nuestros pares no se necesita decir cosas, sino hacerlas. Sobre esto último, agradezco a mis padres quienes inculcaron en mí la solidaridad como uno de los valores que me mueven en la vida.

Claramente lo mío no es el periodismo de denuncia. Coincido en eso con ella. Tampoco lo que escribo en mi blog es periodismo. El periodismo que ejerzo tiene que ver principalmente con dos áreas, por un lado con temas científicos y médicos, lo que practico cada día en horario de oficina, y, por otro, con temas culturales, aspecto en el que leo, investigo y escribo sobre arte, museos y panoramas.

Así como yo respeto la diversidad, espero que se me permita ser como quiero ser y entregar un poco de alegría en un mundo que tiene más de brutal que de bello. Está claro que no lo veo ni lo digo todo, pero eso no quiere decir que no sepa de las injusticias, del dolor y de la miseria que viven muchas personas. Sobre eso, no me cabe duda que hay grandes pensadores que pueden, quieren y deben mostrar lo que ven sus ojos.

Me permito también agradecer a Sara por ponerle un poco de pimienta a este espacio. Estoy segura de que los que me conocen podrán decirle que varias de sus críticas no tienen fundamento, que es fácil opinar y ser consecuente desde fuera, desde lejos, desde el Primer Mundo, desde Nueva York, y que todos, todos tenemos derecho a ser distintos, a hacer y decir cosas que van más allá de las denuncias, pues aunque insisto en que mi blog no es periodístico, la labor de un periodista no está sólo en denunciar.

Quiero contarle a Sara (quien vive allá tan lejos) que Chile no es ni volverá a ser el de antes; que el mundo cambia y las generaciones también lo hacen; que su hijo y yo tenemos todo el derecho a ser distintos, a ser más pragmáticos, en parte, porque muchos de los bellos ideales que tuvieron nuestros padres fracasaron y porque tratamos de cambiar el mundo desde nosotros mismos, desde nuestras propias vidas. Eso no significa que seamos inconsecuentes, ni que no tengamos sueños. Sólo somos diferentes y entender eso también pasa por un ejercicio de tolerancia.

Por último, no creo ser una gran periodista aún y no sé si algún día lo seré. Pero sí estoy segura de ser una buena persona, una mujer contenta, que trata de trasmitir eso a otros, de hacer felices a quienes la rodean. No nací para impulsar grandes procesos sociales de cambio, pero sí admiro a quienes los hacen. Me encantaría saber qué hizo Sara para cambiar el mundo y qué hace hoy para mejorar en algo la situación de tantas personas que sufren en Chile, mí país, del que ella está muy, pero muy lejos.

lunes, abril 25, 2005


Pilo50

jueves, abril 21, 2005

El mundo siguió girando

Mi blog estuvo caído muchos días. Pero como dice Roberto, el Mundo Sigue Ahí. Me han pasado muchas cosas, he ido al museo, al cine, he hablado con importantes curadores y destacados médicos, vi una revista en un quiosco que en la portada tenía una foto que yo saqué y en su interior dos notas mías, fui a ver a la Mónica y Diego a su nueva casa, me junté con Leandro y con los amigos del carmenere, encontré gente en los ascensores, saludé a la putas del barrio, fui a comer a lugares ricos, mi mamá tiene trabajo nuevo, disfruté la visita de los amigos de San Fernando, estuve presente en un parto y muchas otras cosas sobre las que podría escribir y seguro lo haré. Por ahora sólo puedo decir que tengo mucho trabajo y que mi mente está en tantas cosas que estos días sin blog fueron también un descanso. En lo inmediato me preocupan las fotos, porque “hello” se rebeló contra mí y no puedo graficar con imágenes las historias. Eso me pone mal genio, así que seguiré intentando para mostrar lo que veo con estos, mis ojos, en la calle y en todas partes.

martes, abril 05, 2005

El gusto de haberlo conocido


Sábado. 18:30. Plaza de Armas. Busqué un lugar para sentarme frente a la Catedral y vi cómo cientos de personas entraban a despedirse simbólicamente del Papa.

Beny Pilowsky, mi abuelo materno,en su calidad de presidente del Comité Representativo de las Entidades Judías de Chile (CREJ), lo conoció personalmente cuando vino a nuestro país.

La suya fue una de las reuniones ecuménicas más largas que el pontífice tuvo en su visita de 1987. Cuenta Beny que estuvieron juntos durante media hora en la que hablaron en idish, hebreo, inglés y español.

Wojtyla le preguntó por el origen de su apellido, porque le sonaba a polaco y mi abuelo le contó que había nacido en Vilna, en Lituania, ciudad que en algún momento fue territorio de Polonia. Entonces el Papa insistió en tratar de hablar con mi abuelo en ruso o en polaco, pero no hubo caso. Haciendo gala de sus menores pero admirables dotes políglotas, en los otros idiomas Beny le explicó que vino a Chile cuando sólo tenía 2 años, así que nada sabía de esas lenguas.

Lo recuerda como un hombre carismático, pero muy conservador, con quién habló sobre la vida y problemáticas de los judíos en nuestro país, del Holocausto y del Estado de Israel.

Crecí viendo en un muro de su casa la foto que retrata el momento histórico. Mi abuelo aparece con la mano en el bolsillo de la chaqueta. “Muchos pensaron que le estaba entregando una donación”, me dice Beny al otro lado del teléfono y me explica riendo que no era un cheque sino una carta. Conociéndolo me imagino que debe haber sido una carta larga y llena de argumentos, en la que trataba con profundidad muchos de los aspectos sobre los que hablaron personalmente.

En la plaza, un poco más allá vi a una pareja de vagabundos que conversaban sentados, hasta que ella se puso de pie y, mientras se daban la mano con gran formalidad, le dijo al hombre: “Fue un gusto haberlo conocido y haber tenido la oportunidad de hablar con usted”.

Los miré desconcertada y pensé que lo mismo debe haberle dicho mi abuelo al Papa 18 años antes. Definitivamente este es un mundo de contrastes.

martes, marzo 29, 2005

Velas en el Latino


Varias veces he dicho que mi memoria es muy frágil. Recuerdo detalles y fragmentos, pero nunca hechos completamente articulados.

De esa mañana tengo grabado el sonido amenazante de un helicóptero, tal vez eran varios. No lo sé. También recuerdo ruido de autos y balas y, aunque sé que no lo vi, recuerdo al Tío Leo corriendo, angustiado, golpeado y herido, tratando de impedirlo.

Yo estuve ahí, a sólo 100 metros de donde fueron secuestrados. Estaba en el Latino de los Chicos, en Las Violetas. Tenía 8 años. Tercero Básico. Segundo piso con vista al patio, a la cancha de baby fútbol con sus murales, esos que nosotros mismos pintamos.

Lo que si recuerdo muy bien es la pena, el espanto del hallazgo de los cuerpos cerca del aeropuerto, los aniversarios, las velas. Muchas velas y un dolor mudo que sigue hasta hoy.

Es duro que algo así pase en tu colegio, es duro e injusto que un profesor y un papá mueran así, pero sin duda es más duro para los hijos, para sus parejas, para los colegas, para todos los que estaban en El Vergel ese día.

Hoy se cumplen 20 años e iremos a recordar, a romper la fragilidad de la memoria y una vez más habrá velas, cientos de velas, allí en mi colegio, donde fui niña y donde fui feliz, pero también donde conocí el dolor… el dolor ciego, sordo y mudo de esos años.

*Con cariño para Santiago Nattino, José Manuel Parada y Manuel Guerrero, para sus familias, para sus amigos y para todos los que llevamos el alma del Latino en el corazón.

Entrevista de LUN a Estela Ortiz de Parada

miércoles, marzo 16, 2005

Ni verde, ni italiana

En el centro de Santiago hay un hombre que se pasea por las calles vestido como una mujer, una señorona. Podría ser un simple vagabundo, pero no lo es. Es el Divino Anticristo, o por lo menos así se hace llamar. Lleva un carro de supermercado, a veces son dos. Allí guarda cosas que recoge de la calle, algunas las vende.


El Divino es escritor, es poeta. Tiene un estilo curioso, trastocado, pero a la vez contundente y lúcido. Sobre él se tejen muchas historias, algunas son verdades, otras mitos urbanos.

El Divino Anticristo es columnista también. El periódico “The Clinic” ha publicado varios de sus escritos, pero ahora el Divino dice que está enojado con la gente del “The Clínic”, porque se pusieron “hidrofóbicos” con él.

En una ocasión leí que el Divino odia a las mujeres y, sobre todo, a las mujeres viejas. Por eso, generalmente mantengo la distancia cuando lo vemos, aunque he cruzado un par de palabras con él. Una vez, compramos algunas de sus creaciones literarias que vende en fotocopias. Le preguntamos si necesitaba algo. “Una máquina de escribir que no sea verde ni italiana”, respondió.

Al igual que los bloggeros, el Divino lleva una bitácora. Es una bitácora santa y demoníaca con un lenguaje reinventado que divide en “facsímiles electro-químicos”.

Hace semanas que no lo veo. Estoy pensando que el Divinísimo consiguió la licuadora roja para mezclar parabolísimas, que está encerrado en las calles y que es invisible mientras escribe sus letrísimas en respuesta a los hidrofóbicos.

miércoles, marzo 09, 2005

Ando un poco fome

Ayer muy temprano fui a una charla que ofreció mi tío Daniel Pilowsky en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Chile. Sí, lo reconozco. Me dio un poco de miedo que me dejaran encerrada, pero traté de disimular. Conocí a la doctora Graciela Rojas, la directora del lugar y me pareció realmente encantadora.

Antes de ingresar, a sólo una cuadra de allí pude ver la entrada del cementerio, donde ya tenían listo el escenario para el funeral de Gladys Marín. Aunque me fui del lugar mucho antes de que empezara a llegar la gente, alcancé a ver un maravilloso mural que realizó la Brigada Ramona Parra en su honor. Cuando era más chica no me gustaba ese estilo, pero ahora la estética que proponen la encuentro linda y con gusto a nostalgia. Fue un buen regalo del día de la mujer y una bonita despedida para Gladys, su consecuencia, su fuerza y su inolvidable sonrisa.

De Kusturica puedo decir que estuve al lado del escenario y vi sus zapatos blancos con luces azules, que el recital fue pura energía y que me encontré con Roberto y Mertine. Hoy finalmente no iré a ver a Lenny, porque la productora Fénix redujo los pases de prensa (buuu), pero tal vez me doy una vueltecita por la Galery Nights, aunque no amanecí con cara de glamour.

Esta semana tengo mucho trabajo y me quedan un par de conversaciones de almuerzo, donde una de mis contertulias es mi amiga Cote Herman (salimos juntas en la foto). Prometo más inspiración para la próxima semana. Total el blog es mío y tengo derecho a tener semanas fomes. ¿O no? Chao pescao.

jueves, marzo 03, 2005

Terremoto del '85


Yo tenía sólo ocho años. Estaba viendo televisión. Una película de piratas, creo. Todo comenzó a moverse, la tele cayó al suelo y explotó. Tengo la sensación de haber bajado las escaleras volando, tomada de la mano de mi nana Marina. Mi mamá llegó al rato con la mamá de mi amiga Trini, la María Paz, que estaba muy nerviosa. La noche fue como un pijama party, porque dormimos todos en saco en el primer piso, en el living. Allí sentimos las réplicas nocturnas, con mucho miedo, pero también con gran emoción. Tiempo después supe que mis primas lo pasaron en el metro, que mi papá iba en auto y mi marido desde la puerta de la casa de su tía vio como se caía una de las torres de la iglesia de San Fernando. Siempre es un tema, sobre todo si hay extranjeros que nunca han sentido uno así de fuerte. Da mucho miedo, pero uno se siente un poco héroe por tener un terremoto en el cuerpo. ¿Y usted, dónde estaba el 3 de marzo de 1985?

lunes, febrero 28, 2005

Si no toma vino, ¿A qué vino?

Es divertido cuando un tema se instala en la cotidianeidad y empieza a aparecer desde distintos flancos. Eso fue lo que me sucedió desde el viernes, en que mi vida comenzó a teñirse de color vino tinto.


Ser un experto en vinos se ha puesto muy de moda en Chile durante los últimos años. El tema no me había interesado mayormente y, como no soy una gran bebedora, me limitaba a probar lo que cayera en mi copa. Además, puesto que en mi país hay un gran desarrollo vitivinícola, siento que hasta los vinos más humildes gozan de cierto encanto.

En resumen, éste no era un gran asunto para mí, hasta que tuve una sobredosis informativa en menos de 48 horas.

El viernes por la tarde leí a Orsai y su incomoda pero divertida incapacidad para opinar sobre la calidad de los vinos. Obviamente me sentí identificada y reviví el sentimiento de admiración y odio por los que saben o dicen saber.

En la noche recibimos la visita de Mónica y Diego, mis grandes amigos que se “rejuntaron” y ahora son vecinos del barrio, lo que me puso muy, pero muy feliz y, en cierta forma, fue una noticia embriagadora.

Nos despedimos en la esquina de mi casa y partimos con mi amado caminando por el Centro hacia el cine. Sólo sabía el título de la película que veríamos, que tenía buena crítica y que era una cinta gringa independiente pero con varias nominaciones a los Óscar.

Más allá de la relación entre los personajes, “Entre Copas” (“Sideways”) resultó ser una película sobre el vino. Los protagonistas recorren diversas viñas de California, en Estados Unidos, llenan sus copas docenas de veces, mueven el vino, lo miran a contraluz, lo miran de lado, meten sus narices en las copas para sentir el aroma de los elementos más curiosos, lo beben y enjuagan sus paladares, para finalmente tragarlo. Salí del cine psicosomáticamente borracha y sintiéndome una experta en cepas, mostos y cavas, sin saber en realidad nada de nada.

El sábado, junto a mi amiga Piti fuimos invitadas por El Tren del Vino, para escribir un artículo que aparecerá en abril en una revista donde hace algún tiempo publico una columna sobre panormas.

Fue un día intenso que partió a las 7:45 en el Hotel Galerías. Horas más tarde, tras abordar uno de los vagones en la Estación de San Fernando, probamos exquisitas variedades de vinos y quesos a bordo de una locomotora a carbón, visitamos el Museo de Colchagua, almorzamos en el Hotel de Santa Cruz y visitamos un viñedo orgánico que fue un dejavu al filme de la noche anterior.

Me gustan las relaciones que se establecen en este tipo de tour, porque uno se ve obligado a hacerse un poco amigo de gente, que en otras circunstancias nunca hubiese conocido. Es una especie de viaje de estudios, pero muchos, muchos años después.

Volvimos a Santiago pasadas las 9 de la noche y en el mismo punto que sirvió de inicio a la aventura nos despedimos de nuestros compañeros de viaje.

Más tarde nos esperaban en la casa del Tuco y la Carola en Peñalolén, donde comeríamos un rico asado.

- Paloma, ¿Qué quieres tomar? – me preguntó el anfitrión.
- Vino, por favor- dije.

Cuando lo sirvió intenté disimular mis ganas de batir el vino, mirarlo a contraluz, mirarlo de lado, meter mi nariz en la copa y sentir en el licor el aroma a variados frutos silvestres.

Sólo mentalmente hice todo eso, para luego pasearlo en mi paladar y sentir el gusto del vino, que tenía sólo eso… gusto a vino. Entonces recordé, que más allá de la sobrecarga informativa, es un tema del que aún no sé nada, o casi nada. ¡Salud!

martes, febrero 22, 2005

El tema sigue ahí

Aunque intente no pensar en ello, el tema de la muerte sigue ahí, siempre latiendo en todas partes, porque es tan fuerte como la vida y es parte de ella.



Lo único que me queda por hacer entonces es desear que no pase pronto. Ni para mí, ni para los que quiero, ni para nadie que disfrute de su existencia y haga un poco mejor la vida de los demás, la vida en este mundo.



Todo esto partió por un post de Petra que inspiró a Roberto y un post de Roberto que me inspiró a mí y nos vuelve a todos hacia el misterio, hacia el vacío, el susto, la esperanza o la pena.

Petra, la erudita Petra de reflexiones lúdicas y profundas, un día navegando por los mares de la red conoció el blog de Juan Vergescott, que resultó ser José Luis de la Fuente, catedrático en Literatura Hispanoamericana de la Universidad de Valladolid. Petra se “enamoró” de su escritura impecable y, al poco tiempo, establecieron una relación virtual. Juan sigue ahí. Juan y todos los otros escritos de José Luis, pero José Luis murió hace algo más de un mes a los 40 años.

Roberto, mi tío-amigo-gurú bloggero, inspirado en Petra se pregunta que sucederá con “todo esto” cuando ya no estemos. Atendiendo a sus preocupaciones sobre el tema de las llaves, para su tranquilidad y por si sirviera de algo, les cuento que hay una copia en manos de mi hermano Felipe, que volvió sano y bello de Japón y que es amo y dueño del dominio que me aloja. Supongo que él sabría si merece la pena rescatar algo de todo esto, intervenirlo o cerrar la puerta para siempre.

Como le dije a Roberto y vuelvo a reiterar, sólo espero que eso no pase pronto, porque querámoslo o no a todos nos va a ocurrir, tarde o temprano. Yo simplemente trato de no pensar en eso, porque pensarlo me perturba demasiado.

En mi familia hay una fuerte carga genética referente al Alzheimer. Siempre fui la regalona de mi abuelita Nena, la luz de sus ojos, como ella solía decir. Hace más de 10 años cuando se enfermó y vi que poco a poco me iba olvidando y cómo ella sufría (espero y creo que ya no sufre tanto) le dije a mi papá que ya no quería saber ni aprender nada más, porque todo algún día se me iba a olvidar, incluso lo más querido, así que no tenía ningún sentido seguir aprendiendo.

Él (sabio el Gadi) me dijo que si fuera por eso, nada de lo que uno hacía valía la pena porque de todas formas uno se iba a morir, varios de nosotros tal vez mucho antes de olvidarlo todo. Sentí que tenía razón. Mucha y toda la razón.

Desde entonces ya no pienso en eso o trato de no hacerlo. Desde entonces soy más hedonista y trato de disfrutar al máximo de cada cosa y cada minuto. Y hablo de las cosas más simples. Una sopa calientita en el invierno, un helado de cono en el verano, ver las hojas moviéndose en las copas de los árboles, sentir un beso en el cuello, abrazar a mi amado, mirar a mi mamá y a mis hermanos, una sonrisa en la cara de mi padre (afeitado y todo), una linda película, escuchar a mis cantantes favoritas, dormir, mirar el mundo, las luces de la ciudad o las estrellas en el cielo, ver el amanecer en un lago, la puesta de sol en el mar, escuchar el sonido de las olas, conversar con amigos, comer castañas, sentir la lluvia, sentir el viento, sentir el sol. Amar.

Supongo que todo eso que siento, quiero y amo algún día no estará más. Por eso lo disfruto ahora. No sé que pasará después. No sé si me importe cuando ya no esté. Lo único que tengo claro y que me interesa, es que si hay algo por rescatar, si hay algo que merezca quedar, espero que sean cosas que den a otros más alegría y vida… los mismos ingredientes que me permiten ser feliz.

martes, febrero 15, 2005

Cupido en el Parque


Este es mi primer 14 de febrero en el Parque y, a todas luces, es algo especial. Lo supe al correr la cortina y mirar por la ventana. Allí abajo las parejas abrazadas sobre el pasto, andando en bicicleta, sentadas en las bancas, caminando. Dos seres de negro, de alguna tribu gótica. Él le entregó una flor, ella lo abrazó y los vi más claros que todos los demás que había allí. Tomé la cámara para retratar el momento. Recordé la Ventana Indiscreta y añoré un mejor zoom. Quise ver sus caras y sentir el amor.

- Oh, Dios, ¡este lugar está lleno de malditas parejas!.
- Sí – respondí feliz, abrazándolo más fuerte – Las vi hace un rato desde arriba, a través de la ventana y saque unas fotos.

Caminamos, nos besamos y sentí corazones burbujeantes que salían de mi boca. Tuve mi propio zoom. El restaurant italiano estaba cerrado, así que seguimos a uno de comida coreana que sirvió para recordar buenos viejos tiempos y brindar por los nuevos. Por la felicidad de estar juntos y querernos.

Si fuera por mí, que todos los días y todos los minutos fueran del amor. Así es como veo el mundo a través de mis ojos.

miércoles, febrero 09, 2005

Retomando




Volví. Mis vacaciones tuvieron campo, playa y ciudad. Llegué descansada, pero con mucho sueño por el cambio de horario.




Lo mejor de este verano fue…

El regreso de mi cuñado Sebastián, que estuvo todo el 2004 de intercambio en Suiza.

Compartir con los Montecinos Acuña y disfrutar de su hospitalidad y cariño.

Jugar carioca con la Paulina y, después, con los hombres Salinero, aunque casi siempre perdí.

Las machas a la parmesana y las puestas de sol de Algarrobo Norte.

“Chamán” de Noah Gordon, porque hace tiempo que no leía un libro tan gordo, tan rápido y con tantas ganas, de hecho quedé “pelando el cable”, porque es muy, pero muy entretenido.

Las tardes de piscina con Coté y la Marisol y la visita que hicimos con ellos a la Hacienda San José del Carmen “El Huique”.

En definitiva, lo mejor de las vacaciones fue todo: todo lo que uno disfruta, descansa y comparte, para recargar las pilas e instalar en el disco duro una nueva versión del programa operativo que me hará funcionar, espero con más y mejores ganas, este año 2005.

Abran bien los ojos, que ya volví.