jueves, abril 22, 2010

Yo también destiño

Chiste feminista: "¿Sabes por qué el Príncipe Azul no sirve? Porque al final siempre destiñe”.
“Paloma Pastel”, “Día de equivocaciones”, “Cómo perder a un hombre con un par de merengues” y “Soy una abuela”, son algunos de los títulos que se me ocurren para contar esta historia de diez escenas.

Escena uno: por la mañana llegamos a la casa de Algarrobo y está cortada la luz. Vengo con un amigo que amablemente me acompañará a un matrimonio que es al mediodía. Nos quedaremos allí una noche y... está cortada la luz. Vengo con un amigo con el que nunca ha pasado ni pasará nada y está cortada la luz, es decir: tengo la posibilidad de una noche romántica a la luz de las velas. Es decir, contexto romántico, sin romance = un desperdicio. Así que vamos a las oficinas de la Compañía y pago un montón de meses atrasados. Aunque es mucha plata, siempre es mejor evitar las situaciones incomodas, especialmente si se trata de una situación romántica, sin romance.

Escena dos: estamos con mi amigo en la iglesia. Todo parece perfecto, él un muy buen acompañante, guapo, con mucha onda y yo que me siento linda así, toda producida en wedding-guest-style mode on. Estamos en la quinta fila, junto al pasillo, yo en una ubicación top para ver a la novia -mi amiga del alma- entrar caminado lentamente del brazo de su padre. Así, cuando esta escena cinematográfica ocurra, yo obviamente me emocionaré y me pondré a llorar. Y todo pasa tal y como lo planeé, pero algo extraño sucede. Estoy emocionada a mil, pero ni lágrimas caen por mis ojos, ni mocos por mi nariz. Algo me ha perturbado, y no son los recuerdos de amores fallidos, ni nada de eso... otra cosa tapó los conductos regulares de mis fluidos mucosos y lagrimales: es una señora, sentada en mi misma fila, pero justo al otro lado del pasillo. Debe tener unos 80 años y lleva puesto un vestido largo, de abuela, pero confeccionado con la misma, la misma tela de mi vestido. ¡Me quiero morir!

Escena tres: argumentando un súbito frío producto de la brisa playera, le pido a mi amigo que volvamos a la casa para cambiarme de ropa y ponerme el atuendo número dos, que tan previsoramente y en una ataque de iluminación divina eché al bolso, justo antes de salir de Santiago: un pantalón negro y una polerita del mismo color, muy elegante, de encaje y con un escote "interesante".

Escena cuatro: estamos en el inicio de la celebración, el cóctel. Entonces diviso a abogado-chico-tímido-lindo. Me saluda muy cariñoso y, cuando se aleja, mi amigo dice que "me haga ver" porque el sujeto en cuestión es igualito a mi hermano. Mmmm. Creo que tiene razón. (Nota mental, pedir hora).

Escena cinco: en mitad del almuerzo me doy cuenta de algo raro, tengo las palmas de mis manos teñidas de azul. En eso pasa Abogado, lo saludo otra vez, le explico que mi amigo es sólo amigo y le muestro el curioso caso de mis manos azules. Cuando se aleja otra vez, hago un repaso de la última hora de mi vida y no sé en qué minuto ocurrió esto. Mi amigo me sugiere que vaya a lavarme las manos y, como soy obediente y "bien portada", parto al baño. Agua y jabón mediante, mis manos están limpias otra vez.

Escena seis (después del postre): mi amigo no es muy dado a los ritmos tropicales y me dice que saque a bailar a Abogado. Como soy "bien portada" hago caso y chica-ex-vestido-de-abuela baila con chico-tímido, quien muestra sus dotes de bailarín que -en el campo del merengue- no están nada de mal... Esto aumenta su atractivo y lo hace parecerse más a mi hermano, pues mi hermano en ese ritmo es el rey. (Nota mental: pedir hora).

Escena siete: Mientras tomamos el café veo que mis manos están azules otra vez. Mi amigo y algunos de los comensales de nuestra mesa comienzan a elaborar teorías sobre el extraño fenómeno, hasta que -sumando y restando- caemos en cuenta que mi bella polera de encaje negro, que compré un par de días antes y estoy usando por primera vez... destiñe y ¡destiñe en azul!

Escena ocho: ... DIOS MÍO !!! repaso las últimas horas, veo algunas imágenes claramente, en especial aquella en que descubrí mis manos entintadas y luego cuando Abogado me tenía abrazada, con su mano izquierda rodeando mi cintura, cuando bailamos con nuestros cuerpos tan, pero tan pegados... Cresta!

Escena nueve: agazapada tras un pilar, miro hacia la terraza donde está Abogado. Su camisa es celeste. Siento alivio... en el caso de que producto del roce de los cuerpos mi polera lo hubiera manchado, no se debería notar mucho. Entonces veo que habla y gesticula. De pronto se queda quieto, callado y mira las palmas de sus manos. Comienzo a sudar frío.

Escena diez: hay que enfrentar los hechos, en especial cuando uno es "pastel". Camino hacia Abogado y le explico que soy la culpable, le muestro mi polera y le digo que no se preocupe, que el leve colorido extra-azul que muestra su camisa saldrá fácilmente con agua y jabón. Abogado no me mira, ni me habla, ni me saca a bailar en todo lo que sigue de la fiesta...

Porque , al final... yo soy una princesa y, como tal, también destiño.

(Este post fue escrito originalmente en diciembre de 2009 y luego de varios meses de auto-censura por encontrarlo muy nerd he decidido publicarlo, porque asumí que soy bastante nerd, jajaja).


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5 comentarios:

El Tercer Chimpancé dijo...

Jajaja, Un princesa "azul".
Bueno....., tal vez tu príncipe en ese momento no quería ser un "príncipe azul"
Un abrazo

Andreso dijo...

Vaya abogado....bueno son las palabras que se me ocurrieron al momento, quiero ponerme en su lugar y reaccionar pero no logro identificarme con su silencio.. pero reacciono y veo como se acomoda todo para no estar o ir con alguien, si uno viera el futuro, uno estaría agradecido con estos momentos de cambio. Ahora lo veo positivo.

Loucilla dijo...

ajajjaja muy entretenido tu post.
Está en la línea de lo que estaba viendo, los capítulos de "la loca de mierda".
No es que seas una loca de mierda pero creo que todas las mujeres tenemos un poco de eso; y como contaste la historia se parece un poco a la manera que utiliza ella.

Saludos
@loucilla

ariel- dijo...

todo habria sido mas facil si pensaras como principe azul (hombre) da lo mismo si alguien tiene la misma ropa que yo me saco una foto abrazado y listo, si no hay luz no importa se cuenta su historia de terror con una fogata en el patio y se toma su etilico y por ultimo , si el cara de bro quedo azul malacue nu mas.

asi somos los principes

atte. @cabezahumana

felix klim dijo...

Lo genial debe haber ocurrido cuando te sacaste tu bella polera de encaje negro, te miraste al espejo y aun estabas con ella puesta.